Por Lorena Leeming / Redacción Jornada
Hablar del suicidio sigue siendo difícil. Muchas veces se evita el tema, no se sabe cómo abordarlo o se piensa que es algo que les pasa a otros. Sin embargo, las cifras y las situaciones que atraviesan distintas comunidades muestran que es una realidad que está mucho más cerca de lo que creemos. La situación es grave, forma parte de las primeras causas de muerte en la Argentina.
Frente a este escenario, Ochoa, en una entrevista con Jornada, anunció que el próximo 5 de diciembre, desde las 10, se realizará un conversatorio sobre prevención del suicidio en el Centro Cultural José Hernández de Rawson. Una de sus coordinadoras es la psicóloga social Estrella Ochoa, quien remarcó la necesidad de que la comunidad se involucre y encuentre espacios para hablar de una problemática que no puede seguir siendo un tabú.
“La idea es que toda la comunidad participe. También se va a transmitir por streaming para que puedan sumarse personas que no estén en la provincia, de otros lugares del país e incluso del exterior”, explicó. En ese sentido, recordó que el primer conversatorio ya había despertado interés de personas de Uruguay y Chile.

Para Ochoa, lo importante es empezar a hablar sin prejuicios, entender qué está pasando y, sobre todo, contar con herramientas para saber cómo actuar cuando alguien necesita ayuda.
“Queremos romper el tabú y hablar de la prevención del suicidio porque es algo que nos atraviesa a todos como comunidad. Es importante abordarlo, tener herramientas y saber a dónde y cuándo recurrir ante una emergencia psicosocial”, sostuvo.
La preocupación también está puesta en las estadísticas. Según señaló, desde 2017 se registra un incremento superior al 50% en los suicidios, una cifra que obliga a prestar atención y a trabajar especialmente con los jóvenes.
En ese punto, Ochoa hizo referencia a las dificultades que muchas personas atraviesan y a la importancia de entender que no todo en la vida sale bien. “Los jóvenes tienen que entender que la vida tiene subidas y bajadas, pero que se puede salir adelante. Tropezar no significa quedarse en el piso. También es posible levantarse, fortalecerse y seguir”, expresó.
Otro de los temas que mencionó es el impacto de las redes sociales y la imagen de éxito y felicidad permanente que muchas veces muestran. Esa vida de lujo, viajes y momentos perfectos que aparece en las pantallas no representa necesariamente la realidad de la mayoría de las personas.
“Hay que aprender a diferenciar las cosas y entender que lo que uno tiene vale, y vale mucho. Sobre todo, lo que más vale es la vida”, señaló.
Las pequeñas señales
Uno de los puntos centrales de la prevención es aprender a mirar al otro. No siempre una persona expresa con palabras lo que le pasa. A veces los cambios aparecen en sus conductas cotidianas y pueden pasar inadvertidos para quienes la rodean.
Ochoa mencionó el aislamiento como una de las señales a las que hay que prestar atención. Dejar de compartir momentos, encerrarse en la casa, no querer salir o alejarse de amigos y familiares son algunos comportamientos que pueden indicar que algo está pasando.
Esto no significa que toda persona que se aísla tenga intenciones suicidas, aclaró, pero sí es una situación que merece atención.
“Hay que hacerse el tiempo para charlar, escuchar de verdad y no dejar pasar esas pequeñas señales. A veces uno está tan metido en sus cosas que no se da cuenta de que la persona que tiene al lado está necesitando hablar”, explicó.
Para graficarlo, planteó una situación muy común: un compañero de trabajo con quien todos los días se comparte un mate o un café empieza, de repente, a quedarse solo, deja de acercarse y ya no participa de esos momentos que antes eran habituales.
Ese cambio merece una mirada. Acercarse y preguntar cómo está, si necesita hablar o si quiere encontrarse fuera del horario laboral puede ser un primer paso.
“No hace falta hacer algo extraordinario. A veces alcanza con acercarse, preguntar si está bien y demostrarle al otro que estamos. Tenemos que ser más activos, no olvidarnos de que todos podemos ayudar y colaborar”, remarcó.
También advirtió sobre el aislamiento que pueden generar las pantallas y la pérdida de espacios de encuentro cara a cara. La posibilidad de estar conectados todo el tiempo no siempre significa estar acompañados. Por eso, recuperar los vínculos y los momentos compartidos también forma parte del trabajo de prevención.
Una responsabilidad de toda la comunidad
La prevención no depende solamente de los profesionales de la salud. También necesita del compromiso de familiares, amigos, compañeros de trabajo, instituciones y organizaciones que forman parte de la vida cotidiana de cada comunidad.
Cuando una situación genera preocupación, es importante no dejar sola a la persona y buscar ayuda. Ochoa recordó la existencia de los servicios de emergencia y de las distintas redes que ya funcionan en la comunidad, entre ellas los números 107, 100 y 101, según la necesidad y la situación.
“De eso se trata, de tejer redes. La comunidad tiene que involucrarse, no podemos aislarnos ni mirar para otro lado. Entre todos podemos ayudar a quienes lo necesitan”, afirmó.
La problemática también preocupa en Rawson, donde, según indicó, se registraron numerosos casos durante este año. Pero no es una situación exclusiva de la capital provincial. También hay preocupación en localidades de la cordillera y de la meseta, desde donde surgió el pedido de llevar adelante este tipo de encuentros.
Por eso, el conversatorio busca llegar a distintos puntos de Chubut y compartir conocimientos que permitan actuar a tiempo. Ochoa prefiere hablar de conocimiento antes que de esperanza, porque considera que contar con información y saber cómo acompañar puede hacer una diferencia.
“Formamos parte de comunidades que están atravesando situaciones difíciles en el día a día. Esto no es algo que le pasa solamente a una familia o a una persona. Nos afecta a todos”, sostuvo.
La invitación, entonces, va más allá de asistir a una actividad. Se trata de participar, escuchar, aprender y comprometerse desde el lugar que cada uno ocupa. Porque muchas veces la primera ayuda puede empezar con algo tan sencillo como acercarse a alguien, preguntarle cómo está y tomarse el tiempo para escuchar su respuesta.
“Todos pertenecemos a estas comunidades. No alcanza con quedarnos solamente con las palabras. Hay que ir, participar y colaborar desde el lugar que cada uno pueda”, concluyó.

Por Lorena Leeming / Redacción Jornada
Hablar del suicidio sigue siendo difícil. Muchas veces se evita el tema, no se sabe cómo abordarlo o se piensa que es algo que les pasa a otros. Sin embargo, las cifras y las situaciones que atraviesan distintas comunidades muestran que es una realidad que está mucho más cerca de lo que creemos. La situación es grave, forma parte de las primeras causas de muerte en la Argentina.
Frente a este escenario, Ochoa, en una entrevista con Jornada, anunció que el próximo 5 de diciembre, desde las 10, se realizará un conversatorio sobre prevención del suicidio en el Centro Cultural José Hernández de Rawson. Una de sus coordinadoras es la psicóloga social Estrella Ochoa, quien remarcó la necesidad de que la comunidad se involucre y encuentre espacios para hablar de una problemática que no puede seguir siendo un tabú.
“La idea es que toda la comunidad participe. También se va a transmitir por streaming para que puedan sumarse personas que no estén en la provincia, de otros lugares del país e incluso del exterior”, explicó. En ese sentido, recordó que el primer conversatorio ya había despertado interés de personas de Uruguay y Chile.

Para Ochoa, lo importante es empezar a hablar sin prejuicios, entender qué está pasando y, sobre todo, contar con herramientas para saber cómo actuar cuando alguien necesita ayuda.
“Queremos romper el tabú y hablar de la prevención del suicidio porque es algo que nos atraviesa a todos como comunidad. Es importante abordarlo, tener herramientas y saber a dónde y cuándo recurrir ante una emergencia psicosocial”, sostuvo.
La preocupación también está puesta en las estadísticas. Según señaló, desde 2017 se registra un incremento superior al 50% en los suicidios, una cifra que obliga a prestar atención y a trabajar especialmente con los jóvenes.
En ese punto, Ochoa hizo referencia a las dificultades que muchas personas atraviesan y a la importancia de entender que no todo en la vida sale bien. “Los jóvenes tienen que entender que la vida tiene subidas y bajadas, pero que se puede salir adelante. Tropezar no significa quedarse en el piso. También es posible levantarse, fortalecerse y seguir”, expresó.
Otro de los temas que mencionó es el impacto de las redes sociales y la imagen de éxito y felicidad permanente que muchas veces muestran. Esa vida de lujo, viajes y momentos perfectos que aparece en las pantallas no representa necesariamente la realidad de la mayoría de las personas.
“Hay que aprender a diferenciar las cosas y entender que lo que uno tiene vale, y vale mucho. Sobre todo, lo que más vale es la vida”, señaló.
Las pequeñas señales
Uno de los puntos centrales de la prevención es aprender a mirar al otro. No siempre una persona expresa con palabras lo que le pasa. A veces los cambios aparecen en sus conductas cotidianas y pueden pasar inadvertidos para quienes la rodean.
Ochoa mencionó el aislamiento como una de las señales a las que hay que prestar atención. Dejar de compartir momentos, encerrarse en la casa, no querer salir o alejarse de amigos y familiares son algunos comportamientos que pueden indicar que algo está pasando.
Esto no significa que toda persona que se aísla tenga intenciones suicidas, aclaró, pero sí es una situación que merece atención.
“Hay que hacerse el tiempo para charlar, escuchar de verdad y no dejar pasar esas pequeñas señales. A veces uno está tan metido en sus cosas que no se da cuenta de que la persona que tiene al lado está necesitando hablar”, explicó.
Para graficarlo, planteó una situación muy común: un compañero de trabajo con quien todos los días se comparte un mate o un café empieza, de repente, a quedarse solo, deja de acercarse y ya no participa de esos momentos que antes eran habituales.
Ese cambio merece una mirada. Acercarse y preguntar cómo está, si necesita hablar o si quiere encontrarse fuera del horario laboral puede ser un primer paso.
“No hace falta hacer algo extraordinario. A veces alcanza con acercarse, preguntar si está bien y demostrarle al otro que estamos. Tenemos que ser más activos, no olvidarnos de que todos podemos ayudar y colaborar”, remarcó.
También advirtió sobre el aislamiento que pueden generar las pantallas y la pérdida de espacios de encuentro cara a cara. La posibilidad de estar conectados todo el tiempo no siempre significa estar acompañados. Por eso, recuperar los vínculos y los momentos compartidos también forma parte del trabajo de prevención.
Una responsabilidad de toda la comunidad
La prevención no depende solamente de los profesionales de la salud. También necesita del compromiso de familiares, amigos, compañeros de trabajo, instituciones y organizaciones que forman parte de la vida cotidiana de cada comunidad.
Cuando una situación genera preocupación, es importante no dejar sola a la persona y buscar ayuda. Ochoa recordó la existencia de los servicios de emergencia y de las distintas redes que ya funcionan en la comunidad, entre ellas los números 107, 100 y 101, según la necesidad y la situación.
“De eso se trata, de tejer redes. La comunidad tiene que involucrarse, no podemos aislarnos ni mirar para otro lado. Entre todos podemos ayudar a quienes lo necesitan”, afirmó.
La problemática también preocupa en Rawson, donde, según indicó, se registraron numerosos casos durante este año. Pero no es una situación exclusiva de la capital provincial. También hay preocupación en localidades de la cordillera y de la meseta, desde donde surgió el pedido de llevar adelante este tipo de encuentros.
Por eso, el conversatorio busca llegar a distintos puntos de Chubut y compartir conocimientos que permitan actuar a tiempo. Ochoa prefiere hablar de conocimiento antes que de esperanza, porque considera que contar con información y saber cómo acompañar puede hacer una diferencia.
“Formamos parte de comunidades que están atravesando situaciones difíciles en el día a día. Esto no es algo que le pasa solamente a una familia o a una persona. Nos afecta a todos”, sostuvo.
La invitación, entonces, va más allá de asistir a una actividad. Se trata de participar, escuchar, aprender y comprometerse desde el lugar que cada uno ocupa. Porque muchas veces la primera ayuda puede empezar con algo tan sencillo como acercarse a alguien, preguntarle cómo está y tomarse el tiempo para escuchar su respuesta.
“Todos pertenecemos a estas comunidades. No alcanza con quedarnos solamente con las palabras. Hay que ir, participar y colaborar desde el lugar que cada uno pueda”, concluyó.