Lala Gym: referencia y realidad del fútbol femenino

La entrenadora y licenciada en Educación Física María Laura Hernández construyó, desde un taller barrial, uno de los proyectos deportivos más sostenidos del fútbol femenino en la cordillera. Con nueve títulos consecutivos y participación en torneos federales, el club Lala Gym se convirtió en un espacio de inclusión, formación y resistencia frente a las dificultades económicas y estructurales que atraviesan al deporte.

14 MAR 2026 - 10:24 | Actualizado 14 MAR 2026 - 11:01

Por Lorena Leeming / Redacción Jornada

El camino empezó en un barrio y con una idea sencilla: que el deporte fuera un derecho y no un privilegio. Desde entonces pasaron 17 años, torneos, viajes, obstáculos y conquistas. Hoy, el Club Social y Deportivo Lala Gym es una referencia del fútbol femenino en la cordillera chubutense y su impulsora, María Laura Hernández, todavía recuerda con claridad el punto de partida.

“Nací en el barrio Ceferino. Cuando regresé de estudiar, después de haber tenido la oportunidad de obtener una beca y formarme en Cuba, empecé a trabajar en la sede del barrio con las madres, a través de un taller de gimnasia”, cuenta la licenciada en Educación Física y entrenadora nacional de fútbol y lucha.


Lo que comenzó como una actividad comunitaria fue transformándose con el tiempo. Primero llegaron los equipos infantiles, después las nenas que querían jugar para participar de los Juegos Evita. El deporte se convirtió en un punto de encuentro para el barrio y también en una oportunidad para quienes no podían acceder a un club formal.


“Arrancamos con un objetivo sencillo: llevar el deporte a comunidades o zonas donde muchas personas no podían pagar un gimnasio o un club. La idea era captar a quienes necesitaban acceder a la actividad física de forma regular”, explica Hernández.


Con el paso de los años, el proyecto fue creciendo. Se sumaron talleres de vóley, experiencias en hockey y hasta un intento de desarrollar lucha deportiva en la región. Sin embargo, el fútbol fue el espacio que terminó consolidando la identidad del club.

El equipo que nació de aquel taller barrial empezó a competir en futsal, organizó torneos regionales y patagónicos y fue uno de los impulsores de la disciplina en la zona.


“Nos tocó levantar bandera e instalar en la provincia el futsal femenino. Fuimos uno de los referentes y empezamos a trabajar organizando torneos patagónicos y regionales”, recuerda.

Ese crecimiento también derivó en la participación dentro de estructuras deportivas más grandes. En una etapa clave del desarrollo del fútbol femenino local, el club Belgrano convocó al equipo.

“Nos convocaron a conformar el plantel femenino del club y fuimos con todas las chicas de Lala, que venían haciendo una gran trayectoria en el fútbol de salón”, señala.

El resultado de ese proceso fue contundente: nueve títulos consecutivos y participación en torneos federales. Un logro deportivo que posicionó al equipo dentro del mapa regional.

“El año pasado logramos nueve títulos consecutivos y participamos en torneos federales. Siempre tratamos de ser parte y de representar a nuestra zona dentro del fútbol femenino”, afirma.

El trabajo también se proyectó a nivel provincial. Hernández forma parte desde hace cuatro años del cuerpo técnico de la selección femenina de Chubut, con la que consiguieron un logro histórico.


“Fuimos la selección que ganó por primera vez los Juegos de la Araucanía representando a la provincia”, destaca.

Sin embargo, detrás de los resultados deportivos existe una realidad que condiciona el crecimiento del fútbol femenino. En especial en contextos económicos complejos.

“Una diferencia con el fútbol masculino es que muchas de las chicas son madres o jefas de hogar. Entonces, mientras el hombre quizás siempre puede poner para la hora de cancha o el arbitraje, una mamá tiene que pensar primero en sostener a su familia”, explica.

Ese factor incide directamente en la participación. En los últimos años, incluso la cantidad de equipos en las ligas locales se redujo.

“En un momento éramos entre 12 y 15 equipos y hoy la liga cuenta con ocho. Los costos aumentan y muchas deportistas son las que sostienen el hogar. Entonces entre darle de comer a los hijos y pagar para competir, lo piensan dos veces”, señala.

A las dificultades económicas se suman problemas estructurales que el fútbol femenino arrastra desde hace décadas: falta de financiamiento, escasez de espacios para entrenar y menor inversión en comparación con el fútbol masculino.

“La gran lucha siempre fue por el espacio. Al principio entrenábamos en playones o en lugares que no eran oficiales”, recuerda.

El crecimiento institucional también implicó nuevos desafíos. Después de más de una década de trabajo comunitario, el proyecto debió formalizarse para poder acceder a recursos y gestionar apoyos.

“Arrancamos hace 17 años con un taller en el barrio y hace cuatro años nos conformamos legalmente como club. Tuvimos que hacerlo porque si no no podíamos acceder a gestionar subsidios, materiales o espacios”, explica.

Aun así, el sostén del proyecto muchas veces depende de la comunidad.
“Hay empresas de Esquel que conocen el proyecto desde el inicio y han decidido apostar. Sin ese apoyo económico sería muy difícil sostener todo esto”, admite.

El trabajo del club también se proyecta más allá de las fronteras. Actualmente Lala Gym desarrolla un intercambio con la comunidad chilena de Futaleufú para fortalecer el fútbol femenino en esa localidad.


“Estamos trabajando con ellas para ayudarlas a prepararse para un torneo provincial en abril. La idea es sembrar la semillita del fútbol femenino para que siga creciendo”, cuenta.

La mirada de Hernández sobre el desarrollo del deporte es clara: cuando existe decisión política o dirigencial, los resultados aparecen.

“Hay clubes que apuestan fuerte al fútbol femenino. Belgrano de Córdoba igualó los recursos entre el plantel femenino y masculino y el femenino terminó ganando campeonatos nacionales”, ejemplifica.

Aun así, el camino todavía es largo

“Nosotros siempre vamos a querer más. La lucha es constante porque buscamos que el fútbol femenino tenga espacios accesibles para todas las chicas”, dice.
La verdadera meta, asegura, es que el crecimiento del deporte no dependa de excepciones sino de una estructura más amplia.

“Lo ideal sería que haya más espacios y más ligas para que todas puedan acceder. La masividad se va a lograr cuando las actividades sean accesibles”, sostiene.

Mientras tanto, el trabajo cotidiano continúa: entrenamientos, formación de nuevas jugadoras y el sueño de que alguna de ellas pueda llegar más lejos.
“Que nuestras chicas formen parte de una selección provincial ya es un avance grande. Ojalá algún día alguna llegue a un club grande o a una selección mayor. Eso es lo que todo entrenador quiere”.


Hernández lo sabe bien: el fútbol femenino en la cordillera se construye paso a paso, partido a partido, muchas veces a pulmón. Pero el movimiento ya empezó.

“Sabemos que es un camino largo, pero por suerte estamos viviendo un momento en donde el fútbol femenino cada vez es más visible”.

Para finalizar, agradeció a las firmas que apoyan el proyecto deportivo: Esquel Diagnóstico; YPF Best&Best; Tiendas Stylo y CM indumentaria.

14 MAR 2026 - 10:24

Por Lorena Leeming / Redacción Jornada

El camino empezó en un barrio y con una idea sencilla: que el deporte fuera un derecho y no un privilegio. Desde entonces pasaron 17 años, torneos, viajes, obstáculos y conquistas. Hoy, el Club Social y Deportivo Lala Gym es una referencia del fútbol femenino en la cordillera chubutense y su impulsora, María Laura Hernández, todavía recuerda con claridad el punto de partida.

“Nací en el barrio Ceferino. Cuando regresé de estudiar, después de haber tenido la oportunidad de obtener una beca y formarme en Cuba, empecé a trabajar en la sede del barrio con las madres, a través de un taller de gimnasia”, cuenta la licenciada en Educación Física y entrenadora nacional de fútbol y lucha.


Lo que comenzó como una actividad comunitaria fue transformándose con el tiempo. Primero llegaron los equipos infantiles, después las nenas que querían jugar para participar de los Juegos Evita. El deporte se convirtió en un punto de encuentro para el barrio y también en una oportunidad para quienes no podían acceder a un club formal.


“Arrancamos con un objetivo sencillo: llevar el deporte a comunidades o zonas donde muchas personas no podían pagar un gimnasio o un club. La idea era captar a quienes necesitaban acceder a la actividad física de forma regular”, explica Hernández.


Con el paso de los años, el proyecto fue creciendo. Se sumaron talleres de vóley, experiencias en hockey y hasta un intento de desarrollar lucha deportiva en la región. Sin embargo, el fútbol fue el espacio que terminó consolidando la identidad del club.

El equipo que nació de aquel taller barrial empezó a competir en futsal, organizó torneos regionales y patagónicos y fue uno de los impulsores de la disciplina en la zona.


“Nos tocó levantar bandera e instalar en la provincia el futsal femenino. Fuimos uno de los referentes y empezamos a trabajar organizando torneos patagónicos y regionales”, recuerda.

Ese crecimiento también derivó en la participación dentro de estructuras deportivas más grandes. En una etapa clave del desarrollo del fútbol femenino local, el club Belgrano convocó al equipo.

“Nos convocaron a conformar el plantel femenino del club y fuimos con todas las chicas de Lala, que venían haciendo una gran trayectoria en el fútbol de salón”, señala.

El resultado de ese proceso fue contundente: nueve títulos consecutivos y participación en torneos federales. Un logro deportivo que posicionó al equipo dentro del mapa regional.

“El año pasado logramos nueve títulos consecutivos y participamos en torneos federales. Siempre tratamos de ser parte y de representar a nuestra zona dentro del fútbol femenino”, afirma.

El trabajo también se proyectó a nivel provincial. Hernández forma parte desde hace cuatro años del cuerpo técnico de la selección femenina de Chubut, con la que consiguieron un logro histórico.


“Fuimos la selección que ganó por primera vez los Juegos de la Araucanía representando a la provincia”, destaca.

Sin embargo, detrás de los resultados deportivos existe una realidad que condiciona el crecimiento del fútbol femenino. En especial en contextos económicos complejos.

“Una diferencia con el fútbol masculino es que muchas de las chicas son madres o jefas de hogar. Entonces, mientras el hombre quizás siempre puede poner para la hora de cancha o el arbitraje, una mamá tiene que pensar primero en sostener a su familia”, explica.

Ese factor incide directamente en la participación. En los últimos años, incluso la cantidad de equipos en las ligas locales se redujo.

“En un momento éramos entre 12 y 15 equipos y hoy la liga cuenta con ocho. Los costos aumentan y muchas deportistas son las que sostienen el hogar. Entonces entre darle de comer a los hijos y pagar para competir, lo piensan dos veces”, señala.

A las dificultades económicas se suman problemas estructurales que el fútbol femenino arrastra desde hace décadas: falta de financiamiento, escasez de espacios para entrenar y menor inversión en comparación con el fútbol masculino.

“La gran lucha siempre fue por el espacio. Al principio entrenábamos en playones o en lugares que no eran oficiales”, recuerda.

El crecimiento institucional también implicó nuevos desafíos. Después de más de una década de trabajo comunitario, el proyecto debió formalizarse para poder acceder a recursos y gestionar apoyos.

“Arrancamos hace 17 años con un taller en el barrio y hace cuatro años nos conformamos legalmente como club. Tuvimos que hacerlo porque si no no podíamos acceder a gestionar subsidios, materiales o espacios”, explica.

Aun así, el sostén del proyecto muchas veces depende de la comunidad.
“Hay empresas de Esquel que conocen el proyecto desde el inicio y han decidido apostar. Sin ese apoyo económico sería muy difícil sostener todo esto”, admite.

El trabajo del club también se proyecta más allá de las fronteras. Actualmente Lala Gym desarrolla un intercambio con la comunidad chilena de Futaleufú para fortalecer el fútbol femenino en esa localidad.


“Estamos trabajando con ellas para ayudarlas a prepararse para un torneo provincial en abril. La idea es sembrar la semillita del fútbol femenino para que siga creciendo”, cuenta.

La mirada de Hernández sobre el desarrollo del deporte es clara: cuando existe decisión política o dirigencial, los resultados aparecen.

“Hay clubes que apuestan fuerte al fútbol femenino. Belgrano de Córdoba igualó los recursos entre el plantel femenino y masculino y el femenino terminó ganando campeonatos nacionales”, ejemplifica.

Aun así, el camino todavía es largo

“Nosotros siempre vamos a querer más. La lucha es constante porque buscamos que el fútbol femenino tenga espacios accesibles para todas las chicas”, dice.
La verdadera meta, asegura, es que el crecimiento del deporte no dependa de excepciones sino de una estructura más amplia.

“Lo ideal sería que haya más espacios y más ligas para que todas puedan acceder. La masividad se va a lograr cuando las actividades sean accesibles”, sostiene.

Mientras tanto, el trabajo cotidiano continúa: entrenamientos, formación de nuevas jugadoras y el sueño de que alguna de ellas pueda llegar más lejos.
“Que nuestras chicas formen parte de una selección provincial ya es un avance grande. Ojalá algún día alguna llegue a un club grande o a una selección mayor. Eso es lo que todo entrenador quiere”.


Hernández lo sabe bien: el fútbol femenino en la cordillera se construye paso a paso, partido a partido, muchas veces a pulmón. Pero el movimiento ya empezó.

“Sabemos que es un camino largo, pero por suerte estamos viviendo un momento en donde el fútbol femenino cada vez es más visible”.

Para finalizar, agradeció a las firmas que apoyan el proyecto deportivo: Esquel Diagnóstico; YPF Best&Best; Tiendas Stylo y CM indumentaria.