En tiempos donde la discusión pública parece girar en torno a consignas fáciles y resultados de corto plazo, lo ocurrido en Comodoro Rivadavia el jueves y viernes con el evento “Construyendo el Nodo Industrial Patagonia Austral 2026” tiene un valor político que excede largamente cualquier jornada técnica.
En ese marco, actores que no suelen esperar respuestas del poder central para actuar, como el Sindicato Regional de Luz y Fuerza de la Patagonia, la Fundación Patagonia Tercer Milenio, el grupo Jornada Medios, la Municipalidad de Comodoro Rivadavia y la Asociación de Parques Industriales Argentinos (APIA), decidieron hacer algo cada vez más escaso: pensar desarrollo en serio.
Mientras el gobierno de Javier Milei insiste en un modelo que prioriza el ajuste y el orden macroeconómico en base a una profundización de la primarización de la economía, desde la Patagonia se planteó exactamente lo contrario: sin industria no hay proyecto posible. Ni federalismo real. Ni futuro.
La frase pronunciada por Milei en marzo pasado, duranteuna disertación en Nueva York, pinta de cuerpo entero lo qué el piensa de la industria nacional.
Las exposiciones que cerraron el encuentro fueron claras. El más vehemente fue José Ignacio “Vasco” de Mendiguren, un reconocido industrial, exministro nacional y dos veces presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), que lo sintetizó sin rodeos: “El crecimiento no alcanza, necesitamos desarrollo real”. Y ese desarrollo, vale insistir, no surge por generación espontánea ni por la “mano invisible del mercado” tan venerada por la actual gestión. Requiere planificación, infraestructura, crédito y decisión política. Todo lo que hoy escasea o, directamente, no existe.
En la misma línea, el dirigente gremial Juan Carlos Schmid, secretario general de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) y de la Federación Marítima Portuaria y de La Industria Naval de La República Argentina (FeMPINRA), advirtió sobre las consecuencias de “endiosar al mercado”, una práctica que la Argentina conoce demasiado bien y cuyos resultados suelen ser los mismos: desindustrialización, concentración y exclusión. No es teoría. Es historia repetida.
Pero quizás lo más relevante no fue el diagnóstico (bastante compartido por casi todos los expositores del sector político, empresario, gremial, universitario y técnico) sino quiénes decidieron poner el cuerpo para construir una alternativa. En un escenario donde muchos sectores locales optan por el silencio, la especulación o la comodidad de no incomodar al poder de turno, el Nodo Industrial de la Patagonia Austral emergió como una rareza: un espacio que incomoda porque propone.
Uno de los organizadores, el líder del Sindicato Regional de Luz y Fuerza de la Patagonia, Héctor González, lo planteó con claridad: el país enfrenta “una disyuntiva histórica” entre resignarse a ser una economía extractiva o construir un entramado industrial que agregue valor y genere inclusión.

No hay mucho margen para la ambigüedad. Mientras algunos sectores callan, otros avanzan. Y lo que se discutió en Comodoro no es un detalle técnico: es la base de cualquier proyecto de país que aspire a algo más que exportar recursos primarizados y ajustar salarios. La industria no es una opción ideológica, es una condición estructural para el desarrollo.
El Nodo Industrial Patagonia Austral, impulsado desde la periferia, expone así una paradoja incómoda: en un país donde el Gobierno libertario renuncia a planificar, son los actores territoriales los que empiezan a llenar ese vacío. Con menos recursos, pero con más claridad.
Las dudas son inevitables: ¿cuánto tiempo más podrá sostenerse esa tensión? Porque sin industria, sin valor agregado y sin una estrategia común, no habrá “equilibrio fiscal” que alcance. Y lo que hoy se presenta como orden, mañana puede volver a ser el preludio de otro retroceso.
El aprendizaje de los dos días de discusión e intercambio en Comodoro Rivadavia es que sectores muchas veces desencontrados por la coyuntura, como los industriales, los sindicatos, las universidades, los centros de pensamiento, pero principalmente la política, pueden reunirse bajo un mismo techo y objetivo a analizar las razones de la crisis pero, también, a pensar y consensuar propuestas para salir de ella.

La necesidad de redifinir el perfil económico y social de la Argentina en medio de un proceso libertario caótico y destructivo, no puede dejar de remitirnos a la Verdad Nº 4 de las Veinte Verdades Peronistas. Esa que dice que “no existe para el peronismo más que una sola clase de hombres: los que trabajan”. El concepto formulado por Perón representa una de las definiciones más potentes y discutidas de su pensamiento. No es sólo una consigna, condensa una posición filosófica, social y política. La fuerza del trabajo se reparte entre los trabajadores y los industriales.
No se trata sólo de teorizar sobre la economía, como hace con escasa lucidez el actual Presidente de la Nación. Es una batalla simbólica por el sentido de la Argentina que hay que empezar a dar todos los días y en todos los ámbitos.

En tiempos donde la discusión pública parece girar en torno a consignas fáciles y resultados de corto plazo, lo ocurrido en Comodoro Rivadavia el jueves y viernes con el evento “Construyendo el Nodo Industrial Patagonia Austral 2026” tiene un valor político que excede largamente cualquier jornada técnica.
En ese marco, actores que no suelen esperar respuestas del poder central para actuar, como el Sindicato Regional de Luz y Fuerza de la Patagonia, la Fundación Patagonia Tercer Milenio, el grupo Jornada Medios, la Municipalidad de Comodoro Rivadavia y la Asociación de Parques Industriales Argentinos (APIA), decidieron hacer algo cada vez más escaso: pensar desarrollo en serio.
Mientras el gobierno de Javier Milei insiste en un modelo que prioriza el ajuste y el orden macroeconómico en base a una profundización de la primarización de la economía, desde la Patagonia se planteó exactamente lo contrario: sin industria no hay proyecto posible. Ni federalismo real. Ni futuro.
La frase pronunciada por Milei en marzo pasado, duranteuna disertación en Nueva York, pinta de cuerpo entero lo qué el piensa de la industria nacional.
Las exposiciones que cerraron el encuentro fueron claras. El más vehemente fue José Ignacio “Vasco” de Mendiguren, un reconocido industrial, exministro nacional y dos veces presidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), que lo sintetizó sin rodeos: “El crecimiento no alcanza, necesitamos desarrollo real”. Y ese desarrollo, vale insistir, no surge por generación espontánea ni por la “mano invisible del mercado” tan venerada por la actual gestión. Requiere planificación, infraestructura, crédito y decisión política. Todo lo que hoy escasea o, directamente, no existe.
En la misma línea, el dirigente gremial Juan Carlos Schmid, secretario general de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) y de la Federación Marítima Portuaria y de La Industria Naval de La República Argentina (FeMPINRA), advirtió sobre las consecuencias de “endiosar al mercado”, una práctica que la Argentina conoce demasiado bien y cuyos resultados suelen ser los mismos: desindustrialización, concentración y exclusión. No es teoría. Es historia repetida.
Pero quizás lo más relevante no fue el diagnóstico (bastante compartido por casi todos los expositores del sector político, empresario, gremial, universitario y técnico) sino quiénes decidieron poner el cuerpo para construir una alternativa. En un escenario donde muchos sectores locales optan por el silencio, la especulación o la comodidad de no incomodar al poder de turno, el Nodo Industrial de la Patagonia Austral emergió como una rareza: un espacio que incomoda porque propone.
Uno de los organizadores, el líder del Sindicato Regional de Luz y Fuerza de la Patagonia, Héctor González, lo planteó con claridad: el país enfrenta “una disyuntiva histórica” entre resignarse a ser una economía extractiva o construir un entramado industrial que agregue valor y genere inclusión.

No hay mucho margen para la ambigüedad. Mientras algunos sectores callan, otros avanzan. Y lo que se discutió en Comodoro no es un detalle técnico: es la base de cualquier proyecto de país que aspire a algo más que exportar recursos primarizados y ajustar salarios. La industria no es una opción ideológica, es una condición estructural para el desarrollo.
El Nodo Industrial Patagonia Austral, impulsado desde la periferia, expone así una paradoja incómoda: en un país donde el Gobierno libertario renuncia a planificar, son los actores territoriales los que empiezan a llenar ese vacío. Con menos recursos, pero con más claridad.
Las dudas son inevitables: ¿cuánto tiempo más podrá sostenerse esa tensión? Porque sin industria, sin valor agregado y sin una estrategia común, no habrá “equilibrio fiscal” que alcance. Y lo que hoy se presenta como orden, mañana puede volver a ser el preludio de otro retroceso.
El aprendizaje de los dos días de discusión e intercambio en Comodoro Rivadavia es que sectores muchas veces desencontrados por la coyuntura, como los industriales, los sindicatos, las universidades, los centros de pensamiento, pero principalmente la política, pueden reunirse bajo un mismo techo y objetivo a analizar las razones de la crisis pero, también, a pensar y consensuar propuestas para salir de ella.

La necesidad de redifinir el perfil económico y social de la Argentina en medio de un proceso libertario caótico y destructivo, no puede dejar de remitirnos a la Verdad Nº 4 de las Veinte Verdades Peronistas. Esa que dice que “no existe para el peronismo más que una sola clase de hombres: los que trabajan”. El concepto formulado por Perón representa una de las definiciones más potentes y discutidas de su pensamiento. No es sólo una consigna, condensa una posición filosófica, social y política. La fuerza del trabajo se reparte entre los trabajadores y los industriales.
No se trata sólo de teorizar sobre la economía, como hace con escasa lucidez el actual Presidente de la Nación. Es una batalla simbólica por el sentido de la Argentina que hay que empezar a dar todos los días y en todos los ámbitos.