En Comodoro Rivadavia, el infectólogo Jorge Brugna explicó los riesgos de la automedicación y la importancia de preservar el equilibrio natural de las bacterias en el organismo.
“Los antibióticos no matan solamente la bacteria que uno pretende, sino que alteran toda la flora intestinal. Tenemos millones de bacterias que nos fabrican cosas que necesitamos, como vitaminas. Cuando tomamos antibióticos destruimos esas bacterias y dejamos esos lugares libres para que ingresen otras, más agresivas o resistentes”, advirtió el especialista en diálogo con Jornada Radio.
Brugna explicó que la flora intestinal cumple un papel esencial en la salud como “aliada” invisible. “Las bacterias buenas de nuestro cuerpo impiden que otras, más dañinas, nos colonicen. Es como si cada una tuviera un estacionamiento asignado: cuando ese lugar queda libre por el uso de antibióticos, lo ocupa cualquier otra bacteria que entra por lo que comemos o tocamos”.
Según el médico, cada dosis innecesaria de antibiótico provoca un daño silencioso. “El antibiótico destruye millones de bacterias y deja espacios vacíos. Con eso alteramos un mecanismo de defensa natural contra infecciones”.
La resistencia antimicrobiana ocurre cuando las bacterias se adaptan y dejan de responder a los medicamentos. “Las bacterias no quieren morir, quieren seguir viviendo. Cuando uno toma un antibiótico sin indicación médica, enseguida buscan cómo hacerse resistentes. El problema es que después ese mismo antibiótico deja de servirnos cuando realmente lo necesitamos”, explicó Brugna.
El infectólogo también cuestionó los extremos a los que se llegó en el país respecto a la venta de medicamentos. “Antes ibas a la farmacia y pedías una amoxicilina y te la daban. Ahora necesitás receta duplicada, como si fuera un psicofármaco. Eso demuestra que estuvimos usando antibióticos de más”.
Consultado sobre si existe la posibilidad de “volver atrás” una vez que se genera resistencia bacteriana, Brugna señaló que sí, pero requiere tiempo y responsabilidad médica.
“Cuando se deja de usar un antibiótico, las bacterias pueden volver a ser sensibles. Por eso, en los hospitales se aplican programas de rotación de antibióticos: se deja de usar uno por seis meses y se reemplaza por otro. Así las bacterias pierden el hábito de resistir”. El profesional reconoció que la automedicación muchas veces surge por falta de acceso al sistema de salud: “La gente no es tonta. Trata de solucionar sus problemas porque le cuesta conseguir turno o pagar una consulta. Pero no solucionen los problemas tomando antibióticos. Déjenlos para cuando el médico lo indique, porque si no vamos a gastar plata, sufrir efectos secundarios y, encima, aumentar la resistencia”.
La resistencia a los antimicrobianos es considerada por la Organización Mundial de la Salud como una de las mayores amenazas para la salud global. “Cuidar nuestras bacterias es cuidar nuestra salud. Cada vez que usamos un antibiótico sin necesidad, le estamos dando una ventaja a las bacterias más peligrosas”, concluyó.
En Comodoro Rivadavia, el infectólogo Jorge Brugna explicó los riesgos de la automedicación y la importancia de preservar el equilibrio natural de las bacterias en el organismo.
“Los antibióticos no matan solamente la bacteria que uno pretende, sino que alteran toda la flora intestinal. Tenemos millones de bacterias que nos fabrican cosas que necesitamos, como vitaminas. Cuando tomamos antibióticos destruimos esas bacterias y dejamos esos lugares libres para que ingresen otras, más agresivas o resistentes”, advirtió el especialista en diálogo con Jornada Radio.
Brugna explicó que la flora intestinal cumple un papel esencial en la salud como “aliada” invisible. “Las bacterias buenas de nuestro cuerpo impiden que otras, más dañinas, nos colonicen. Es como si cada una tuviera un estacionamiento asignado: cuando ese lugar queda libre por el uso de antibióticos, lo ocupa cualquier otra bacteria que entra por lo que comemos o tocamos”.
Según el médico, cada dosis innecesaria de antibiótico provoca un daño silencioso. “El antibiótico destruye millones de bacterias y deja espacios vacíos. Con eso alteramos un mecanismo de defensa natural contra infecciones”.
La resistencia antimicrobiana ocurre cuando las bacterias se adaptan y dejan de responder a los medicamentos. “Las bacterias no quieren morir, quieren seguir viviendo. Cuando uno toma un antibiótico sin indicación médica, enseguida buscan cómo hacerse resistentes. El problema es que después ese mismo antibiótico deja de servirnos cuando realmente lo necesitamos”, explicó Brugna.
El infectólogo también cuestionó los extremos a los que se llegó en el país respecto a la venta de medicamentos. “Antes ibas a la farmacia y pedías una amoxicilina y te la daban. Ahora necesitás receta duplicada, como si fuera un psicofármaco. Eso demuestra que estuvimos usando antibióticos de más”.
Consultado sobre si existe la posibilidad de “volver atrás” una vez que se genera resistencia bacteriana, Brugna señaló que sí, pero requiere tiempo y responsabilidad médica.
“Cuando se deja de usar un antibiótico, las bacterias pueden volver a ser sensibles. Por eso, en los hospitales se aplican programas de rotación de antibióticos: se deja de usar uno por seis meses y se reemplaza por otro. Así las bacterias pierden el hábito de resistir”. El profesional reconoció que la automedicación muchas veces surge por falta de acceso al sistema de salud: “La gente no es tonta. Trata de solucionar sus problemas porque le cuesta conseguir turno o pagar una consulta. Pero no solucionen los problemas tomando antibióticos. Déjenlos para cuando el médico lo indique, porque si no vamos a gastar plata, sufrir efectos secundarios y, encima, aumentar la resistencia”.
La resistencia a los antimicrobianos es considerada por la Organización Mundial de la Salud como una de las mayores amenazas para la salud global. “Cuidar nuestras bacterias es cuidar nuestra salud. Cada vez que usamos un antibiótico sin necesidad, le estamos dando una ventaja a las bacterias más peligrosas”, concluyó.