“Lobo” Dastolfo: una vida sin traiciones

09 FEB 2026 - 9:00 | Actualizado 09 FEB 2026 - 9:05


Por Esteban Gallo

Hace un par de años, en medio de un conflicto grave por cuestiones salariales entre el gobierno provincial y el sindicato de trabajadores judiciales, empezó a rumorearse entre los laburantes que la moneda de cambio para resolver la situación era ceder la Ley de porcentualidad. En ese contexto y en medio de las protestas que se realizaban frente a los edificios tribunalicios, apareció Enrique Dastolfo.

“El Lobo” (apodo que se ganó en sus años de intensa lucha sindical) estaba alejado de la dirigencia gremial, pero consideró que había que estar nuevamente en la trinchera, defendiendo un derecho por el cual él había bregado más que ninguno.

Al verlo, una trabajadora judicial, preocupada por el futuro de la Ley que coloca a los trabajadores en un plano de igualdad con funcionarios y magistrados, le comentó a este periodista la sensación que le provocó ver a Dastolfo entre los manifestantes.

-Lo vimos a Quique y nos volvió al alma al cuerpo. Es la garantía de que la lucha está asegurada y de que no nos van a entregar, porque él nunca nos traicionó.

Ese sentimiento expresado en palabras, reflejaba a la perfección lo que despertaba Dastolfo entre sus pares. Un hombre íntegro, fiel a sus convicciones, que nunca perdió de vista su identidad de trabajador.

El derrotero de la actividad gremial lo tuvo como un protagonista fundamental en los años 90 y en los 2000 también. A la ya mencionada Ley de porcentualidad que militó en la calle, bombo y megáfono en mano, sumó otras conquistas, como la construcción del barrio judicial de Madryn y la participación del gremio en los concursos de ingresos y egresos del Poder Judicial. Desde la secretaría de enlace del SITRAJUCH provincial fomentó la relación del sindicato con otros gremios hermanos, con quienes trabajó a la par, a favor de las conquistas laborales de los trabajadores de todos los sectores.

Su pasión por la política tampoco tuvo pausa. Durante su adolescencia, en los años 80, en pleno auge de la democracia, militó en los centros de estudiantes de la Escuela de Comercio de Puerto Madryn, siendo la voz más firme del ala progresista del movimiento estudiantil y referente de los estudiantes con mayor vocación de protesta.

Militó en el peronismo madrynense toda su vida, aunque nunca formó parte de los sectores dominantes del partido. Dastolfo abrazó los postulados de Perón y Evita desde la militancia, al margen de las estructuras del Poder, a los que combatió siempre, abrazado a los principios que defendió como el bien más preciado.

Era un apasionado de la vida, y para él, ninguna discusión era menor. Fanático del fútbol y del básquet, de River y de Brown, podía pasar horas enteras hablando de táctica y estrategia, defendiendo sus ideas a capa y espada.
Amaba a su familia, y de eso pueden dar testimonio su esposa Paola y su hija Sofía, que fue su orgullo y su alegría.

Hizo de la amistad un culto. Lo saben sus amigos de toda la vida: René, el Portu, Cato, Peluca, Diego, Gustavo, Walter, José, Carlos, también los de la Peña los Exiliados, sus compañeros de la Fiscalía: Alejandro, Daniel, Alex, Jorge, los del sindicato: Ridy, Isabel, Berta, Valeria, Miguel, el Polaco, su gran amigo de la militancia: Gastón y los más jóvenes que hoy siguen su legado. El de la coherencia y el de las convicciones irreductibles. El ejemplo del sindicalista que prefirió la pelea antes que la resignación y la lealtad antes que el acomodo.

Eso explica la reacción de aquella compañera judicial que celebraba verlo otra vez en la calle, defendiendo la Ley de porcentualidad, con la tranquilidad que le producía reencontrarse con la persona que le garantizaba que un derecho conquistado, estaba a salvo.

Su figura quedará detenida en el tiempo, con el bombo colgado a su cuerpo, la calle como escenario y la militancia como destino.
Cada vez que se hable de Quique o de “el Lobo” Dastolfo, se hablará del hermano peronista que nunca se vendió, que nunca abandonó a sus compañeros y que nunca se traicionó a sí mismo.

Enterate de las noticias de POLITICA a través de nuestro newsletter

Anotate para recibir las noticias más importantes de esta sección.

Te podés dar de baja en cualquier momento con un solo clic.
09 FEB 2026 - 9:00


Por Esteban Gallo

Hace un par de años, en medio de un conflicto grave por cuestiones salariales entre el gobierno provincial y el sindicato de trabajadores judiciales, empezó a rumorearse entre los laburantes que la moneda de cambio para resolver la situación era ceder la Ley de porcentualidad. En ese contexto y en medio de las protestas que se realizaban frente a los edificios tribunalicios, apareció Enrique Dastolfo.

“El Lobo” (apodo que se ganó en sus años de intensa lucha sindical) estaba alejado de la dirigencia gremial, pero consideró que había que estar nuevamente en la trinchera, defendiendo un derecho por el cual él había bregado más que ninguno.

Al verlo, una trabajadora judicial, preocupada por el futuro de la Ley que coloca a los trabajadores en un plano de igualdad con funcionarios y magistrados, le comentó a este periodista la sensación que le provocó ver a Dastolfo entre los manifestantes.

-Lo vimos a Quique y nos volvió al alma al cuerpo. Es la garantía de que la lucha está asegurada y de que no nos van a entregar, porque él nunca nos traicionó.

Ese sentimiento expresado en palabras, reflejaba a la perfección lo que despertaba Dastolfo entre sus pares. Un hombre íntegro, fiel a sus convicciones, que nunca perdió de vista su identidad de trabajador.

El derrotero de la actividad gremial lo tuvo como un protagonista fundamental en los años 90 y en los 2000 también. A la ya mencionada Ley de porcentualidad que militó en la calle, bombo y megáfono en mano, sumó otras conquistas, como la construcción del barrio judicial de Madryn y la participación del gremio en los concursos de ingresos y egresos del Poder Judicial. Desde la secretaría de enlace del SITRAJUCH provincial fomentó la relación del sindicato con otros gremios hermanos, con quienes trabajó a la par, a favor de las conquistas laborales de los trabajadores de todos los sectores.

Su pasión por la política tampoco tuvo pausa. Durante su adolescencia, en los años 80, en pleno auge de la democracia, militó en los centros de estudiantes de la Escuela de Comercio de Puerto Madryn, siendo la voz más firme del ala progresista del movimiento estudiantil y referente de los estudiantes con mayor vocación de protesta.

Militó en el peronismo madrynense toda su vida, aunque nunca formó parte de los sectores dominantes del partido. Dastolfo abrazó los postulados de Perón y Evita desde la militancia, al margen de las estructuras del Poder, a los que combatió siempre, abrazado a los principios que defendió como el bien más preciado.

Era un apasionado de la vida, y para él, ninguna discusión era menor. Fanático del fútbol y del básquet, de River y de Brown, podía pasar horas enteras hablando de táctica y estrategia, defendiendo sus ideas a capa y espada.
Amaba a su familia, y de eso pueden dar testimonio su esposa Paola y su hija Sofía, que fue su orgullo y su alegría.

Hizo de la amistad un culto. Lo saben sus amigos de toda la vida: René, el Portu, Cato, Peluca, Diego, Gustavo, Walter, José, Carlos, también los de la Peña los Exiliados, sus compañeros de la Fiscalía: Alejandro, Daniel, Alex, Jorge, los del sindicato: Ridy, Isabel, Berta, Valeria, Miguel, el Polaco, su gran amigo de la militancia: Gastón y los más jóvenes que hoy siguen su legado. El de la coherencia y el de las convicciones irreductibles. El ejemplo del sindicalista que prefirió la pelea antes que la resignación y la lealtad antes que el acomodo.

Eso explica la reacción de aquella compañera judicial que celebraba verlo otra vez en la calle, defendiendo la Ley de porcentualidad, con la tranquilidad que le producía reencontrarse con la persona que le garantizaba que un derecho conquistado, estaba a salvo.

Su figura quedará detenida en el tiempo, con el bombo colgado a su cuerpo, la calle como escenario y la militancia como destino.
Cada vez que se hable de Quique o de “el Lobo” Dastolfo, se hablará del hermano peronista que nunca se vendió, que nunca abandonó a sus compañeros y que nunca se traicionó a sí mismo.