Radicales que se doblan por un cargo

10 MAR 2026 - 10:30 | Actualizado 10 MAR 2026 - 10:45

Por Esteban Gallo

“Que se rompa, pero que no se doble”, es una frase dicha por Leandro Alem y resume a la perfección el espíritu original de la Unión Cívica Radical.

Con esa declaración el fundador del radicalismo quería significar que los principios no debían negociarse, aún cuando sostenerlos implicara perder poder o enfrentar calamidades.

Así se concebía el radicalismo de fines del siglo 19 y principios del siglo 20, no solo como un partido democrático, sino como una causa moral que estaba por encima de cualquier conveniencia política.

Esos valores fundacionales se mantuvieron durante los gobiernos de Yrigoyen, con un componente extra fundamental: un fuerte compromiso con los trabajadores y los sectores populares de la Argentina.

Por la misma senda transitó Arturo Umberto Illia, defendiendo las instituciones, y enarbolando como bandera la honestidad y la ética pública.
Finalmente, con Raúl Alfonsín, el radicalismo afirmó aquella vieja convicción de sus orígenes, una política basada en valores republicanos y sensibilidad social.

En el último tiempo, cada vez más dirigentes del partido que nació con la consigna de principios inquebrantables parecen dispuestos a negociar los ideales a cambio de privilegios y aquella idea primigenia de no doblarse ante el poder parece haberse transformado para algunos correligionarios en la búsqueda de un cargo a cualquier precio.

La irrupción de Javier Milei en el escenario político de la Argentina ha dejado al descubierto hasta que punto algunos radicales parecen haber abandonado sus viejos principios.

Entre los radicales con peluca más conocidos podemos citar a Luis Petri, Gustavo Valdés, Carlos Sadir, Alfredo Cornejo o Rodrigo De Loredo.
Pero lo que ocurre a nivel nacional con algunos dirigentes de la UCR también empieza a verse en Chubut.

El reciente nombramiento del ex diputado radical Manuel Pagliaroni al frente de la delegación local de la ANSES es un claro ejemplo del oportunismo político que atraviesa hoy a sectores del radicalismo.

Desde hace tiempo Pagliaroni viene manifestando afinidad con las políticas impulsadas por Milei, lo que quedó reflejado tanto en sus declaraciones públicas como en sus intervenciones en posteos en redes sociales, en los que aparece celebrando afirmaciones públicas del presidente.

En la misma vereda podríamos ubicar al concejal de Trelew Rubén Cáceres o al inefable Federico Massoni, que después de ser dirigente radical se transformó en dasnevista, arcionista, madernista, buzzista, kirchnerista, chusotista y hoy, en mileísta acérrimo.

La trayectoria de Pagliaroni en el radicalismo es más extensa. Fue concejal de Trelew entre 2003 y 2007, y diputado provincial por dos períodos entre 2015 y 2023, y ocupó cargos importantes en la conducción del partido.

Pero para algunos dirigentes el problema nunca fueron las ideas, el verdadero imán siempre fue el cargo y cuando aparece uno bien remunerado son capaces de vender a la madre. Se llenan la boca hablando de principios hasta que aparece un “puestito” y en ese momento las convicciones entran en liquidación.

Alguien debería preguntarle a Pagliaroni:
¿Que tienen que ver las banderas del radicalismo con el ideario libertario que encarna Milei?

¿Qué dirían Irigoyen Illia o Alfonsín si vieran a dirigentes radicales alineados con este proyecto político?

¿Desde cuando el radicalismo dejó de discutir principios para discutir cargos?

¿Puede un partido que nació defendiendo el papel del Estado en la construcción de una sociedad más justa abrazar de un día para el otro un proyecto que se propone destruirlo?

¿En que capítulo de la historia del radicalismo se dice que el Estado se tiene que correr para que el mercado ordene la vida de la gente?

¿Desde cuándo la doctrina del radicalismo propone dinamitar al Estado, cuando su historia siempre fue fortalecerlo para equilibrar desigualdades?

¿Como hace Pagliaroni para ser funcionario de alguien que se burla públicamente de Raúl Alfonsín y que convirtió la foto del padre de la democracia en un blanco para tirarle dardos?

Un amigo radical suele decir que “Hay dirigentes que no tienen problemas de conciencia porque el cargo siempre les resuelve cualquier duda”.

A esa conducta, los radicales de verdad debieran recordar la frase de Alem con la que iniciamos esta columna de opinión: “Que se rompa pero que no se doble”. Que es igual a mantener los ideales vivos. A pesar de los vivos que se cagan en los ideales.

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10 MAR 2026 - 10:30

Por Esteban Gallo

“Que se rompa, pero que no se doble”, es una frase dicha por Leandro Alem y resume a la perfección el espíritu original de la Unión Cívica Radical.

Con esa declaración el fundador del radicalismo quería significar que los principios no debían negociarse, aún cuando sostenerlos implicara perder poder o enfrentar calamidades.

Así se concebía el radicalismo de fines del siglo 19 y principios del siglo 20, no solo como un partido democrático, sino como una causa moral que estaba por encima de cualquier conveniencia política.

Esos valores fundacionales se mantuvieron durante los gobiernos de Yrigoyen, con un componente extra fundamental: un fuerte compromiso con los trabajadores y los sectores populares de la Argentina.

Por la misma senda transitó Arturo Umberto Illia, defendiendo las instituciones, y enarbolando como bandera la honestidad y la ética pública.
Finalmente, con Raúl Alfonsín, el radicalismo afirmó aquella vieja convicción de sus orígenes, una política basada en valores republicanos y sensibilidad social.

En el último tiempo, cada vez más dirigentes del partido que nació con la consigna de principios inquebrantables parecen dispuestos a negociar los ideales a cambio de privilegios y aquella idea primigenia de no doblarse ante el poder parece haberse transformado para algunos correligionarios en la búsqueda de un cargo a cualquier precio.

La irrupción de Javier Milei en el escenario político de la Argentina ha dejado al descubierto hasta que punto algunos radicales parecen haber abandonado sus viejos principios.

Entre los radicales con peluca más conocidos podemos citar a Luis Petri, Gustavo Valdés, Carlos Sadir, Alfredo Cornejo o Rodrigo De Loredo.
Pero lo que ocurre a nivel nacional con algunos dirigentes de la UCR también empieza a verse en Chubut.

El reciente nombramiento del ex diputado radical Manuel Pagliaroni al frente de la delegación local de la ANSES es un claro ejemplo del oportunismo político que atraviesa hoy a sectores del radicalismo.

Desde hace tiempo Pagliaroni viene manifestando afinidad con las políticas impulsadas por Milei, lo que quedó reflejado tanto en sus declaraciones públicas como en sus intervenciones en posteos en redes sociales, en los que aparece celebrando afirmaciones públicas del presidente.

En la misma vereda podríamos ubicar al concejal de Trelew Rubén Cáceres o al inefable Federico Massoni, que después de ser dirigente radical se transformó en dasnevista, arcionista, madernista, buzzista, kirchnerista, chusotista y hoy, en mileísta acérrimo.

La trayectoria de Pagliaroni en el radicalismo es más extensa. Fue concejal de Trelew entre 2003 y 2007, y diputado provincial por dos períodos entre 2015 y 2023, y ocupó cargos importantes en la conducción del partido.

Pero para algunos dirigentes el problema nunca fueron las ideas, el verdadero imán siempre fue el cargo y cuando aparece uno bien remunerado son capaces de vender a la madre. Se llenan la boca hablando de principios hasta que aparece un “puestito” y en ese momento las convicciones entran en liquidación.

Alguien debería preguntarle a Pagliaroni:
¿Que tienen que ver las banderas del radicalismo con el ideario libertario que encarna Milei?

¿Qué dirían Irigoyen Illia o Alfonsín si vieran a dirigentes radicales alineados con este proyecto político?

¿Desde cuando el radicalismo dejó de discutir principios para discutir cargos?

¿Puede un partido que nació defendiendo el papel del Estado en la construcción de una sociedad más justa abrazar de un día para el otro un proyecto que se propone destruirlo?

¿En que capítulo de la historia del radicalismo se dice que el Estado se tiene que correr para que el mercado ordene la vida de la gente?

¿Desde cuándo la doctrina del radicalismo propone dinamitar al Estado, cuando su historia siempre fue fortalecerlo para equilibrar desigualdades?

¿Como hace Pagliaroni para ser funcionario de alguien que se burla públicamente de Raúl Alfonsín y que convirtió la foto del padre de la democracia en un blanco para tirarle dardos?

Un amigo radical suele decir que “Hay dirigentes que no tienen problemas de conciencia porque el cargo siempre les resuelve cualquier duda”.

A esa conducta, los radicales de verdad debieran recordar la frase de Alem con la que iniciamos esta columna de opinión: “Que se rompa pero que no se doble”. Que es igual a mantener los ideales vivos. A pesar de los vivos que se cagan en los ideales.