“Se creía que éramos unas pelotudas que no sabíamos hacer nada”

Este viernes se escucharon tres duros testimonios contra Hugo Sánchez, jefe de la Asesoría de Familia de Esquel. Las abogadas adjuntas que trabajaron con él recordaron su lenguaje “peor que el de los presos”, relataron cómo las vació de trabajo y sus amenazas y agresiones físicas.

Sánchez, de barba, con su defensor Santiago Carlen.
Sánchez, de barba, con su defensor Santiago Carlen.
26 JUN 2026 - 19:25 | Actualizado 26 JUN 2026 - 19:43

Las tres fueron abogadas adjuntas de la Asesoría de Familia de Esquel y sintieron en el cuerpo el maltrato de su exjefe Hugo Sánchez. Por eso sus testimonios se destacaron en el segundo día del jury contra el funcionario en la sala de audiencias del Superior Tribunal de Justicia en Rawson.

Hoy Cecilia Vallejos es jueza contencioso administrativa. Pero el 4 de noviembre de 2024 estaba en su oficina de la Asesoría cuando escuchó sorprendida la discusión fuerte de Sánchez con su compañera Paula Epifane. La vio escapar al baño “con ojos vidriosos y muy afligida y angustiada”, le contó al Tribunal de Enjuiciamiento. “Me preocupé porque sabía que estaba embarazada”.

El abogado César Mahía, del Tribunal de Enjuiciamiento.

Contenida por Cecilia, Paula le contó de los insultos de él. “Se había sentido agredida y que parecía que todo lo que decía estaba mal. Fue un momento muy incómodo y difícil”.

Cada vez menos

Cuando otros problemas con el jefe escalaron, el plantel se diezmó. “A veces una aguanta situaciones que no son las ideales para un lugar de trabajo. El conflicto se traducía en una muy alta sobrecarga de labores siempre para las mujeres y las reubicaciones resintieron el trabajo”.

Organizar la agenda diaria era un tema crítico porque Sánchez no tenía estrategia ni pautas. Los empleados acordaban entre ellos “a medida que se debían cubrir baches operativos”.

La denuncia de Epifane impactó muy mal en Vallejos. “Una tarea no se valoraba igual que si la hacía un hombre. Su salida del área me remitió a otras salidas tristes. Fue doloroso e injusto, me afectó mucho y tomé resguardos para protegerme”. Decidió ya no comentar con su exjefe la marcha de sus causas para evitar cualquier discusión.

La testigo declaró que al acusado “le falta poder liderar y trabajar el disenso”. Alguna vez debatieron cómo abordar una medida de protección. “Me dijo `Hacelo como quieras y si sale mal, hacéte cargo´. Eso me causó una alta carga de angustia y frustración. Me dolió porque no es la forma de trabajar en equipo”.

Con todo, la primera vez que Sánchez le trató de “boluda”, Vallejos le marcó la cancha: “Le dije que no volviera a faltarme el respeto. Su forma de valorar era peyorativa y creía que las mujeres no tienen logros por su esfuerzo sino por ser amigas o amantes de alguien”.

La ministra del STJ Camila Banfi, presidenta del Tribunal.

La actual jueza consideró que como era el jefe, otras mujeres no se atrevieron a frenar sus chistes de mal gusto. “No es fácil y no cualquiera le pone límites a un superior jerárquico”.

Sánchez siempre pedía que tareas domésticas de la oficina, como el café, las hicieran las mujeres, nunca los hombres.

"Separar amistades"

Gilda Saunders fue otra de las abogadas adjuntas sometidas. Hoy es defensora pública civil en Esquel. En la audiencia subrayó que su exjefe “tiene una manera muy difícil de gestionar y es muy descalificativo y agresivo con el trabajo de las mujeres”. Lo que primero erabroma se iba conviertiendo en un constante trato peyorativo.

Cuando Sánchez llegó como jefe y se consolidó “intentó separar amistades y generar quiebres” en el equipo de trabajo. “Tiene una manera muy violenta e intimidante de comunicarse, cree que es el único que siempre tiene razón”.

De los pelos

La abogada era amiga de una jueza de Familia que el imputado detestaba. “La conchuda de tu amiga, seguro se juntan a tomar el té para criticarme”, le decía. Una mañana Saunders se cansó y le dijo irónicamente “sí, nos juntamos”. Sánchez la tomó de los pelos. Quedó paralizada. “Jamás me lo hubiera esperado –declaró-. No hay ningún justificativos, nada que le pudiera haber hecho creer en esa posibilidad. Fue una situación muy impactante para mí”.

Otro día la amenazó: “Te voy a tirar una biblioteca encima y te voy a cagar matando”. Según Saunders el jefe de la Asesoría “creía que éramos pelotudas que no sabíamos nada, pero nunca lo hizo con los hombres. Tiene un proceder absolutamente violento”.

Favores personales

El clima de la oficina se complicó. “Era inentendible, fue una invasión y un hostigamiento constantes”. Con las primeras denuncias “fue muy difícil seguir; era asedio y presión a ver qué íbamos a declarar. A mí me sacaba a dar vuelta manzana a ver qué iba a decir”.


La diputada María Aguilera, del Tribunal del jury.

Sánchez buscaba torcer las declaraciones a su favor a cambio de concesionespersonales como no cumplir horario de trabajo, tomarse licencias en cualquier momento o salir de la oficina en horario laboral.

En los últimos tiempos, denigrada, Saunders se limitó a cumplir horario. “No me permitió tocar un trámite más. Me destruyó porque dejás de ser un profesional”. En la Asesoría todo era ausencia y desorganización. Llegó a sentirse insegura de su capacidad profesional hasta que buscó otro lugar de trabajo.

Expuestas

“Fue muy difícil para nosotras porque las adjuntas éramos las únicas que íbamos a poder decir algo -dijo Saunders-. No hay dimensión de lo que significa denunciar a un jefe, a lo que una se expone para ver si por favor nos creen. Se entiende que otras no hayan podido hacerlo porque es un costo enorme aún estando ahora en otra posición”.

Según el sumario, su exjefe solía llamarla muy de noche, a las 22 o las 23, por el caso de un embarazo de riesgo de una adolescente. Le gritaba "pelotuda", "ignorante" y hasta le disparó "qué carajo hacía interviniendo en el caso".

Antes de desconectarse del Zoom, Saunders pidió agregar un dato al Tribunal: “Aunque como funcionario estaba obligado por ley, Sánchez nunca jamás estuvo en un taller para combatir la violencia de género”.

Ni los presos

También testimonió Romina Azzolini. Con 20 años de carrera, fue abogada adjunta en la Asesoría y relató que el desembarco de Sánchez como jefe generó expectativa y hasta optimismo “pero sucedió todo lo contrario”. Comenzó su gestión con “métodos para quitarnos trabajo y se caracterizó por su violencia en todos los órdenes”.

Azzolini ahora trabaja en la Oficina de Asistencia a Personas Privadas de su Libertad. “Sánchez era muy ordinario y vulgar, tenía todo el día un léxico que no les escuché ni a los presos”. Una mañana la vio con una fruta y le disparó: “Te voy a hacer tragar la manzana por el culo”. Enmascaraba las agresiones como bromas.

“Estaba ensañado conmigo y me hostigaba permanentemente –recordó-. Me trataba de vieja pacata porque no me reía y se dedicaba a horadar autoestimas”.

La abogada sollozó en el Zoom ante el Tribunal. Pero no quiso hacer una pausa. “Pensé que después de tantos años lo tenía superado”, explicó.

Tabaco y furia

Otra mañana ante otro desacuerdo, Sánchez se le abalanzó sobre el escritorio. Quedaron cara a cara. “Aún siento su olor a tabaco y la furia de su cara. Estuvo a un tris de pegarme”. El episodio la decidió a denunciarlo pero sólo por la quita de trabajo. Sin testigos, no podía probar el resto del maltrato. Sólo hubo una sanción leve.


Ella inició tratamiento psicológico. Él la vació de labores: le prohibió ir a audiencias y contestar vistas hasta forzar su traslado al fuero penal, frustrando su proyecto profesional y laboral.

Azzolini explicó que las adjuntas habían luchado mucho para sumar funciones en el área. “Pero pasamos a no servir para nada, ni para titular un escrito. Me hicieron sentir que debía revalidar mi capacidad todo el tiempo y que era la quilombera”.

El jury seguirá el lunes a las 8.30 con los 17 testigos de la defensa de Sánchez.

Fotos: Sergio Esparza

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Sánchez, de barba, con su defensor Santiago Carlen.
Sánchez, de barba, con su defensor Santiago Carlen.
26 JUN 2026 - 19:25

Las tres fueron abogadas adjuntas de la Asesoría de Familia de Esquel y sintieron en el cuerpo el maltrato de su exjefe Hugo Sánchez. Por eso sus testimonios se destacaron en el segundo día del jury contra el funcionario en la sala de audiencias del Superior Tribunal de Justicia en Rawson.

Hoy Cecilia Vallejos es jueza contencioso administrativa. Pero el 4 de noviembre de 2024 estaba en su oficina de la Asesoría cuando escuchó sorprendida la discusión fuerte de Sánchez con su compañera Paula Epifane. La vio escapar al baño “con ojos vidriosos y muy afligida y angustiada”, le contó al Tribunal de Enjuiciamiento. “Me preocupé porque sabía que estaba embarazada”.

El abogado César Mahía, del Tribunal de Enjuiciamiento.

Contenida por Cecilia, Paula le contó de los insultos de él. “Se había sentido agredida y que parecía que todo lo que decía estaba mal. Fue un momento muy incómodo y difícil”.

Cada vez menos

Cuando otros problemas con el jefe escalaron, el plantel se diezmó. “A veces una aguanta situaciones que no son las ideales para un lugar de trabajo. El conflicto se traducía en una muy alta sobrecarga de labores siempre para las mujeres y las reubicaciones resintieron el trabajo”.

Organizar la agenda diaria era un tema crítico porque Sánchez no tenía estrategia ni pautas. Los empleados acordaban entre ellos “a medida que se debían cubrir baches operativos”.

La denuncia de Epifane impactó muy mal en Vallejos. “Una tarea no se valoraba igual que si la hacía un hombre. Su salida del área me remitió a otras salidas tristes. Fue doloroso e injusto, me afectó mucho y tomé resguardos para protegerme”. Decidió ya no comentar con su exjefe la marcha de sus causas para evitar cualquier discusión.

La testigo declaró que al acusado “le falta poder liderar y trabajar el disenso”. Alguna vez debatieron cómo abordar una medida de protección. “Me dijo `Hacelo como quieras y si sale mal, hacéte cargo´. Eso me causó una alta carga de angustia y frustración. Me dolió porque no es la forma de trabajar en equipo”.

Con todo, la primera vez que Sánchez le trató de “boluda”, Vallejos le marcó la cancha: “Le dije que no volviera a faltarme el respeto. Su forma de valorar era peyorativa y creía que las mujeres no tienen logros por su esfuerzo sino por ser amigas o amantes de alguien”.

La ministra del STJ Camila Banfi, presidenta del Tribunal.

La actual jueza consideró que como era el jefe, otras mujeres no se atrevieron a frenar sus chistes de mal gusto. “No es fácil y no cualquiera le pone límites a un superior jerárquico”.

Sánchez siempre pedía que tareas domésticas de la oficina, como el café, las hicieran las mujeres, nunca los hombres.

"Separar amistades"

Gilda Saunders fue otra de las abogadas adjuntas sometidas. Hoy es defensora pública civil en Esquel. En la audiencia subrayó que su exjefe “tiene una manera muy difícil de gestionar y es muy descalificativo y agresivo con el trabajo de las mujeres”. Lo que primero erabroma se iba conviertiendo en un constante trato peyorativo.

Cuando Sánchez llegó como jefe y se consolidó “intentó separar amistades y generar quiebres” en el equipo de trabajo. “Tiene una manera muy violenta e intimidante de comunicarse, cree que es el único que siempre tiene razón”.

De los pelos

La abogada era amiga de una jueza de Familia que el imputado detestaba. “La conchuda de tu amiga, seguro se juntan a tomar el té para criticarme”, le decía. Una mañana Saunders se cansó y le dijo irónicamente “sí, nos juntamos”. Sánchez la tomó de los pelos. Quedó paralizada. “Jamás me lo hubiera esperado –declaró-. No hay ningún justificativos, nada que le pudiera haber hecho creer en esa posibilidad. Fue una situación muy impactante para mí”.

Otro día la amenazó: “Te voy a tirar una biblioteca encima y te voy a cagar matando”. Según Saunders el jefe de la Asesoría “creía que éramos pelotudas que no sabíamos nada, pero nunca lo hizo con los hombres. Tiene un proceder absolutamente violento”.

Favores personales

El clima de la oficina se complicó. “Era inentendible, fue una invasión y un hostigamiento constantes”. Con las primeras denuncias “fue muy difícil seguir; era asedio y presión a ver qué íbamos a declarar. A mí me sacaba a dar vuelta manzana a ver qué iba a decir”.


La diputada María Aguilera, del Tribunal del jury.

Sánchez buscaba torcer las declaraciones a su favor a cambio de concesionespersonales como no cumplir horario de trabajo, tomarse licencias en cualquier momento o salir de la oficina en horario laboral.

En los últimos tiempos, denigrada, Saunders se limitó a cumplir horario. “No me permitió tocar un trámite más. Me destruyó porque dejás de ser un profesional”. En la Asesoría todo era ausencia y desorganización. Llegó a sentirse insegura de su capacidad profesional hasta que buscó otro lugar de trabajo.

Expuestas

“Fue muy difícil para nosotras porque las adjuntas éramos las únicas que íbamos a poder decir algo -dijo Saunders-. No hay dimensión de lo que significa denunciar a un jefe, a lo que una se expone para ver si por favor nos creen. Se entiende que otras no hayan podido hacerlo porque es un costo enorme aún estando ahora en otra posición”.

Según el sumario, su exjefe solía llamarla muy de noche, a las 22 o las 23, por el caso de un embarazo de riesgo de una adolescente. Le gritaba "pelotuda", "ignorante" y hasta le disparó "qué carajo hacía interviniendo en el caso".

Antes de desconectarse del Zoom, Saunders pidió agregar un dato al Tribunal: “Aunque como funcionario estaba obligado por ley, Sánchez nunca jamás estuvo en un taller para combatir la violencia de género”.

Ni los presos

También testimonió Romina Azzolini. Con 20 años de carrera, fue abogada adjunta en la Asesoría y relató que el desembarco de Sánchez como jefe generó expectativa y hasta optimismo “pero sucedió todo lo contrario”. Comenzó su gestión con “métodos para quitarnos trabajo y se caracterizó por su violencia en todos los órdenes”.

Azzolini ahora trabaja en la Oficina de Asistencia a Personas Privadas de su Libertad. “Sánchez era muy ordinario y vulgar, tenía todo el día un léxico que no les escuché ni a los presos”. Una mañana la vio con una fruta y le disparó: “Te voy a hacer tragar la manzana por el culo”. Enmascaraba las agresiones como bromas.

“Estaba ensañado conmigo y me hostigaba permanentemente –recordó-. Me trataba de vieja pacata porque no me reía y se dedicaba a horadar autoestimas”.

La abogada sollozó en el Zoom ante el Tribunal. Pero no quiso hacer una pausa. “Pensé que después de tantos años lo tenía superado”, explicó.

Tabaco y furia

Otra mañana ante otro desacuerdo, Sánchez se le abalanzó sobre el escritorio. Quedaron cara a cara. “Aún siento su olor a tabaco y la furia de su cara. Estuvo a un tris de pegarme”. El episodio la decidió a denunciarlo pero sólo por la quita de trabajo. Sin testigos, no podía probar el resto del maltrato. Sólo hubo una sanción leve.


Ella inició tratamiento psicológico. Él la vació de labores: le prohibió ir a audiencias y contestar vistas hasta forzar su traslado al fuero penal, frustrando su proyecto profesional y laboral.

Azzolini explicó que las adjuntas habían luchado mucho para sumar funciones en el área. “Pero pasamos a no servir para nada, ni para titular un escrito. Me hicieron sentir que debía revalidar mi capacidad todo el tiempo y que era la quilombera”.

El jury seguirá el lunes a las 8.30 con los 17 testigos de la defensa de Sánchez.

Fotos: Sergio Esparza