Por Tamara Sander
Estoy muy agradecido por lo que hicieron por mí”, es lo que expresó Ramir a su mamá, Mabel, quien accedió a dialogar con Jornada impulsada por la necesidad de agradecer y compartir lo que han recorrido este año como familiares de quien fuera parte de ese grupo de gendarmes a los que les cambió la vida el 26 de junio de 2012 en el kilómetro 1338 de la Ruta Nacional 3.
Ramir fue el único accidentado que tuvo pérdida de memoria. Debió reconstruir el accidente en base a lo que sus compañeros le fueron contando. Sus recuerdos son fugaces y el accidente no es un tema del que le guste hablar. Su familia lo acompaña desde que volvió a Rosario, y todos saben que él prefiere no hablar por respeto a los que fallecieron y a sus familiares.
“Tengo suerte de que mi hijo esté vivo. Ver a mamás y esposas en el móvil buscando las cosas de quienes habían fallecido fue algo terrible. Sentimos una angustia tremenda y a pesar de que Ramir estaba vivo no podíamos dejar de sentirnos mal por aquellos que no lo estaban”, comenzó su relato Mabel, a través del teléfono, desde la localidad de Comandante Andresito en Misiones. Ramir (23) es el segundo hijo de Mabel y Hugo. José es el hermano mayor, luego viene Ramir, Belén (21) y Nahir (12). Y a su vez Ramir es papá de un niño de 5 años.
Sin contacto, sin información
La vida de la familia Salum cambió exactamente un año atrás. Hoy Mabel recuerda la sensación de ese día, la desesperación por saber y la necesidad de que alguien les dijera qué pasaba en el sur: “Yo estaba trabajando. Mi marido se había enterado temprano a la mañana pero no me había dicho nada y yo me enteré de la peor manera. Llegué a mi casa, prendí la televisión y vi las noticias. Pensé ‘no puede ser que sea uno de los colectivos donde venía Ramir’”.
Mabel se contactó con su hermano Jorge. “Fue a la primera persona a la que recurrí. Supuse que por trabajar en un medio y ser periodista tenía más contactos, porque Gendarmería nunca nos dijo nada, ni a nosotros ni a la esposa de Ramir que en ese momento estaba en Rosario”.
A partir de ese contacto comenzó una cadena que les permitió saber dónde y cómo se encontraba Ramir. “Muchos ayudaron para saber cómo estaba. Para mí como mamá y como familia fue una situación desesperante porque nosotros siempre estamos en contacto con él, sabíamos que estaba ahí y volviendo a Buenos Aires pero no daban información, no decían nada”, afirmó. “Pasaron varias horas hasta que nos enteramos que Ramir estaba internado. “Está vivo pero no sabemos aún en qué estado”, ese mensaje todavía lo tengo guardado”, recordó Mabel.
“Más tarde me llamó una doctora del sanatorio con el celular de una chica que se llama Iliana, nunca supe el apellido, pero ella prestó el celular para que nos hablaran y después siguió yendo a ver cómo estaba Ramir y contándome a mi”.
Desde Misiones y a miles de kilómetro, la mujer sólo pensaba en llegar a Puerto Madryn. “Ellos siempre dando excusas para que uno no vaya: que lo iban a derivar, que me convenía esperar, que no viajara a Madryn, y efectivamente no pude verlo hasta el sábado 30 a las once y media cuando él llegó al Hospital Militar de Buenos Aires”.
Un año después
Ramir todavía no trabaja porque continúa con tratamiento médico a un año del accidente. “Él estuvo muy bien en Rosario, en el móvil donde trabajaba, y lo atendieron de maravilla. En diciembre se trasladó hasta Oberá, en Misiones, para estar cerca nuestro. Está a 300 kilómetros de mi casa pero no es lo mismo que vivir en Rosario. Cuando se mudó acá no tuvo tanto tratamiento pero sigue viendo a un psicólogo y esta semana viajó a Rosario para un control. Para nosotros es importante que le sigan realizando el control neurológico”.
Mabel comentó que Ramir se ofreció voluntariamente para ir a Cerro Dragón. “Ama su trabajo y lo que hace y por eso fue. Los llevaron en avión por la urgencia del trabajo y por lo que se escuchaba en versiones no se sabía en qué iban a volver”.
Hoy Mabel sigue estando al lado de su hijo, acompañándolo, esperando que se recupere, “mientras Ramir estuvo en Rosario, estuvo bien muy bien cuidado, atendido, contenido, y más allá de su buena evolución gracias a Dios, yo siento como madre que él estaba bien cuidado por la familia de Gendarmería, mientras estaba en el Móvil de Rosario, y no sé porqué es la sensación de que no está igual ahora que vive en Oberá, una como madre se preocupa todo el tiempo, más en esta época”.
En su cotidianeidad “Ramir prefiere no hablar del accidente. En esta época donde el recuerdo de sus 9 compañeros que perdieron la vida es fuerte, por más que no recuerde mucho del momento preciso. Su pérdida de conciencia fue automática. Después le contaron que fue trasladado en una camioneta junto con otro compañero hasta el hospital. Son todos recuerdos duros y es difícil. Por eso uno fue armando la historia de a poco”.
Mabel asegura que hoy por hoy ve bien a su hijo. “Me preocupa su atención, como a toda madre, y que pueda seguir su vida y volver a trabajar. Tuvo sus etapas de estrés, tristeza, euforia, alegría, mucha charla para un chico que siempre fue muy para adentro. Ahora lo veo bien por eso sólo resta que su herida esté bien, que no deje sus medicamentos porque corre riesgo de convulsionar, pero siempre esperando que le den el alta”.
La mujer asegura: “Tiene 23 años pero yo lo sigo viendo chico y por eso uno sigue acompañándolo a pesar que ya tiene su propia familia con un hijo, su señora, pero uno siempre quiere ayudar y estar con él”.
“Siguen los viajes”
La frase de la presidente Cristina Fernández luego del accidente aún resuena en las familias de los gendarmes. “Cuando la presidente salió a decir que no iban a mandar a los gendarmes a las provincias y luego de unas semanas unos jóvenes de Misiones se fueron en un convoy otra vez a Cerro Dragón, sentí una fea sensación porque entonces se dijo una cosa y se hizo otra, no estoy para nada de acuerdo con lo que dijo”.
Y agregó: “No hubiera dicho lo que dijo si no se iba a cumplir porque los chicos siguen viajando, los gendarmes siguen realizando esos viajes, todos lo podemos ver”, expresó, en coincidencia con lo que se conoce sobre los seis destacamentos móviles del país, que tienen como función trasladarse donde se los necesita.
Lo que quedó
Muchos de los gendarmes que viajaron hace un año a Cerro Dragón lo hicieron, como en otros viajes, para trabajar, para sostener a sus familias. Nunca se imaginaron que un accidente así pudiera suceder. Cuando el tiempo apremia los viajes siempre se realizan en avión, comentaron referentes con años de carrera y familiares de gendarmes de diferentes puntos del país, pero la vuelta no siempre es así y los más experimentados lo reconocen. La vuelta en colectivo no era esperable, era un hecho.
La ayuda económica no llegó a las familias de los que sufrieron el accidente y aún hoy continúan recuperándose. Otros recibieron un seguro por discapacidad y aquellas familias que perdieron a su ser querido sí cobraron. Desde el seguro se sigue sosteniendo, aún hoy, que para recibir ayuda los únicos requisitos eran la discapacidad o la muerte.
Desde Gendarmería no se informó sobre estos “beneficios” a varias de las familias, otros recién ahora iniciaron las consultas. El accidente todavía sigue vigente para los que estuvieron presentes, para los más de 50 gendarmes que resultaron heridos y que continúan hoy con su vida, recuperándose.
Hoy Gendarmería sigue sosteniendo los viajes en las mismas condiciones, los sueldos no han sido modificados y aquellos que no tienen la posibilidad de realizar adicionales cuentan con el sueldo básico para sobrevivir. La urgencia de llegar a donde el conflicto llama no es la misma con la que se ofrece retornar a cada hogar.
Hoy conocimos la historia de Ramir, gracias a las palabras de Mabel, su mamá y a Jorge Salum, su tío, colega de Rosario con el que compartí la sensación de no encontrar respuestas a la hora de querer saber dónde y cómo estaba un ser querido. Hoy se cumple un año de una accidente que se va a recordar en la historia de la provincia y del país, pero sobre todo se cumple un año desde que Ramir volvió a nacer y que su familia volvió a respirar.
Por Tamara Sander
Estoy muy agradecido por lo que hicieron por mí”, es lo que expresó Ramir a su mamá, Mabel, quien accedió a dialogar con Jornada impulsada por la necesidad de agradecer y compartir lo que han recorrido este año como familiares de quien fuera parte de ese grupo de gendarmes a los que les cambió la vida el 26 de junio de 2012 en el kilómetro 1338 de la Ruta Nacional 3.
Ramir fue el único accidentado que tuvo pérdida de memoria. Debió reconstruir el accidente en base a lo que sus compañeros le fueron contando. Sus recuerdos son fugaces y el accidente no es un tema del que le guste hablar. Su familia lo acompaña desde que volvió a Rosario, y todos saben que él prefiere no hablar por respeto a los que fallecieron y a sus familiares.
“Tengo suerte de que mi hijo esté vivo. Ver a mamás y esposas en el móvil buscando las cosas de quienes habían fallecido fue algo terrible. Sentimos una angustia tremenda y a pesar de que Ramir estaba vivo no podíamos dejar de sentirnos mal por aquellos que no lo estaban”, comenzó su relato Mabel, a través del teléfono, desde la localidad de Comandante Andresito en Misiones. Ramir (23) es el segundo hijo de Mabel y Hugo. José es el hermano mayor, luego viene Ramir, Belén (21) y Nahir (12). Y a su vez Ramir es papá de un niño de 5 años.
Sin contacto, sin información
La vida de la familia Salum cambió exactamente un año atrás. Hoy Mabel recuerda la sensación de ese día, la desesperación por saber y la necesidad de que alguien les dijera qué pasaba en el sur: “Yo estaba trabajando. Mi marido se había enterado temprano a la mañana pero no me había dicho nada y yo me enteré de la peor manera. Llegué a mi casa, prendí la televisión y vi las noticias. Pensé ‘no puede ser que sea uno de los colectivos donde venía Ramir’”.
Mabel se contactó con su hermano Jorge. “Fue a la primera persona a la que recurrí. Supuse que por trabajar en un medio y ser periodista tenía más contactos, porque Gendarmería nunca nos dijo nada, ni a nosotros ni a la esposa de Ramir que en ese momento estaba en Rosario”.
A partir de ese contacto comenzó una cadena que les permitió saber dónde y cómo se encontraba Ramir. “Muchos ayudaron para saber cómo estaba. Para mí como mamá y como familia fue una situación desesperante porque nosotros siempre estamos en contacto con él, sabíamos que estaba ahí y volviendo a Buenos Aires pero no daban información, no decían nada”, afirmó. “Pasaron varias horas hasta que nos enteramos que Ramir estaba internado. “Está vivo pero no sabemos aún en qué estado”, ese mensaje todavía lo tengo guardado”, recordó Mabel.
“Más tarde me llamó una doctora del sanatorio con el celular de una chica que se llama Iliana, nunca supe el apellido, pero ella prestó el celular para que nos hablaran y después siguió yendo a ver cómo estaba Ramir y contándome a mi”.
Desde Misiones y a miles de kilómetro, la mujer sólo pensaba en llegar a Puerto Madryn. “Ellos siempre dando excusas para que uno no vaya: que lo iban a derivar, que me convenía esperar, que no viajara a Madryn, y efectivamente no pude verlo hasta el sábado 30 a las once y media cuando él llegó al Hospital Militar de Buenos Aires”.
Un año después
Ramir todavía no trabaja porque continúa con tratamiento médico a un año del accidente. “Él estuvo muy bien en Rosario, en el móvil donde trabajaba, y lo atendieron de maravilla. En diciembre se trasladó hasta Oberá, en Misiones, para estar cerca nuestro. Está a 300 kilómetros de mi casa pero no es lo mismo que vivir en Rosario. Cuando se mudó acá no tuvo tanto tratamiento pero sigue viendo a un psicólogo y esta semana viajó a Rosario para un control. Para nosotros es importante que le sigan realizando el control neurológico”.
Mabel comentó que Ramir se ofreció voluntariamente para ir a Cerro Dragón. “Ama su trabajo y lo que hace y por eso fue. Los llevaron en avión por la urgencia del trabajo y por lo que se escuchaba en versiones no se sabía en qué iban a volver”.
Hoy Mabel sigue estando al lado de su hijo, acompañándolo, esperando que se recupere, “mientras Ramir estuvo en Rosario, estuvo bien muy bien cuidado, atendido, contenido, y más allá de su buena evolución gracias a Dios, yo siento como madre que él estaba bien cuidado por la familia de Gendarmería, mientras estaba en el Móvil de Rosario, y no sé porqué es la sensación de que no está igual ahora que vive en Oberá, una como madre se preocupa todo el tiempo, más en esta época”.
En su cotidianeidad “Ramir prefiere no hablar del accidente. En esta época donde el recuerdo de sus 9 compañeros que perdieron la vida es fuerte, por más que no recuerde mucho del momento preciso. Su pérdida de conciencia fue automática. Después le contaron que fue trasladado en una camioneta junto con otro compañero hasta el hospital. Son todos recuerdos duros y es difícil. Por eso uno fue armando la historia de a poco”.
Mabel asegura que hoy por hoy ve bien a su hijo. “Me preocupa su atención, como a toda madre, y que pueda seguir su vida y volver a trabajar. Tuvo sus etapas de estrés, tristeza, euforia, alegría, mucha charla para un chico que siempre fue muy para adentro. Ahora lo veo bien por eso sólo resta que su herida esté bien, que no deje sus medicamentos porque corre riesgo de convulsionar, pero siempre esperando que le den el alta”.
La mujer asegura: “Tiene 23 años pero yo lo sigo viendo chico y por eso uno sigue acompañándolo a pesar que ya tiene su propia familia con un hijo, su señora, pero uno siempre quiere ayudar y estar con él”.
“Siguen los viajes”
La frase de la presidente Cristina Fernández luego del accidente aún resuena en las familias de los gendarmes. “Cuando la presidente salió a decir que no iban a mandar a los gendarmes a las provincias y luego de unas semanas unos jóvenes de Misiones se fueron en un convoy otra vez a Cerro Dragón, sentí una fea sensación porque entonces se dijo una cosa y se hizo otra, no estoy para nada de acuerdo con lo que dijo”.
Y agregó: “No hubiera dicho lo que dijo si no se iba a cumplir porque los chicos siguen viajando, los gendarmes siguen realizando esos viajes, todos lo podemos ver”, expresó, en coincidencia con lo que se conoce sobre los seis destacamentos móviles del país, que tienen como función trasladarse donde se los necesita.
Lo que quedó
Muchos de los gendarmes que viajaron hace un año a Cerro Dragón lo hicieron, como en otros viajes, para trabajar, para sostener a sus familias. Nunca se imaginaron que un accidente así pudiera suceder. Cuando el tiempo apremia los viajes siempre se realizan en avión, comentaron referentes con años de carrera y familiares de gendarmes de diferentes puntos del país, pero la vuelta no siempre es así y los más experimentados lo reconocen. La vuelta en colectivo no era esperable, era un hecho.
La ayuda económica no llegó a las familias de los que sufrieron el accidente y aún hoy continúan recuperándose. Otros recibieron un seguro por discapacidad y aquellas familias que perdieron a su ser querido sí cobraron. Desde el seguro se sigue sosteniendo, aún hoy, que para recibir ayuda los únicos requisitos eran la discapacidad o la muerte.
Desde Gendarmería no se informó sobre estos “beneficios” a varias de las familias, otros recién ahora iniciaron las consultas. El accidente todavía sigue vigente para los que estuvieron presentes, para los más de 50 gendarmes que resultaron heridos y que continúan hoy con su vida, recuperándose.
Hoy Gendarmería sigue sosteniendo los viajes en las mismas condiciones, los sueldos no han sido modificados y aquellos que no tienen la posibilidad de realizar adicionales cuentan con el sueldo básico para sobrevivir. La urgencia de llegar a donde el conflicto llama no es la misma con la que se ofrece retornar a cada hogar.
Hoy conocimos la historia de Ramir, gracias a las palabras de Mabel, su mamá y a Jorge Salum, su tío, colega de Rosario con el que compartí la sensación de no encontrar respuestas a la hora de querer saber dónde y cómo estaba un ser querido. Hoy se cumple un año de una accidente que se va a recordar en la historia de la provincia y del país, pero sobre todo se cumple un año desde que Ramir volvió a nacer y que su familia volvió a respirar.