“Eso para mí fue un, qué sé yo, como un abandono. Una falta de respeto, hermano. Una falta de respeto a un veterano”, dijo el excombatiente Isabelino Aguilera que vive en Las Plumas. Todo estaba listo para dar inicio a la ceremonia por los 44 años de la Gesta de Malvinas y una colaboradora del intendente Sergio Bowman le informó que el acto “se suspendía” por falta de locutor. El pueblo, los vecinos, las personas que sienten esta fecha en su memoria, igual llevaron a cabo un homenaje; sin apoyo oficial pero de corazón.
Las declaraciones, las realizó en el programa “Qué hicimos en y por Malvinas” que se emite por Jornada Radio y que conduce el excombatiente Gabriel Salomón.
Las Plumas es un pequeño pueblo donde la memoria parece sostenerse más por voluntad que por estructura, Isabelino Aguilera lleva más de 26 años organizando el acto por el 2 de abril. Lo hace casi en soledad, impulsado por una convicción profunda: honrar a sus compañeros caídos en la guerra y mantener viva la historia para las nuevas generaciones.

Nunca pidió nada. Así lo repite con la tranquilidad de quien sabe que su compromiso no depende de gestiones ni de apoyos circunstanciales. Durante años, la conmemoración nació en su propia casa, en un galpón donde realizaba vigilias junto a vecinos que se acercaban de manera espontánea. Con el tiempo, ese gesto íntimo se transformó en una tradición que creció y sumó cada vez más participación.
Sin embargo, este año fue distinto. Todo estaba organizado, pero un día antes del acto recibió la noticia: desde la comuna habían decidido suspender cualquier tipo de acompañamiento. La explicación fue tan simple como desconcertante: no contaban con un locutor. La respuesta, para Aguilera, resultó insuficiente. Más aún en un contexto donde, según señala, cualquier docente podría haber cumplido ese rol sin mayores dificultades.
La ausencia institucional fue total. No asistieron autoridades. En un pueblo que cuenta con un solo veterano de guerra, la falta de presencia oficial se sintió como un gesto de abandono. “Ni siquiera una bandera en un vidrio”, recuerda, marcando la dimensión simbólica de lo ocurrido.
A pesar de eso, la comunidad respondió. La vigilia del 2 de abril reunió a una gran cantidad de vecinos que se acercaron desde temprano y permanecieron hasta la noche. Hubo emoción, recuerdos compartidos y una necesidad colectiva de estar presentes. Al día siguiente, el acto se realizó igual: se entonaron marchas, se organizó una caravana por el pueblo y la participación fue masiva. “Calculo que vino medio pueblo”, cuenta con orgullo.
El contraste entre el acompañamiento popular y la ausencia oficial deja una marca. Aguilera no oculta su dolor, aunque evita profundizar en el conflicto. Prefiere enfocarse en el reconocimiento de la gente, en los saludos cotidianos y en el respeto que siente por parte de sus vecinos.
Habla con sencillez, pero con firmeza. Para él, recordar no es una opción: es una responsabilidad. No solo por quienes no volvieron, sino también por quienes siguen necesitando espacios donde su historia sea escuchada.
De cara al futuro, ya piensa en el próximo 2 de abril. La idea es clara: volver a organizar el acto, con o sin apoyo institucional, junto a otros veteranos y el pueblo. Porque si algo quedó demostrado este año es que la memoria, cuando es colectiva, no se suspende. “Si el intendente aparece, le vamos a pedir que se vaya, así como este año; que no estuvo”.

“Eso para mí fue un, qué sé yo, como un abandono. Una falta de respeto, hermano. Una falta de respeto a un veterano”, dijo el excombatiente Isabelino Aguilera que vive en Las Plumas. Todo estaba listo para dar inicio a la ceremonia por los 44 años de la Gesta de Malvinas y una colaboradora del intendente Sergio Bowman le informó que el acto “se suspendía” por falta de locutor. El pueblo, los vecinos, las personas que sienten esta fecha en su memoria, igual llevaron a cabo un homenaje; sin apoyo oficial pero de corazón.
Las declaraciones, las realizó en el programa “Qué hicimos en y por Malvinas” que se emite por Jornada Radio y que conduce el excombatiente Gabriel Salomón.
Las Plumas es un pequeño pueblo donde la memoria parece sostenerse más por voluntad que por estructura, Isabelino Aguilera lleva más de 26 años organizando el acto por el 2 de abril. Lo hace casi en soledad, impulsado por una convicción profunda: honrar a sus compañeros caídos en la guerra y mantener viva la historia para las nuevas generaciones.

Nunca pidió nada. Así lo repite con la tranquilidad de quien sabe que su compromiso no depende de gestiones ni de apoyos circunstanciales. Durante años, la conmemoración nació en su propia casa, en un galpón donde realizaba vigilias junto a vecinos que se acercaban de manera espontánea. Con el tiempo, ese gesto íntimo se transformó en una tradición que creció y sumó cada vez más participación.
Sin embargo, este año fue distinto. Todo estaba organizado, pero un día antes del acto recibió la noticia: desde la comuna habían decidido suspender cualquier tipo de acompañamiento. La explicación fue tan simple como desconcertante: no contaban con un locutor. La respuesta, para Aguilera, resultó insuficiente. Más aún en un contexto donde, según señala, cualquier docente podría haber cumplido ese rol sin mayores dificultades.
La ausencia institucional fue total. No asistieron autoridades. En un pueblo que cuenta con un solo veterano de guerra, la falta de presencia oficial se sintió como un gesto de abandono. “Ni siquiera una bandera en un vidrio”, recuerda, marcando la dimensión simbólica de lo ocurrido.
A pesar de eso, la comunidad respondió. La vigilia del 2 de abril reunió a una gran cantidad de vecinos que se acercaron desde temprano y permanecieron hasta la noche. Hubo emoción, recuerdos compartidos y una necesidad colectiva de estar presentes. Al día siguiente, el acto se realizó igual: se entonaron marchas, se organizó una caravana por el pueblo y la participación fue masiva. “Calculo que vino medio pueblo”, cuenta con orgullo.
El contraste entre el acompañamiento popular y la ausencia oficial deja una marca. Aguilera no oculta su dolor, aunque evita profundizar en el conflicto. Prefiere enfocarse en el reconocimiento de la gente, en los saludos cotidianos y en el respeto que siente por parte de sus vecinos.
Habla con sencillez, pero con firmeza. Para él, recordar no es una opción: es una responsabilidad. No solo por quienes no volvieron, sino también por quienes siguen necesitando espacios donde su historia sea escuchada.
De cara al futuro, ya piensa en el próximo 2 de abril. La idea es clara: volver a organizar el acto, con o sin apoyo institucional, junto a otros veteranos y el pueblo. Porque si algo quedó demostrado este año es que la memoria, cuando es colectiva, no se suspende. “Si el intendente aparece, le vamos a pedir que se vaya, así como este año; que no estuvo”.