El uso de cigarrillos electrónicos o vapers en niños y adolescentes genera creciente preocupación entre profesionales de la salud. En diálogo con Jornada Radio, la médica pediatra Patricia Pedrerol (MP 1261) y el neumonólogo Luciano Busi (MP 3097) advirtieron sobre los efectos nocivos de estos dispositivos y señalaron que el consumo comienza cada vez a edades más tempranas.
Busi sostuvo que el vapeo todavía no tiene entre los jóvenes la misma percepción negativa que el cigarrillo tradicional, pese a que puede provocar consecuencias similares. Según explicó, los dispositivos que contienen nicotina pueden afectar el desarrollo cerebral durante la adolescencia, además de generar efectos cardiovasculares y daños en el sistema respiratorio.
A esto se suma la composición de los líquidos utilizados. El especialista remarcó que muchos dispositivos contienen sustancias cuya composición no está debidamente controlada y mencionó la presencia de metales pesados y otros compuestos potencialmente perjudiciales. También señaló que el vapeo puede convertirse en una puerta de entrada al cigarrillo convencional.
Uno de los aspectos que más dificulta la detección del consumo es que los vapers pueden tener poco o ningún olor y no requieren el mismo tipo de encendido que un cigarrillo tradicional. Por ese motivo, Busi consideró fundamental que exista una conversación abierta entre padres e hijos para conocer si los adolescentes están utilizando estos dispositivos.
El neumonólogo también advirtió sobre la aparición de casos de lesiones respiratorias graves. Según explicó, algunas sustancias pueden provocar cuadros de insuficiencia respiratoria de evolución rápida, mientras que el consumo sostenido desde edades tempranas puede favorecer enfermedades pulmonares a largo plazo.
Planteó la necesidad de incorporar la prevención del vapeo al ámbito educativo. “La única forma de hacerlo universal es en las escuelas”, sostuvo, y consideró que la información debería comenzar incluso antes de los 11 o 12 años, con contenidos destinados tanto a estudiantes como a las familias.
Una práctica cada vez más naturalizada
Patricia Pedrerol coincidió con la preocupación y señaló que el vapeo se encuentra cada vez más naturalizado entre los adolescentes, incluso entre menores de 16 años.
La pediatra indicó que el consumo puede aparecer en cumpleaños, reuniones y también dentro de las escuelas. Según describió, muchos chicos perciben el dispositivo simplemente como un “vaporcito” y no dimensionan sus posibles consecuencias.
Pedrerol remarcó además que el riesgo no alcanza únicamente a quienes vapean. Al igual que ocurre con el humo del cigarrillo, los ambientes cerrados en los que se utilizan estos dispositivos también pueden exponer a otras personas a sustancias potencialmente tóxicas.
La especialista señaló que los efectos no siempre aparecen a largo plazo y que ya se han observado cuadros respiratorios que pueden dejar secuelas. Entre las posibles consecuencias mencionó lesiones de las vías respiratorias, asma y casos que pueden requerir asistencia con oxígeno, dependiendo de las sustancias utilizadas.
Para Pedrerol, el escenario representa un “semáforo amarillo” que debería encender una señal de alerta tanto para la comunidad como para el sistema sanitario y las familias. Ante cuadros como tos persistente o problemas respiratorios, consideró importante que los profesionales incorporen preguntas sobre el posible uso de cigarrillos electrónicos.
Prevenir antes de que sea tarde
Ambos especialistas coincidieron en que la respuesta no debería limitarse a sancionar o retar a los adolescentes, sino que debe incluir información y acompañamiento.
Pedrerol destacó la importancia de que los adultos conozcan el problema para poder hablar con los jóvenes sin convertir el tema en un tabú. “Hay que tomar conciencia”, sostuvo, al remarcar que la prevención requiere un compromiso conjunto de las familias, las escuelas y los profesionales de la salud.
Busi, por su parte, insistió en que la percepción del vaper como una alternativa “menos dañina” al cigarrillo puede resultar engañosa y señaló que actualmente existen otros métodos y tratamientos para quienes buscan abandonar el consumo de tabaco.
La advertencia de los especialistas apunta especialmente a la edad de inicio: cuanto más temprano comienza el consumo de nicotina y otras sustancias inhaladas, mayor puede ser el impacto sobre un organismo que todavía se encuentra en desarrollo.
“Hay que cuidarlos y es compromiso de todos”, resumió Pedrerol al referirse a la necesidad de abordar el vapeo como un problema de salud y prevención comunitaria.
El uso de cigarrillos electrónicos o vapers en niños y adolescentes genera creciente preocupación entre profesionales de la salud. En diálogo con Jornada Radio, la médica pediatra Patricia Pedrerol (MP 1261) y el neumonólogo Luciano Busi (MP 3097) advirtieron sobre los efectos nocivos de estos dispositivos y señalaron que el consumo comienza cada vez a edades más tempranas.
Busi sostuvo que el vapeo todavía no tiene entre los jóvenes la misma percepción negativa que el cigarrillo tradicional, pese a que puede provocar consecuencias similares. Según explicó, los dispositivos que contienen nicotina pueden afectar el desarrollo cerebral durante la adolescencia, además de generar efectos cardiovasculares y daños en el sistema respiratorio.
A esto se suma la composición de los líquidos utilizados. El especialista remarcó que muchos dispositivos contienen sustancias cuya composición no está debidamente controlada y mencionó la presencia de metales pesados y otros compuestos potencialmente perjudiciales. También señaló que el vapeo puede convertirse en una puerta de entrada al cigarrillo convencional.
Uno de los aspectos que más dificulta la detección del consumo es que los vapers pueden tener poco o ningún olor y no requieren el mismo tipo de encendido que un cigarrillo tradicional. Por ese motivo, Busi consideró fundamental que exista una conversación abierta entre padres e hijos para conocer si los adolescentes están utilizando estos dispositivos.
El neumonólogo también advirtió sobre la aparición de casos de lesiones respiratorias graves. Según explicó, algunas sustancias pueden provocar cuadros de insuficiencia respiratoria de evolución rápida, mientras que el consumo sostenido desde edades tempranas puede favorecer enfermedades pulmonares a largo plazo.
Planteó la necesidad de incorporar la prevención del vapeo al ámbito educativo. “La única forma de hacerlo universal es en las escuelas”, sostuvo, y consideró que la información debería comenzar incluso antes de los 11 o 12 años, con contenidos destinados tanto a estudiantes como a las familias.
Una práctica cada vez más naturalizada
Patricia Pedrerol coincidió con la preocupación y señaló que el vapeo se encuentra cada vez más naturalizado entre los adolescentes, incluso entre menores de 16 años.
La pediatra indicó que el consumo puede aparecer en cumpleaños, reuniones y también dentro de las escuelas. Según describió, muchos chicos perciben el dispositivo simplemente como un “vaporcito” y no dimensionan sus posibles consecuencias.
Pedrerol remarcó además que el riesgo no alcanza únicamente a quienes vapean. Al igual que ocurre con el humo del cigarrillo, los ambientes cerrados en los que se utilizan estos dispositivos también pueden exponer a otras personas a sustancias potencialmente tóxicas.
La especialista señaló que los efectos no siempre aparecen a largo plazo y que ya se han observado cuadros respiratorios que pueden dejar secuelas. Entre las posibles consecuencias mencionó lesiones de las vías respiratorias, asma y casos que pueden requerir asistencia con oxígeno, dependiendo de las sustancias utilizadas.
Para Pedrerol, el escenario representa un “semáforo amarillo” que debería encender una señal de alerta tanto para la comunidad como para el sistema sanitario y las familias. Ante cuadros como tos persistente o problemas respiratorios, consideró importante que los profesionales incorporen preguntas sobre el posible uso de cigarrillos electrónicos.
Prevenir antes de que sea tarde
Ambos especialistas coincidieron en que la respuesta no debería limitarse a sancionar o retar a los adolescentes, sino que debe incluir información y acompañamiento.
Pedrerol destacó la importancia de que los adultos conozcan el problema para poder hablar con los jóvenes sin convertir el tema en un tabú. “Hay que tomar conciencia”, sostuvo, al remarcar que la prevención requiere un compromiso conjunto de las familias, las escuelas y los profesionales de la salud.
Busi, por su parte, insistió en que la percepción del vaper como una alternativa “menos dañina” al cigarrillo puede resultar engañosa y señaló que actualmente existen otros métodos y tratamientos para quienes buscan abandonar el consumo de tabaco.
La advertencia de los especialistas apunta especialmente a la edad de inicio: cuanto más temprano comienza el consumo de nicotina y otras sustancias inhaladas, mayor puede ser el impacto sobre un organismo que todavía se encuentra en desarrollo.
“Hay que cuidarlos y es compromiso de todos”, resumió Pedrerol al referirse a la necesidad de abordar el vapeo como un problema de salud y prevención comunitaria.