Por Francisco Caputo / Redacción Jornada
En el aeropuerto de Trelew no aterrizó solamente una boxeadora. Aterrizó la Argentina envuelta en guantes, con la celeste y blanca hecha piel. Soledad Matthysse volvió de Estados Unidos con su cuarto título mundial y la sensación de que cada golpe suyo también fue un latido argentino.
"Contenta por el resultado y el gran trabajo que hicimos con el equipo. Lo pudimos terminar de la mejor manera”, dijo al cruzar la puerta de arribos en el Aeropuerto Almirante Zar, con la emoción a flor de piel.

No es para menos.Derrotó con contundencia a Samantha Worthington, de visitante y por nocaut, dando cátedra de boxeo y de patriotismo para lograr el título interino superligero de la AMB. Porque la Patria esel barrio, la familia,los amigos, la Bandera, el Himno y el esfuerzo cotidiano por progresar en comunidad.
En cada gesto hay pertenencia. Porque cuando le preguntan qué se siente defender la celeste y blanca, no duda: “Mucho orgullo. Yo me preparo para esto, y más para representar tu lugar donde sos, de la provincia, de Argentina y del mundo. Es un orgullo muy grande para mí”.
¿Se siente bien dejar el Himno y la Bandera bien alto? “Sí, la verdad que sí. Sé que hice historia en esta familia, así que lo voy a llevar muy profundo dentro de mi corazón”, narró con felicidad total.

La recepción
La escena familiar es íntima y multitudinaria al mismo tiempo en el Aeropuerto. Fue recibida en Trelew por sus afectos. Entre ellos, estaba su hermano Lucas Matthysse, otro que sabe lo que es ser campeón del mundo.
“Estoy feliz. era un desafío personal que tenía yo esa pelea. Eran dos categorías más de la actual mía. Era un desafío terrible, tanto para mí como para la familia. Nos hicimos con mucha fe, sabiendo de lo que habíamos avanzado y que se había demostrado”. Subir de categoría no es solo cambiar un número en la balanza: es desafiar límites físicos, mentales y emocionales. Y lo logró.
“Yo ya cumplí, cumplí de ser nuevamente campeona mundial. Tengo cuatro títulos mundiales, uno argentino, uno latino y falta todo el año todavía", describió.

La Patria
Trelew la abraza. Chubut la celebra. Argentina la reconoce. Y mientras la campeona se pierde entre aplausos y besos, alguien lanza una frase que suena a sentencia: “Si sos Matthysse o Narvaez, es muy difícil no ser campeón del mundo, ¿cierto?”. Y ella dice que sí.
No cualquiera subedos categorías y volver con el himno sonando alto. Soledad Matthysse no solo trae un cinturón más. Trae la confirmación de que, cuando ella pelea, representa muy bien al país donde nació y vive.

Por Francisco Caputo / Redacción Jornada
En el aeropuerto de Trelew no aterrizó solamente una boxeadora. Aterrizó la Argentina envuelta en guantes, con la celeste y blanca hecha piel. Soledad Matthysse volvió de Estados Unidos con su cuarto título mundial y la sensación de que cada golpe suyo también fue un latido argentino.
"Contenta por el resultado y el gran trabajo que hicimos con el equipo. Lo pudimos terminar de la mejor manera”, dijo al cruzar la puerta de arribos en el Aeropuerto Almirante Zar, con la emoción a flor de piel.

No es para menos.Derrotó con contundencia a Samantha Worthington, de visitante y por nocaut, dando cátedra de boxeo y de patriotismo para lograr el título interino superligero de la AMB. Porque la Patria esel barrio, la familia,los amigos, la Bandera, el Himno y el esfuerzo cotidiano por progresar en comunidad.
En cada gesto hay pertenencia. Porque cuando le preguntan qué se siente defender la celeste y blanca, no duda: “Mucho orgullo. Yo me preparo para esto, y más para representar tu lugar donde sos, de la provincia, de Argentina y del mundo. Es un orgullo muy grande para mí”.
¿Se siente bien dejar el Himno y la Bandera bien alto? “Sí, la verdad que sí. Sé que hice historia en esta familia, así que lo voy a llevar muy profundo dentro de mi corazón”, narró con felicidad total.

La recepción
La escena familiar es íntima y multitudinaria al mismo tiempo en el Aeropuerto. Fue recibida en Trelew por sus afectos. Entre ellos, estaba su hermano Lucas Matthysse, otro que sabe lo que es ser campeón del mundo.
“Estoy feliz. era un desafío personal que tenía yo esa pelea. Eran dos categorías más de la actual mía. Era un desafío terrible, tanto para mí como para la familia. Nos hicimos con mucha fe, sabiendo de lo que habíamos avanzado y que se había demostrado”. Subir de categoría no es solo cambiar un número en la balanza: es desafiar límites físicos, mentales y emocionales. Y lo logró.
“Yo ya cumplí, cumplí de ser nuevamente campeona mundial. Tengo cuatro títulos mundiales, uno argentino, uno latino y falta todo el año todavía", describió.

La Patria
Trelew la abraza. Chubut la celebra. Argentina la reconoce. Y mientras la campeona se pierde entre aplausos y besos, alguien lanza una frase que suena a sentencia: “Si sos Matthysse o Narvaez, es muy difícil no ser campeón del mundo, ¿cierto?”. Y ella dice que sí.
No cualquiera subedos categorías y volver con el himno sonando alto. Soledad Matthysse no solo trae un cinturón más. Trae la confirmación de que, cuando ella pelea, representa muy bien al país donde nació y vive.