Uno, dos, tres… cuatro. Desde esta semana son cinco los botes hallados en costas de la provincia de Chubut y que, por sus diseños y características coincidentes con registros históricos, habrían oficiado como alternativas de apoyo o emergencia en embarcaciones de la flota alemana que participó de la Segunda Guerra Mundial.
Utilizados en algún momento de estas últimas décadas y descartados en estos tiempos más recientes se convirtieron en chatarra cargada de historia, según describe a LA NACION el especialista e investigador Abel Basti, que viene siguiendo y sumando rastros del paso por el país de las fuerzas alemanas que combatieron cuando estaban bajo el comando general de Adolf Hitler.
En la actualidad está tirado sobre la playa. “Los cinco cascos son idénticos, con quilla plana y listones que hacían mucho más sencillo su arrastre y desplazamiento en tierra”, explica Basti a LA NACION, luego de haber estado en la zona y tomar contacto con estas piezas que, según advierte, viajaban en el interior de submarinos.
La presencia en la costa argentina de estas grandes naves que operaban en las profundidades y tenían un valor estratégico vital en aquellos terribles combates de fines de la primera mitad del siglo pasado se han convertido para él en una obsesión personal.
Estos pequeños botes tienen un largo de poco más de cuatro metros y exhiben otra particularidad: son encastrables uno con otro, con lo que se podía dar forma a una embarcación del doble de porte. “Iban dos por embarcación, así que deberíamos tener en zona restos de por lo menos tres submarinos”, especuló Basti.
Según explica el experto en estos temas, estas embarcaciones que viajaban dentro de los submarinos eran utilizadas no tanto para desembarco de personas, pero sí para el transporte de cargas, ya sea como descarga en tierra como para aprovisionamiento desde la costa. La sospecha latente es que habrían sido, según testimonios recogidos en algunas de sus investigaciones, fundamentales para abastecer de combustible en tanques que la flota nazi habría conseguido por aquellos días en estos extremos de la Patagonia.
Más de 80 años habrían transcurrido desde que, siempre sobre la hipótesis de este investigador, esos botes quedaron en las costas patagónicas, casi en desierto por aquellas épocas. Basti considera que las poblaciones de pescadores artesanales que se empezaron a consolidar en esa región han hecho uso de estas pequeñas barcazas.
“Hice las correspondientes denuncias de hallazgo”, explicó el especialista. Se trata de cascos que en su mayoría están dañados, castigados por el paso del tiempo y sobre todo por la corrosión marina. Están construidos en una aleación metálica se buscará analizar mediante una muestra sobre uno de sus restos.
Sobre la base que toma contacto con el mar se advierte, como se mencionó, los encastres para listones de madera que ya no están. Son los que además de contribuir a mantener a flote la embarcación servían para aliviar la carga y facilitar el desplazamiento sobre la superficie firme de tierra, tanto arena como piedra, según el lugar.
No se descarta que pueda haber algunos más por las inmediaciones. De estas novedades ya está en conocimiento el gobierno de Chubut, en particular a su área de Cultura, que entre sus competencias podría declarar estas piezas históricas como patrimonio cultural de la provincia. Basti hizo presentación inicial del caso ante Parques Nacionales, con jurisdicción en la zona. Se derivó a la oficina de Áreas Protegidas y desde allí se dio intervención a la provincia, desde donde —según pudo confirmar LA NACION— ya se están moviendo por los puntos donde se encuentran estos cinco botes.
Basti, que ha profundizado sobre este hito de la historia, asegura que más de una decena de submarinos navegó frente a costas argentinas durante algún momento de la Segunda Guerra Mundial. Asegura que se desplegaron entre Buenos Aires y el estratégico Estrecho de Magallanes, atentos a los movimientos de una flota británica que operaba en cercanías de Islas Malvinas.
En ese extremo sur habrían interactuado con tierra a la altura de Camarones, un pequeño puerto pesquero. “Puede ser común encontrar estos botes en una costa europea, pero es muy llamativo que aparezcan en la Patagonia”, remarcó.
Mientras tanto espera por confirmaciones sobre la evidencia que logró frente a las costas de Quequén. Allí se constató la presencia de un pecio de unos 80 metros de largo, coincidente con el tamaño y diseño de los submarinos alemanes de la Segunda Guerra Mundial.
Hay registros de algunas piezas que ratificarían esa hipótesis. A distancia, expertos en la búsqueda y rescate subacuático de restos de embarcaciones de aquellas batallas dan casi por seguro que lo que hay allí es un U Boot. Basti ha denunciado falta de respaldo y acompañamiento oficial en terminar de determinar de qué se trata esa pieza.
Recordó a LA NACION que el gobierno nacional acaba de anunciar que desclasificará información vinculada a la Segunda Guerra Mundial. “Espero que me ayuden a confirmarme qué hay ahí, qué es y a quién pertenecía esa embarcación de 80 metros”, apuntó.
(Por Darío Palavecino)
Uno, dos, tres… cuatro. Desde esta semana son cinco los botes hallados en costas de la provincia de Chubut y que, por sus diseños y características coincidentes con registros históricos, habrían oficiado como alternativas de apoyo o emergencia en embarcaciones de la flota alemana que participó de la Segunda Guerra Mundial.
Utilizados en algún momento de estas últimas décadas y descartados en estos tiempos más recientes se convirtieron en chatarra cargada de historia, según describe a LA NACION el especialista e investigador Abel Basti, que viene siguiendo y sumando rastros del paso por el país de las fuerzas alemanas que combatieron cuando estaban bajo el comando general de Adolf Hitler.
En la actualidad está tirado sobre la playa. “Los cinco cascos son idénticos, con quilla plana y listones que hacían mucho más sencillo su arrastre y desplazamiento en tierra”, explica Basti a LA NACION, luego de haber estado en la zona y tomar contacto con estas piezas que, según advierte, viajaban en el interior de submarinos.
La presencia en la costa argentina de estas grandes naves que operaban en las profundidades y tenían un valor estratégico vital en aquellos terribles combates de fines de la primera mitad del siglo pasado se han convertido para él en una obsesión personal.
Estos pequeños botes tienen un largo de poco más de cuatro metros y exhiben otra particularidad: son encastrables uno con otro, con lo que se podía dar forma a una embarcación del doble de porte. “Iban dos por embarcación, así que deberíamos tener en zona restos de por lo menos tres submarinos”, especuló Basti.
Según explica el experto en estos temas, estas embarcaciones que viajaban dentro de los submarinos eran utilizadas no tanto para desembarco de personas, pero sí para el transporte de cargas, ya sea como descarga en tierra como para aprovisionamiento desde la costa. La sospecha latente es que habrían sido, según testimonios recogidos en algunas de sus investigaciones, fundamentales para abastecer de combustible en tanques que la flota nazi habría conseguido por aquellos días en estos extremos de la Patagonia.
Más de 80 años habrían transcurrido desde que, siempre sobre la hipótesis de este investigador, esos botes quedaron en las costas patagónicas, casi en desierto por aquellas épocas. Basti considera que las poblaciones de pescadores artesanales que se empezaron a consolidar en esa región han hecho uso de estas pequeñas barcazas.
“Hice las correspondientes denuncias de hallazgo”, explicó el especialista. Se trata de cascos que en su mayoría están dañados, castigados por el paso del tiempo y sobre todo por la corrosión marina. Están construidos en una aleación metálica se buscará analizar mediante una muestra sobre uno de sus restos.
Sobre la base que toma contacto con el mar se advierte, como se mencionó, los encastres para listones de madera que ya no están. Son los que además de contribuir a mantener a flote la embarcación servían para aliviar la carga y facilitar el desplazamiento sobre la superficie firme de tierra, tanto arena como piedra, según el lugar.
No se descarta que pueda haber algunos más por las inmediaciones. De estas novedades ya está en conocimiento el gobierno de Chubut, en particular a su área de Cultura, que entre sus competencias podría declarar estas piezas históricas como patrimonio cultural de la provincia. Basti hizo presentación inicial del caso ante Parques Nacionales, con jurisdicción en la zona. Se derivó a la oficina de Áreas Protegidas y desde allí se dio intervención a la provincia, desde donde —según pudo confirmar LA NACION— ya se están moviendo por los puntos donde se encuentran estos cinco botes.
Basti, que ha profundizado sobre este hito de la historia, asegura que más de una decena de submarinos navegó frente a costas argentinas durante algún momento de la Segunda Guerra Mundial. Asegura que se desplegaron entre Buenos Aires y el estratégico Estrecho de Magallanes, atentos a los movimientos de una flota británica que operaba en cercanías de Islas Malvinas.
En ese extremo sur habrían interactuado con tierra a la altura de Camarones, un pequeño puerto pesquero. “Puede ser común encontrar estos botes en una costa europea, pero es muy llamativo que aparezcan en la Patagonia”, remarcó.
Mientras tanto espera por confirmaciones sobre la evidencia que logró frente a las costas de Quequén. Allí se constató la presencia de un pecio de unos 80 metros de largo, coincidente con el tamaño y diseño de los submarinos alemanes de la Segunda Guerra Mundial.
Hay registros de algunas piezas que ratificarían esa hipótesis. A distancia, expertos en la búsqueda y rescate subacuático de restos de embarcaciones de aquellas batallas dan casi por seguro que lo que hay allí es un U Boot. Basti ha denunciado falta de respaldo y acompañamiento oficial en terminar de determinar de qué se trata esa pieza.
Recordó a LA NACION que el gobierno nacional acaba de anunciar que desclasificará información vinculada a la Segunda Guerra Mundial. “Espero que me ayuden a confirmarme qué hay ahí, qué es y a quién pertenecía esa embarcación de 80 metros”, apuntó.
(Por Darío Palavecino)