Encontraron basura dentro del cuerpo de una ballena franca

Un informe del Programa de Monitoreo de Ballena Franca Austral asegura que un ejemplar juvenil muerto en 2014 cerca de Puerto Madryn tenía restos de residuos en su tracto digestivo. Los investigadores aseguran que hallaron materiales sintéticos, hilos de nylon y etiquetas de botellas.

Elementos que se encontraron dentro del tracto digestivo de la ballena.
Elementos que se encontraron dentro del tracto digestivo de la ballena.
05 SEP 2015 - 22:31 | Actualizado

Un informe difundido por el Instituto de Conservación de Ballenas asegura que entre los múltiples estudios realizados sobre ballenas varadas en distintos puntos de la costa patagónica, algunos han arrojado como resultado la presencia de basura en los órganos de estos cetáceos.

El dato surge del Programa de Monitoreo Sanitario de la Ballena Franca Austral (PMSBFA), que desde el 2003 evalúa el estado de salud de las ballenas de Península Valdés mediante el estudio de los animales que mueren en las costas. Para ello veterinarios y biólogos realizan un examen detallado de cada ballena que muere, incluyendo toma de datos generales como medidas del cuerpo, la colecta de muestras de tejidos y órganos para distintos análisis, y la búsqueda minuciosa de evidencias de causas de muerte, pero además se lleva un registro del exterior e interior de los animales como evidencias de objetos o actividades humanas como cortes de hélices, marcas de redes o líneas de pesca, etc.

En ese contexto, y según la publicación “el hallazgo en el 2014 de un juvenil macho con presencia de basura en su tracto digestivo es un llamado de atención acerca del impacto que producen las actividades humanas sobre la fauna y el medio ambiente”.

Entre 2003 y 2014 se han documentado 695 ballenas muertas, la mayoría sin muestras claras de la causa del deceso, pero el informe indica que “en varios casos se hallaron evidencias de elementos que podrían haber contribuido a la muerte de los ejemplares”. Así, por ejemplo, un juvenil macho -de 11 metros de largo y 1 año de edad aproximadamente- que murió en 2014 en las inmediaciones de la ciudad de Puerto Madryn, tenía basura en su tracto digestivo. El material encontrado incluía materiales sintéticos, hilos de nylon, envolturas o etiquetas de botellas y otros elementos no identificados.

Según indicó el médico veterinario Matías Di Martino, coordinador de campo del PMSBFA, comentó que “si bien por su tamaño y cantidad estos elementos no habrían causado la muerte de esta ballena de manera directa, su hallazgo nos alerta sobre el deterioro del mar y el impacto que producen las diferentes actividades de las personas sobre la fauna. Es la primera vez que se documenta la presencia de basura en el tracto digestivo de una ballena de Península Valdés.”

Una alimentación particular

El modo de alimentación de las ballenas las hace particularmente vulnerables a la ingesta de basura. Las ballenas francas presentan barbas en lugar de dientes por lo que filtran su alimento, como un colador. “Barren” el agua con la boca abierta para que pase a través de las barbas, en donde queda atrapado el alimento que luego será ingerido con ayuda de la lengua.

Durante los meses de verano –en medio de su migración- se alimentan de grandes cantidades de krill que encuentran en aguas subantárticas, y en el invierno se alimentan esporádicamente de otros organismos de menor valor calórico, como los copépodos, que encuentran en las aguas de Península Valdés. De esta manera, al alimentarse en aguas costeras, cercanas a puertos y zonas urbanas, se encuentran más expuestas a ingerir residuos y materiales ajenos a su dieta.

El informe indica que existen registros de otras partes del mundo donde también se ha detectado ingesta de basura por ballenas barbadas y cachalotes: en todos los casos el residuo más frecuente es el plástico. Al no ser digerible el plástico puede acumularse en los intestinos y bloquearlos, poniendo en riesgo la vida del animal.

A modo de ejemplo se cita que “en marzo de 2012 varó muerto un cachalote que contenía 8.1kg de material plástico en su estómago. Se determinó que la causa de su muerte fue la ruptura del estómago provocada por los residuos y un avanzado estado de desnutrición producto de esta obstrucción”.

Peligros potenciales

El texto señala que “la salud del ambiente marino se encuentra gravemente afectada por toda clase de actividades humanas” y señala como los principales problemas y potenciales peligros “las artes de pesca “fantasma” que quedan a la deriva y atrapan y ahogan todo tipo de especies, la acumulación de compuestos químicos tóxicos, los derrames de petróleo, la sobrepesca y hasta la aparentemente inocua basura urbana”.

También se indica que los hábitos migratorios de las ballenas las convierten en testigos de los problemas ambientales que enfrenta el ecosistema marino a gran escala, y por esto son indicadores claves de la salud de nuestros mares.

El ICB sostiene en el artículo difundido hace pocas horas que “el monitoreo de la salud de las ballenas suministra información de enorme valor sobre las amenazas que enfrentan y las necesidades de conservación de sus hábitats” y agrega que “este conocimiento científico, generado a través del examen forense de ballenas muertas, puede ser traducido en planes de conservación que permitan implementar estrategias locales y regionales que procuren un hábitat saludable y una mejor convivencia de las especies que lo habitan”.

Elementos que se encontraron dentro del tracto digestivo de la ballena.
Elementos que se encontraron dentro del tracto digestivo de la ballena.
05 SEP 2015 - 22:31

Un informe difundido por el Instituto de Conservación de Ballenas asegura que entre los múltiples estudios realizados sobre ballenas varadas en distintos puntos de la costa patagónica, algunos han arrojado como resultado la presencia de basura en los órganos de estos cetáceos.

El dato surge del Programa de Monitoreo Sanitario de la Ballena Franca Austral (PMSBFA), que desde el 2003 evalúa el estado de salud de las ballenas de Península Valdés mediante el estudio de los animales que mueren en las costas. Para ello veterinarios y biólogos realizan un examen detallado de cada ballena que muere, incluyendo toma de datos generales como medidas del cuerpo, la colecta de muestras de tejidos y órganos para distintos análisis, y la búsqueda minuciosa de evidencias de causas de muerte, pero además se lleva un registro del exterior e interior de los animales como evidencias de objetos o actividades humanas como cortes de hélices, marcas de redes o líneas de pesca, etc.

En ese contexto, y según la publicación “el hallazgo en el 2014 de un juvenil macho con presencia de basura en su tracto digestivo es un llamado de atención acerca del impacto que producen las actividades humanas sobre la fauna y el medio ambiente”.

Entre 2003 y 2014 se han documentado 695 ballenas muertas, la mayoría sin muestras claras de la causa del deceso, pero el informe indica que “en varios casos se hallaron evidencias de elementos que podrían haber contribuido a la muerte de los ejemplares”. Así, por ejemplo, un juvenil macho -de 11 metros de largo y 1 año de edad aproximadamente- que murió en 2014 en las inmediaciones de la ciudad de Puerto Madryn, tenía basura en su tracto digestivo. El material encontrado incluía materiales sintéticos, hilos de nylon, envolturas o etiquetas de botellas y otros elementos no identificados.

Según indicó el médico veterinario Matías Di Martino, coordinador de campo del PMSBFA, comentó que “si bien por su tamaño y cantidad estos elementos no habrían causado la muerte de esta ballena de manera directa, su hallazgo nos alerta sobre el deterioro del mar y el impacto que producen las diferentes actividades de las personas sobre la fauna. Es la primera vez que se documenta la presencia de basura en el tracto digestivo de una ballena de Península Valdés.”

Una alimentación particular

El modo de alimentación de las ballenas las hace particularmente vulnerables a la ingesta de basura. Las ballenas francas presentan barbas en lugar de dientes por lo que filtran su alimento, como un colador. “Barren” el agua con la boca abierta para que pase a través de las barbas, en donde queda atrapado el alimento que luego será ingerido con ayuda de la lengua.

Durante los meses de verano –en medio de su migración- se alimentan de grandes cantidades de krill que encuentran en aguas subantárticas, y en el invierno se alimentan esporádicamente de otros organismos de menor valor calórico, como los copépodos, que encuentran en las aguas de Península Valdés. De esta manera, al alimentarse en aguas costeras, cercanas a puertos y zonas urbanas, se encuentran más expuestas a ingerir residuos y materiales ajenos a su dieta.

El informe indica que existen registros de otras partes del mundo donde también se ha detectado ingesta de basura por ballenas barbadas y cachalotes: en todos los casos el residuo más frecuente es el plástico. Al no ser digerible el plástico puede acumularse en los intestinos y bloquearlos, poniendo en riesgo la vida del animal.

A modo de ejemplo se cita que “en marzo de 2012 varó muerto un cachalote que contenía 8.1kg de material plástico en su estómago. Se determinó que la causa de su muerte fue la ruptura del estómago provocada por los residuos y un avanzado estado de desnutrición producto de esta obstrucción”.

Peligros potenciales

El texto señala que “la salud del ambiente marino se encuentra gravemente afectada por toda clase de actividades humanas” y señala como los principales problemas y potenciales peligros “las artes de pesca “fantasma” que quedan a la deriva y atrapan y ahogan todo tipo de especies, la acumulación de compuestos químicos tóxicos, los derrames de petróleo, la sobrepesca y hasta la aparentemente inocua basura urbana”.

También se indica que los hábitos migratorios de las ballenas las convierten en testigos de los problemas ambientales que enfrenta el ecosistema marino a gran escala, y por esto son indicadores claves de la salud de nuestros mares.

El ICB sostiene en el artículo difundido hace pocas horas que “el monitoreo de la salud de las ballenas suministra información de enorme valor sobre las amenazas que enfrentan y las necesidades de conservación de sus hábitats” y agrega que “este conocimiento científico, generado a través del examen forense de ballenas muertas, puede ser traducido en planes de conservación que permitan implementar estrategias locales y regionales que procuren un hábitat saludable y una mejor convivencia de las especies que lo habitan”.