Será que la canción llegó hasta el sol

Dos años de la muerte de Luis Alberto Spinetta, por Carlos Guajardo.

08 FEB 2014 - 22:50 | Actualizado

Tengo que aprender a volar, con tanta gente de a pie”. No habrá que urgar mucho en los sentidos para saber de quién es la frase, a quien pertenecen estas palabras eternas que desde hacer dos años castigan el alma de una generación que ya tenía el alma castigada. Luis Alberto Spinetta escribió sin saberlo ni pensarlo su propio epitafio cuando elucubró su “Canción para los días de la vida” y en cuyos versos siente la necesidad de irse tan lejos, para estar más cerca.

Spinetta murió el 8 de febrero de 2012 después de arrastrar por algún tiempo el dolor tremendo de saber que ya no había vuelta y que una enfermedad, corta y cruel lo transportaría a otro mundo al que ya le habrá escrito canciones.

Pero seguramente, en ese interminable repertorio de música y poesía el “Flaco” logró crear la tan maravillosa como enigmática “Muchacha ojos de papel”, pura poesía, pura música. Es maravillosa porque todavía cuando suena seguro que algún chico lejano a aquellos días de romanticismo, revoluciones y rebeldía, el menos le sigue el ritmo con sus labios.

¿Quién era aquella muchacha a la que Spineta le puso ojos de papel y corazón de tiza y convirtió tal vez en la canción más emblemática del rock argentino?. ¿Existía o era obra de la imaginación que un músico y poeta que como tantos otros quería cambiar el mundo?.

Se llama Cristina Bustamante y fue el primer gran amor en la vida del músico. “Mi primer gran amor. Ella vivía en el mismo edificio de Emilio y por eso la conocía de vista. A veces se juntaban los fines de semana a charlar en la puerta, pero sin pasar a ser más que conocidos. Pero una vez nos quedamos solos en la casa de Emilio, porque sus padres habían viajado, y entonces invitamos a las chicas a tomar algo, a bailar. Y ahí, por primera vez, me sentí enamorado. En realidad ya me había enamorado varias veces pero siempre habían sido amores imposibles de realizar por diferencia de edad, no sé, me enamoraba de las maestras, de las pibas más grandes, de mujeres comprometidas y después no pasaba nada, obviamente. Yo era un inepto absoluto en ese momento. Y bueno, todos esos pequeños amores desembocaron en un gran amor que fue el de esta muchacha ojos de papel, que fue un amor correspondido. Porque también ella me quiso mucho. Fue mi primer amor, mi primer gran amor, inolvidable amor. Y me inspiró una canción”.

Emilio es Emilio Del Guercio, quien junto a Roberto García, Edelmiro Molinari y el propio Spinetta formaron “Almendra”, el grupo que echó a rodar “Muchacha…” por el mundo. La otra pregunta que quedaba flotando era por qué ojos de papel. Tan simple fue explicarlo: “La amaba tanto que quería hacerle una canción diferente a todas la canciones. Por eso, la ligué con cosas que no son de nuestro mundo. Decime, ¿quién tiene ojos de papel?. ¿Y corazón de tiza o pechos de miel?, explicó el “Flaco” con la misma simplicidad con la que llevó adelante su vida.

No fue un tipo mediático. Más bien con su pinta de casi fakir cultivó el bajo perfil y sólo se le veía haciendo lo que sabía hacer: tocar y cantar. Ningún escándalo, ninguna pomposidad en la vida de un artista nacido y criado en una época envuelta en llamas pero en la que los cantores cantaban, los poetas escribían poesías y los revolucionarios hacían la revolución.

Será por eso que el día del estreno, Cristina estuvo en el teatro escuchando al primer amor de su vida, al joven que con solo 20 años había hecho emocionar a miles de otros chicos que sucumbieron ante los acordes memorables que comenzaban a pintar ese mar infinito que nacía al borde de la muchacha que no debía correr más, que tenía que quedarse hasta el alba y soñar un sueño despacito hasta que por la ventana suba el sol.

Cristina se enojó cuando vio que Spinetta compartía sus secretos y se fue del teatro Odeón antes que la canción termine. “Habíamos discutido antes, ese amor casi adolescente se había ensombrecido y no duró mucho más”.

Spinetta estrenó la canción en 1969. Y Cristina partió de su vida en 1972. Alli nació el “Blues de Cris” en el que Spinetta aseguraba que “sus ojos al final olvidaré”, ojos que no eran otros que esos ojos de papel que lo enamoraron tanto, que lo apasionaron tanto.

Hace dos años que no está caminando por las calles. Pero sus pasos se sienten de día y de noche. Bajo la luz y bajo el rocío. Y en los tiernos versos de “Plegaria para un niño dormido”, en la sinceridad brutal de “Seguir viviendo sin tu amor”, en “Laura va” o en la despiadada crítica a los hospicios que creó en su inolvidable tema “Fermín”. Temas que, como “Será que la canción llegó hasta el sol” pertenecen al primer anclaje del músico, a sus primeras grandes revelaciones.

Spinetta fue también un cantor comprometido y por eso, entre otras canciones de utopías y de batallas, le cantó a las bombas que caían sobre Bosnia: “Pronto viene un marea, una visita guiada sobre Bosnia, donde el ángel cierra sus alas y llora, donde el hombre baja sus brazos”.

Ese fue Spinetta. Esos, sus versos marcados a fuego, como quedó marcada a fuego la generación que quiso pero no pudo, que fue pero no fue, la de la dura derrota. Pero la música y lo poesía nunca mueren. Aunque ya sea difícil encontrar por el mundo a una muchacha que con los ojos de papel provoque la adicción de amar, el embate de todas las pasiones.

Ante tanta gente de a pie, Spinetta se dio el gusto: aprendió a volar.

Y será que en ese vuelo, la canción llegó hasta el sol.

08 FEB 2014 - 22:50

Tengo que aprender a volar, con tanta gente de a pie”. No habrá que urgar mucho en los sentidos para saber de quién es la frase, a quien pertenecen estas palabras eternas que desde hacer dos años castigan el alma de una generación que ya tenía el alma castigada. Luis Alberto Spinetta escribió sin saberlo ni pensarlo su propio epitafio cuando elucubró su “Canción para los días de la vida” y en cuyos versos siente la necesidad de irse tan lejos, para estar más cerca.

Spinetta murió el 8 de febrero de 2012 después de arrastrar por algún tiempo el dolor tremendo de saber que ya no había vuelta y que una enfermedad, corta y cruel lo transportaría a otro mundo al que ya le habrá escrito canciones.

Pero seguramente, en ese interminable repertorio de música y poesía el “Flaco” logró crear la tan maravillosa como enigmática “Muchacha ojos de papel”, pura poesía, pura música. Es maravillosa porque todavía cuando suena seguro que algún chico lejano a aquellos días de romanticismo, revoluciones y rebeldía, el menos le sigue el ritmo con sus labios.

¿Quién era aquella muchacha a la que Spineta le puso ojos de papel y corazón de tiza y convirtió tal vez en la canción más emblemática del rock argentino?. ¿Existía o era obra de la imaginación que un músico y poeta que como tantos otros quería cambiar el mundo?.

Se llama Cristina Bustamante y fue el primer gran amor en la vida del músico. “Mi primer gran amor. Ella vivía en el mismo edificio de Emilio y por eso la conocía de vista. A veces se juntaban los fines de semana a charlar en la puerta, pero sin pasar a ser más que conocidos. Pero una vez nos quedamos solos en la casa de Emilio, porque sus padres habían viajado, y entonces invitamos a las chicas a tomar algo, a bailar. Y ahí, por primera vez, me sentí enamorado. En realidad ya me había enamorado varias veces pero siempre habían sido amores imposibles de realizar por diferencia de edad, no sé, me enamoraba de las maestras, de las pibas más grandes, de mujeres comprometidas y después no pasaba nada, obviamente. Yo era un inepto absoluto en ese momento. Y bueno, todos esos pequeños amores desembocaron en un gran amor que fue el de esta muchacha ojos de papel, que fue un amor correspondido. Porque también ella me quiso mucho. Fue mi primer amor, mi primer gran amor, inolvidable amor. Y me inspiró una canción”.

Emilio es Emilio Del Guercio, quien junto a Roberto García, Edelmiro Molinari y el propio Spinetta formaron “Almendra”, el grupo que echó a rodar “Muchacha…” por el mundo. La otra pregunta que quedaba flotando era por qué ojos de papel. Tan simple fue explicarlo: “La amaba tanto que quería hacerle una canción diferente a todas la canciones. Por eso, la ligué con cosas que no son de nuestro mundo. Decime, ¿quién tiene ojos de papel?. ¿Y corazón de tiza o pechos de miel?, explicó el “Flaco” con la misma simplicidad con la que llevó adelante su vida.

No fue un tipo mediático. Más bien con su pinta de casi fakir cultivó el bajo perfil y sólo se le veía haciendo lo que sabía hacer: tocar y cantar. Ningún escándalo, ninguna pomposidad en la vida de un artista nacido y criado en una época envuelta en llamas pero en la que los cantores cantaban, los poetas escribían poesías y los revolucionarios hacían la revolución.

Será por eso que el día del estreno, Cristina estuvo en el teatro escuchando al primer amor de su vida, al joven que con solo 20 años había hecho emocionar a miles de otros chicos que sucumbieron ante los acordes memorables que comenzaban a pintar ese mar infinito que nacía al borde de la muchacha que no debía correr más, que tenía que quedarse hasta el alba y soñar un sueño despacito hasta que por la ventana suba el sol.

Cristina se enojó cuando vio que Spinetta compartía sus secretos y se fue del teatro Odeón antes que la canción termine. “Habíamos discutido antes, ese amor casi adolescente se había ensombrecido y no duró mucho más”.

Spinetta estrenó la canción en 1969. Y Cristina partió de su vida en 1972. Alli nació el “Blues de Cris” en el que Spinetta aseguraba que “sus ojos al final olvidaré”, ojos que no eran otros que esos ojos de papel que lo enamoraron tanto, que lo apasionaron tanto.

Hace dos años que no está caminando por las calles. Pero sus pasos se sienten de día y de noche. Bajo la luz y bajo el rocío. Y en los tiernos versos de “Plegaria para un niño dormido”, en la sinceridad brutal de “Seguir viviendo sin tu amor”, en “Laura va” o en la despiadada crítica a los hospicios que creó en su inolvidable tema “Fermín”. Temas que, como “Será que la canción llegó hasta el sol” pertenecen al primer anclaje del músico, a sus primeras grandes revelaciones.

Spinetta fue también un cantor comprometido y por eso, entre otras canciones de utopías y de batallas, le cantó a las bombas que caían sobre Bosnia: “Pronto viene un marea, una visita guiada sobre Bosnia, donde el ángel cierra sus alas y llora, donde el hombre baja sus brazos”.

Ese fue Spinetta. Esos, sus versos marcados a fuego, como quedó marcada a fuego la generación que quiso pero no pudo, que fue pero no fue, la de la dura derrota. Pero la música y lo poesía nunca mueren. Aunque ya sea difícil encontrar por el mundo a una muchacha que con los ojos de papel provoque la adicción de amar, el embate de todas las pasiones.

Ante tanta gente de a pie, Spinetta se dio el gusto: aprendió a volar.

Y será que en ese vuelo, la canción llegó hasta el sol.