Facundo Bonavitta es uno de los defensores de Roxana Ortega, la docente enjuiciada por el presunto abuso de dos alumnos y una alumna de la Escuela 201 de Trelew, cuyo veredicto se conocerá este lunes 24 a las 9 de parte de la jueza María Tolomei.
Junto con su colega Oscar Romero, en su alegato final Bonavitta sostuvo la inocencia de la docente y pidió su absolución. Afirmó que por los testimonios del juicio oral “se demostró y se vieron indicadores de que los hechos denunciados no pudieron ocurrir en la escuela” y que hubo contradicciones entre “la denuncia de las madres y los testimonios de los tres niños”. La postura contraria sostiene la querellante Gladys Olavarría.
El juicio duró dos semanas. “Esperamos la absolución. El mismo día que declaró Roxana le planteamos a la jueza que íbamos a alegar por una cuestión profesional que nos corresponde en esa etapa del juicio, pero no lo íbamos a hacer para convencer a la jueza de absolutamente nada, porque entendemos que se demostró que estos hechos no sucedieron”.
Bonavitta remarcó que “hubo contradicciones entre las denuncias que realizaron las madres de los tres niños involucrados y lo que ellos declararon en Cámara Gesell. Las madres denunciaron ciertos hechos que según ellas sucedieron de una manera y los niños en Cámara Gesell relatan otros hechos y de otra manera, muy distinto a lo que se denunció. Eso nos indica que los hechos no sucedieron directamente”.
“Los niños relataron historias que ellos pudieron crear, por decirlo de alguna manera, situaciones en la cual eran torturados por esta docente con elementos de época medieval. Relataron una historia que en el recreo quedaban en el aula y la maestra los torturaba con palos con pinches, con rocas gigantes, y que todos esos elementos la maestra los llevaba en una maleta muy grande. Uno describe que es una maleta grande como una mesa”.
De acuerdo al defensor, “la psicóloga que toma la Cámara Gesell le insiste y los induce a que cuenten y recuerden algo más, y ahí es cuando uno dice que también le dio chirlos en la cola. La participación de la psicóloga se nota y quedó evidenciado que estaban inducidos a que cuenten a recuerden algo más de esa fábula que contaban”.
Por eso la postura de la defensa fue cuestionar los resultados de la Cámara Gesell. El razonamiento se basa en que el relato de los niños “porque en un recreo de diez minutos no podría suceder todas estas torturas que ellos mencionan y después del recreo todo continuar con total normalidad”.
Según Bonavitta, “eso se refuerza con los testigos que ofrecimos en el juicio, prácticamente todo el personal de la escuela: docentes, no docentes, auxiliares, porteros, directivos, todo el equipo directivo, y ellos declararon de manera unánime y mantuvieron la misma postura: hay una reglamentación en todos los colegios para que nadie pueda quedarse en los recreos adentro del aula, ni docentes ni alumnos”.
“Cada docente tiene un sector para cuidar durante los recreos, entonces ninguno quedaba en ese momento de los recreos, que duran sólo diez minutos, adentro del aula”.
De acuerdo al alegato defensista “está verificado porque hay dos porteros de la escuela que se encargan de darles la merienda a los niños antes del primer recreo y los porteros durante el primero y segundo recreo se encargan de entrar a las aulas a retirar las tazas, las paneras y todos los elementos de la merienda. Cuando fueron consultados si en algún momento vieron a algún docente o a algún niño dentro del aula durante los recreos, principalmente en el tiempo en el que Roxana estuvo en la escuela, contestaron rotundamente que no”.
“Lo que dejamos en claro y quedó en evidencia en el juicio, y entiendo que la jueza así también lo pudo ver, es que el punto no es que Roxana no haya cometido estos hechos sino que realmente no es posible que hayan sucedido”.
Facundo Bonavitta es uno de los defensores de Roxana Ortega, la docente enjuiciada por el presunto abuso de dos alumnos y una alumna de la Escuela 201 de Trelew, cuyo veredicto se conocerá este lunes 24 a las 9 de parte de la jueza María Tolomei.
Junto con su colega Oscar Romero, en su alegato final Bonavitta sostuvo la inocencia de la docente y pidió su absolución. Afirmó que por los testimonios del juicio oral “se demostró y se vieron indicadores de que los hechos denunciados no pudieron ocurrir en la escuela” y que hubo contradicciones entre “la denuncia de las madres y los testimonios de los tres niños”. La postura contraria sostiene la querellante Gladys Olavarría.
El juicio duró dos semanas. “Esperamos la absolución. El mismo día que declaró Roxana le planteamos a la jueza que íbamos a alegar por una cuestión profesional que nos corresponde en esa etapa del juicio, pero no lo íbamos a hacer para convencer a la jueza de absolutamente nada, porque entendemos que se demostró que estos hechos no sucedieron”.
Bonavitta remarcó que “hubo contradicciones entre las denuncias que realizaron las madres de los tres niños involucrados y lo que ellos declararon en Cámara Gesell. Las madres denunciaron ciertos hechos que según ellas sucedieron de una manera y los niños en Cámara Gesell relatan otros hechos y de otra manera, muy distinto a lo que se denunció. Eso nos indica que los hechos no sucedieron directamente”.
“Los niños relataron historias que ellos pudieron crear, por decirlo de alguna manera, situaciones en la cual eran torturados por esta docente con elementos de época medieval. Relataron una historia que en el recreo quedaban en el aula y la maestra los torturaba con palos con pinches, con rocas gigantes, y que todos esos elementos la maestra los llevaba en una maleta muy grande. Uno describe que es una maleta grande como una mesa”.
De acuerdo al defensor, “la psicóloga que toma la Cámara Gesell le insiste y los induce a que cuenten y recuerden algo más, y ahí es cuando uno dice que también le dio chirlos en la cola. La participación de la psicóloga se nota y quedó evidenciado que estaban inducidos a que cuenten a recuerden algo más de esa fábula que contaban”.
Por eso la postura de la defensa fue cuestionar los resultados de la Cámara Gesell. El razonamiento se basa en que el relato de los niños “porque en un recreo de diez minutos no podría suceder todas estas torturas que ellos mencionan y después del recreo todo continuar con total normalidad”.
Según Bonavitta, “eso se refuerza con los testigos que ofrecimos en el juicio, prácticamente todo el personal de la escuela: docentes, no docentes, auxiliares, porteros, directivos, todo el equipo directivo, y ellos declararon de manera unánime y mantuvieron la misma postura: hay una reglamentación en todos los colegios para que nadie pueda quedarse en los recreos adentro del aula, ni docentes ni alumnos”.
“Cada docente tiene un sector para cuidar durante los recreos, entonces ninguno quedaba en ese momento de los recreos, que duran sólo diez minutos, adentro del aula”.
De acuerdo al alegato defensista “está verificado porque hay dos porteros de la escuela que se encargan de darles la merienda a los niños antes del primer recreo y los porteros durante el primero y segundo recreo se encargan de entrar a las aulas a retirar las tazas, las paneras y todos los elementos de la merienda. Cuando fueron consultados si en algún momento vieron a algún docente o a algún niño dentro del aula durante los recreos, principalmente en el tiempo en el que Roxana estuvo en la escuela, contestaron rotundamente que no”.
“Lo que dejamos en claro y quedó en evidencia en el juicio, y entiendo que la jueza así también lo pudo ver, es que el punto no es que Roxana no haya cometido estos hechos sino que realmente no es posible que hayan sucedido”.