Al cumplirse diez años de la desaparición de su hermano Nicolás en Comodoro Rivadavia, Cecilia Capovilla volvió a expresar públicamente en Jornada Radioel dolor y la incertidumbre que atraviesa su familia. “La verdad es el mejor regalo que se le puede hacer a una ciudad”, afirmó Cecilia Capovilla al tiempo que reclamó mayor compromiso institucional y social frente a los casos de personas desaparecidas en la ciudad. Y en cuanto a la caratula del caso pasó de “desaparición de persona” a “averiguación de paradero” y que, pese a existir una recompensa económica, no hay avances concretos. “No tener ningún dato, ningún hilo para tirar, es una impotencia terrible. Vos decís, ¿para dónde salgo? ¿Qué hago con esta parte de mi vida?”, expresó.
En su análisis, fue más allá del expediente judicial y planteó una reflexión sobre el rol del Estado: “Quizás estamos acostumbrados a pensar que nosotros estamos al servicio de los políticos, pero en realidad es al revés. Ellos trabajan para nosotros. Si la sociedad tiene una demanda, lo que tienen que hacer es acondicionar todo en función de las necesidades que tenemos”.
Al mismo tiempo, marcó la responsabilidad individual de quienes puedan tener información relevante. “No solamente hay que pensar en el otro para hablar, sino también para involucrarse. Si alguien sabe algo, que haga la denuncia, aunque sea anónima. Más miedo es más dolor para la persona que está necesitando ese dato”, sostuvo.
La hermana del jóven desaparecido el 26 de enero de 2016, reconoció que la incertidumbre es una carga que no cesa con el paso del tiempo. “Cada vez que aparece un desaparecido nuevo o encuentran restos, se remueve todo como si fuese el primer minuto”, describió.
“Es feo –sostuvo- cuando estás buscando a alguien y lo encontrás muerto, porque todo lo que deseamos es que esté con vida. Pero también uno necesita saber, cerrar una etapa”.
Diez años después, reconoció que la herida sigue abierta y asegura que el acompañamiento entre familias es fundamental, aunque cada proceso es íntimo y distinto. “Yo sé lo que se siente. Me acerco, les dejo mi número. Cada uno hace lo que puede, pero es importante no sentirse solo”.
“La última vez que lo vi fue el 26 de enero del 2016. Diez años y un mes se cumplirán en unos días. Nicolás no tenía problemas, era tranquilo y hacía actividad deportiva. En ese momento, estaba sin trabajo en relación de dependencia formal y tenía su consultorio de Reiki donde atendía gratis. Costaba un montón generar un ingreso con eso, pero sí era común que salga a hacer actividades. No me extrañó que salió a trotar a la una y media de la mañana, no me llamó la atención. Si se mira el video no está corriendo desesperado porque alguien lo está persiguiendo. No está trotando”, describe.
Finalmente Cecilia Capovilla transmitió un mensaje directo a la comunidad: “Si alguien sabe algo, de cualquiera de los casos de las personas desaparecidas en la ciudad, que se acerque. Que piensen en el otro y actúen en función del otro. Y que se pregunten qué pasaría si esto le pasara a uno”.
Cecilia reconoce que cada integrante de la familia vive el proceso de manera diferente. “Es algo totalmente personal. Algunos pueden sentir culpa, otros eligen no hablar públicamente. Es una lucha que muchas veces se lleva sola”, describió. Y asegura que el contacto con otras familias que atraviesan situaciones similares es un sostén importante. “Yo sé lo que se siente. Cada vez que pasa algo, me acerco, les dejo mi número. No quiero invadir, pero sí estar. Cada uno hace lo que puede, pero es importante no sentirse solo”, expresó.

Al cumplirse diez años de la desaparición de su hermano Nicolás en Comodoro Rivadavia, Cecilia Capovilla volvió a expresar públicamente en Jornada Radioel dolor y la incertidumbre que atraviesa su familia. “La verdad es el mejor regalo que se le puede hacer a una ciudad”, afirmó Cecilia Capovilla al tiempo que reclamó mayor compromiso institucional y social frente a los casos de personas desaparecidas en la ciudad. Y en cuanto a la caratula del caso pasó de “desaparición de persona” a “averiguación de paradero” y que, pese a existir una recompensa económica, no hay avances concretos. “No tener ningún dato, ningún hilo para tirar, es una impotencia terrible. Vos decís, ¿para dónde salgo? ¿Qué hago con esta parte de mi vida?”, expresó.
En su análisis, fue más allá del expediente judicial y planteó una reflexión sobre el rol del Estado: “Quizás estamos acostumbrados a pensar que nosotros estamos al servicio de los políticos, pero en realidad es al revés. Ellos trabajan para nosotros. Si la sociedad tiene una demanda, lo que tienen que hacer es acondicionar todo en función de las necesidades que tenemos”.
Al mismo tiempo, marcó la responsabilidad individual de quienes puedan tener información relevante. “No solamente hay que pensar en el otro para hablar, sino también para involucrarse. Si alguien sabe algo, que haga la denuncia, aunque sea anónima. Más miedo es más dolor para la persona que está necesitando ese dato”, sostuvo.
La hermana del jóven desaparecido el 26 de enero de 2016, reconoció que la incertidumbre es una carga que no cesa con el paso del tiempo. “Cada vez que aparece un desaparecido nuevo o encuentran restos, se remueve todo como si fuese el primer minuto”, describió.
“Es feo –sostuvo- cuando estás buscando a alguien y lo encontrás muerto, porque todo lo que deseamos es que esté con vida. Pero también uno necesita saber, cerrar una etapa”.
Diez años después, reconoció que la herida sigue abierta y asegura que el acompañamiento entre familias es fundamental, aunque cada proceso es íntimo y distinto. “Yo sé lo que se siente. Me acerco, les dejo mi número. Cada uno hace lo que puede, pero es importante no sentirse solo”.
“La última vez que lo vi fue el 26 de enero del 2016. Diez años y un mes se cumplirán en unos días. Nicolás no tenía problemas, era tranquilo y hacía actividad deportiva. En ese momento, estaba sin trabajo en relación de dependencia formal y tenía su consultorio de Reiki donde atendía gratis. Costaba un montón generar un ingreso con eso, pero sí era común que salga a hacer actividades. No me extrañó que salió a trotar a la una y media de la mañana, no me llamó la atención. Si se mira el video no está corriendo desesperado porque alguien lo está persiguiendo. No está trotando”, describe.
Finalmente Cecilia Capovilla transmitió un mensaje directo a la comunidad: “Si alguien sabe algo, de cualquiera de los casos de las personas desaparecidas en la ciudad, que se acerque. Que piensen en el otro y actúen en función del otro. Y que se pregunten qué pasaría si esto le pasara a uno”.
Cecilia reconoce que cada integrante de la familia vive el proceso de manera diferente. “Es algo totalmente personal. Algunos pueden sentir culpa, otros eligen no hablar públicamente. Es una lucha que muchas veces se lleva sola”, describió. Y asegura que el contacto con otras familias que atraviesan situaciones similares es un sostén importante. “Yo sé lo que se siente. Cada vez que pasa algo, me acerco, les dejo mi número. No quiero invadir, pero sí estar. Cada uno hace lo que puede, pero es importante no sentirse solo”, expresó.