La noticia de la muerte del “Indio” Solari, ocurrida este viernes a los 77 años, dejó al rock argentino sumido en una tristeza profunda. El histórico líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, una de las figuras más influyentes y populares de la música nacional, falleció en su casa de Parque Leloir luego de atravesar durante años la enfermedad de Parkinson.
Pero mientras en distintos puntos del país aparecían flores, banderas y canciones para despedirlo, en Trelew el homenaje comenzó a tomar forma desde temprano, con pintura, música y emoción popular.
A las 15 horas, el artista trelewense Leandro Turchin, conocido como “Arte Kenchi”, empezó a pintar un mural del Indio Solari en Plaza Centenario, preparando el escenario para el banderazo convocado a las 18. Lo acompañaron sus amigos Bautista y Brian, también fanáticos del Indio y de Los Redondos, en una jornada atravesada por el sentimiento colectivo.
Poco a poco, la plaza comenzó a llenarse de personas. Algunos llegaban en silencio, otros abrazados, muchos con remeras ricoteras, banderas y parlantes desde donde sonaban clásicos eternos como Un ángel para tu soledad o Juguetes perdidos. La escena tenía algo de ritual y despedida: familias, amigos y fanáticos compartiendo el dolor de perder a una figura que para muchos fue mucho más que un músico.
El Indio no solo construyó una obra inmensa junto a Los Redondos y luego con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. También se convirtió en un símbolo cultural, una voz de resistencia y una referencia emocional para generaciones enteras de argentinos. Su muerte despertó homenajes masivos en todo el país y una ola de mensajes cargados de afecto y nostalgia.
En Trelew, mientras el mural iba tomando forma bajo la tarde fría, las letras del Indio seguían flotando en el aire, como si todavía estuviera ahí. Porque para sus seguidores, las canciones no terminan con la muerte: quedan encendidas en la memoria colectiva, en las plazas, en las rutas y en cada garganta que todavía canta que “el futuro llegó hace rato”.

La noticia de la muerte del “Indio” Solari, ocurrida este viernes a los 77 años, dejó al rock argentino sumido en una tristeza profunda. El histórico líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, una de las figuras más influyentes y populares de la música nacional, falleció en su casa de Parque Leloir luego de atravesar durante años la enfermedad de Parkinson.
Pero mientras en distintos puntos del país aparecían flores, banderas y canciones para despedirlo, en Trelew el homenaje comenzó a tomar forma desde temprano, con pintura, música y emoción popular.
A las 15 horas, el artista trelewense Leandro Turchin, conocido como “Arte Kenchi”, empezó a pintar un mural del Indio Solari en Plaza Centenario, preparando el escenario para el banderazo convocado a las 18. Lo acompañaron sus amigos Bautista y Brian, también fanáticos del Indio y de Los Redondos, en una jornada atravesada por el sentimiento colectivo.
Poco a poco, la plaza comenzó a llenarse de personas. Algunos llegaban en silencio, otros abrazados, muchos con remeras ricoteras, banderas y parlantes desde donde sonaban clásicos eternos como Un ángel para tu soledad o Juguetes perdidos. La escena tenía algo de ritual y despedida: familias, amigos y fanáticos compartiendo el dolor de perder a una figura que para muchos fue mucho más que un músico.
El Indio no solo construyó una obra inmensa junto a Los Redondos y luego con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. También se convirtió en un símbolo cultural, una voz de resistencia y una referencia emocional para generaciones enteras de argentinos. Su muerte despertó homenajes masivos en todo el país y una ola de mensajes cargados de afecto y nostalgia.
En Trelew, mientras el mural iba tomando forma bajo la tarde fría, las letras del Indio seguían flotando en el aire, como si todavía estuviera ahí. Porque para sus seguidores, las canciones no terminan con la muerte: quedan encendidas en la memoria colectiva, en las plazas, en las rutas y en cada garganta que todavía canta que “el futuro llegó hace rato”.