
Los futboleros saben que ningún partido apretado está definido antes del pitazo final. Se puede jugar mal e ir perdiendo, pero aun así siempre hay chances de una reacción que cambie el resultado.
La política es menos previsible y bastante más cruel, pero muchas veces suele regirse por una lógica similar: nada está definitivamente escrito mientras el proceso siga en marcha. Dar por liquidado a un gobierno a mitad de camino puede ser prematuro, arriesgado y un error imperdonable si los rivales (la oposición) tampoco juegan bien ni aprovechan todas las oportunidades que se le presentan.
La metáfora futbolera cuadra para explicar lo que está pasando en este momento con el Gobierno de Javier Milei, pero también para describir a los rivales, que por ahora dejan mucho que desear y no garantizan un triunfo propio.
Lo cierto es que los números empiezan a configurar algo más profundo que una caída coyuntural o un desgaste propio del ejercicio del poder. Distintas encuestas coinciden en mostrar un deterioro sostenido en la percepción social sobre el gobierno libertario y, sobre todo, una creciente demanda de cambio político cuando todavía restan más de dieciocho meses para las elecciones presidenciales de 2027.

El dato más contundente surge del último relevamiento de la consultora Zuban Córdoba: el 71,2% de los argentinos considera que hace falta un cambio de gobierno. No se trata de una señal menor ni de un malhumor pasajero. Apenas el 21% rechaza esa idea, mientras que un 7,8% no tiene una posición definida. La lectura es inevitable: siete de cada diez argentinos creen que el rumbo actual no alcanza, no convence o directamente no funciona.
El politólogo y experto en comunicación política Mario Riorda publicó en su cuenta de X un breve análisis sobre este punto de la encuesta de Zuban Córdoba: “Hasta 50% siempre suele manifestarse algo llamado cambio teórico”, lo que implica -según Riorda- que se trata de “cero amenaza real” de cambio. Pero “pasado el 50%, es una alerta naranja; y si pasa el 60%, alerta roja”, sentenció.
El consultor cordobés, además, destacó otro aspecto del trabajo de Zuban Córdoba que se conocerá con mayor nivel de detalle este domingo por la noche: casi el 77% de las mujeres expresen su deseo de cambio de gobierno: “Impactante”, concluyó Riorda.

Lo más delicado para la Casa Rosada es que este descontento no aparece encapsulado en un nicho opositor o en un sector etario específico. La demanda de cambio atraviesa generaciones completas: 59,2% entre las personas de 16 a 30 años; 79,4% entre 31 y 45; 73,6% entre 46 y 60; y 63,2% entre los mayores de 60 años. Es decir, el malestar no distingue edades ni perfiles sociales. Si el oficialismo había construido buena parte de su legitimidad sobre una narrativa de renovación política y respaldo transversal, hoy esos mismos datos empiezan a mostrar fisuras evidentes.
La tendencia, además, no es nueva. Ya a principios de abril, otro relevamiento de Zuban Córdoba había encendido luces rojas: el 60,7% rechazó la posibilidad de una reelección de Milei, mientras apenas el 29,4% respaldaría un segundo mandato. En términos políticos, el dato es demoledor: el Gobierno transita la última parte de su mandato y ya carga con una mayoría social que no imagina la continuidad.

Ni siquiera las consultoras habitualmente más moderadas con el oficialismo muestran un escenario alentador. En los últimos días, un trabajo de Management & Fit registró una caída pronunciada en la aprobación presidencial, vinculada al desgaste por el caso Adorni, el escándalo $Libra y los créditos VIP del Banco Nación.
Según esa medición, la aprobación del Gobierno cayó de 46,8% en febrero a 37,2% en abril, una baja cercana a diez puntos en apenas dos meses. Paralelamente, la desaprobación escaló al 54,3%, el nivel más alto desde el inicio de la gestión.
Pero acaso el dato más preocupante para Milei y su séquito no sea el presente, sino el futuro. La percepción positiva sobre la situación económica y social cayó de 27,3% en febrero a 15,4% en abril, mientras además se registra una caída de 8,6 puntos en el optimismo a futuro.
La advertencia de la propia consultora es categórica: “Por primera vez durante la gestión de Milei, la mirada negativa futura supera a la expectativa de mejora”.

El Gobierno intentó construir su capital político sobre tres pilares: orden macroeconómico, austeridad moral y ruptura con “la casta”. Hoy, los datos muestran desgaste profundo en los tres frentes. La inflación se desaceleró pero no pueden bajarla del 3% mensual desde hace siete meses, por lo que el humor social crece a ritmo intenso. Cuando una administración pierde respaldo económico, confianza ética y expectativa futura al mismo tiempo, el problema deja de ser comunicacional para convertirse en político.
La señal está dada. Que 71,2% pida un cambio a un año y medio de las elecciones ya no parece tratarse de un dato aislado, sino de una advertencia colectiva. Milei aún tiene tiempo para reconstruir parte del vínculo con una sociedad que ya le dio respaldo y podría volver a hacerlo. Lo que pasó el año pasado entre la dura derrota libertaria en las elecciones de la Provincia de Buenos Aires en septiembre y el contundente triunfo en las parlamentarias nacionales de octubre -incluida Chubut- es una muestra de ello.
En este contexto de desgaste creciente, aislamiento político y malhumor social, el Gobierno parece haber perdido incluso la capacidad de leer el momento histórico que atraviesa. A veces, en escenarios de crisis de confianza, no hacen falta grandes anuncios ni épicas refundacionales: alcanza con un gesto de buena voluntad que permita reconstruir puentes con sectores golpeados por el ajuste y por decisiones que profundizaron desigualdades.
Pero si decide perseverar en la misma lógica política, la posibilidad de llegar fortalecido a 2027 parece reducirse a apenas una chance en 100 millones.

Los futboleros saben que ningún partido apretado está definido antes del pitazo final. Se puede jugar mal e ir perdiendo, pero aun así siempre hay chances de una reacción que cambie el resultado.
La política es menos previsible y bastante más cruel, pero muchas veces suele regirse por una lógica similar: nada está definitivamente escrito mientras el proceso siga en marcha. Dar por liquidado a un gobierno a mitad de camino puede ser prematuro, arriesgado y un error imperdonable si los rivales (la oposición) tampoco juegan bien ni aprovechan todas las oportunidades que se le presentan.
La metáfora futbolera cuadra para explicar lo que está pasando en este momento con el Gobierno de Javier Milei, pero también para describir a los rivales, que por ahora dejan mucho que desear y no garantizan un triunfo propio.
Lo cierto es que los números empiezan a configurar algo más profundo que una caída coyuntural o un desgaste propio del ejercicio del poder. Distintas encuestas coinciden en mostrar un deterioro sostenido en la percepción social sobre el gobierno libertario y, sobre todo, una creciente demanda de cambio político cuando todavía restan más de dieciocho meses para las elecciones presidenciales de 2027.

El dato más contundente surge del último relevamiento de la consultora Zuban Córdoba: el 71,2% de los argentinos considera que hace falta un cambio de gobierno. No se trata de una señal menor ni de un malhumor pasajero. Apenas el 21% rechaza esa idea, mientras que un 7,8% no tiene una posición definida. La lectura es inevitable: siete de cada diez argentinos creen que el rumbo actual no alcanza, no convence o directamente no funciona.
El politólogo y experto en comunicación política Mario Riorda publicó en su cuenta de X un breve análisis sobre este punto de la encuesta de Zuban Córdoba: “Hasta 50% siempre suele manifestarse algo llamado cambio teórico”, lo que implica -según Riorda- que se trata de “cero amenaza real” de cambio. Pero “pasado el 50%, es una alerta naranja; y si pasa el 60%, alerta roja”, sentenció.
El consultor cordobés, además, destacó otro aspecto del trabajo de Zuban Córdoba que se conocerá con mayor nivel de detalle este domingo por la noche: casi el 77% de las mujeres expresen su deseo de cambio de gobierno: “Impactante”, concluyó Riorda.

Lo más delicado para la Casa Rosada es que este descontento no aparece encapsulado en un nicho opositor o en un sector etario específico. La demanda de cambio atraviesa generaciones completas: 59,2% entre las personas de 16 a 30 años; 79,4% entre 31 y 45; 73,6% entre 46 y 60; y 63,2% entre los mayores de 60 años. Es decir, el malestar no distingue edades ni perfiles sociales. Si el oficialismo había construido buena parte de su legitimidad sobre una narrativa de renovación política y respaldo transversal, hoy esos mismos datos empiezan a mostrar fisuras evidentes.
La tendencia, además, no es nueva. Ya a principios de abril, otro relevamiento de Zuban Córdoba había encendido luces rojas: el 60,7% rechazó la posibilidad de una reelección de Milei, mientras apenas el 29,4% respaldaría un segundo mandato. En términos políticos, el dato es demoledor: el Gobierno transita la última parte de su mandato y ya carga con una mayoría social que no imagina la continuidad.

Ni siquiera las consultoras habitualmente más moderadas con el oficialismo muestran un escenario alentador. En los últimos días, un trabajo de Management & Fit registró una caída pronunciada en la aprobación presidencial, vinculada al desgaste por el caso Adorni, el escándalo $Libra y los créditos VIP del Banco Nación.
Según esa medición, la aprobación del Gobierno cayó de 46,8% en febrero a 37,2% en abril, una baja cercana a diez puntos en apenas dos meses. Paralelamente, la desaprobación escaló al 54,3%, el nivel más alto desde el inicio de la gestión.
Pero acaso el dato más preocupante para Milei y su séquito no sea el presente, sino el futuro. La percepción positiva sobre la situación económica y social cayó de 27,3% en febrero a 15,4% en abril, mientras además se registra una caída de 8,6 puntos en el optimismo a futuro.
La advertencia de la propia consultora es categórica: “Por primera vez durante la gestión de Milei, la mirada negativa futura supera a la expectativa de mejora”.

El Gobierno intentó construir su capital político sobre tres pilares: orden macroeconómico, austeridad moral y ruptura con “la casta”. Hoy, los datos muestran desgaste profundo en los tres frentes. La inflación se desaceleró pero no pueden bajarla del 3% mensual desde hace siete meses, por lo que el humor social crece a ritmo intenso. Cuando una administración pierde respaldo económico, confianza ética y expectativa futura al mismo tiempo, el problema deja de ser comunicacional para convertirse en político.
La señal está dada. Que 71,2% pida un cambio a un año y medio de las elecciones ya no parece tratarse de un dato aislado, sino de una advertencia colectiva. Milei aún tiene tiempo para reconstruir parte del vínculo con una sociedad que ya le dio respaldo y podría volver a hacerlo. Lo que pasó el año pasado entre la dura derrota libertaria en las elecciones de la Provincia de Buenos Aires en septiembre y el contundente triunfo en las parlamentarias nacionales de octubre -incluida Chubut- es una muestra de ello.
En este contexto de desgaste creciente, aislamiento político y malhumor social, el Gobierno parece haber perdido incluso la capacidad de leer el momento histórico que atraviesa. A veces, en escenarios de crisis de confianza, no hacen falta grandes anuncios ni épicas refundacionales: alcanza con un gesto de buena voluntad que permita reconstruir puentes con sectores golpeados por el ajuste y por decisiones que profundizaron desigualdades.
Pero si decide perseverar en la misma lógica política, la posibilidad de llegar fortalecido a 2027 parece reducirse a apenas una chance en 100 millones.