El 24 de junio de 2026 Karen Lacoma vivió una verdadera pesadilla, fue víctima del ataque de un hombre que portaba un arma blanca, mientras se encontraba caminando por la zona de La Cascada. El agresor con su cuchillo dejó marcas en el cuerpo de Karen que al día de hoy no se borran, la ahorcó, la golpeó a ella y su perra que la acompañaba, además de amenazarla de muerte diciéndole «así que sos la que se hace la vivita, a la que hay que matar». Aunque la justicia trabajó, el agresor no pudo ser identificado.
A 3 meses de ser víctima de ese ataque, Karen vive con la certeza y el pánico que enviaron a esa persona para hacerle daño y la impunidad en la cual quedó el caso la paraliza. Sobre todo, teniendo en cuenta su sospecha que quien la mandó amenazar y agredir, podría haber sido su ex pareja, que fue condenada por violencia de género y hoy intenta una re vinculación con la hija de ambos, aunque a su entender no habría de parte del padre “un interés real ni afectivo, sino que utiliza esto como la herramienta más perversa para seguir lastimándome donde más me duele, mis hijos”.
Con el corazón en la mano
En diálogo con Noticias de Esquel, Karen Lacoma relató la situación que atraviesa de la siguiente manera:“Mi nombre es Karen Lacoma y escribo esto con el corazón en la mano, con lágrimas y con un miedo que me acompaña a cada segundo del día. Ya no puedo vivir así. No es vida salir a la calle mirando para todos lados, temblando por mi seguridad y la de mi hija. Muchos conocen mi historia mi lucha, pero pocos saben el infierno cotidiano que significa ser víctima de violencia de género. Viví un año entero de violencia física y psicológica, de falsos pedidos de perdón y promesas de cambio.
Una y otra vez terminaba acorralada contra la pared, estrangulada, con miedo y dolor dentro de un ciclo que me quitaba la paz y la vida misma. El episodio más oscuro ocurrió cuando estaba embarazada de apenas dos meses: mi ex pareja Julián González Aguirre me encerró en su casa (detrás de una panificadora de Esquel), me agredió brutalmente y casi nos mata. Un día antes yo había intentado terminar la relación, pero a la mañana siguiente necesitaba asistencia para ir al médico. Cuando le dije «esto se termina acá, me voy» e intenté cruzar la puerta, vi en sus ojos un odio brutal.
Me agarró del pelo, me arrastró hacia adentro y me encerró. Me empujó contra la pared, me sujetó del cabello, me ahogaba con sus manos mientras me estrangulaba y me gritaba que me iba a matar, que estaba loca y que me callara. Me quebró costillas, me reventó la cabeza contra el piso y me asfixió con una almohada. Encerrada, dolorida, embarazada y llena de terror, intentaba escaparme y no podía. No sé cómo lo logré ni cómo llegué a mi casa; solo sé que si no hubiese tenido la fuerza necesaria y la protección de Dios, ni yo ni mi bebé que llevaba en mi panza habríamos salido vivas.

Pesadilla en La Cascada
Continuando con el relato de Karen, así expresó lo que sufrió el 24 de junio de 2026 en La Cascada “viví una nueva pesadilla: un hombre me atacó en La Cascada con un cuchillo, del cual me dejó marcas que al día de hoy no se borran, me ahorcó, me golpeó a mi y a mi perra y me amenazó de muerte diciéndome «así que vos sos la que se hace la vivita, vos sos a la que hay que matar».
Aunque la fiscalía trabajó, ese agresor no pudo ser identificado. Vivo con la certeza y el pánico de que enviaron a esa persona a hacerme daño, y la impunidad de no saber quién fue me paraliza. Lo que más me duele y me aterra en este momento es el proceso de vinculación respecto a mi hija de dos años. Sé en el fondo de mi alma que de su parte no hay un interés real ni afectivo, sino que utiliza esto como la herramienta más perversa para seguir lastimándome donde más me duele: mis hijos».
No hay pruebas suficientes
Sobre la situación judicial de su denuncia relató “He pedido ayuda por las vías legales y he recurrido a la justicia, pero la respuesta siempre choca con el «no hay pruebas suficientes». Se siente una soledad inmensa cuando tu dolor y tu miedo no alcanzan para ser escuchados. Por eso hoy elijo escribir esta carta. No para exigir lo que ya pedí en vano, sino para dejar testimonio de mi verdad. Quiero que quede grabado en la memoria de todos: si a mí o a mis hijos nos llega a pasar algo, la sociedad y la justicia ya saben muy bien a qué puerta ir a golpear y quién es el responsable de nuestro calvario. No quiero convertirme en una víctima más de la que todos hablen cuando ya sea demasiado tarde; solo quiero vivir en paz y criar a mis hijos sin terror”.
Identikit
Karen hace público hoy a través de Noticias de Esquel el identikit del agresor que la atacó en La Cascada y cuestiona que esa imagen no haya sido difundida públicamente para solicitar la colaboración de la comunidad, ya que la Fiscalía decidió archivar la investigación por una supuesta falta de evidencias.
Noticias de Esquel
El 24 de junio de 2026 Karen Lacoma vivió una verdadera pesadilla, fue víctima del ataque de un hombre que portaba un arma blanca, mientras se encontraba caminando por la zona de La Cascada. El agresor con su cuchillo dejó marcas en el cuerpo de Karen que al día de hoy no se borran, la ahorcó, la golpeó a ella y su perra que la acompañaba, además de amenazarla de muerte diciéndole «así que sos la que se hace la vivita, a la que hay que matar». Aunque la justicia trabajó, el agresor no pudo ser identificado.
A 3 meses de ser víctima de ese ataque, Karen vive con la certeza y el pánico que enviaron a esa persona para hacerle daño y la impunidad en la cual quedó el caso la paraliza. Sobre todo, teniendo en cuenta su sospecha que quien la mandó amenazar y agredir, podría haber sido su ex pareja, que fue condenada por violencia de género y hoy intenta una re vinculación con la hija de ambos, aunque a su entender no habría de parte del padre “un interés real ni afectivo, sino que utiliza esto como la herramienta más perversa para seguir lastimándome donde más me duele, mis hijos”.
Con el corazón en la mano
En diálogo con Noticias de Esquel, Karen Lacoma relató la situación que atraviesa de la siguiente manera:“Mi nombre es Karen Lacoma y escribo esto con el corazón en la mano, con lágrimas y con un miedo que me acompaña a cada segundo del día. Ya no puedo vivir así. No es vida salir a la calle mirando para todos lados, temblando por mi seguridad y la de mi hija. Muchos conocen mi historia mi lucha, pero pocos saben el infierno cotidiano que significa ser víctima de violencia de género. Viví un año entero de violencia física y psicológica, de falsos pedidos de perdón y promesas de cambio.
Una y otra vez terminaba acorralada contra la pared, estrangulada, con miedo y dolor dentro de un ciclo que me quitaba la paz y la vida misma. El episodio más oscuro ocurrió cuando estaba embarazada de apenas dos meses: mi ex pareja Julián González Aguirre me encerró en su casa (detrás de una panificadora de Esquel), me agredió brutalmente y casi nos mata. Un día antes yo había intentado terminar la relación, pero a la mañana siguiente necesitaba asistencia para ir al médico. Cuando le dije «esto se termina acá, me voy» e intenté cruzar la puerta, vi en sus ojos un odio brutal.
Me agarró del pelo, me arrastró hacia adentro y me encerró. Me empujó contra la pared, me sujetó del cabello, me ahogaba con sus manos mientras me estrangulaba y me gritaba que me iba a matar, que estaba loca y que me callara. Me quebró costillas, me reventó la cabeza contra el piso y me asfixió con una almohada. Encerrada, dolorida, embarazada y llena de terror, intentaba escaparme y no podía. No sé cómo lo logré ni cómo llegué a mi casa; solo sé que si no hubiese tenido la fuerza necesaria y la protección de Dios, ni yo ni mi bebé que llevaba en mi panza habríamos salido vivas.

Pesadilla en La Cascada
Continuando con el relato de Karen, así expresó lo que sufrió el 24 de junio de 2026 en La Cascada “viví una nueva pesadilla: un hombre me atacó en La Cascada con un cuchillo, del cual me dejó marcas que al día de hoy no se borran, me ahorcó, me golpeó a mi y a mi perra y me amenazó de muerte diciéndome «así que vos sos la que se hace la vivita, vos sos a la que hay que matar».
Aunque la fiscalía trabajó, ese agresor no pudo ser identificado. Vivo con la certeza y el pánico de que enviaron a esa persona a hacerme daño, y la impunidad de no saber quién fue me paraliza. Lo que más me duele y me aterra en este momento es el proceso de vinculación respecto a mi hija de dos años. Sé en el fondo de mi alma que de su parte no hay un interés real ni afectivo, sino que utiliza esto como la herramienta más perversa para seguir lastimándome donde más me duele: mis hijos».
No hay pruebas suficientes
Sobre la situación judicial de su denuncia relató “He pedido ayuda por las vías legales y he recurrido a la justicia, pero la respuesta siempre choca con el «no hay pruebas suficientes». Se siente una soledad inmensa cuando tu dolor y tu miedo no alcanzan para ser escuchados. Por eso hoy elijo escribir esta carta. No para exigir lo que ya pedí en vano, sino para dejar testimonio de mi verdad. Quiero que quede grabado en la memoria de todos: si a mí o a mis hijos nos llega a pasar algo, la sociedad y la justicia ya saben muy bien a qué puerta ir a golpear y quién es el responsable de nuestro calvario. No quiero convertirme en una víctima más de la que todos hablen cuando ya sea demasiado tarde; solo quiero vivir en paz y criar a mis hijos sin terror”.
Identikit
Karen hace público hoy a través de Noticias de Esquel el identikit del agresor que la atacó en La Cascada y cuestiona que esa imagen no haya sido difundida públicamente para solicitar la colaboración de la comunidad, ya que la Fiscalía decidió archivar la investigación por una supuesta falta de evidencias.
Noticias de Esquel