Oktubre: 40 años del disco mítico de Los Redondos

Publicado en octubre de 1986, el segundo álbum de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota marcó un punto de inflexión con nueve canciones que hicieron historia.


25 OCT 2026 - 13:14 | Actualizado 25 OCT 2026 - 13:19

Cuatro décadas después de su lanzamiento, Oktubre conserva un lugar privilegiado en la historia del rock argentino.

Publicado en octubre de 1986, el segundo álbum de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota condensó en nueve canciones el clima de una época atravesada por las heridas de la dictadura, las tensiones políticas y las amenazas de la Guerra Fría.

También marcó un punto de inflexión en la trayectoria de la banda liderada por Carlos "el Indio" Solari y Eduardo "Skay" Beilinson, que comenzaba a construir una identidad musical y estética propia.

El disco llegó dos años después de Gulp!, el debut discográfico del grupo platense, que todavía se movía dentro del circuito independiente y convocaba a poco más de mil personas por presentación.

Su propuesta había evolucionado desde aquellos primeros espectáculos que combinaban música, teatro y los monólogos de Enrique Symns hacia un formato centrado en las canciones.

Oktubre fue grabado en los estudios Panda, ubicados en la calle Segurola de Buenos Aires, con Osvel Costa como técnico de sonido.

A la formación habitual se sumaron Héctor "Tito Fargo" D' Aviero en segunda guitarra, Daniel Melero en teclados y Claudio Cornelio en percusión.

El resultado fue un álbum de atmósfera oscura, guitarras filosas y una sonoridad cercana al postpunk, con elementos del rock clásico y una marcada impronta experimental.

El repertorio incluyó composiciones que se convertirían en clásicos de la banda, como Preso en mi ciudad, Música para pastillas, Motor Psico, Semen-Up, Divina TV Führer y Jijiji, esta última destinada a convertirse en uno de los grandes himnos del rock nacional y protagonista del célebre pogo multitudinario de sus recitales.

Las letras de Solari construyeron un universo de imágenes inquietantes, referencias políticas, paranoia y personajes marginales.

La amenaza nuclear, la manipulación de los medios de comunicación, el consumo de drogas y el desencanto social atravesaron un disco que capturó algunas de las principales preocupaciones de mediados de los años ochenta.

La identidad visual también resultó decisiva. Ricardo Cohen, conocido como Rocambole, diseñó una portada dominada por una multitud de figuras con banderas, bajo una estética inspirada en la iconografía revolucionaria soviética.

El rojo, el negro y el gris definieron una imagen que terminaría reproducida en miles de remeras y banderas. En la contratapa, la Catedral de La Plata en llamas completó una propuesta gráfica cargada de simbolismo.

El propio Rocambole explicó años después que las ideas surgieron de conversaciones con el Indio, quien imaginaba multitudes y banderas.

La referencia a la Revolución Rusa de octubre de 1917 convivía con resonancias de la historia política argentina.

La grabación también dejó algunas controversias internas. El saxofonista Willy Crook cuestionó posteriormente el uso excesivo de reverberación, una característica que contribuyó a definir el sonido distante y opresivo del álbum.

Con el paso del tiempo, Oktubre se consolidó como una de las obras fundamentales de la música argentina.

La revista Rolling Stone lo ubicó en el cuarto puesto de su selección de los 100 mejores discos del rock nacional, detrás de Artaud, de Pescado Rabioso; Clics modernos, de Charly García; y el álbum debut de Manal.

A 40 años de su aparición, aquellas nueve canciones mantienen su potencia y permiten reconstruir el momento en que Los Redondos comenzaron a forjar una de las mitologías más perdurables de la cultura popular argentina.


25 OCT 2026 - 13:14

Cuatro décadas después de su lanzamiento, Oktubre conserva un lugar privilegiado en la historia del rock argentino.

Publicado en octubre de 1986, el segundo álbum de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota condensó en nueve canciones el clima de una época atravesada por las heridas de la dictadura, las tensiones políticas y las amenazas de la Guerra Fría.

También marcó un punto de inflexión en la trayectoria de la banda liderada por Carlos "el Indio" Solari y Eduardo "Skay" Beilinson, que comenzaba a construir una identidad musical y estética propia.

El disco llegó dos años después de Gulp!, el debut discográfico del grupo platense, que todavía se movía dentro del circuito independiente y convocaba a poco más de mil personas por presentación.

Su propuesta había evolucionado desde aquellos primeros espectáculos que combinaban música, teatro y los monólogos de Enrique Symns hacia un formato centrado en las canciones.

Oktubre fue grabado en los estudios Panda, ubicados en la calle Segurola de Buenos Aires, con Osvel Costa como técnico de sonido.

A la formación habitual se sumaron Héctor "Tito Fargo" D' Aviero en segunda guitarra, Daniel Melero en teclados y Claudio Cornelio en percusión.

El resultado fue un álbum de atmósfera oscura, guitarras filosas y una sonoridad cercana al postpunk, con elementos del rock clásico y una marcada impronta experimental.

El repertorio incluyó composiciones que se convertirían en clásicos de la banda, como Preso en mi ciudad, Música para pastillas, Motor Psico, Semen-Up, Divina TV Führer y Jijiji, esta última destinada a convertirse en uno de los grandes himnos del rock nacional y protagonista del célebre pogo multitudinario de sus recitales.

Las letras de Solari construyeron un universo de imágenes inquietantes, referencias políticas, paranoia y personajes marginales.

La amenaza nuclear, la manipulación de los medios de comunicación, el consumo de drogas y el desencanto social atravesaron un disco que capturó algunas de las principales preocupaciones de mediados de los años ochenta.

La identidad visual también resultó decisiva. Ricardo Cohen, conocido como Rocambole, diseñó una portada dominada por una multitud de figuras con banderas, bajo una estética inspirada en la iconografía revolucionaria soviética.

El rojo, el negro y el gris definieron una imagen que terminaría reproducida en miles de remeras y banderas. En la contratapa, la Catedral de La Plata en llamas completó una propuesta gráfica cargada de simbolismo.

El propio Rocambole explicó años después que las ideas surgieron de conversaciones con el Indio, quien imaginaba multitudes y banderas.

La referencia a la Revolución Rusa de octubre de 1917 convivía con resonancias de la historia política argentina.

La grabación también dejó algunas controversias internas. El saxofonista Willy Crook cuestionó posteriormente el uso excesivo de reverberación, una característica que contribuyó a definir el sonido distante y opresivo del álbum.

Con el paso del tiempo, Oktubre se consolidó como una de las obras fundamentales de la música argentina.

La revista Rolling Stone lo ubicó en el cuarto puesto de su selección de los 100 mejores discos del rock nacional, detrás de Artaud, de Pescado Rabioso; Clics modernos, de Charly García; y el álbum debut de Manal.

A 40 años de su aparición, aquellas nueve canciones mantienen su potencia y permiten reconstruir el momento en que Los Redondos comenzaron a forjar una de las mitologías más perdurables de la cultura popular argentina.