(Por Bulin Fernández)
No puede ni debe haber descanso. Nadie bien nacido puede relajarse. Mucho más allá de la tarea que realice, la franja etárea a la que pertenezca, los vínculos que tenga o los sueños que persiga, ningún argentino o argentina de bien que se precie de tal puede hacerse el desentendido.
La última dictadura militar, aunque haya pasado hace exactamente medio siglo, dejó la noche más cruenta y horrenda que se puede haber vivido con el Estado como protagonista ineludible.
A ese sector de las fuerzas armadas y de seguridad que tuvo la tarea sucia de encabezar el llamado proceso de reorganización nacional, lo precedió un poder cívico económico con la puesta en escena de un ensayo de un modelo donde hubo un puñado de ganadores que aún hoy persiste, con el desarmado de la pequeña y mediana industria, la destrucción de la organización de los trabajadores y las organizaciones sociales y una marcada apertura económica en nombre de la tan ansiada libertad.
No menor fue el acuerdo eclesiástico donde sus cupulas adhirieron y se sumaron activamente con su silencio cómplice para no ser parte de sus fieles que pedían por sus familiares.
Sin duda alguna esa combinación escondida en la necesidad de orden y equilibrio por los muchos desmanes y grupos de “iluminados” que rompieron con el sistema democrático previo al 24 de marzo, terminó siendo la excusa perfecta para implementar el terror en manos del Estado.
Pero también hubo un factor preponderante en toda esa combinación explosiva: el poder judicial de la Nación y las provincias.
Desde el espacio que debía ejercer la administración de justicia con hombres y mujeres preparados desde lo académico y jurando por lo más sagrado: la Constitución Nacional, quemaron todos los libros para adherir y ser partícipes necesarios e imprescindibles para las troperías cometidas.
Un experimentado dirigente sindical dijo alguna vez que “si un juez hubiese tomado parte a fondo de la desaparición de Felipe Vallese, sin duda los golpes de Estado no hubiesen sido posible”. Pocas cosas más acertadas, aún desde lo contra fáctico.
Resulta complejo pensar que los modelos económicos impuestos donde un puñado de “vivos” se quedan con la riqueza empobreciendo a todo un país vuelva a repetirse bajo esa acción armada. Pero los zorros siguen en el gallinero y mutan para transformarse en actores “democráticos” asociados a la misma casta judicial y política que, travestida en el nombre de diferentes partidos que han perdido su esencia elemental para ser macarras de la moral en beneficio de sus bolsillos.
Ratificando nuestro compromiso y línea editorial, desde el Grupo Jornada Medios hacemos nuestra contribución con lo que está a la vista: radio, streaming y página web plagados del repaso de la historia y sus protagonistas para que todos tengan acceso.
El negacionismo seguirá vigente con su teoría de los dos demonios. Es por eso que resulta elemental la presencia de la memoria, la verdad y la justicia en poder del pueblo y las nuevas generaciones que este martes último dio muestra militante en calles y plazas de la Argentina para sostener la lucha eterna.

(Por Bulin Fernández)
No puede ni debe haber descanso. Nadie bien nacido puede relajarse. Mucho más allá de la tarea que realice, la franja etárea a la que pertenezca, los vínculos que tenga o los sueños que persiga, ningún argentino o argentina de bien que se precie de tal puede hacerse el desentendido.
La última dictadura militar, aunque haya pasado hace exactamente medio siglo, dejó la noche más cruenta y horrenda que se puede haber vivido con el Estado como protagonista ineludible.
A ese sector de las fuerzas armadas y de seguridad que tuvo la tarea sucia de encabezar el llamado proceso de reorganización nacional, lo precedió un poder cívico económico con la puesta en escena de un ensayo de un modelo donde hubo un puñado de ganadores que aún hoy persiste, con el desarmado de la pequeña y mediana industria, la destrucción de la organización de los trabajadores y las organizaciones sociales y una marcada apertura económica en nombre de la tan ansiada libertad.
No menor fue el acuerdo eclesiástico donde sus cupulas adhirieron y se sumaron activamente con su silencio cómplice para no ser parte de sus fieles que pedían por sus familiares.
Sin duda alguna esa combinación escondida en la necesidad de orden y equilibrio por los muchos desmanes y grupos de “iluminados” que rompieron con el sistema democrático previo al 24 de marzo, terminó siendo la excusa perfecta para implementar el terror en manos del Estado.
Pero también hubo un factor preponderante en toda esa combinación explosiva: el poder judicial de la Nación y las provincias.
Desde el espacio que debía ejercer la administración de justicia con hombres y mujeres preparados desde lo académico y jurando por lo más sagrado: la Constitución Nacional, quemaron todos los libros para adherir y ser partícipes necesarios e imprescindibles para las troperías cometidas.
Un experimentado dirigente sindical dijo alguna vez que “si un juez hubiese tomado parte a fondo de la desaparición de Felipe Vallese, sin duda los golpes de Estado no hubiesen sido posible”. Pocas cosas más acertadas, aún desde lo contra fáctico.
Resulta complejo pensar que los modelos económicos impuestos donde un puñado de “vivos” se quedan con la riqueza empobreciendo a todo un país vuelva a repetirse bajo esa acción armada. Pero los zorros siguen en el gallinero y mutan para transformarse en actores “democráticos” asociados a la misma casta judicial y política que, travestida en el nombre de diferentes partidos que han perdido su esencia elemental para ser macarras de la moral en beneficio de sus bolsillos.
Ratificando nuestro compromiso y línea editorial, desde el Grupo Jornada Medios hacemos nuestra contribución con lo que está a la vista: radio, streaming y página web plagados del repaso de la historia y sus protagonistas para que todos tengan acceso.
El negacionismo seguirá vigente con su teoría de los dos demonios. Es por eso que resulta elemental la presencia de la memoria, la verdad y la justicia en poder del pueblo y las nuevas generaciones que este martes último dio muestra militante en calles y plazas de la Argentina para sostener la lucha eterna.