Una mandíbula prehistórica homenajea a la UNPSJB

Estaban guardadas en colecciones, y una investigación con participación del CONICET descubrió que pertenecieron a dos animales similares a ciervos o caballos pero del tamaño de un conejo, y los bautizó en homenaje a las universidades nacionales de La Plata y Patagonia San Juan Bosco.


06 OCT 2026 - 11:40 | Actualizado 06 OCT 2026 - 11:45

Jabalíes, vacas, jirafas, caballos o rinocerontes son solo algunos ejemplos de mamíferos herbívoros que, por diferentes que sean, pertenecen a un mismo grupo de animales: los ungulados. La característica que los une es el hecho de caminar apoyados en los dedos, que están revestidos en pezuñas o cascos y que pueden ser pares o impares. Surgidos hace millones de años, en el mundo han existido miles de especies –la mayoría ya extintas–, y algunas llegaron a hacerse muy famosas, comoMacrauchenia patachonica, hallada por el naturalista Charles Darwin en 1834 durante su segunda expedición a bordo del HMS Beagle, embarcación con la que recorrió el mundo, principalmente América del Sur.



Otras, en cambio, no tuvieron la misma suerte, y permanecieron en el anonimato por muchísimo tiempo, hasta que nuevos estudios las rescataron del confinamiento para darles finalmente identidad y visibilidad. Una de estas historias se da a conocer hoy de la mano de una investigación del CONICET La Plata en la revista científicaBiological Journal of the Linnean Society: la de dos ejemplares hasta ahora desconocidos y cuyo análisis develó la verdad sobre vínculos que venían quitando el sueño a paleontólogos y paleontólogas desde hacía más de un siglo.

“Se trata de dos animales pertenecientes al orden Liptoterna, ungulados nativos de Sudamérica que ya no tienen representantes vivos, y de los que se guardaban únicamente restos de mandíbulas sin clasificar en las colecciones del Museo de La Plata y de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB), en Chubut”, cuentan Javier N. Gelfo y Guillermo López, investigadores del CONICET y de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), respectivamente, en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo (FCNyM, UNLP) y autores de la publicación.

La revisión de esos materiales, archivados desde las décadas del ’60 y del ‘80, les permitió ubicarlos como parte de las familias Adianthidae e Indaleciidae –de las cuales se conoce muy poco– y, aún más importante, confirmar que se trata de géneros y especies nuevos. En ese bautismo, los científicos aprovecharon para homenajear a las instituciones académicas que los albergaron como una forma de reivindicar el valor de los repositorios en el cuidado de fósiles y otras piezas antiguas durante largas temporadas, hasta que nuevos ojos y técnicas lleguen para posarse sobre ellos.



Los científicos desordenaron las letras de los nombres originales de los géneros a los que pertenecen para denominar a las nuevas especies, y así surgieronLeindacia unpasajuboyDianthusa unlapla, que se completan con las siglas de universidades a las que rinden honor. “La utilización de anagramas también esconde una dedicatoria: al destacado paleontólogo Florentino Ameghino, que solía utilizar este recurso lingüístico para nombrar a nuevos organismos”, explica Gelfo.

Las mandíbulas analizadastienen aproximadamente el largo de un dedoy están incompletas. Aun así, preservan sus dientes, considerados una suerte de huella digital del animal al que pertenecieron, ya que aportan información muy valiosa sobre su dieta, modo de vida y posibles hábitos. También, mediante estudios de la composición química de los dientes, es posible averiguar cuestiones la temperatura de entonces o la precipitación media anual. En este caso, los científicos trabajaron con tomografías computadas y dentadas, aprovechando precisamente la información que arrojan las piezas dentales.

Hallada en Chubut

De acuerdo a lo publicado, el espécimen que estaba en la UNPSJB fue hallado en Chubut y pertenece al Oligoceno tardío, es decir que vivió entre 29 y 24 millones de años atrás, mientras que el otro proviene de Santa Cruz y corresponde al Mioceno, hace 18 o 19 millones de años. “Sabemos que el más antiguo era un juvenil porque tiene un molar en erupción, y su dentición parece haber estado formada únicamente por muelas ya que no se distinguen incisivos, premolares o caninos”, explica López, y añade:

“Son dientes muy adaptados al ramoneo, forma de alimentación de los herbívoros que comen ramas, brotes y hojas de árboles en lugar de pasto, porque en ese caso tendrían coronas de crecimiento continuo, y eso no se ve”. La forma más moderna, por su parte, tiene como particularidad cuatro raíces en los dientes inferiores cuando, explican los expertos, lo más frecuente en mamíferos es tener dos. “Los únicos que presentan este mismo rasgo son los proterotéridos, una de las familias más conocidas de liptoternos, que parecían un caballito pequeño, y con los cuales este rasgo los emparenta”, agrega el especialista.



Los estudios realizados permiten suponer que ambos animales tenían un aspecto similar a un caballo o ciervo pero del tamaño de un gato o un conejo, “y no hay una especie actual equivalente con la que los podamos comparar”, señala Gelfo. Separadas por diez millones de años, estas formas no coexistieron, y es posible que haya habido un reemplazo ecológico entre ambas, en el que cuando se extinguió la primera, el nicho ecológico o la función en el ecosistema que dejó “vacante” fuera ocupado por la más moderna.

“La idea inicial del trabajo fue hacer una revisión muy fuerte de las familias Adianthidae e Indaleciidae para ver dónde están los vacíos en su hipodigma, es decir el conjunto de especímenes conocidos, fósiles en este caso, que caracterizan a un grupo familiar”, apunta Gelfo y enfatiza que, si bien otros autores ya las han estudiado, nunca hasta ahora se había reparado en los materiales mal clasificados, descuidados o, directamente, olvidados. #


06 OCT 2026 - 11:40

Jabalíes, vacas, jirafas, caballos o rinocerontes son solo algunos ejemplos de mamíferos herbívoros que, por diferentes que sean, pertenecen a un mismo grupo de animales: los ungulados. La característica que los une es el hecho de caminar apoyados en los dedos, que están revestidos en pezuñas o cascos y que pueden ser pares o impares. Surgidos hace millones de años, en el mundo han existido miles de especies –la mayoría ya extintas–, y algunas llegaron a hacerse muy famosas, comoMacrauchenia patachonica, hallada por el naturalista Charles Darwin en 1834 durante su segunda expedición a bordo del HMS Beagle, embarcación con la que recorrió el mundo, principalmente América del Sur.



Otras, en cambio, no tuvieron la misma suerte, y permanecieron en el anonimato por muchísimo tiempo, hasta que nuevos estudios las rescataron del confinamiento para darles finalmente identidad y visibilidad. Una de estas historias se da a conocer hoy de la mano de una investigación del CONICET La Plata en la revista científicaBiological Journal of the Linnean Society: la de dos ejemplares hasta ahora desconocidos y cuyo análisis develó la verdad sobre vínculos que venían quitando el sueño a paleontólogos y paleontólogas desde hacía más de un siglo.

“Se trata de dos animales pertenecientes al orden Liptoterna, ungulados nativos de Sudamérica que ya no tienen representantes vivos, y de los que se guardaban únicamente restos de mandíbulas sin clasificar en las colecciones del Museo de La Plata y de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB), en Chubut”, cuentan Javier N. Gelfo y Guillermo López, investigadores del CONICET y de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), respectivamente, en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo (FCNyM, UNLP) y autores de la publicación.

La revisión de esos materiales, archivados desde las décadas del ’60 y del ‘80, les permitió ubicarlos como parte de las familias Adianthidae e Indaleciidae –de las cuales se conoce muy poco– y, aún más importante, confirmar que se trata de géneros y especies nuevos. En ese bautismo, los científicos aprovecharon para homenajear a las instituciones académicas que los albergaron como una forma de reivindicar el valor de los repositorios en el cuidado de fósiles y otras piezas antiguas durante largas temporadas, hasta que nuevos ojos y técnicas lleguen para posarse sobre ellos.



Los científicos desordenaron las letras de los nombres originales de los géneros a los que pertenecen para denominar a las nuevas especies, y así surgieronLeindacia unpasajuboyDianthusa unlapla, que se completan con las siglas de universidades a las que rinden honor. “La utilización de anagramas también esconde una dedicatoria: al destacado paleontólogo Florentino Ameghino, que solía utilizar este recurso lingüístico para nombrar a nuevos organismos”, explica Gelfo.

Las mandíbulas analizadastienen aproximadamente el largo de un dedoy están incompletas. Aun así, preservan sus dientes, considerados una suerte de huella digital del animal al que pertenecieron, ya que aportan información muy valiosa sobre su dieta, modo de vida y posibles hábitos. También, mediante estudios de la composición química de los dientes, es posible averiguar cuestiones la temperatura de entonces o la precipitación media anual. En este caso, los científicos trabajaron con tomografías computadas y dentadas, aprovechando precisamente la información que arrojan las piezas dentales.

Hallada en Chubut

De acuerdo a lo publicado, el espécimen que estaba en la UNPSJB fue hallado en Chubut y pertenece al Oligoceno tardío, es decir que vivió entre 29 y 24 millones de años atrás, mientras que el otro proviene de Santa Cruz y corresponde al Mioceno, hace 18 o 19 millones de años. “Sabemos que el más antiguo era un juvenil porque tiene un molar en erupción, y su dentición parece haber estado formada únicamente por muelas ya que no se distinguen incisivos, premolares o caninos”, explica López, y añade:

“Son dientes muy adaptados al ramoneo, forma de alimentación de los herbívoros que comen ramas, brotes y hojas de árboles en lugar de pasto, porque en ese caso tendrían coronas de crecimiento continuo, y eso no se ve”. La forma más moderna, por su parte, tiene como particularidad cuatro raíces en los dientes inferiores cuando, explican los expertos, lo más frecuente en mamíferos es tener dos. “Los únicos que presentan este mismo rasgo son los proterotéridos, una de las familias más conocidas de liptoternos, que parecían un caballito pequeño, y con los cuales este rasgo los emparenta”, agrega el especialista.



Los estudios realizados permiten suponer que ambos animales tenían un aspecto similar a un caballo o ciervo pero del tamaño de un gato o un conejo, “y no hay una especie actual equivalente con la que los podamos comparar”, señala Gelfo. Separadas por diez millones de años, estas formas no coexistieron, y es posible que haya habido un reemplazo ecológico entre ambas, en el que cuando se extinguió la primera, el nicho ecológico o la función en el ecosistema que dejó “vacante” fuera ocupado por la más moderna.

“La idea inicial del trabajo fue hacer una revisión muy fuerte de las familias Adianthidae e Indaleciidae para ver dónde están los vacíos en su hipodigma, es decir el conjunto de especímenes conocidos, fósiles en este caso, que caracterizan a un grupo familiar”, apunta Gelfo y enfatiza que, si bien otros autores ya las han estudiado, nunca hasta ahora se había reparado en los materiales mal clasificados, descuidados o, directamente, olvidados. #