Postales de un hombre sometido y encerrado por el miedo

El primer día del juicio por jurados por el adulto mayor esclavizado en Paso de Indios dejó testimonios reveladores. El alerta y la desesperada búsqueda de su sobrina, el olfato policial del agente que lo rescató y la palabra del médico que certificó la vida en riesgo de Adolfo Yancamil.

Torres (izquierda) y Valero, testigos claves.
21 ABR 2026 - 20:21 | Actualizado 21 ABR 2026 - 21:23

Por Rolando Tobarez / Redacción Jornada

Con 74 años, Adolfo Yancamil era ese tío tranquilo de Paso de Indios, divertido, que podía mostrarle a un chico cómo subirse a un caballo o arriar ovejas. Hasta que un día no atendió en su casa al hijo de su sobrina Margarita Torres. A ella le llamó la atención la actitud. Ése no era el tío. Y ya sabía que en el pueblo lo habían visto con moretones.

La mujer sospechó y decidió viajar desde Pico Truncado. Fue derecho a la casa familiar y no lo encontró. Una vecina le dijo que Adolfo se había mudado con Marta Caucamán y Juan Ovejero. Y que la vivienda estaba vendida.

Pidió ayuda en la Comisaría y esperó sin intervenir. El policía Carlos Valero volvió en coche con Yancamil: los ojos violetas e inyectados en sangre, irreconocible, deformado, lastimado, muy mal. “Me caí borracho”, le dijo. “No me mientas”, retrucó su sobrina.

Margarita Torres, la sobrina de la víctima.


Charlaron. Mientras comía pan y la boca le dolía, Adolfo le aseguró que se sentía bien, que le pagaba $ 20 mil a Marta por cuidado y comida, y que no podía irse para no quebrar su palabra. No quería meter a su sobrina en un problema. También la podían golpear a ella. Margarita lo notó temblar de miedo.

Se vieron un par de veces en el pueblo. Yancamil la dejaba acompañarlo hasta la esquina de la plaza. “Hasta acá nomás”, le decía, porque si los veía Marta podía darle otra paliza. Eran charlas a escondidas, como novios prohibidos. Él esquivaba sus preguntas.

“Andate tranquila”, le insistió el tío. “Llamame si te pasa algo”, respondió Margarita. Le anotó su teléfono en un papel y se sorprendió cuando Yancamil lo escondió en su bota. Si los Caucamán lo descubrían, seguro le pegaban.

La sobrina volvió a Santa Cruz enojada, de mal ánimo.

Rescate

En agosto de 2023 Valero la llamó. Había rescatado a su tío y estaba internado en el Hospital Rural. Margarita viajó y entró a la pieza de madrugada. Yancamil dormía. Vio a un anciano muy deteriorado, flaquísimo, quemado con cigarrillos.

La mujer temió una venganza esa misma noche de Marta y Juan. Ya no tenían a su “chico de los mandados”, describió. A su perrito faldero. Enojados, ya lo habían reclamado en la Comisaría pero se dieron cuenta de que estaban expuestos.

Tras la internación se llevó a su tío a Truncado. Con el tiempo, Adolfo se fue desahogando: en Paso de Indios lo usaban de bolsa de boxeo, le aplastaban las orejas a trompadas, lo ahogaban con puñados de ají en la boca. Si no tomaba el vino que le daban era “un maricón”. Lo esperaban fuera de la sucursal del Banco Chubut para sacarle fresquita su jubilación.

Marta Caucamán y Juan Ovejero, los acusados.

Marta y Juan lo habían convencido de vender su casa y su auto. No vio un peso pero ellos compraron un TV y celulares.

Dando testimonio en el juicio por jurados en Trelew, Margarita pidió Justicia. “Esta gente no puede vivir en sociedad con personas vulnerables. Mi tío no tiene maldad y sufrió un castigo que no olvidará porque las marcas quedaron en su cuerpo. Que paguen lo que le quitaron”.

Hombre clave

Carlos Valero es el policía que recibió a Margarita Torres en la Comisaría la primera vez que viajó a Paso de Indios en busca de su tío Yancamil. La pista era la casa de Marta Caucamán, alias “La mestiza”. Valero lo encontró allí y se lo llevó a la Seccional para reunirlo con su sobrina.

Ante el jurado declaró que ella notó a su pariente sumiso, asustado. Al propio Valero le llamó la atención que no quisiera ayuda de su sobrina. “Algo ocultaba”, graficó. Pero como Adolfo negó el maltrato y quería quedarse con Marta con techo y comida, el policía no pudo ir contra la voluntad de Yancamil.

El 30 de agosto de 2023 fue clave: Valero vio a un hombre encapuchado y rengo. Se acercó. Era Yancamil. Tenía barba crecida, un labio partido, la nariz desviada, la ropa sucia y vieja. Iba apurado a comprar carne. Le preguntó por el labio. “Si le cuento no puedo volver a la casa porque me matan”. Alarmado, el policía lo convenció de que confiara.

Carlos Valero, el policía que rescató a Yancamil.

Sentados en la Comisaría, el abuelo describió que Marta se emborrachaba y lo pateaba y encerraba. Se sacó la capucha y tenía la herida de un palazo de escoba. Había pensado escapar pero ¿dónde ir? “Me dijeron que si acudía a la Policía me iban a degollar”.

Débil y mareado, Adolfo devoraba un churrasco y confesaba.

En eso estaban cuando Marta llegó a la Seccional para avisar que se le había perdido “su viejito” y estaba inquieta porque él no veía bien de noche. Valero le respondió que Yancamil estaba bien, haciendo la denuncia y no volvería con ella. “Milicos hijos de puta, los voy a denunciar, esto no queda así”, se enfureció Caucamán mientras grababa con su celular.

La víctima miró la discusión desde la puerta de la oficina, lagrimeando asustado como un nene. Valero lo tranquilizó y fueron al Hospital Rural.

Xenofobia

El venezolano Jefferson Márquez fue el director del Hospital de Paso de Indios que recibió a Yancamil. Ante el jurado confirmó aquel primer diagnóstico que obligó a internarlo dos días: golpes en todo el cuerpo, deshidratación, 40 kilos cuando debía pesar 55, la herida de un palazo en la cabeza, quemaduras.

Imagen de archivo del médico Jefferson Márquez.

El médico conocía a Marta porque había sido su paciente. La describió como una mujer muy demandante y siempre a la defensiva, agresiva con él y con el personal. Y una frase xenófoba que no olvidó: “Veneco muerto de hambre, ándate a tu país”.

Con este antecedente, Márquez reclamó custodia policial para garantizar la atención del abuelo. Cuando mejoró, Yancamil viajó a Pico Truncado con Margarita.

El juicio seguirá este miércoles 22 a las 8.30 en el salón de la Asociación de Magistrados y Funcionarios de Trelew.

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Torres (izquierda) y Valero, testigos claves.
21 ABR 2026 - 20:21

Por Rolando Tobarez / Redacción Jornada

Con 74 años, Adolfo Yancamil era ese tío tranquilo de Paso de Indios, divertido, que podía mostrarle a un chico cómo subirse a un caballo o arriar ovejas. Hasta que un día no atendió en su casa al hijo de su sobrina Margarita Torres. A ella le llamó la atención la actitud. Ése no era el tío. Y ya sabía que en el pueblo lo habían visto con moretones.

La mujer sospechó y decidió viajar desde Pico Truncado. Fue derecho a la casa familiar y no lo encontró. Una vecina le dijo que Adolfo se había mudado con Marta Caucamán y Juan Ovejero. Y que la vivienda estaba vendida.

Pidió ayuda en la Comisaría y esperó sin intervenir. El policía Carlos Valero volvió en coche con Yancamil: los ojos violetas e inyectados en sangre, irreconocible, deformado, lastimado, muy mal. “Me caí borracho”, le dijo. “No me mientas”, retrucó su sobrina.

Margarita Torres, la sobrina de la víctima.


Charlaron. Mientras comía pan y la boca le dolía, Adolfo le aseguró que se sentía bien, que le pagaba $ 20 mil a Marta por cuidado y comida, y que no podía irse para no quebrar su palabra. No quería meter a su sobrina en un problema. También la podían golpear a ella. Margarita lo notó temblar de miedo.

Se vieron un par de veces en el pueblo. Yancamil la dejaba acompañarlo hasta la esquina de la plaza. “Hasta acá nomás”, le decía, porque si los veía Marta podía darle otra paliza. Eran charlas a escondidas, como novios prohibidos. Él esquivaba sus preguntas.

“Andate tranquila”, le insistió el tío. “Llamame si te pasa algo”, respondió Margarita. Le anotó su teléfono en un papel y se sorprendió cuando Yancamil lo escondió en su bota. Si los Caucamán lo descubrían, seguro le pegaban.

La sobrina volvió a Santa Cruz enojada, de mal ánimo.

Rescate

En agosto de 2023 Valero la llamó. Había rescatado a su tío y estaba internado en el Hospital Rural. Margarita viajó y entró a la pieza de madrugada. Yancamil dormía. Vio a un anciano muy deteriorado, flaquísimo, quemado con cigarrillos.

La mujer temió una venganza esa misma noche de Marta y Juan. Ya no tenían a su “chico de los mandados”, describió. A su perrito faldero. Enojados, ya lo habían reclamado en la Comisaría pero se dieron cuenta de que estaban expuestos.

Tras la internación se llevó a su tío a Truncado. Con el tiempo, Adolfo se fue desahogando: en Paso de Indios lo usaban de bolsa de boxeo, le aplastaban las orejas a trompadas, lo ahogaban con puñados de ají en la boca. Si no tomaba el vino que le daban era “un maricón”. Lo esperaban fuera de la sucursal del Banco Chubut para sacarle fresquita su jubilación.

Marta Caucamán y Juan Ovejero, los acusados.

Marta y Juan lo habían convencido de vender su casa y su auto. No vio un peso pero ellos compraron un TV y celulares.

Dando testimonio en el juicio por jurados en Trelew, Margarita pidió Justicia. “Esta gente no puede vivir en sociedad con personas vulnerables. Mi tío no tiene maldad y sufrió un castigo que no olvidará porque las marcas quedaron en su cuerpo. Que paguen lo que le quitaron”.

Hombre clave

Carlos Valero es el policía que recibió a Margarita Torres en la Comisaría la primera vez que viajó a Paso de Indios en busca de su tío Yancamil. La pista era la casa de Marta Caucamán, alias “La mestiza”. Valero lo encontró allí y se lo llevó a la Seccional para reunirlo con su sobrina.

Ante el jurado declaró que ella notó a su pariente sumiso, asustado. Al propio Valero le llamó la atención que no quisiera ayuda de su sobrina. “Algo ocultaba”, graficó. Pero como Adolfo negó el maltrato y quería quedarse con Marta con techo y comida, el policía no pudo ir contra la voluntad de Yancamil.

El 30 de agosto de 2023 fue clave: Valero vio a un hombre encapuchado y rengo. Se acercó. Era Yancamil. Tenía barba crecida, un labio partido, la nariz desviada, la ropa sucia y vieja. Iba apurado a comprar carne. Le preguntó por el labio. “Si le cuento no puedo volver a la casa porque me matan”. Alarmado, el policía lo convenció de que confiara.

Carlos Valero, el policía que rescató a Yancamil.

Sentados en la Comisaría, el abuelo describió que Marta se emborrachaba y lo pateaba y encerraba. Se sacó la capucha y tenía la herida de un palazo de escoba. Había pensado escapar pero ¿dónde ir? “Me dijeron que si acudía a la Policía me iban a degollar”.

Débil y mareado, Adolfo devoraba un churrasco y confesaba.

En eso estaban cuando Marta llegó a la Seccional para avisar que se le había perdido “su viejito” y estaba inquieta porque él no veía bien de noche. Valero le respondió que Yancamil estaba bien, haciendo la denuncia y no volvería con ella. “Milicos hijos de puta, los voy a denunciar, esto no queda así”, se enfureció Caucamán mientras grababa con su celular.

La víctima miró la discusión desde la puerta de la oficina, lagrimeando asustado como un nene. Valero lo tranquilizó y fueron al Hospital Rural.

Xenofobia

El venezolano Jefferson Márquez fue el director del Hospital de Paso de Indios que recibió a Yancamil. Ante el jurado confirmó aquel primer diagnóstico que obligó a internarlo dos días: golpes en todo el cuerpo, deshidratación, 40 kilos cuando debía pesar 55, la herida de un palazo en la cabeza, quemaduras.

Imagen de archivo del médico Jefferson Márquez.

El médico conocía a Marta porque había sido su paciente. La describió como una mujer muy demandante y siempre a la defensiva, agresiva con él y con el personal. Y una frase xenófoba que no olvidó: “Veneco muerto de hambre, ándate a tu país”.

Con este antecedente, Márquez reclamó custodia policial para garantizar la atención del abuelo. Cuando mejoró, Yancamil viajó a Pico Truncado con Margarita.

El juicio seguirá este miércoles 22 a las 8.30 en el salón de la Asociación de Magistrados y Funcionarios de Trelew.