Lado B / Algo más que un título

26 JUN 2026 - 10:48 | Actualizado 26 JUN 2026 - 10:52

Por Bulin Fernández

Para quienes miramos y sentimos el deporte por su práctica, comentario, hincha o apasionado, todo lo que tiene que ver con los movimientos de nuestra provincia nos remite siempre a su seguimiento.

Así como hace veinte años alentamos desde una tribuna al equipo de Fernando Duró y con chubutenses en cancha con Gabriel Cocha, Pablo Moldú, Nico de los Santos o Diego Romero; el sábado por la noche vimos la sexta final de Gimnasia de Comodoro enfrentando a Quimsa de Santiago del Estero por el título de la Liga Nacional de Básquet.

Para mucho paso desapercibido no solo por lo decaído que esta nuestro básquet, muy lejos de la Generación Dorada y de León Najnudel como su mentor más relevante; sino además porque la televisión acompañó por señales a la que pocos tienen acceso.

Pero hago propias las palabras del eterno David Carlín, relator de TyC Sport, al final del encuentro cuando remarcó con gran criterio que “aquí donde todo es más difícil, donde las cosas no se encuentran o se consiguen, se conquistan…Gimnasia logró que sonría el Chenque y ruje el mar para felicidad de toda la Patagonia”.

Una síntesis para el esfuerzo descomunal de una institución que la lucha hace más de tres décadas con esfuerzos de todos, que con bajo presupuesto supo combinar energías para llegar al logro de la mano de Pablo Favarel como técnico y Gustavo Saposnik como ayudante.

Un equipo que debió y mereció jugar en un estadio prometido para 10 mil personas en esa ciudad esquilmada por décadas bajo la sombra del petróleo.

Un aliento constante de miles de patagónicos que alentamos a distancia cuando no pudimos ser presenciales porque esa coronación encierra algo más que una copa en la vidriera.

Genera que cientos de pibes quieran ser como Carrasco, Dato, Toretta, Caravalí o Cosolito; que otros pueblos se sientan identificados con estrujar su corazón para alentar la hazaña.

No habrá nuevos ocupados en la vida petrolera por este campeonato o se volverá a la diaria de las inclemencias del tiempo de quienes la luchan minuto a minuto, pero seguro esta conquista nacional nos pone una sonrisa y tal vez la esperanza de pensar que algo puede cambiar cuando desde un lugar alejado del centralismo porteño un puñado de hombres se la jugó entera por decir campeones.

Gracias Gimnasia, gracias Comodoro, gracias Patagonia, donde todo se conquista.

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26 JUN 2026 - 10:48

Por Bulin Fernández

Para quienes miramos y sentimos el deporte por su práctica, comentario, hincha o apasionado, todo lo que tiene que ver con los movimientos de nuestra provincia nos remite siempre a su seguimiento.

Así como hace veinte años alentamos desde una tribuna al equipo de Fernando Duró y con chubutenses en cancha con Gabriel Cocha, Pablo Moldú, Nico de los Santos o Diego Romero; el sábado por la noche vimos la sexta final de Gimnasia de Comodoro enfrentando a Quimsa de Santiago del Estero por el título de la Liga Nacional de Básquet.

Para mucho paso desapercibido no solo por lo decaído que esta nuestro básquet, muy lejos de la Generación Dorada y de León Najnudel como su mentor más relevante; sino además porque la televisión acompañó por señales a la que pocos tienen acceso.

Pero hago propias las palabras del eterno David Carlín, relator de TyC Sport, al final del encuentro cuando remarcó con gran criterio que “aquí donde todo es más difícil, donde las cosas no se encuentran o se consiguen, se conquistan…Gimnasia logró que sonría el Chenque y ruje el mar para felicidad de toda la Patagonia”.

Una síntesis para el esfuerzo descomunal de una institución que la lucha hace más de tres décadas con esfuerzos de todos, que con bajo presupuesto supo combinar energías para llegar al logro de la mano de Pablo Favarel como técnico y Gustavo Saposnik como ayudante.

Un equipo que debió y mereció jugar en un estadio prometido para 10 mil personas en esa ciudad esquilmada por décadas bajo la sombra del petróleo.

Un aliento constante de miles de patagónicos que alentamos a distancia cuando no pudimos ser presenciales porque esa coronación encierra algo más que una copa en la vidriera.

Genera que cientos de pibes quieran ser como Carrasco, Dato, Toretta, Caravalí o Cosolito; que otros pueblos se sientan identificados con estrujar su corazón para alentar la hazaña.

No habrá nuevos ocupados en la vida petrolera por este campeonato o se volverá a la diaria de las inclemencias del tiempo de quienes la luchan minuto a minuto, pero seguro esta conquista nacional nos pone una sonrisa y tal vez la esperanza de pensar que algo puede cambiar cuando desde un lugar alejado del centralismo porteño un puñado de hombres se la jugó entera por decir campeones.

Gracias Gimnasia, gracias Comodoro, gracias Patagonia, donde todo se conquista.