Hay números que deberían obligar a cambiar las prioridades. Por ejemplo, el último informe del INDEC publicado esta semana ubicó al aglomerado Comodoro Rivadavia-Rada Tilly con una tasa de desocupación del 9,2% durante el segundo trimestre de 2026. Es la quinta ciudad con más desempleo de la Argentina, inclusive por encima de la media nacional (7,9%) y de toda la Patagonia (6,3%).
Para coronar el impacto negativo de este dato: nunca antes desde que el INDEC empezó a medir la tasa de desocupación de la zona sur de Chubut, hace ya varias décadas, una cifra había sido tan alta.
Hay una realidad todavía más concreta y dura: unas 10.000 personas están desocupadas en la ciudad petrolera, según el INDEC, aunque se estima que esa cifra es peor aún en la realidad de la calle.
No es cualquier ciudad. Comodoro no sólo sigue siendo el principal centro urbano de Chubut, sino también uno de los más grandes de la Patagonia. Y durante décadas -hasta la aparición de Vaca Muerta- fue el mayor motor industrial y energético de la región patagónica.

En el Valle, según el INDEC, la situación no es menos preocupante. El desempleo se ubicó en 7,7% y el dato que llamó la atención es que el 23,4% de la población económicamente activa ocupada está buscando otro empleo porque con uno no alcanza.
¿Qué está haciendo el actual Gobierno de Chubut frente a este escenario? Nada que esté dando resultado. No se trata de atribuirle a Nacho Torres la responsabilidad exclusiva por cada puesto de trabajo que se pierde. Pero el mercado laboral de Comodoro dependió siempre de la actividad petrolera, y hasta ahora la gestión de Torres ha aceptado mansamente la desvinculación de más de 8.000 trabajadores petroleros y la salida de YPF a cambio de una falsa “paz social”, de migajas y de un pasivo ambiental inconmensurable.
El peronismo también tiene su cuota de responsabilidad porque fue parte del problema cuando gobernó y ahora en medio de sus divisiones sólo se une para cuestionar a coro. Demasiado tarde para lágrimas.
Mucho “diálogo”, pocos recursos
Hay otra cuestión que también merece ser discutida: la relación de Torres con el Gobierno de Javier Milei. El gobernador eligió al comienzo confrontar con la Casa Rosada. Allá lejos y hace tiempo quedaron esos primeros gestos de rebeldía, que desde hace dos años han virado sin escalas a una estrategia de “diálogo” permanente.
Pero todas las estrategias políticas deben medirse por sus resultados. Y ahí Chubut no tiene casi nada para exponer, salvo un “canje” de deuda con Nación que no impidió que la Provincia se volviera a endeudar por 650 millones de dólares a una tasa alta en los mercados internacionales, o que en los principales ministerios hablen por lo bajo que están “apretados de fondos”.
Cuando se mira el reparto de los Aportes del Tesoro Nacional (ATN) durante 2026, Chubut aparece bastante lejos de las provincias que recibieron mayores recursos.
De acuerdo con datos elaborados sobre información de Presupuesto Abierto, hasta el 13 de septiembre inclusive, Milei firmó desembolsos discrecionales por un total de $ 177.000 millones. Quince provincias fueron las más beneficiadas hasta acá: Misiones recibió $ 25.000 millones; Catamarca, $ 18.500 millones; Salta, $ 18.000 millones; Entre Ríos, $ 15.000 millones; y Corrientes, $ 14.000 millones. Ninguna gobernada por La Libertad Avanza pero sí por “dialoguistas” de la primera hora.
Chubut, en cambio, se ubica en la mitad de tabla entre 24 distritos con apenas $ 6.500 millones. Entonces, ¿qué obtiene la provincia de la estrategia de “diálogo”? ¿Tan sólo eso han valido las reiteradas genuflexiones parlamentarias del diputado nacional Jorge “Loma” Ávila y de las senadoras Edith Terenzi y Andrea Cristina?

Mucha elección, poca gestión
La política chubutense necesita volver a mirar la provincia. Hay una contradicción que empieza a hacerse demasiado visible. Mientras se profundiza la crisis de Comodoro, se sostiene la del Valle, empieza a caer Madryn y Esquel, y se multiplica el endeudamiento de las familias, la mayor parte de la dirigencia política se la pasa hablando de las elecciones del año próximo.
El problema no es que un gobernador, los intendentes o los dirigentes opositores hagan política. El problema aparece cuando la política no ocupa el lugar que debería ocupar para dar respuestas concretas a los ciudadanos .
Para coronar la semana, Torres se mostró el viernes en un encuentro político en Rosario con sus pares de Córdoba, Martín Llaryora; de Santa Fe, Maximiliano Pullaro; y de Corrientes, Juan Pablo Valdés, en una especie de intento de resucitación de “Provincias Unidas”, la variopinta avenida del medio de la política que hasta ahora ha mostrado magros resultados.

La foto de los cuatro gobernadores se dio apenas un día después de una operación de prensa bien armada que ubicó al chubutense, al zigzagueante cordobés y al pendular santafesino como posibles partícipes de una PASO en 2027 para elegir a un candidato presidencial que se diferencia de Milei y Axel Kicillof.
Otra cortina de humo para seguir negociando con la Casa Rosada la continuidad o no de las PASO, en medio de un objetivo común a todos ellos: evitar que el peronismo vuelva al poder a como dé lugar. Pero para que eso ocurra, será necesario, en primer lugar, que el peronismo se una y construya una propuesta programática de cara al futuro, con resultados claros y temas decisivos que realmente le interesen a la gente.
Nada más y nada menos.
Hay números que deberían obligar a cambiar las prioridades. Por ejemplo, el último informe del INDEC publicado esta semana ubicó al aglomerado Comodoro Rivadavia-Rada Tilly con una tasa de desocupación del 9,2% durante el segundo trimestre de 2026. Es la quinta ciudad con más desempleo de la Argentina, inclusive por encima de la media nacional (7,9%) y de toda la Patagonia (6,3%).
Para coronar el impacto negativo de este dato: nunca antes desde que el INDEC empezó a medir la tasa de desocupación de la zona sur de Chubut, hace ya varias décadas, una cifra había sido tan alta.
Hay una realidad todavía más concreta y dura: unas 10.000 personas están desocupadas en la ciudad petrolera, según el INDEC, aunque se estima que esa cifra es peor aún en la realidad de la calle.
No es cualquier ciudad. Comodoro no sólo sigue siendo el principal centro urbano de Chubut, sino también uno de los más grandes de la Patagonia. Y durante décadas -hasta la aparición de Vaca Muerta- fue el mayor motor industrial y energético de la región patagónica.

En el Valle, según el INDEC, la situación no es menos preocupante. El desempleo se ubicó en 7,7% y el dato que llamó la atención es que el 23,4% de la población económicamente activa ocupada está buscando otro empleo porque con uno no alcanza.
¿Qué está haciendo el actual Gobierno de Chubut frente a este escenario? Nada que esté dando resultado. No se trata de atribuirle a Nacho Torres la responsabilidad exclusiva por cada puesto de trabajo que se pierde. Pero el mercado laboral de Comodoro dependió siempre de la actividad petrolera, y hasta ahora la gestión de Torres ha aceptado mansamente la desvinculación de más de 8.000 trabajadores petroleros y la salida de YPF a cambio de una falsa “paz social”, de migajas y de un pasivo ambiental inconmensurable.
El peronismo también tiene su cuota de responsabilidad porque fue parte del problema cuando gobernó y ahora en medio de sus divisiones sólo se une para cuestionar a coro. Demasiado tarde para lágrimas.
Mucho “diálogo”, pocos recursos
Hay otra cuestión que también merece ser discutida: la relación de Torres con el Gobierno de Javier Milei. El gobernador eligió al comienzo confrontar con la Casa Rosada. Allá lejos y hace tiempo quedaron esos primeros gestos de rebeldía, que desde hace dos años han virado sin escalas a una estrategia de “diálogo” permanente.
Pero todas las estrategias políticas deben medirse por sus resultados. Y ahí Chubut no tiene casi nada para exponer, salvo un “canje” de deuda con Nación que no impidió que la Provincia se volviera a endeudar por 650 millones de dólares a una tasa alta en los mercados internacionales, o que en los principales ministerios hablen por lo bajo que están “apretados de fondos”.
Cuando se mira el reparto de los Aportes del Tesoro Nacional (ATN) durante 2026, Chubut aparece bastante lejos de las provincias que recibieron mayores recursos.
De acuerdo con datos elaborados sobre información de Presupuesto Abierto, hasta el 13 de septiembre inclusive, Milei firmó desembolsos discrecionales por un total de $ 177.000 millones. Quince provincias fueron las más beneficiadas hasta acá: Misiones recibió $ 25.000 millones; Catamarca, $ 18.500 millones; Salta, $ 18.000 millones; Entre Ríos, $ 15.000 millones; y Corrientes, $ 14.000 millones. Ninguna gobernada por La Libertad Avanza pero sí por “dialoguistas” de la primera hora.
Chubut, en cambio, se ubica en la mitad de tabla entre 24 distritos con apenas $ 6.500 millones. Entonces, ¿qué obtiene la provincia de la estrategia de “diálogo”? ¿Tan sólo eso han valido las reiteradas genuflexiones parlamentarias del diputado nacional Jorge “Loma” Ávila y de las senadoras Edith Terenzi y Andrea Cristina?

Mucha elección, poca gestión
La política chubutense necesita volver a mirar la provincia. Hay una contradicción que empieza a hacerse demasiado visible. Mientras se profundiza la crisis de Comodoro, se sostiene la del Valle, empieza a caer Madryn y Esquel, y se multiplica el endeudamiento de las familias, la mayor parte de la dirigencia política se la pasa hablando de las elecciones del año próximo.
El problema no es que un gobernador, los intendentes o los dirigentes opositores hagan política. El problema aparece cuando la política no ocupa el lugar que debería ocupar para dar respuestas concretas a los ciudadanos .
Para coronar la semana, Torres se mostró el viernes en un encuentro político en Rosario con sus pares de Córdoba, Martín Llaryora; de Santa Fe, Maximiliano Pullaro; y de Corrientes, Juan Pablo Valdés, en una especie de intento de resucitación de “Provincias Unidas”, la variopinta avenida del medio de la política que hasta ahora ha mostrado magros resultados.

La foto de los cuatro gobernadores se dio apenas un día después de una operación de prensa bien armada que ubicó al chubutense, al zigzagueante cordobés y al pendular santafesino como posibles partícipes de una PASO en 2027 para elegir a un candidato presidencial que se diferencia de Milei y Axel Kicillof.
Otra cortina de humo para seguir negociando con la Casa Rosada la continuidad o no de las PASO, en medio de un objetivo común a todos ellos: evitar que el peronismo vuelva al poder a como dé lugar. Pero para que eso ocurra, será necesario, en primer lugar, que el peronismo se una y construya una propuesta programática de cara al futuro, con resultados claros y temas decisivos que realmente le interesen a la gente.
Nada más y nada menos.