Un mural que refleja “reactivación” del astillero

El lugar es sinónimo del trabajo tras décadas de desidia e inacción, sorprende una original intervención artística. Un gigantesco mural ya se observa desde distintos puntos de la ciudad, integrado al paisaje portuario.


21 SEP 2025 - 16:32 | Actualizado 21 SEP 2025 - 17:33

Por Ismael Tebes - Redacción Jornada

Donde el hierro y el mar se encuentran desde hace décadas, una nueva propuesta de colores envuelve la estructura metálica. Son entre 2.400 y 3.000 metros cuadrados de mural que transformaron dos de sus caras principales de la estructura. Detrás de ese trabajo está Juan Francisco Mondello, un artista plástico y muralista que hace de los grandes formatos su manera de dialogar con la comunidad.

La empresa concesionaria aportó el diseño, desde una paleta innovadora con colores que, fuera de cualquier otra conjetura, confluyen con la naturaleza comodorense genuina. “Mi aporte estuvo en transformar un diseño en una obra real, sólida y bien ejecutada en un espacio tan complejo”, explicó Mondello quien dirigió al equipo, resolvió la logística y aplicó materiales resistentes al clima marino para generar el impacto visual deseado.

“Fue pensada para darle identidad al espacio y relacionarlo con ésta nueva etapa. Al trasladarse los colores a un mural de tanta envergadura no quedan para nada aislados. Dialogan con el mar, el cielo y la propia estructura de lo que es la parte industrial del puerto. Esto hace que la obra se perciba como parte del entorno y no como algo impuesto desde afuera”, describe Mondello, con el entusiasmo de quien sabe que el arte público también se mide en pertenencia.

El proyecto implicó cubrir miles de metros de chapa galvanizada industrial con pintura hidro esmalte al agua. “Preferimos utilizar pintura que no sea tan abrasiva al espacio, ni tóxica, considerando la magnitud del trabajo y el entorno natural. Aplicamos todo con el sistema Airless, que nos permitió cubrir superficies grandes de manera uniforme y con resistencia a las condiciones climáticas del puerto”, explica. En cada decisión técnica, Mondello buscó que el arte no fuera agresivo con el ambiente.

Fueron cuatro muralistas en total: dos de Buenos Aires aunque con una integración local que no fue casual. “Era muy importante que participara gente de acá, porque la intención siempre fue integrar a la comunidad. Yo estuve a cargo de la dirección artística y Juan Gálvez como Matías Díaz –comodorense- pintaron a la par. Fue un trabajo colectivo que hoy se ve terminado con la idea de que sea parte de la puesta en valor del Astillero, acompañando ésta reactivación del lugar”, relata.

Mondello se define como “artista plástico y muralista, realizador de distintas obras de gran formato, tanto personales como colectivos”. Ha pintado en distintos puntos del país con una convicción que repite como mantra: el arte público no solo decora, sino que vincula. “La intención no fue solo pintar algo “lindo” desde lo subjetivo, sino establecer un vínculo. Lo que caracteriza a los muralistas es transmitir y dejar huella en la comunidad”, sostiene.

“El objetivo fue generar un impacto visual que acompañe la reapertura del astillero y que funcione como un símbolo de éste momento. El mural busca ser una marca de identidad, algo que la gente vea y asocie con el resurgimiento del espacio. Al mismo tiempo, los colores y la escala hacen que no pase desapercibido: es un punto de referencia en el puerto y, de alguna manera, una puerta de entrada”.

El mural ya está terminado, pero su efecto recién comienza. No es solo un aporte estético: es parte de la puesta en valor del astillero y un símbolo de reactivación. Entre los ruidos de las máquinas y el viento que atraviesa los galpones, la obra parece encajar a la perfección; estableciendo un puente entre la industria y la comunidad, entre el acero y el color, entre la historia y la esperanza por lo que viene.


21 SEP 2025 - 16:32

Por Ismael Tebes - Redacción Jornada

Donde el hierro y el mar se encuentran desde hace décadas, una nueva propuesta de colores envuelve la estructura metálica. Son entre 2.400 y 3.000 metros cuadrados de mural que transformaron dos de sus caras principales de la estructura. Detrás de ese trabajo está Juan Francisco Mondello, un artista plástico y muralista que hace de los grandes formatos su manera de dialogar con la comunidad.

La empresa concesionaria aportó el diseño, desde una paleta innovadora con colores que, fuera de cualquier otra conjetura, confluyen con la naturaleza comodorense genuina. “Mi aporte estuvo en transformar un diseño en una obra real, sólida y bien ejecutada en un espacio tan complejo”, explicó Mondello quien dirigió al equipo, resolvió la logística y aplicó materiales resistentes al clima marino para generar el impacto visual deseado.

“Fue pensada para darle identidad al espacio y relacionarlo con ésta nueva etapa. Al trasladarse los colores a un mural de tanta envergadura no quedan para nada aislados. Dialogan con el mar, el cielo y la propia estructura de lo que es la parte industrial del puerto. Esto hace que la obra se perciba como parte del entorno y no como algo impuesto desde afuera”, describe Mondello, con el entusiasmo de quien sabe que el arte público también se mide en pertenencia.

El proyecto implicó cubrir miles de metros de chapa galvanizada industrial con pintura hidro esmalte al agua. “Preferimos utilizar pintura que no sea tan abrasiva al espacio, ni tóxica, considerando la magnitud del trabajo y el entorno natural. Aplicamos todo con el sistema Airless, que nos permitió cubrir superficies grandes de manera uniforme y con resistencia a las condiciones climáticas del puerto”, explica. En cada decisión técnica, Mondello buscó que el arte no fuera agresivo con el ambiente.

Fueron cuatro muralistas en total: dos de Buenos Aires aunque con una integración local que no fue casual. “Era muy importante que participara gente de acá, porque la intención siempre fue integrar a la comunidad. Yo estuve a cargo de la dirección artística y Juan Gálvez como Matías Díaz –comodorense- pintaron a la par. Fue un trabajo colectivo que hoy se ve terminado con la idea de que sea parte de la puesta en valor del Astillero, acompañando ésta reactivación del lugar”, relata.

Mondello se define como “artista plástico y muralista, realizador de distintas obras de gran formato, tanto personales como colectivos”. Ha pintado en distintos puntos del país con una convicción que repite como mantra: el arte público no solo decora, sino que vincula. “La intención no fue solo pintar algo “lindo” desde lo subjetivo, sino establecer un vínculo. Lo que caracteriza a los muralistas es transmitir y dejar huella en la comunidad”, sostiene.

“El objetivo fue generar un impacto visual que acompañe la reapertura del astillero y que funcione como un símbolo de éste momento. El mural busca ser una marca de identidad, algo que la gente vea y asocie con el resurgimiento del espacio. Al mismo tiempo, los colores y la escala hacen que no pase desapercibido: es un punto de referencia en el puerto y, de alguna manera, una puerta de entrada”.

El mural ya está terminado, pero su efecto recién comienza. No es solo un aporte estético: es parte de la puesta en valor del astillero y un símbolo de reactivación. Entre los ruidos de las máquinas y el viento que atraviesa los galpones, la obra parece encajar a la perfección; estableciendo un puente entre la industria y la comunidad, entre el acero y el color, entre la historia y la esperanza por lo que viene.