El día que Ferro también llegó a la Luna

El 20 de julio de 1969, mientras el mundo observaba el alunizaje del Apolo 11, “La maquinita” se consagraba campeón del Torneo Preparación de la Liga del Valle. Fue el único título oficial de fútbol de la institución madrynense, construido con jugadores propios, humildad y una campaña inolvidable.

Ferro campeón del "Preparación", en la vieja cancha de Gaiman FC.
Ferro campeón del "Preparación", en la vieja cancha de Gaiman FC.
20 JUL 2026 - 12:16 | Actualizado 20 JUL 2026 - 12:22

Por Juan Miguel Bigrevich / Redacción Jornada

Hace 57 años, mientras la humanidad conquistaba el espacio, un club humilde de Puerto Madryn escribía la página más gloriosa de su historia futbolística. El 20 de julio de 1969, Ferro fue campeón del Torneo Preparación de la Liga del Valle del Chubut y demostró que los sueños también podían viajar sobre rieles.

El 20 de julio de 1969 la historia tuvo dos escenarios separados por casi 400 mil kilómetros, pero unidos por una misma palabra: hazaña.

En el Mar de la Tranquilidad, Neil Armstrong descendía del módulo Eagle para dar "un pequeño paso para un hombre y un gran salto para la humanidad". En el Valle Inferior del Río Chubut, un puñado de futbolistas con camisetas celestes y una locomotora roja bordada sobre el pecho también desafiaba la gravedad de la lógica. Ferrocarril Patagónico se consagraba campeón por primera y única vez del fútbol oficial.

Mientras millones de personas levantaban la vista hacia la Luna, Puerto Madryn la encontraba a ras del piso.

La igualdad sin goles entre Germinal y Gaiman, en la vieja cancha de Racing de Trelew, sentenció un campeonato que Ferro había construido ladrillo por ladrillo. Con una fecha de anticipación, el conjunto ferrocarrilero se aseguraba el Torneo Preparación de la Liga del Valle del Chubut, alcanzando un título que todavía hoy permanece como una de las epopeyas más entrañables del deporte regional.

No fue la conquista de un gigante. Fue la rebelión de un club modesto.

Dirigido y también defendido dentro de la cancha por el legendario Ricardo Barbudo y con José Luis "Cuchi" Iglesias como estandarte ofensivo, Ferro edificó una campaña memorable: cuatro victorias, dos empates y apenas una derrota, sufrida cuando el campeonato ya descansaba en sus vitrinas.
Ganó sin estridencias, pero con convicción. Sin estrellas importadas, pero con futbolistas nacidos en sus propias entrañas. Sin billetera, pero con identidad.

Era la victoria de los semilleros sobre los cheques.


En su histórico estadio del centro de Puerto Madryn, rodeado de paredones de chapa y cemento, con los metegoles como parte del paisaje cotidiano, derrotó sucesivamente a Independiente (2 a 1), Germinal (3 a 1) y Argentinos del Sur (2 a 0). Luego rescató un empate clave frente a Racing en Trelew (1 a 1), venció a Guillermo Brown (2 a 1) y cerró el título igualando con Huracán (1 a 1) antes de caer, ya campeón, frente a Gaiman FC (1 a 2).

En aquellos tiempos el triunfo otorgaba dos puntos. Y cada unidad se conquistaba como si fuera carbón para alimentar una locomotora.
Ferro sumó diez puntos, convirtió doce goles y recibió apenas siete. Detrás quedaron Germinal, Argentinos del Sur, Gaiman, Racing, Independiente, Brown y Huracán.

Aquella formación quedó grabada para siempre en la memoria futbolera del Valle: los Iglesias, Barbudo, Espiacce, Riquelme, Chagallo, Retamozo, Zárate, Ureña, Entraigas, Amado, Contreras, Montero, Rodas, Marinho, Villalba y tantos otros nombres que el tiempo no consiguió borrar.

De esa manera, obtenía su segundo trofeo diez después; ya que en 1958 ganaba el “Aniversario” ante Independiente de Trelew. Barbudo, Riquelme y Zárate lo repetían.

La celebración fue tan pintoresca como inolvidable.

Las crónicas recuerdan que el plantel recorrió Puerto Madryn sobre un tractor transformado en locomotora, con vagones pintados en sus costados, como si el viejo ferrocarril se negara a aceptar el destino que comenzaba a imponerse.

Porque mientras Ferro levantaba el trofeo, los verdaderos trenes argentinos ya empezaban a ser condenados.

El Plan Larkin impulsado durante el gobierno de Arturo Frondizi, con Álvaro Alsogaray como uno de sus principales ejecutores, había iniciado el desmantelamiento del sistema ferroviario nacional bajo el argumento del déficit económico. Aquella locomotora de cartón que paseaba a los campeones terminaba siendo, sin saberlo, una metáfora dolorosa: celebraba la vida de un ferrocarril cuando el país comenzaba a firmar su sentencia.

La locomotora sobrevivía únicamente en el escudo.

El reconocimiento llegó incluso desde las páginas de Jornada, que tituló con precisión histórica: "Ferro: el triunfo de una modesta institución".

El diario fue todavía más lejos al definir que el campeonato demostraba el camino que debían recorrer los clubes: apostar por sus divisiones inferiores, formar futbolistas propios y construir equipos sin figuras rutilantes ni gastos imposibles. Una lección que conserva plena vigencia medio siglo después.

Porque Ferro ganó sin comprar prestigio.

Lo fabricó.

Ese 1969 también encontraba a la Argentina atravesada por fuertes tensiones políticas y sociales. Augusto Vandor era asesinado, el gobierno militar de Juan Carlos Onganía impulsaba grandes proyectos industriales en la Patagonia y meses más tarde el Cordobazo comenzaría a resquebrajar la llamada Revolución Argentina.

En el plano regional, el fútbol también vivía sus dramas. Racing de Trelew representaba a la Liga en el Torneo Regional rumbo al primer Nacional y sufría una histórica eliminación frente a San Lorenzo de Mar del Plata (0 a 2 de local y 1 a 12 de visitante). Poco después, la tragedia golpeaba con el accidente vial que costó la vida al dirigente Juan Carlos Buenader.

Era un país que oscilaba entre la esperanza y el dolor.

Y en medio de esa Argentina convulsionada, un pequeño club ferroviario demostraba que todavía existía espacio para las utopías.

Ferrocarril Patagónico abandonaría el fútbol oficial en 1980 para concentrar sus esfuerzos en otras disciplinas donde construiría una trayectoria ejemplar. El básquet, la gimnasia, el patín, la pelota a paleta y muchas otras actividades terminarían convirtiéndolo en una institución modelo.

Pero nadie puede clausurar la memoria.

Porque los campeonatos no desaparecen cuando se guardan las camisetas.

Permanecen vivos mientras alguien siga contando la historia.

Cada 20 de julio el mundo recuerda la llegada del hombre a la Luna. En Puerto Madryn, en cambio, también debería recordarse que ese mismo día otro viaje desafió toda lógica.

No necesitó cohetes de la NASA ni combustible espacial.

Le alcanzó una pelota, once futbolistas, un escudo con una locomotora y un pueblo entero empujando desde los andenes de la ilusión.

Aquella tarde, mientras Armstrong dejaba sus huellas sobre el polvo lunar, Ferro dejó las suyas para siempre sobre la tierra del fútbol valletano.
Porque algunos llegan a la Luna.

Y otros descubren que la Luna, a veces, también puede quedar a la vuelta de una cancha.

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Ferro campeón del "Preparación", en la vieja cancha de Gaiman FC.
Ferro campeón del "Preparación", en la vieja cancha de Gaiman FC.
20 JUL 2026 - 12:16

Por Juan Miguel Bigrevich / Redacción Jornada

Hace 57 años, mientras la humanidad conquistaba el espacio, un club humilde de Puerto Madryn escribía la página más gloriosa de su historia futbolística. El 20 de julio de 1969, Ferro fue campeón del Torneo Preparación de la Liga del Valle del Chubut y demostró que los sueños también podían viajar sobre rieles.

El 20 de julio de 1969 la historia tuvo dos escenarios separados por casi 400 mil kilómetros, pero unidos por una misma palabra: hazaña.

En el Mar de la Tranquilidad, Neil Armstrong descendía del módulo Eagle para dar "un pequeño paso para un hombre y un gran salto para la humanidad". En el Valle Inferior del Río Chubut, un puñado de futbolistas con camisetas celestes y una locomotora roja bordada sobre el pecho también desafiaba la gravedad de la lógica. Ferrocarril Patagónico se consagraba campeón por primera y única vez del fútbol oficial.

Mientras millones de personas levantaban la vista hacia la Luna, Puerto Madryn la encontraba a ras del piso.

La igualdad sin goles entre Germinal y Gaiman, en la vieja cancha de Racing de Trelew, sentenció un campeonato que Ferro había construido ladrillo por ladrillo. Con una fecha de anticipación, el conjunto ferrocarrilero se aseguraba el Torneo Preparación de la Liga del Valle del Chubut, alcanzando un título que todavía hoy permanece como una de las epopeyas más entrañables del deporte regional.

No fue la conquista de un gigante. Fue la rebelión de un club modesto.

Dirigido y también defendido dentro de la cancha por el legendario Ricardo Barbudo y con José Luis "Cuchi" Iglesias como estandarte ofensivo, Ferro edificó una campaña memorable: cuatro victorias, dos empates y apenas una derrota, sufrida cuando el campeonato ya descansaba en sus vitrinas.
Ganó sin estridencias, pero con convicción. Sin estrellas importadas, pero con futbolistas nacidos en sus propias entrañas. Sin billetera, pero con identidad.

Era la victoria de los semilleros sobre los cheques.


En su histórico estadio del centro de Puerto Madryn, rodeado de paredones de chapa y cemento, con los metegoles como parte del paisaje cotidiano, derrotó sucesivamente a Independiente (2 a 1), Germinal (3 a 1) y Argentinos del Sur (2 a 0). Luego rescató un empate clave frente a Racing en Trelew (1 a 1), venció a Guillermo Brown (2 a 1) y cerró el título igualando con Huracán (1 a 1) antes de caer, ya campeón, frente a Gaiman FC (1 a 2).

En aquellos tiempos el triunfo otorgaba dos puntos. Y cada unidad se conquistaba como si fuera carbón para alimentar una locomotora.
Ferro sumó diez puntos, convirtió doce goles y recibió apenas siete. Detrás quedaron Germinal, Argentinos del Sur, Gaiman, Racing, Independiente, Brown y Huracán.

Aquella formación quedó grabada para siempre en la memoria futbolera del Valle: los Iglesias, Barbudo, Espiacce, Riquelme, Chagallo, Retamozo, Zárate, Ureña, Entraigas, Amado, Contreras, Montero, Rodas, Marinho, Villalba y tantos otros nombres que el tiempo no consiguió borrar.

De esa manera, obtenía su segundo trofeo diez después; ya que en 1958 ganaba el “Aniversario” ante Independiente de Trelew. Barbudo, Riquelme y Zárate lo repetían.

La celebración fue tan pintoresca como inolvidable.

Las crónicas recuerdan que el plantel recorrió Puerto Madryn sobre un tractor transformado en locomotora, con vagones pintados en sus costados, como si el viejo ferrocarril se negara a aceptar el destino que comenzaba a imponerse.

Porque mientras Ferro levantaba el trofeo, los verdaderos trenes argentinos ya empezaban a ser condenados.

El Plan Larkin impulsado durante el gobierno de Arturo Frondizi, con Álvaro Alsogaray como uno de sus principales ejecutores, había iniciado el desmantelamiento del sistema ferroviario nacional bajo el argumento del déficit económico. Aquella locomotora de cartón que paseaba a los campeones terminaba siendo, sin saberlo, una metáfora dolorosa: celebraba la vida de un ferrocarril cuando el país comenzaba a firmar su sentencia.

La locomotora sobrevivía únicamente en el escudo.

El reconocimiento llegó incluso desde las páginas de Jornada, que tituló con precisión histórica: "Ferro: el triunfo de una modesta institución".

El diario fue todavía más lejos al definir que el campeonato demostraba el camino que debían recorrer los clubes: apostar por sus divisiones inferiores, formar futbolistas propios y construir equipos sin figuras rutilantes ni gastos imposibles. Una lección que conserva plena vigencia medio siglo después.

Porque Ferro ganó sin comprar prestigio.

Lo fabricó.

Ese 1969 también encontraba a la Argentina atravesada por fuertes tensiones políticas y sociales. Augusto Vandor era asesinado, el gobierno militar de Juan Carlos Onganía impulsaba grandes proyectos industriales en la Patagonia y meses más tarde el Cordobazo comenzaría a resquebrajar la llamada Revolución Argentina.

En el plano regional, el fútbol también vivía sus dramas. Racing de Trelew representaba a la Liga en el Torneo Regional rumbo al primer Nacional y sufría una histórica eliminación frente a San Lorenzo de Mar del Plata (0 a 2 de local y 1 a 12 de visitante). Poco después, la tragedia golpeaba con el accidente vial que costó la vida al dirigente Juan Carlos Buenader.

Era un país que oscilaba entre la esperanza y el dolor.

Y en medio de esa Argentina convulsionada, un pequeño club ferroviario demostraba que todavía existía espacio para las utopías.

Ferrocarril Patagónico abandonaría el fútbol oficial en 1980 para concentrar sus esfuerzos en otras disciplinas donde construiría una trayectoria ejemplar. El básquet, la gimnasia, el patín, la pelota a paleta y muchas otras actividades terminarían convirtiéndolo en una institución modelo.

Pero nadie puede clausurar la memoria.

Porque los campeonatos no desaparecen cuando se guardan las camisetas.

Permanecen vivos mientras alguien siga contando la historia.

Cada 20 de julio el mundo recuerda la llegada del hombre a la Luna. En Puerto Madryn, en cambio, también debería recordarse que ese mismo día otro viaje desafió toda lógica.

No necesitó cohetes de la NASA ni combustible espacial.

Le alcanzó una pelota, once futbolistas, un escudo con una locomotora y un pueblo entero empujando desde los andenes de la ilusión.

Aquella tarde, mientras Armstrong dejaba sus huellas sobre el polvo lunar, Ferro dejó las suyas para siempre sobre la tierra del fútbol valletano.
Porque algunos llegan a la Luna.

Y otros descubren que la Luna, a veces, también puede quedar a la vuelta de una cancha.