Balbucean las boquitas pintadas del diario y las despintadas, también. Quieren estar soñando con otra realidad. El Galenso se muere, se está muriendo…y en sus ojos claros y oscuros se escapan lágrimas como gotas de rocío. Ayer se nos fue. Como rápido y voraz que era. Antes de tiempo. Como si necesitara quemarse las alas a mitad del vuelo, apurando el final, de manera prematura. Nos dejó El Galenso. Carlitos Hughes. Editor adjunto de este diario, el decano de la prensa patagónica que abre nuevos caminos con sus nuevas plataformas y a las que él apuntalaba constantemente. Se fue, el maestro para muchos. El de la fina pluma. Se fue el amigo, el compañero de tantos años en la redacción. De aquí y de allá. El bostero rabioso, aunque con su clásica ironía lo disimulaba un poco.
Su muerte, absurda, desnudó nuestros sentimientos como aquella primera vez en su tosca desnudez original, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción de terremoto
La fría crónica nos relata que producto de severas heridas sufridas luego de ser embestido por un automóvil mientras corría en la zona sur de Trelew, fallecía.
Hoy, habrán pasado menos de 24 horas de su partida y, todavía, la sola mención de su nombre consigue dibujar una sonrisa en los rostros que lo conocimos, admiramos y amamos y de henchir de orgullo nuestros corazones y modular las voces del entusiasmo.
Ayer, comprobamos lo doloroso de aquello de informar la noticia que no queremos informar. Y anduvimos tan sólo con una mecánica sonrisa que se desgastaba a medida que pasaban las horas. Hoy, sentimos más su muerte que nuestras vidas. Y un resquemor y amargura como pocas veces experimentamos, aunque intentaremos aplacarlo. Cuesta, tanto, que duele.
Con su magia, el Galenso se metió en nuestras memorias y con su partida nos provocó una tristeza que es imposible dividirla. Una y otra vez, como una letanía, regresamos a los recuerdos. De él. Con él. De su figura encorvada, de sus ojos saltones y de su sonrisa plena. ¡Qué pena!. Debimos haberle dicho que lo queríamos. Mucho.

Balbucean las boquitas pintadas del diario y las despintadas, también. Quieren estar soñando con otra realidad. El Galenso se muere, se está muriendo…y en sus ojos claros y oscuros se escapan lágrimas como gotas de rocío. Ayer se nos fue. Como rápido y voraz que era. Antes de tiempo. Como si necesitara quemarse las alas a mitad del vuelo, apurando el final, de manera prematura. Nos dejó El Galenso. Carlitos Hughes. Editor adjunto de este diario, el decano de la prensa patagónica que abre nuevos caminos con sus nuevas plataformas y a las que él apuntalaba constantemente. Se fue, el maestro para muchos. El de la fina pluma. Se fue el amigo, el compañero de tantos años en la redacción. De aquí y de allá. El bostero rabioso, aunque con su clásica ironía lo disimulaba un poco.
Su muerte, absurda, desnudó nuestros sentimientos como aquella primera vez en su tosca desnudez original, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en la conmoción de terremoto
La fría crónica nos relata que producto de severas heridas sufridas luego de ser embestido por un automóvil mientras corría en la zona sur de Trelew, fallecía.
Hoy, habrán pasado menos de 24 horas de su partida y, todavía, la sola mención de su nombre consigue dibujar una sonrisa en los rostros que lo conocimos, admiramos y amamos y de henchir de orgullo nuestros corazones y modular las voces del entusiasmo.
Ayer, comprobamos lo doloroso de aquello de informar la noticia que no queremos informar. Y anduvimos tan sólo con una mecánica sonrisa que se desgastaba a medida que pasaban las horas. Hoy, sentimos más su muerte que nuestras vidas. Y un resquemor y amargura como pocas veces experimentamos, aunque intentaremos aplacarlo. Cuesta, tanto, que duele.
Con su magia, el Galenso se metió en nuestras memorias y con su partida nos provocó una tristeza que es imposible dividirla. Una y otra vez, como una letanía, regresamos a los recuerdos. De él. Con él. De su figura encorvada, de sus ojos saltones y de su sonrisa plena. ¡Qué pena!. Debimos haberle dicho que lo queríamos. Mucho.