Alberto Baruj, vicepresidente de Asuntos Tecnológicos del CONICET, destacó las capacidades científicas y tecnológicas del organismo y su presencia en distintas áreas estratégicas para el desarrollo del país. Entre ellas, mencionó especialmente al sector energético, donde confluyen investigaciones relacionadas con la transmisión de energía, los materiales necesarios para su desarrollo y el estudio de los ambientes en los que se llevan adelante estas actividades.
Según explicó, dentro de estas grandes áreas disciplinares existe una fuerte heterogeneidad en las formas de hacer ciencia, así como diferentes maneras de interpretar los impactos que las actividades productivas pueden generar sobre el ambiente. Para Baruj, esa diversidad de perspectivas constituye una de las principales fortalezas del sistema científico.
En ese sentido, remarcó que no existe una única postura que pueda atribuirse al organismo. “No existe el ‘CONICET dice que’. Hay investigaciones”, sostuvo. Las distintas investigaciones pueden generar conclusiones y posiciones diferentes, que luego forman parte de debates que interesan a la sociedad.
Baruj también se refirió a la relación entre la investigación científica, las decisiones gubernamentales y los posibles impactos ambientales de determinadas políticas productivas. Señaló que, desde el ámbito científico, resulta difícil aceptar situaciones en las que se intenta evitar la discusión sobre las consecuencias de determinadas actividades porque podrían resultar inconvenientes para determinados intereses.
Como ejemplo, mencionó la posibilidad de que se solicite no hablar sobre el impacto ambiental que podría tener una duplicación de la producción o que se desaconseje explorar determinadas zonas del mar ante la posibilidad de encontrar corales que pudieran afectar determinadas actividades pesqueras. Para el investigador, la ciencia debe poder producir información y aportar evidencia para que esas decisiones sean tomadas con el mayor conocimiento posible.
El vicepresidente de Asuntos Tecnológicos también destacó la dimensión de la estructura científica del CONICET. El organismo cuenta con una extensa red de institutos distribuidos en todo el territorio nacional. Entre ellos se encuentra el CENPAT, que reúne diferentes grupos e instituciones dedicados a diversas áreas de investigación.
En total, el CONICET cuenta con alrededor de 310 institutos en todo el país, con líneas de trabajo que abarcan campos muy diversos. Entre ellos se encuentran la generación y el transporte de energía, el procesamiento de materiales y los procesos de transformación e industrialización.
Para Baruj, esta diversidad permite que el sistema científico pueda intervenir en distintas etapas de los procesos productivos y aportar conocimiento desde múltiples disciplinas. La investigación científica, sostuvo, no puede reducirse a una única mirada institucional, sino que debe contemplar la variedad de enfoques y evidencias que surgen del trabajo de sus investigadores.
Alberto Baruj, vicepresidente de Asuntos Tecnológicos del CONICET, destacó las capacidades científicas y tecnológicas del organismo y su presencia en distintas áreas estratégicas para el desarrollo del país. Entre ellas, mencionó especialmente al sector energético, donde confluyen investigaciones relacionadas con la transmisión de energía, los materiales necesarios para su desarrollo y el estudio de los ambientes en los que se llevan adelante estas actividades.
Según explicó, dentro de estas grandes áreas disciplinares existe una fuerte heterogeneidad en las formas de hacer ciencia, así como diferentes maneras de interpretar los impactos que las actividades productivas pueden generar sobre el ambiente. Para Baruj, esa diversidad de perspectivas constituye una de las principales fortalezas del sistema científico.
En ese sentido, remarcó que no existe una única postura que pueda atribuirse al organismo. “No existe el ‘CONICET dice que’. Hay investigaciones”, sostuvo. Las distintas investigaciones pueden generar conclusiones y posiciones diferentes, que luego forman parte de debates que interesan a la sociedad.
Baruj también se refirió a la relación entre la investigación científica, las decisiones gubernamentales y los posibles impactos ambientales de determinadas políticas productivas. Señaló que, desde el ámbito científico, resulta difícil aceptar situaciones en las que se intenta evitar la discusión sobre las consecuencias de determinadas actividades porque podrían resultar inconvenientes para determinados intereses.
Como ejemplo, mencionó la posibilidad de que se solicite no hablar sobre el impacto ambiental que podría tener una duplicación de la producción o que se desaconseje explorar determinadas zonas del mar ante la posibilidad de encontrar corales que pudieran afectar determinadas actividades pesqueras. Para el investigador, la ciencia debe poder producir información y aportar evidencia para que esas decisiones sean tomadas con el mayor conocimiento posible.
El vicepresidente de Asuntos Tecnológicos también destacó la dimensión de la estructura científica del CONICET. El organismo cuenta con una extensa red de institutos distribuidos en todo el territorio nacional. Entre ellos se encuentra el CENPAT, que reúne diferentes grupos e instituciones dedicados a diversas áreas de investigación.
En total, el CONICET cuenta con alrededor de 310 institutos en todo el país, con líneas de trabajo que abarcan campos muy diversos. Entre ellos se encuentran la generación y el transporte de energía, el procesamiento de materiales y los procesos de transformación e industrialización.
Para Baruj, esta diversidad permite que el sistema científico pueda intervenir en distintas etapas de los procesos productivos y aportar conocimiento desde múltiples disciplinas. La investigación científica, sostuvo, no puede reducirse a una única mirada institucional, sino que debe contemplar la variedad de enfoques y evidencias que surgen del trabajo de sus investigadores.