La inteligencia artificial avanza a una velocidad difícil de comparar con otras transformaciones tecnológicas de las últimas décadas. Ya es parte de actividades laborales, educativas y cotidianas y, mientras crecen las posibilidades que ofrece, aparecen interrogantes sobre sus límites, el futuro del empleo y el lugar que ocuparán las personas frente a sistemas cada vez más capaces.
En el marco de la Expo Industria en Comodoro Rivadavia, el especialista Santiago Siri abordó esos desafíos y sostuvo que el miedo que genera la inteligencia artificial no es demasiado diferente al que acompañó otros grandes cambios tecnológicos de la historia.
“El miedo siempre fue un factor en la historia de todas las tecnologías de la información. Uno puede encontrar, por ejemplo, que en el surgimiento de la imprenta había mucho miedo, en el surgimiento de la computación hubo mucho miedo y también con el surgimiento de las redes. Es una reacción natural al cambio”, explicó a Jornada.
Sin embargo, planteó una mirada optimista respecto del proceso en marcha. “Elijo ver el vaso mitad lleno. Son herramientas que nos llevan hacia más conocimiento, más inteligencia y más capacidad”, agregó.
En ese escenario, consideró que la transformación tecnológica no necesariamente implica la desaparición del trabajo, sino la aparición de nuevas actividades y necesidades. “Mientras haya necesidades humanas, que siempre fueron infinitas, seguramente va a haber nuevas formas de trabajo y nuevas formas de producción que se van a adaptar a esas nuevas necesidades”, afirmó.
Al analizar los posibles límites de la inteligencia artificial, Siri recuperó una reflexión: “El otro día escuché a un filósofo que dijo algo que me gustó mucho: que la inteligencia artificial te puede ver, pero no te puede mirar”.
Para explicar esa diferencia mencionó el ejemplo de un padre que observa jugar al fútbol a sus hijos. Una cámara puede registrar lo que sucede en la cancha, pero ese registro no tiene el mismo significado que para quien mantiene un vínculo afectivo con el protagonista. “No era lo mismo jugar al fútbol y que lo filmara cualquiera a que lo mirara el padre. La mirada nos hace humanos y siempre va a estar más allá de cualquier tecnología”.
Otro de los cambios que destacó Siri es la velocidad con la que estas herramientas dejaron los ámbitos especializados para incorporarse a la vida cotidiana. Los tiempos necesarios para la adopción masiva de una tecnología se redujeron drásticamente. Mientras Internet necesitó años para alcanzar una cantidad significativa de usuarios, herramientas como ChatGPT lograron una expansión mundial en períodos mucho más cortos.
Prácticamente cualquier persona puede acceder hoy a sistemas que hace pocos años parecían reservados para especialistas, universidades o grandes compañías tecnológicas. Esa velocidad obligará también a modificar la relación con la educación. “Nos tenemos que estar preparando para un mundo donde la formación es algo crónico, es algo que vamos a hacer toda la vida”, advirtió.
El aprendizaje, desde esa perspectiva, ya no puede entenderse como una etapa que comienza y termina antes de ingresar al mercado laboral. La velocidad del cambio tecnológico obligará a actualizar conocimientos y adquirir nuevas capacidades de manera permanente.
Sobre qué puede venir en el “después”, Siri consideró que resulta difícil dimensionar hasta dónde puede llegar una tecnología cuyo elemento central es justamente la inteligencia. “Puede venir algo tan asombroso como una nueva forma de vida: la vida digital”, planteó.
Hay una discusión abierta respecto de si los sistemas artificiales podrían alcanzar algún tipo de conciencia. “Algunos dirán que la inteligencia artificial tiene un grado de conciencia, otros dirán que no. Es una discusión en la que, curiosamente, hay gente muy prestigiosa y muy dividida”, indicó.
Sí es inevitable que el avance tecnológico obligará a revisar estructuras que parecían consolidadas. “Lo que venga va a implicar replantear un montón de reglas, incluidas las propias reglas del capitalismo”, afirmó.
Para quienes todavía observan estas herramientas desde lejos o sienten que carecen de conocimientos técnicos suficientes para comenzar, Siri dejó una recomendación sencilla: jugar y experimentar. “Lo mejor que se puede recomendar para aprender algo es jugar. Me dediqué a hacer videojuegos muchos años y lo lúdico coloca la mente humana en un estadio que la vuelve más abierta a experimentar, a probar y a no temer equivocarse, porque es todo un juego”, explicó.
Esa misma lógica, consideró, puede aplicarse a la IA. “Tal vez la mejor forma de aproximarse a ella es encontrando formas lúdicas que nos saquen presión a la hora de tratar de hacer algo y que nos ayuden a entender, de una manera más creativa, para qué sirve, cómo usarla y cómo experimentar con ella”.
Frente a la velocidad con la que avanza la inteligencia artificial, Siri propone una actitud basada en la experimentación y el aprendizaje permanente. En lugar de quedar paralizados ante el cambio, el desafío será incorporar nuevas herramientas, comprender sus posibilidades y prepararse para las transformaciones que podrían alcanzar a las reglas económicas y sociales.
La inteligencia artificial avanza a una velocidad difícil de comparar con otras transformaciones tecnológicas de las últimas décadas. Ya es parte de actividades laborales, educativas y cotidianas y, mientras crecen las posibilidades que ofrece, aparecen interrogantes sobre sus límites, el futuro del empleo y el lugar que ocuparán las personas frente a sistemas cada vez más capaces.
En el marco de la Expo Industria en Comodoro Rivadavia, el especialista Santiago Siri abordó esos desafíos y sostuvo que el miedo que genera la inteligencia artificial no es demasiado diferente al que acompañó otros grandes cambios tecnológicos de la historia.
“El miedo siempre fue un factor en la historia de todas las tecnologías de la información. Uno puede encontrar, por ejemplo, que en el surgimiento de la imprenta había mucho miedo, en el surgimiento de la computación hubo mucho miedo y también con el surgimiento de las redes. Es una reacción natural al cambio”, explicó a Jornada.
Sin embargo, planteó una mirada optimista respecto del proceso en marcha. “Elijo ver el vaso mitad lleno. Son herramientas que nos llevan hacia más conocimiento, más inteligencia y más capacidad”, agregó.
En ese escenario, consideró que la transformación tecnológica no necesariamente implica la desaparición del trabajo, sino la aparición de nuevas actividades y necesidades. “Mientras haya necesidades humanas, que siempre fueron infinitas, seguramente va a haber nuevas formas de trabajo y nuevas formas de producción que se van a adaptar a esas nuevas necesidades”, afirmó.
Al analizar los posibles límites de la inteligencia artificial, Siri recuperó una reflexión: “El otro día escuché a un filósofo que dijo algo que me gustó mucho: que la inteligencia artificial te puede ver, pero no te puede mirar”.
Para explicar esa diferencia mencionó el ejemplo de un padre que observa jugar al fútbol a sus hijos. Una cámara puede registrar lo que sucede en la cancha, pero ese registro no tiene el mismo significado que para quien mantiene un vínculo afectivo con el protagonista. “No era lo mismo jugar al fútbol y que lo filmara cualquiera a que lo mirara el padre. La mirada nos hace humanos y siempre va a estar más allá de cualquier tecnología”.
Otro de los cambios que destacó Siri es la velocidad con la que estas herramientas dejaron los ámbitos especializados para incorporarse a la vida cotidiana. Los tiempos necesarios para la adopción masiva de una tecnología se redujeron drásticamente. Mientras Internet necesitó años para alcanzar una cantidad significativa de usuarios, herramientas como ChatGPT lograron una expansión mundial en períodos mucho más cortos.
Prácticamente cualquier persona puede acceder hoy a sistemas que hace pocos años parecían reservados para especialistas, universidades o grandes compañías tecnológicas. Esa velocidad obligará también a modificar la relación con la educación. “Nos tenemos que estar preparando para un mundo donde la formación es algo crónico, es algo que vamos a hacer toda la vida”, advirtió.
El aprendizaje, desde esa perspectiva, ya no puede entenderse como una etapa que comienza y termina antes de ingresar al mercado laboral. La velocidad del cambio tecnológico obligará a actualizar conocimientos y adquirir nuevas capacidades de manera permanente.
Sobre qué puede venir en el “después”, Siri consideró que resulta difícil dimensionar hasta dónde puede llegar una tecnología cuyo elemento central es justamente la inteligencia. “Puede venir algo tan asombroso como una nueva forma de vida: la vida digital”, planteó.
Hay una discusión abierta respecto de si los sistemas artificiales podrían alcanzar algún tipo de conciencia. “Algunos dirán que la inteligencia artificial tiene un grado de conciencia, otros dirán que no. Es una discusión en la que, curiosamente, hay gente muy prestigiosa y muy dividida”, indicó.
Sí es inevitable que el avance tecnológico obligará a revisar estructuras que parecían consolidadas. “Lo que venga va a implicar replantear un montón de reglas, incluidas las propias reglas del capitalismo”, afirmó.
Para quienes todavía observan estas herramientas desde lejos o sienten que carecen de conocimientos técnicos suficientes para comenzar, Siri dejó una recomendación sencilla: jugar y experimentar. “Lo mejor que se puede recomendar para aprender algo es jugar. Me dediqué a hacer videojuegos muchos años y lo lúdico coloca la mente humana en un estadio que la vuelve más abierta a experimentar, a probar y a no temer equivocarse, porque es todo un juego”, explicó.
Esa misma lógica, consideró, puede aplicarse a la IA. “Tal vez la mejor forma de aproximarse a ella es encontrando formas lúdicas que nos saquen presión a la hora de tratar de hacer algo y que nos ayuden a entender, de una manera más creativa, para qué sirve, cómo usarla y cómo experimentar con ella”.
Frente a la velocidad con la que avanza la inteligencia artificial, Siri propone una actitud basada en la experimentación y el aprendizaje permanente. En lugar de quedar paralizados ante el cambio, el desafío será incorporar nuevas herramientas, comprender sus posibilidades y prepararse para las transformaciones que podrían alcanzar a las reglas económicas y sociales.