Por Ismael Tebes / Redacción Jornada
Los clásicos nunca vuelven porque en realidad jamás se fueron, siempre estuvieron ahí. La música como la vida misma. Un sueño de chango que se hizo grande, un ídolo. Un DNI que parece mentir cada vez que Ramón Bautista Ortega se sube a un escenario. Y lo que para muchos músicos jóvenes equivale a aviones, hoteles y pruebas de sonido, a “Palito” le genera una energía extra: nada como tomar la guitarra y entregarse plenamente a su público, ese combustible emocional que lo mantiene con espíritu jóven pese a los 85 que no esconde.

“Tomando en cuenta la década del 60’ cuando empezamos nosotros. Y hablo de Sandro, de Leonardo Favio y de tantos colegas que lamentablemente ya no están. Hay que darle gracias a Dios porque uno todavía puede subir a un escenario”, expresó el artista quien reconoce que cada presentación representa un privilegio.
“Primero porque la salud me lo permite y segundo porque la gente todavía me recibe con muchísimo cariño. Tengo que estar profundamente agradecido a Dios, a la vida y al público por ese regalo. Yo lo disfruto. Cuando subo al escenario sé que la gente conoce las canciones y el repertorio y yo tengo que responder a eso”, afirmó.
Lejos de acostumbrarse al reconocimiento, asegura que continúa sintiendo la misma emoción cada vez que enfrenta ese afecto que siente cercano. “Ya estamos hace bastante tiempo de gira alternando viajes por el país y algunas cosas en el exterior. Siempre con la felicidad y el agradecimiento a Dios por estar de pie”, sostuvo.

Sin embargo, asegura que el mayor premio no está ligado exclusivamente al éxito artístico y profesional. “La felicidad más grande es estar rodeado del amor de mi familia, de mis hijos y de mis nietos. Tener más de ochenta años y sentirme con ésta energía de poder andar con mi guitarra y con mi música; poder volver a casa después de una gira y encontrar ese afecto es algo que no tiene precio”, expresó.
Cuando se le pregunta por los proyectos futuros, responde con serenidad sabiendo que lo hizo todo. Y que el tiempo es un plus que le hace un guiño. “Ya no le puedo pedir más a Dios, ni a la vida. Simplemente quiero seguir como estoy, disfrutando del respeto y el cariño de la gente hasta mi último día”, afirmó.

Aquellos años de esfuerzo quedaron grabados en su memoria. Vendiendo diarios a los doce años y recorriendo largas distancias a pie, encontró en las canciones una compañía permanente. “Siempre iba cantando. Caminaba de un lado a otro del pueblo y la música me acompañaba. Por eso digo que fue el bálsamo de mi vida, la que calmó muchas tristezas y muchas penas”, confesó.
A través de sus composiciones encontró también una forma de agradecer. “Con mis canciones le di gracias a la vida, le di gracias a Dios y a la gente que me permitió seguir teniendo un lugar sobre un escenario durante tantos años. Ellos me permiten pararme y seguir sintiendo cariño y el aplauso, brindándole humildemente mis canciones”, concluyó Ortega quien viaja por el país transmitiendo el mismo mensaje que convirtió a sus canciones en una compañía para siempre. Celebrando la vida, compartiendo el amor, agradecido.#

Por Ismael Tebes / Redacción Jornada
Los clásicos nunca vuelven porque en realidad jamás se fueron, siempre estuvieron ahí. La música como la vida misma. Un sueño de chango que se hizo grande, un ídolo. Un DNI que parece mentir cada vez que Ramón Bautista Ortega se sube a un escenario. Y lo que para muchos músicos jóvenes equivale a aviones, hoteles y pruebas de sonido, a “Palito” le genera una energía extra: nada como tomar la guitarra y entregarse plenamente a su público, ese combustible emocional que lo mantiene con espíritu jóven pese a los 85 que no esconde.

“Tomando en cuenta la década del 60’ cuando empezamos nosotros. Y hablo de Sandro, de Leonardo Favio y de tantos colegas que lamentablemente ya no están. Hay que darle gracias a Dios porque uno todavía puede subir a un escenario”, expresó el artista quien reconoce que cada presentación representa un privilegio.
“Primero porque la salud me lo permite y segundo porque la gente todavía me recibe con muchísimo cariño. Tengo que estar profundamente agradecido a Dios, a la vida y al público por ese regalo. Yo lo disfruto. Cuando subo al escenario sé que la gente conoce las canciones y el repertorio y yo tengo que responder a eso”, afirmó.
Lejos de acostumbrarse al reconocimiento, asegura que continúa sintiendo la misma emoción cada vez que enfrenta ese afecto que siente cercano. “Ya estamos hace bastante tiempo de gira alternando viajes por el país y algunas cosas en el exterior. Siempre con la felicidad y el agradecimiento a Dios por estar de pie”, sostuvo.

Sin embargo, asegura que el mayor premio no está ligado exclusivamente al éxito artístico y profesional. “La felicidad más grande es estar rodeado del amor de mi familia, de mis hijos y de mis nietos. Tener más de ochenta años y sentirme con ésta energía de poder andar con mi guitarra y con mi música; poder volver a casa después de una gira y encontrar ese afecto es algo que no tiene precio”, expresó.
Cuando se le pregunta por los proyectos futuros, responde con serenidad sabiendo que lo hizo todo. Y que el tiempo es un plus que le hace un guiño. “Ya no le puedo pedir más a Dios, ni a la vida. Simplemente quiero seguir como estoy, disfrutando del respeto y el cariño de la gente hasta mi último día”, afirmó.

Aquellos años de esfuerzo quedaron grabados en su memoria. Vendiendo diarios a los doce años y recorriendo largas distancias a pie, encontró en las canciones una compañía permanente. “Siempre iba cantando. Caminaba de un lado a otro del pueblo y la música me acompañaba. Por eso digo que fue el bálsamo de mi vida, la que calmó muchas tristezas y muchas penas”, confesó.
A través de sus composiciones encontró también una forma de agradecer. “Con mis canciones le di gracias a la vida, le di gracias a Dios y a la gente que me permitió seguir teniendo un lugar sobre un escenario durante tantos años. Ellos me permiten pararme y seguir sintiendo cariño y el aplauso, brindándole humildemente mis canciones”, concluyó Ortega quien viaja por el país transmitiendo el mismo mensaje que convirtió a sus canciones en una compañía para siempre. Celebrando la vida, compartiendo el amor, agradecido.#