El abrazo que le falta a la Argentina

El grupo Agenda Patagonia publicó un sentido homenaje a 16 años de la muerte de Néstor Kirchner, recordando la cercana relación con histórico líder de Brasil, Luiz Inacio "Lula" Da Silva.


27 OCT 2026 - 9:56 | Actualizado 27 OCT 2026 - 10:20

Hoy se cumplen 16 años sin Néstor. Y mientras Lula celebra en Brasil, esta fotografía parece tener vida propia. Dos hombres, dos sonrisas, dos pueblos que alguna vez descubrieron que sus destinos podían escribirse juntos.

Me imagino a Néstor abrazándolo otra vez, con esa risa desbordada, diciéndole: «¡Viste, Lula! ¡Todavía no pudieron con los sueños de nuestros pueblos!»

Porque aquel abrazo era mucho más que una amistad. Era la Argentina y Brasil dejando de darse la espalda. Era la certeza de que la Patria Grande no podía construirse con pueblos arrodillados.

Pero después Néstor miraría hacia nuestro país. Vería a Milei, la motosierra, el ajuste convertido en bandera. Y descubriría una Argentina que vuelve a discutir aquello que parecía haber aprendido entre las ruinas de 2001.

Y quizás nos lanzaría una pregunta imposible de esquivar:

"¿En qué momento, compañeros, dejamos que la bronca del pueblo fuera más fuerte que nuestra capacidad de darle esperanza?"

Porque ahí está el puente que une la alegría brasileña con nuestra propia incertidumbre. Lula representa una historia política que atravesó derrotas, resistencias y regresos. La Argentina, mientras tanto, sigue buscando cómo reconstruir un proyecto capaz de reunir a quienes dejaron de sentirse representados.

Y hay algo profundamente conmovedor en esa contradicción: del otro lado de la frontera, Lula vuelve a levantar los brazos. De este lado, seguimos mirando una fotografía de Néstor, preguntándonos quién será capaz de recuperar aquella audacia de imaginar un país distinto.

Pero la historia no se reconstruye con fotografías ni se cambia con nostalgia. No alcanza con recordar a Néstor: hay que tener el coraje de preguntarse por qué aquella esperanza dejó de alcanzarles a tantos argentinos.

Porque mientras Brasil celebra, la Argentina tiene por delante una discusión mucho más profunda que la de un nombre o una elección: si el futuro será una promesa compartida o una lucha solitaria por sobrevivir.

Néstor ya no está. Lula sigue abrazando su historia. Y nosotros tenemos una pregunta pendiente con la nuestra.

Que aquel abrazo no sea solamente el recuerdo de lo que fuimos, sino la medida de todo lo que todavía nos falta construir.

Ojalá, Néstor, que la alegría no sea solamente brasileña. Y que algún día podamos volver a abrazarnos por un país que no deje a nadie afuera.


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27 OCT 2026 - 9:56

Hoy se cumplen 16 años sin Néstor. Y mientras Lula celebra en Brasil, esta fotografía parece tener vida propia. Dos hombres, dos sonrisas, dos pueblos que alguna vez descubrieron que sus destinos podían escribirse juntos.

Me imagino a Néstor abrazándolo otra vez, con esa risa desbordada, diciéndole: «¡Viste, Lula! ¡Todavía no pudieron con los sueños de nuestros pueblos!»

Porque aquel abrazo era mucho más que una amistad. Era la Argentina y Brasil dejando de darse la espalda. Era la certeza de que la Patria Grande no podía construirse con pueblos arrodillados.

Pero después Néstor miraría hacia nuestro país. Vería a Milei, la motosierra, el ajuste convertido en bandera. Y descubriría una Argentina que vuelve a discutir aquello que parecía haber aprendido entre las ruinas de 2001.

Y quizás nos lanzaría una pregunta imposible de esquivar:

"¿En qué momento, compañeros, dejamos que la bronca del pueblo fuera más fuerte que nuestra capacidad de darle esperanza?"

Porque ahí está el puente que une la alegría brasileña con nuestra propia incertidumbre. Lula representa una historia política que atravesó derrotas, resistencias y regresos. La Argentina, mientras tanto, sigue buscando cómo reconstruir un proyecto capaz de reunir a quienes dejaron de sentirse representados.

Y hay algo profundamente conmovedor en esa contradicción: del otro lado de la frontera, Lula vuelve a levantar los brazos. De este lado, seguimos mirando una fotografía de Néstor, preguntándonos quién será capaz de recuperar aquella audacia de imaginar un país distinto.

Pero la historia no se reconstruye con fotografías ni se cambia con nostalgia. No alcanza con recordar a Néstor: hay que tener el coraje de preguntarse por qué aquella esperanza dejó de alcanzarles a tantos argentinos.

Porque mientras Brasil celebra, la Argentina tiene por delante una discusión mucho más profunda que la de un nombre o una elección: si el futuro será una promesa compartida o una lucha solitaria por sobrevivir.

Néstor ya no está. Lula sigue abrazando su historia. Y nosotros tenemos una pregunta pendiente con la nuestra.

Que aquel abrazo no sea solamente el recuerdo de lo que fuimos, sino la medida de todo lo que todavía nos falta construir.

Ojalá, Néstor, que la alegría no sea solamente brasileña. Y que algún día podamos volver a abrazarnos por un país que no deje a nadie afuera.