La nueva reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei comenzó a regir oficialmente el viernes con la promulgación de la “Ley de Modernización Laboral” (N° 27.802), publicada en el Boletín Oficial mediante el Decreto 137/2026.
La norma, aprobada por el Congreso el 27 de febrero, introduce cambios profundos en el sistema de indemnizaciones, en las condiciones de contratación, en los derechos colectivos y en el funcionamiento sindical, con el argumento de “modernizar” el mercado de trabajo y fomentar la creación de empleo.
Salvo la CGT, que apela a amortiguar el golpe de la reforma con reclamos judiciales, o algunos sectores sociales que siguen saliendo a las calles a pesar de que los muelen a palos, el resto de la sociedad goza de una especie de adormecimiento colectivo en el que las cosas pasan de manera indolente.
Por ejemplo, un estudio reciente del Instituto Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires (UBA) ya había encendido las alarmas sobre el colapso del empleo y los ingresos en la Argentina. El informe reveló que el fenómeno del “trabajador pobre” se encuentra profundamente consolidado, con la mayoría de los trabajadores recibiendo salarios insuficientes para cubrir la canasta básica.
Según este Instituto de la UBA, un 72% del conjunto de los trabajadores (incluyendo formales e informales) recibía a finales de 2025 un sueldo mensual inferior a $ 1 millón. Este umbral es crítico, ya que la Canasta Básica Total (CBT) para un hogar tipo ascendía a $ 1.213.799 en octubre del año pasado. ¿Todo marcha de acuerdo al plan (TMAP), como le gusta decir a Milei?

Mientras los libertarios celebran la flexibilización de las relaciones laborales, los datos del propio Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) muestran que el trabajo privado registrado viene retrocediendo en gran parte del país. Al comparar noviembre de 2025 con noviembre de 2023, el mapa laboral argentino exhibe un dato contundente: sólo dos provincias lograron crear empleo formal en ese período.
Más allá de estos números, que ya habían trascendido hace pocas semanas y fueron mencionados en esta misma Columna, lo insólito es que el tema lo puso otra vez en el tapete un gobernador radical recontra-aliado de Milei, el mendocino Alfredo Cornejo, quien en medio de un escenario de caída del empleo registrado en gran parte del país celebró en redes sociales un dato que, leído con detenimiento, revela una paradoja difícil de explicar: en su provincia el empleo privado cayó 0,6% entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025.

Aun así, el mandatario radical afirmó que “Mendoza vuelve a destacarse en el mapa productivo del país”. El mensaje fue acompañado por un cuadro comparativo con la evolución del empleo privado registrado en las provincias durante los primeros años del gobierno de Javier Milei. En ese ranking, Mendoza aparece tercera detrás de Neuquén (3,4%) y Río Negro (0,7%). Sin embargo, ambos distritos muestran crecimiento real del empleo, mientras que Mendoza exhibe una variación negativa.
A pesar de ese dato, Cornejo presentó el resultado como si se tratase de un logro y sostuvo que la provincia integra el podio del “mejor desempeño” laboral del país, una interpretación que termina evidenciando lo insólito del planteo: celebrar una caída del empleo simplemente porque en otros lugares el retroceso fue todavía mayor.
“Que se rompa pero que no se doble”, dijo alguna vez Leandro N. Alem, tal vez pensando que nunca iban a aparecer dirigentes radicales tan arribistas y torpes como Cornejo.
En esa tabla de generación de empleo, sólo Neuquén y más levemente Río Negro muestran un aumento de los puestos de trabajo en el sector privado. Ambas provincias patagónicas comparten un factor común: el impulso de la actividad energética vinculada al desarrollo de Vaca Muerta.
El resto del país, en cambio, se mueve en terreno negativo. Además de Mendoza, San Juan retrocede 0,9% Tucumán 1,5% y Jujuy 1,8%. En distritos de gran peso económico la situación tampoco es mejor: la Ciudad de Buenos Aires pierde 2,3% de empleo formal, Córdoba 2,4% y Santa Fe 2,5%. Mientras que la Provincia de Buenos Aires muestra una retracción del 3,4%.
En ese contexto, el dato de Chubut resulta especialmente preocupante. Según el mismo informe del SIPA, la provincia registra una caída del 4,4% en el empleo privado formal entre noviembre de 2023 y el mismo mes de 2025, ubicándose en el puesto 13 entre las 24 jurisdicciones del país.
No se trata de un detalle estadístico menor: en una economía regional fuertemente dependiente de la energía, la pesca y las actividades industriales asociadas, el retroceso del trabajo registrado impacta directamente sobre la estructura productiva.
El panorama nacional, además, se vuelve más crítico a medida que se desciende en el ranking. Santiago del Estero registra una caída del 5,4%, La Pampa del 5,9% y San Luis del 6,8%. Luego aparecen derrumbes aún más pronunciados: Chaco pierde 8,4% de su empleo privado registrado, Misiones 8,8%, Tierra del Fuego 10,7% y Catamarca el mismo porcentaje. Formosa registra una caída del 11,3%, La Rioja del 14% y Santa Cruz encabeza el ranking negativo con un desplome del 16,2%.
Es decir: mientras el Gobierno de Milei flexibiliza el trabajo casi sin discusión parlamentaria, el empleo formal ya se encuentra en retroceso en la enorme mayoría de las provincias. Es una falacia sostener que con menos derechos para los trabajadores se van a multiplicar los empleos. Si hay algo que garantiza la reforma que ya es ley desde el viernes es una multiplicación de la precariedad laboral.
El cambio profundo en el sistema de indemnizaciones en beneficio de los empleadores y en detrimento de los empleados, reduce la base de cálculo al excluir conceptos como aguinaldo o vacaciones y estableciendo topes máximos, y habilita a que las empresas paguen indemnizaciones en cuotas a través de los llamados Fondos de Asistencia Laboral (FAL) financiados con contribuciones patronales.
¿Puede una reforma centrada en abaratar despidos y flexibilizar condiciones laborales revertir una tendencia de caída del empleo formal? La respuesta evidente es no porque el problema del empleo en Argentina difícilmente se explique por un exceso de derechos laborales. Mucho más determinante parece ser el nivel de actividad económica y la inversión productiva, dos aspectos de la economía que vienen siendo masacrados por las políticas de Milei, Toto Caputo y Federico Sturzenegger, que los único que les preocupa es el equilibrio fiscal a cualquier precio.

Cuando el trabajo registrado retrocede en la mayoría de las provincias y regiones productivas -incluida la Patagonia que no tiene a Vaca Muerta-, insistir en que la solución pasa exclusivamente por flexibilizar el mercado laboral corre el riesgo de atacar el síntoma equivocado.
En provincias como Chubut, donde el empleo privado ya muestra una caída sostenida a lo largo de los últimos años, el desafío no debería ser abaratar el trabajo sino generar condiciones para que haya más producción, más inversión y más actividad económica.
Por ahora, ninguna de esas tres condiciones aparecen en el horizonte cercano de Chubut.

La nueva reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei comenzó a regir oficialmente el viernes con la promulgación de la “Ley de Modernización Laboral” (N° 27.802), publicada en el Boletín Oficial mediante el Decreto 137/2026.
La norma, aprobada por el Congreso el 27 de febrero, introduce cambios profundos en el sistema de indemnizaciones, en las condiciones de contratación, en los derechos colectivos y en el funcionamiento sindical, con el argumento de “modernizar” el mercado de trabajo y fomentar la creación de empleo.
Salvo la CGT, que apela a amortiguar el golpe de la reforma con reclamos judiciales, o algunos sectores sociales que siguen saliendo a las calles a pesar de que los muelen a palos, el resto de la sociedad goza de una especie de adormecimiento colectivo en el que las cosas pasan de manera indolente.
Por ejemplo, un estudio reciente del Instituto Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires (UBA) ya había encendido las alarmas sobre el colapso del empleo y los ingresos en la Argentina. El informe reveló que el fenómeno del “trabajador pobre” se encuentra profundamente consolidado, con la mayoría de los trabajadores recibiendo salarios insuficientes para cubrir la canasta básica.
Según este Instituto de la UBA, un 72% del conjunto de los trabajadores (incluyendo formales e informales) recibía a finales de 2025 un sueldo mensual inferior a $ 1 millón. Este umbral es crítico, ya que la Canasta Básica Total (CBT) para un hogar tipo ascendía a $ 1.213.799 en octubre del año pasado. ¿Todo marcha de acuerdo al plan (TMAP), como le gusta decir a Milei?

Mientras los libertarios celebran la flexibilización de las relaciones laborales, los datos del propio Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) muestran que el trabajo privado registrado viene retrocediendo en gran parte del país. Al comparar noviembre de 2025 con noviembre de 2023, el mapa laboral argentino exhibe un dato contundente: sólo dos provincias lograron crear empleo formal en ese período.
Más allá de estos números, que ya habían trascendido hace pocas semanas y fueron mencionados en esta misma Columna, lo insólito es que el tema lo puso otra vez en el tapete un gobernador radical recontra-aliado de Milei, el mendocino Alfredo Cornejo, quien en medio de un escenario de caída del empleo registrado en gran parte del país celebró en redes sociales un dato que, leído con detenimiento, revela una paradoja difícil de explicar: en su provincia el empleo privado cayó 0,6% entre noviembre de 2023 y noviembre de 2025.

Aun así, el mandatario radical afirmó que “Mendoza vuelve a destacarse en el mapa productivo del país”. El mensaje fue acompañado por un cuadro comparativo con la evolución del empleo privado registrado en las provincias durante los primeros años del gobierno de Javier Milei. En ese ranking, Mendoza aparece tercera detrás de Neuquén (3,4%) y Río Negro (0,7%). Sin embargo, ambos distritos muestran crecimiento real del empleo, mientras que Mendoza exhibe una variación negativa.
A pesar de ese dato, Cornejo presentó el resultado como si se tratase de un logro y sostuvo que la provincia integra el podio del “mejor desempeño” laboral del país, una interpretación que termina evidenciando lo insólito del planteo: celebrar una caída del empleo simplemente porque en otros lugares el retroceso fue todavía mayor.
“Que se rompa pero que no se doble”, dijo alguna vez Leandro N. Alem, tal vez pensando que nunca iban a aparecer dirigentes radicales tan arribistas y torpes como Cornejo.
En esa tabla de generación de empleo, sólo Neuquén y más levemente Río Negro muestran un aumento de los puestos de trabajo en el sector privado. Ambas provincias patagónicas comparten un factor común: el impulso de la actividad energética vinculada al desarrollo de Vaca Muerta.
El resto del país, en cambio, se mueve en terreno negativo. Además de Mendoza, San Juan retrocede 0,9% Tucumán 1,5% y Jujuy 1,8%. En distritos de gran peso económico la situación tampoco es mejor: la Ciudad de Buenos Aires pierde 2,3% de empleo formal, Córdoba 2,4% y Santa Fe 2,5%. Mientras que la Provincia de Buenos Aires muestra una retracción del 3,4%.
En ese contexto, el dato de Chubut resulta especialmente preocupante. Según el mismo informe del SIPA, la provincia registra una caída del 4,4% en el empleo privado formal entre noviembre de 2023 y el mismo mes de 2025, ubicándose en el puesto 13 entre las 24 jurisdicciones del país.
No se trata de un detalle estadístico menor: en una economía regional fuertemente dependiente de la energía, la pesca y las actividades industriales asociadas, el retroceso del trabajo registrado impacta directamente sobre la estructura productiva.
El panorama nacional, además, se vuelve más crítico a medida que se desciende en el ranking. Santiago del Estero registra una caída del 5,4%, La Pampa del 5,9% y San Luis del 6,8%. Luego aparecen derrumbes aún más pronunciados: Chaco pierde 8,4% de su empleo privado registrado, Misiones 8,8%, Tierra del Fuego 10,7% y Catamarca el mismo porcentaje. Formosa registra una caída del 11,3%, La Rioja del 14% y Santa Cruz encabeza el ranking negativo con un desplome del 16,2%.
Es decir: mientras el Gobierno de Milei flexibiliza el trabajo casi sin discusión parlamentaria, el empleo formal ya se encuentra en retroceso en la enorme mayoría de las provincias. Es una falacia sostener que con menos derechos para los trabajadores se van a multiplicar los empleos. Si hay algo que garantiza la reforma que ya es ley desde el viernes es una multiplicación de la precariedad laboral.
El cambio profundo en el sistema de indemnizaciones en beneficio de los empleadores y en detrimento de los empleados, reduce la base de cálculo al excluir conceptos como aguinaldo o vacaciones y estableciendo topes máximos, y habilita a que las empresas paguen indemnizaciones en cuotas a través de los llamados Fondos de Asistencia Laboral (FAL) financiados con contribuciones patronales.
¿Puede una reforma centrada en abaratar despidos y flexibilizar condiciones laborales revertir una tendencia de caída del empleo formal? La respuesta evidente es no porque el problema del empleo en Argentina difícilmente se explique por un exceso de derechos laborales. Mucho más determinante parece ser el nivel de actividad económica y la inversión productiva, dos aspectos de la economía que vienen siendo masacrados por las políticas de Milei, Toto Caputo y Federico Sturzenegger, que los único que les preocupa es el equilibrio fiscal a cualquier precio.

Cuando el trabajo registrado retrocede en la mayoría de las provincias y regiones productivas -incluida la Patagonia que no tiene a Vaca Muerta-, insistir en que la solución pasa exclusivamente por flexibilizar el mercado laboral corre el riesgo de atacar el síntoma equivocado.
En provincias como Chubut, donde el empleo privado ya muestra una caída sostenida a lo largo de los últimos años, el desafío no debería ser abaratar el trabajo sino generar condiciones para que haya más producción, más inversión y más actividad económica.
Por ahora, ninguna de esas tres condiciones aparecen en el horizonte cercano de Chubut.