“Nunca imaginé una vida sin el diario”

Reportaje: “Chujo” Feldman.

25 ENE 2014 - 21:20 | Actualizado

La verdad es que nunca imaginé una vida sin Jornada. El día que me fui del diario marcó un antes y un después. No lo voy a olvidar.

-¿Entonces siempre lo recuerda con tristeza?

-No. Se mezcla lo triste de ese momento con otros momentos felices que pasé. La del diario fue la mejor época de mi vida. Sin duda.

Si alguien lo llama por su nombre, José Alberto seguramente no se dará vuelta. Para todos es el “Chujo” Feldman, uno de los herederos de esta historia de 60 años. Hijo de Feldman Josín, asegura que prácticamente nació en una redacción y recuerda con mucha nostalgia otros tiempos, otros nombres, otros hechos. Mantiene la misma serenidad que cuando se lo veía transitar por la redacción y podría contar con una exactitud extrema todos y cada uno de los días que transcurrió primero como fotógrafo y después como propietario y subdirector del diario. Aunque su paso entre el papel y la tinta había comenzado mucho antes.

-Fue cuando mi padre tenía el diario Esquel. Yo comencé como cebador de mates del director. Tenía 5 o 6 años. Nunca salí de ese lugar. Después a los 14 comencé como fotógrafo. Fui dueño de mi primera máquina. Después quise estudiar ingeniería pero aguanté sólo 3 años y retomé el camino gráfico pero ya en Trelew. Recuerdo que tuve que aprender todo el proceso de la fotografía de entonces en una semana. Y en una semana se hace difícil saber todo. Por eso el resultado inmediato fue un gran caos en la sección fotografía.

-¿Qué recuerdos guarda de Feldman Josín?

-Él siempre está. Fue un hombre que llegó a la Patagonia a los 24 años y durante 40 dedicó todo su esfuerzo al progreso y desarrollo de la provincia. Nunca ocupó cargos públicos. Sin embargo, sus idea superadoras conocidas a través del diario dieron lugar a hechos que hoy perduran como el aeropuerto de Trelew o la Universidad.

-La repentina muerte de su padre los convirtió a usted y a su hermano en responsables del diario. Ser herederos de un peso pesado como Feldman Josín, ¿los benefició o perjudicó?

-En el momento fue un peso muy grande. Nos enfrentamos con una imagen muy fuerte que nunca pudimos superar. Por un lado esa imagen nos abría puertas. Hasta puedo decir que hoy mismo la gente más antigua de Trelew sigue confiando en nosotros. Pero por otro lado teníamos que representar a un hombre con mucho poder y también enemigos. Y había una permanente comparación respecto a que mi padre hubiera manejado algunas cosas de distinta manera.

-Ya solos ¿intentaron cambiar el diario, darle una impronta propia?

-Cuando vivía mi padre, mi hermano Bernardo (“Buby”, ya fallecido) quería hacer un diario distinto. Pero mi padre lo frenó. Entonces después, cuando falleció seguimos de la misma manera. Y eso fue perjudicial comercialmente.

-¿Tanto tiempo en un medio le dejó más amigos que enemigos o al revés?

-La verdad, no recuerdo tener un solo enemigo.

-¿Y qué fue de su vida después de no ser más “Chujo de Jornada”?

-Mire, cuando vendimos el diario a un precio irrisorio (ver “Vaya…) me quedé en la calle. Tuve que salir a buscar trabajo. Había muchos empresarios que eran amigos cuando Jornada tenía algo para darles. Entonces busqué entre ellos. ¿Y sabe qué pasó? Me cerraron las puertas. Pero tenía que salir adelante para mantener a mi familia. Di clases de computación, hice programas para algunas empresas y ahora doy cursos de capacitación en informática para personal de la Municipalidad de Trelew. Deben ser los únicos cursos individuales del país.

-¿Cuál es el recuerdo más lindo que guarda de su paso por el diario?

-La época en que estábamos en la calle España, a principios de la década del 60. Era un galpón, muy precario. Pero allí nacía un diario con alma. Era querido por la sociedad y su opinión pesaba mucho en el poder. A nosotros muchas veces nos trataron de “tibios”. Sin embargo y aún en épocas de la dictadura todos tenían su espacio. Peronistas, comunistas, la Iglesia. A nadie se le negaba un lugar. Y hasta hubo redactores que pensaban distinto que nosotros que escribieron y firmaron notas que eran lo opuesto al pensamiento editorial.

“Chujo” tiene 75 años. Nació en Rosario. Hijo de Luis Feldman Josín y Dora Kaller, hace 38 años que está casado con Olga Sarochar a quien conoce de toda la vida. Tienen tres hijos: Cecilia, Celina y Julián. Y tres nietos. Vive desde hace muchos años en la casa número uno del Barrio Jornada. Si algo tiene bien presente es el recuerdo de la gente. Era prioridad en el diario. Los Feldman querían que sea una gran familia y en cierta forma, lo lograron. Se hacían asados y hasta en un momento determinado, la redacción dejaba de trabajar para hacer una “ronda de mates”. “Chujo” no se arrepiente de eso, aunque dice que por la experiencia de los años piensa que tanto eso como la política comercial no fueron del todo acertadas. De todas maneras, la última respuesta deja en claro cuál era la política del trato hacia la gente en el diario que está cumpliendo 60 años:

-Además de la venta, ¿cuál fue su momento más triste dentro de Jornada?

-Cuando tuve que despedir a un maquinista que venía ebrio a trabajar. Fue la única sanción de mi vida. Y me quedé mal. Nosotros no despedíamos a la gente. Para nosotros, la gente era sagrada.

25 ENE 2014 - 21:20

La verdad es que nunca imaginé una vida sin Jornada. El día que me fui del diario marcó un antes y un después. No lo voy a olvidar.

-¿Entonces siempre lo recuerda con tristeza?

-No. Se mezcla lo triste de ese momento con otros momentos felices que pasé. La del diario fue la mejor época de mi vida. Sin duda.

Si alguien lo llama por su nombre, José Alberto seguramente no se dará vuelta. Para todos es el “Chujo” Feldman, uno de los herederos de esta historia de 60 años. Hijo de Feldman Josín, asegura que prácticamente nació en una redacción y recuerda con mucha nostalgia otros tiempos, otros nombres, otros hechos. Mantiene la misma serenidad que cuando se lo veía transitar por la redacción y podría contar con una exactitud extrema todos y cada uno de los días que transcurrió primero como fotógrafo y después como propietario y subdirector del diario. Aunque su paso entre el papel y la tinta había comenzado mucho antes.

-Fue cuando mi padre tenía el diario Esquel. Yo comencé como cebador de mates del director. Tenía 5 o 6 años. Nunca salí de ese lugar. Después a los 14 comencé como fotógrafo. Fui dueño de mi primera máquina. Después quise estudiar ingeniería pero aguanté sólo 3 años y retomé el camino gráfico pero ya en Trelew. Recuerdo que tuve que aprender todo el proceso de la fotografía de entonces en una semana. Y en una semana se hace difícil saber todo. Por eso el resultado inmediato fue un gran caos en la sección fotografía.

-¿Qué recuerdos guarda de Feldman Josín?

-Él siempre está. Fue un hombre que llegó a la Patagonia a los 24 años y durante 40 dedicó todo su esfuerzo al progreso y desarrollo de la provincia. Nunca ocupó cargos públicos. Sin embargo, sus idea superadoras conocidas a través del diario dieron lugar a hechos que hoy perduran como el aeropuerto de Trelew o la Universidad.

-La repentina muerte de su padre los convirtió a usted y a su hermano en responsables del diario. Ser herederos de un peso pesado como Feldman Josín, ¿los benefició o perjudicó?

-En el momento fue un peso muy grande. Nos enfrentamos con una imagen muy fuerte que nunca pudimos superar. Por un lado esa imagen nos abría puertas. Hasta puedo decir que hoy mismo la gente más antigua de Trelew sigue confiando en nosotros. Pero por otro lado teníamos que representar a un hombre con mucho poder y también enemigos. Y había una permanente comparación respecto a que mi padre hubiera manejado algunas cosas de distinta manera.

-Ya solos ¿intentaron cambiar el diario, darle una impronta propia?

-Cuando vivía mi padre, mi hermano Bernardo (“Buby”, ya fallecido) quería hacer un diario distinto. Pero mi padre lo frenó. Entonces después, cuando falleció seguimos de la misma manera. Y eso fue perjudicial comercialmente.

-¿Tanto tiempo en un medio le dejó más amigos que enemigos o al revés?

-La verdad, no recuerdo tener un solo enemigo.

-¿Y qué fue de su vida después de no ser más “Chujo de Jornada”?

-Mire, cuando vendimos el diario a un precio irrisorio (ver “Vaya…) me quedé en la calle. Tuve que salir a buscar trabajo. Había muchos empresarios que eran amigos cuando Jornada tenía algo para darles. Entonces busqué entre ellos. ¿Y sabe qué pasó? Me cerraron las puertas. Pero tenía que salir adelante para mantener a mi familia. Di clases de computación, hice programas para algunas empresas y ahora doy cursos de capacitación en informática para personal de la Municipalidad de Trelew. Deben ser los únicos cursos individuales del país.

-¿Cuál es el recuerdo más lindo que guarda de su paso por el diario?

-La época en que estábamos en la calle España, a principios de la década del 60. Era un galpón, muy precario. Pero allí nacía un diario con alma. Era querido por la sociedad y su opinión pesaba mucho en el poder. A nosotros muchas veces nos trataron de “tibios”. Sin embargo y aún en épocas de la dictadura todos tenían su espacio. Peronistas, comunistas, la Iglesia. A nadie se le negaba un lugar. Y hasta hubo redactores que pensaban distinto que nosotros que escribieron y firmaron notas que eran lo opuesto al pensamiento editorial.

“Chujo” tiene 75 años. Nació en Rosario. Hijo de Luis Feldman Josín y Dora Kaller, hace 38 años que está casado con Olga Sarochar a quien conoce de toda la vida. Tienen tres hijos: Cecilia, Celina y Julián. Y tres nietos. Vive desde hace muchos años en la casa número uno del Barrio Jornada. Si algo tiene bien presente es el recuerdo de la gente. Era prioridad en el diario. Los Feldman querían que sea una gran familia y en cierta forma, lo lograron. Se hacían asados y hasta en un momento determinado, la redacción dejaba de trabajar para hacer una “ronda de mates”. “Chujo” no se arrepiente de eso, aunque dice que por la experiencia de los años piensa que tanto eso como la política comercial no fueron del todo acertadas. De todas maneras, la última respuesta deja en claro cuál era la política del trato hacia la gente en el diario que está cumpliendo 60 años:

-Además de la venta, ¿cuál fue su momento más triste dentro de Jornada?

-Cuando tuve que despedir a un maquinista que venía ebrio a trabajar. Fue la única sanción de mi vida. Y me quedé mal. Nosotros no despedíamos a la gente. Para nosotros, la gente era sagrada.