Hay recuerdos que los argentinos guardan para siempre. El 18 de diciembre de 2022 es uno de ellos. La tercera estrella, la copa levantada por Messi y millones de personas abrazadas en calles, plazas y casas de todo el país.
Pero entre aquel Mundial de Qatar y el que se jugará desde el próximo 11 de junio en Estados Unidos, México y Canadá, hubo otro campeonato que se disputó todos los días. Uno sin hinchadas, sin festejos y sin tiempo suplementario: el de los precios.
El grupo de pensamiento y acción política Agenda Patagonia, vinculado al Sindicato Regional de Luz y Fuerza de la Patagonia y a la Fundación Patagonia Tercer Milenio, realizó una comparación sobre los precios que pagábamos los argentinos durante la Copa del Mundo de 2022, cuando gobernaba Alberto Fernández, y los que se pagan ahora en la gestión libertaria de Javier Milei.
Los números son contundentes. El kilo de asado pasó de $ 1.200 a $ 22.000, lo que equivale a un aumento del 1.733%. La nafta súper saltó de $ 150 a más de $ 2.000 por litro, con una suba superior al 1.200%. El pan, que costaba $ 350 el kilo, hoy ronda los $ 4.500. Y la yerba mate pasó de $ 600 a $ 5.000.

Para aquellos que, además, tienen que criar hijos, un paquete de pañales de 50 unidades trepó de $ 4.000 a $ 22.000.
La comparación quizás más gráfica está en el changuito del supermercado. Con $ 50.000, durante el Mundial de Qatar se podía comprar una variedad de productos básicos: leche, aceite, harina, arroz, frutas, verduras, pan, huevos y algo más. Hoy, con ese mismo monto, el carrito queda bastante más vacío y obliga a elegir qué llevar y qué dejar en la góndola.

Mientras los precios jugaron en modo campeón, los salarios corrieron siempre desde atrás. Y cuando el sueldo pierde la carrera contra la inflación, no sólo se encarece la comida, el combustible o los productos de primera necesidad. También se achican los proyectos, el ahorro y la tranquilidad de millones de familias.
A cuatro años de aquella alegría inolvidable en Qatar, la pregunta ya no pasa por quién levantará la próxima Copa del Mundo. Para muchos argentinos, el desafío más urgente sigue siendo otro: recuperar el poder adquisitivo y volver a llenar el changuito sin tener que hacer malabares.

Porque hay partidos que se juegan cada cuatro años. Y otros que se juegan todos los días. Sin dudas, en el Mundial de la Inflación, los argentinos perdemos por goleada.

Hay recuerdos que los argentinos guardan para siempre. El 18 de diciembre de 2022 es uno de ellos. La tercera estrella, la copa levantada por Messi y millones de personas abrazadas en calles, plazas y casas de todo el país.
Pero entre aquel Mundial de Qatar y el que se jugará desde el próximo 11 de junio en Estados Unidos, México y Canadá, hubo otro campeonato que se disputó todos los días. Uno sin hinchadas, sin festejos y sin tiempo suplementario: el de los precios.
El grupo de pensamiento y acción política Agenda Patagonia, vinculado al Sindicato Regional de Luz y Fuerza de la Patagonia y a la Fundación Patagonia Tercer Milenio, realizó una comparación sobre los precios que pagábamos los argentinos durante la Copa del Mundo de 2022, cuando gobernaba Alberto Fernández, y los que se pagan ahora en la gestión libertaria de Javier Milei.
Los números son contundentes. El kilo de asado pasó de $ 1.200 a $ 22.000, lo que equivale a un aumento del 1.733%. La nafta súper saltó de $ 150 a más de $ 2.000 por litro, con una suba superior al 1.200%. El pan, que costaba $ 350 el kilo, hoy ronda los $ 4.500. Y la yerba mate pasó de $ 600 a $ 5.000.

Para aquellos que, además, tienen que criar hijos, un paquete de pañales de 50 unidades trepó de $ 4.000 a $ 22.000.
La comparación quizás más gráfica está en el changuito del supermercado. Con $ 50.000, durante el Mundial de Qatar se podía comprar una variedad de productos básicos: leche, aceite, harina, arroz, frutas, verduras, pan, huevos y algo más. Hoy, con ese mismo monto, el carrito queda bastante más vacío y obliga a elegir qué llevar y qué dejar en la góndola.

Mientras los precios jugaron en modo campeón, los salarios corrieron siempre desde atrás. Y cuando el sueldo pierde la carrera contra la inflación, no sólo se encarece la comida, el combustible o los productos de primera necesidad. También se achican los proyectos, el ahorro y la tranquilidad de millones de familias.
A cuatro años de aquella alegría inolvidable en Qatar, la pregunta ya no pasa por quién levantará la próxima Copa del Mundo. Para muchos argentinos, el desafío más urgente sigue siendo otro: recuperar el poder adquisitivo y volver a llenar el changuito sin tener que hacer malabares.

Porque hay partidos que se juegan cada cuatro años. Y otros que se juegan todos los días. Sin dudas, en el Mundial de la Inflación, los argentinos perdemos por goleada.