Cuando el diario se tuvo que vender hubo una “entrega” de gente que yo pensaba que eran amigos, pero no lo fueron. Ese fue mi momento más triste.
-¿De verdad pensás que los entregaron?
-Claro. La gente que hizo de mediadora nos entregó. Porque después nos enteramos que Carlos Spadone arregló la deuda por mil pesos por mes. ¿Eso no es una entrega? Ya en el 90 sabíamos que el diario no iba a ser más nuestro. Dos años después concretaron el despojo. Cómo querés que me sienta.
-¿Y cómo lo sobrellevaste?
-Yéndome. Me fui a otro diario. Me había puesto un plazo de 6 o 9 meses. Y lo cumplí. En cuanto pude di un portazo. Eso sí: nunca miré para atrás.
Pocas veces asoma una lágrima en los ojos de Daniel Feldman. Pero esta vez no pudo contenerla. Y se quebró mientras relataba aquella venta de los 90 que sacó definitivamente a su familia del control de Jornada. Como no anda con muchas vueltas, quiso decir esto que guardó largos años ahora que el diario que fundó su familia cumplió 60 años de existencia. De pocas pulgas, se desahogó en el momento que consideró oportuno. Feldman es el único de la familia fundadora que trabaja en este diario en la actualidad. Aquí empezó hace 40 años. Hoy es jefe de fotografía, profesión por la que siente una pasión que, a veces, no puede controlar. Comenzó a sacar fotos a los 14 años cuando el fundador Luis Feldman Josín, su abuelo, ya no estaba.
-Se que estamos de festejo. Que 60 años es un montón. Que este diario tiene trayectoria y respeto. Pero no puedo guardarme esas cosas que nos pasaron. Porque me marcaron. Para mí hay un antes y un después de la venta. Mi familia entregó el diario pagando sueldos y aguinaldo. Estaba saneado. Sólo tenía una deuda con un banco. Y se aprovecharon de ella para quitarnos lo que era nuestro. No me lo voy a olvidar.
-¿Fue difícil para vos ser dueño y empleado a la vez?
-Nunca me sentí dueño. Creo que nadie de la familia lo hizo. Mi papá Buby y mi tío “Chujo” fueron siempre demasiados contemplativos, demasiado buenos. Si hasta me pelearon el día que suspendí a un empleado. Eso le hizo mal a la empresa.
-Tu abuelo se fue demasiado pronto. ¿Crees que si hubiera vivido más la historia hoy sería distinta?
-No lo dudo. Feldman Josín era emprendedor, audaz. A veces hasta inconsciente. Iba para adelante. Mi papá y mi tío fueron más conservadores y tolerantes. Por eso pasó lo que pasó.
-¿Todavía sentís que hay algo del diario que es tuyo?
-Sólo los recuerdos. Que era mío lo sentí hasta el 92. Todos dicen que una empresa así te da apellido de casado. Yo era Daniel Feldman de Jornada. Pero hace tiempo que me saqué el segundo apellido.
-¿Es tan así?
-Claro. Es tan así como también es tan así que todavía no lo puedo superar. Pero la verdad es que no quisiera volver el tiempo atrás. Hoy me siento bien así. Formo parte de este diario como uno más. Ya no lo considero mío.
-¿Que te dejó aquel diario?
-Me dejó el amor de mucha gente que pasó por acá. Porque nosotros privilegiábamos a la gente. Acá había un clima de trabajo que no encontrabas en cualquier lado. Todos decían que era su casa. Los empleados se juntaban para los cumpleaños, se hacían amigos. Ellos cobraban antes que los Feldman. Acá hubo un contador que a mí me decía “hijo”. Pero fijate cuando: “Hijo, vos sos del diario. Así que este mes vas a cobrar el 20”. Y me pagaba el 20. Eso es un orgullo para mí. Yo reconozco que siempre se pagaron sueldos bajos. Pero la gente sabía por lo que trabajaba.
-¿Cuál fue tu momento de mayor felicidad?
-Cuando llegaron las máquinas con la nueva tecnología. Sabía que con ellas íbamos a seguir compitiendo. De lo contrario nos iban a “comer”.
-¿Y el de mayor tristeza?
-¿Te lo tengo que repetir? Te lo repito más claro: cuando nos afanaron el diario. Me fui y me olvidé de Jornada. Ni lo miraba, era como si no existiera para mí. Sí, fue mi mayor tristeza.
-¿A quién recordás con más cariño?
-Son muchos. Pero “Rulo” Ormazábal (un dibujante) era distinto a todos. Talentoso. Con él la pasábamos bien. Nos reíamos todo el tiempo. También a Garayeta. A Ocampo Reyes. Los gráficos eran tipos muy especiales. Además siento mucho respeto por tipos como Cavero y RC. Eran plumas de lujo.
-¿Siempre quisiste ser fotógrafo?
-Siempre. Creo que llegué al mundo con una cámara bajo el brazo. Por eso, a los 14 años ya andaba por las canchas de fútbol.
La oportunidad se me dio cuando Emilser Pereyra tuvo que exiliarse en Venezuela. Fue después de la masacre de Trelew. Los militares lo persiguieron. Justo después “Chujo” se casó y se fue de luna de miel. Era el año 74 y estuve un mes como único fotógrafo de Jornada.
-¿Sacabas buenas fotos cuando empezaste?
-No, un desastre. Hoy las veo y tengo ganas de ponerme a llorar.
-¿Cuál fue la nota que cubriste que más te impactó?
-Sin duda el juicio por la masacre de Trelew. Porque es un hecho que nos marcó a todos. Pero te digo una cosa: yo cubro todo con las mismas ganas, con el mismo esmero, con la misma pasión. Voy para adelante en lo que sea. Porque entiendo que debe ser así.
-¿Con qué diario te quedás: con aquel artesanal o con el de la tecnología del de hoy?
-Es difícil comparar. Yo digo que antes hacíamos un diario en la calle. No estaba Internet. Y había que salir a buscar la información. Yo no concibo al periodismo sin la calle. El viejo Jornada se empezaba a hacer a las 7 de la mañana y se terminaba a las 12 de la noche. Yo aprendí mucho viendo a mi abuelo cuando me llevaba de chico al diario. Era el dueño de la redacción.
-¿Que serías si volvería a nacer?
-Fotógrafo. No concibo la vida sin esta profesión. Sé que muchas veces tuve que dejar de lado mi familia. Pero no me arrepiento porque lo hice a conciencia. Yo nací, viví y voy a morir dentro de un diario. Sea el que sea. Pero dentro de un diario.
-¿No te jodería que no sea Jornada?
-A Jornada lo tengo en el mismo lugar de siempre: en mi corazón. Pero ya no es lo mismo. Creo que lo expliqué.
- Y te quebraste.
-Sí. Me quebré. ¿Y qué, no puedo? Además, me pasa cada 40 años.
Cuando el diario se tuvo que vender hubo una “entrega” de gente que yo pensaba que eran amigos, pero no lo fueron. Ese fue mi momento más triste.
-¿De verdad pensás que los entregaron?
-Claro. La gente que hizo de mediadora nos entregó. Porque después nos enteramos que Carlos Spadone arregló la deuda por mil pesos por mes. ¿Eso no es una entrega? Ya en el 90 sabíamos que el diario no iba a ser más nuestro. Dos años después concretaron el despojo. Cómo querés que me sienta.
-¿Y cómo lo sobrellevaste?
-Yéndome. Me fui a otro diario. Me había puesto un plazo de 6 o 9 meses. Y lo cumplí. En cuanto pude di un portazo. Eso sí: nunca miré para atrás.
Pocas veces asoma una lágrima en los ojos de Daniel Feldman. Pero esta vez no pudo contenerla. Y se quebró mientras relataba aquella venta de los 90 que sacó definitivamente a su familia del control de Jornada. Como no anda con muchas vueltas, quiso decir esto que guardó largos años ahora que el diario que fundó su familia cumplió 60 años de existencia. De pocas pulgas, se desahogó en el momento que consideró oportuno. Feldman es el único de la familia fundadora que trabaja en este diario en la actualidad. Aquí empezó hace 40 años. Hoy es jefe de fotografía, profesión por la que siente una pasión que, a veces, no puede controlar. Comenzó a sacar fotos a los 14 años cuando el fundador Luis Feldman Josín, su abuelo, ya no estaba.
-Se que estamos de festejo. Que 60 años es un montón. Que este diario tiene trayectoria y respeto. Pero no puedo guardarme esas cosas que nos pasaron. Porque me marcaron. Para mí hay un antes y un después de la venta. Mi familia entregó el diario pagando sueldos y aguinaldo. Estaba saneado. Sólo tenía una deuda con un banco. Y se aprovecharon de ella para quitarnos lo que era nuestro. No me lo voy a olvidar.
-¿Fue difícil para vos ser dueño y empleado a la vez?
-Nunca me sentí dueño. Creo que nadie de la familia lo hizo. Mi papá Buby y mi tío “Chujo” fueron siempre demasiados contemplativos, demasiado buenos. Si hasta me pelearon el día que suspendí a un empleado. Eso le hizo mal a la empresa.
-Tu abuelo se fue demasiado pronto. ¿Crees que si hubiera vivido más la historia hoy sería distinta?
-No lo dudo. Feldman Josín era emprendedor, audaz. A veces hasta inconsciente. Iba para adelante. Mi papá y mi tío fueron más conservadores y tolerantes. Por eso pasó lo que pasó.
-¿Todavía sentís que hay algo del diario que es tuyo?
-Sólo los recuerdos. Que era mío lo sentí hasta el 92. Todos dicen que una empresa así te da apellido de casado. Yo era Daniel Feldman de Jornada. Pero hace tiempo que me saqué el segundo apellido.
-¿Es tan así?
-Claro. Es tan así como también es tan así que todavía no lo puedo superar. Pero la verdad es que no quisiera volver el tiempo atrás. Hoy me siento bien así. Formo parte de este diario como uno más. Ya no lo considero mío.
-¿Que te dejó aquel diario?
-Me dejó el amor de mucha gente que pasó por acá. Porque nosotros privilegiábamos a la gente. Acá había un clima de trabajo que no encontrabas en cualquier lado. Todos decían que era su casa. Los empleados se juntaban para los cumpleaños, se hacían amigos. Ellos cobraban antes que los Feldman. Acá hubo un contador que a mí me decía “hijo”. Pero fijate cuando: “Hijo, vos sos del diario. Así que este mes vas a cobrar el 20”. Y me pagaba el 20. Eso es un orgullo para mí. Yo reconozco que siempre se pagaron sueldos bajos. Pero la gente sabía por lo que trabajaba.
-¿Cuál fue tu momento de mayor felicidad?
-Cuando llegaron las máquinas con la nueva tecnología. Sabía que con ellas íbamos a seguir compitiendo. De lo contrario nos iban a “comer”.
-¿Y el de mayor tristeza?
-¿Te lo tengo que repetir? Te lo repito más claro: cuando nos afanaron el diario. Me fui y me olvidé de Jornada. Ni lo miraba, era como si no existiera para mí. Sí, fue mi mayor tristeza.
-¿A quién recordás con más cariño?
-Son muchos. Pero “Rulo” Ormazábal (un dibujante) era distinto a todos. Talentoso. Con él la pasábamos bien. Nos reíamos todo el tiempo. También a Garayeta. A Ocampo Reyes. Los gráficos eran tipos muy especiales. Además siento mucho respeto por tipos como Cavero y RC. Eran plumas de lujo.
-¿Siempre quisiste ser fotógrafo?
-Siempre. Creo que llegué al mundo con una cámara bajo el brazo. Por eso, a los 14 años ya andaba por las canchas de fútbol.
La oportunidad se me dio cuando Emilser Pereyra tuvo que exiliarse en Venezuela. Fue después de la masacre de Trelew. Los militares lo persiguieron. Justo después “Chujo” se casó y se fue de luna de miel. Era el año 74 y estuve un mes como único fotógrafo de Jornada.
-¿Sacabas buenas fotos cuando empezaste?
-No, un desastre. Hoy las veo y tengo ganas de ponerme a llorar.
-¿Cuál fue la nota que cubriste que más te impactó?
-Sin duda el juicio por la masacre de Trelew. Porque es un hecho que nos marcó a todos. Pero te digo una cosa: yo cubro todo con las mismas ganas, con el mismo esmero, con la misma pasión. Voy para adelante en lo que sea. Porque entiendo que debe ser así.
-¿Con qué diario te quedás: con aquel artesanal o con el de la tecnología del de hoy?
-Es difícil comparar. Yo digo que antes hacíamos un diario en la calle. No estaba Internet. Y había que salir a buscar la información. Yo no concibo al periodismo sin la calle. El viejo Jornada se empezaba a hacer a las 7 de la mañana y se terminaba a las 12 de la noche. Yo aprendí mucho viendo a mi abuelo cuando me llevaba de chico al diario. Era el dueño de la redacción.
-¿Que serías si volvería a nacer?
-Fotógrafo. No concibo la vida sin esta profesión. Sé que muchas veces tuve que dejar de lado mi familia. Pero no me arrepiento porque lo hice a conciencia. Yo nací, viví y voy a morir dentro de un diario. Sea el que sea. Pero dentro de un diario.
-¿No te jodería que no sea Jornada?
-A Jornada lo tengo en el mismo lugar de siempre: en mi corazón. Pero ya no es lo mismo. Creo que lo expliqué.
- Y te quebraste.
-Sí. Me quebré. ¿Y qué, no puedo? Además, me pasa cada 40 años.