Hoy se conmemora un aniversario más de la tragedia de los bomberitos, conocida así por la muerte de 25 jóvenes bomberos -de entre 11 y 23 años- que quedaron atrapados en un incendio de campos.
Las crónicas de aquel momento dan cuenta de que el 21 de enero de 1994, el cuerpo de bomberos voluntarios de Puerto Madryn recibió el alerta acerca de un incendio de campos a 3 kilómetros del acceso sur de la ciudad. Los noveles voluntarios iban equipados precariamente y un cambio en la dirección del viento los encerró, y nunca regresaron a casa.
Incesante dolor
Las familias llevan consigo un gran dolor que no cesa, la búsqueda de justicia es su reclamo permanente, pero nada será suficiente para explicar la pérdida de esas jóvenes vidas.
Nicolina Ivanov es la madre de Alicia Giúdice, y todo en su entorno indica que una parte de ella se fue con su hija, para ella el dolor persiste como el primer día y así lo expresa: “Para mí parece como si hubiera sido ayer, Alicia está presente todos los días de mi vida. Estaba esperando ver a una novia entrando en una Iglesia y me trajeron un cajón cerrado, porque ni siquiera la pude ver”, dice al recordar que su hija de 22 años estaba a punto de casarse.
Todo cambió al son de una sirena en la vida de Nicolina, porque ella, su hijo Nahuel y su hija del corazón, Marisa, se quedaron sin Alicia, con todos sus sueños inconclusos, “Alicia me da la fuerza para seguir, por mis hijos, por mis nietos, sigo adelante”, afirma una madre que se quiebra a cada minuto cuando recuerda la tragedia.
Nahuel también era voluntario del Cuerpo de Bomberos, pero aquel día “lo salvó el deporte, porque estaba jugando a la pelota y por eso no respondió al llamado de la sirena”, comenta Nicolina con serenidad, pero las llamas también alcanzaron a su hijo de otro modo, tiempo después de la muerte de Alicia, Nahuel se fue de Puerto Madryn, y ahora solo regresa de visita. “Primero se fue a estudiar y después ya no quiso volver, buscó un lugar en la costa, pero ya no quiso volver a vivir acá, porque son muchos los recuerdos”, cuenta su madre al resaltar que él le ha dado dos nietos, y en ocasiones visitan a su abuela en la ciudad portuaria, pero ahora que se ha jubilado esperan que ella también los visite más a menudo.
Una parte de Nicolina parece haberse quedado en ese momento del tiempo, atesora los momentos compartidos con su hija Alicia, en particular aquellos últimos en los que organizaban los últimos detalles de su boda, aquella que nunca llegó porque la joven perdió la vida en la tragedia del 21 de enero, junto a su pareja, Cristian, con quién estaban por iniciar una vida juntos, y compartían la misma vocación de servicio.
Incluso la casa en la que vive actualmente Nicolina, es la misma que habitaba Alicia. “A ella le gustaba esta casa, siempre me decía que la compre, y eso hice. Ahora estamos solamente mi hija más chica y yo”, dice mientras llega otro recuerdo a su memoria. “Cuando Alicia supo que habían dejado abandonada a una bebé en el hospital, me dijo que la adoptara, eran chicos mis hijos aún, pero insistieron y desde entonces Marisa está conmigo, a veces pienso que sabía en algún lugar que ella no iba estar y no quería que me quedara sola”, explica tratando de dar sentido a ese y otros pensamientos que la acercan al corazón de su hija que ya no está.
23 años después
Hoy 23 años después, Nicolina expresa: “La Patagonia me regaló una hija y me sacó otra”, e intenta reprimir las lágrimas porque la emoción la invade a cada instante, se repone y sigue su relato, con la única reflexión que hace posible tolerar lo inexplicable, “supongo que es el destino. Alicia había llegado al máximo escalafón del `scoutismo´, y siempre decía que cuando el cuartel de Bomberos reciba mujeres yo voy a ser voluntaria, y lo hizo”, afirma al recordar una vez más que ese día su hija tenía planeado ir a Trelew a comprar los zapatos para su boda, y eso nunca pasó. #

Hoy se conmemora un aniversario más de la tragedia de los bomberitos, conocida así por la muerte de 25 jóvenes bomberos -de entre 11 y 23 años- que quedaron atrapados en un incendio de campos.
Las crónicas de aquel momento dan cuenta de que el 21 de enero de 1994, el cuerpo de bomberos voluntarios de Puerto Madryn recibió el alerta acerca de un incendio de campos a 3 kilómetros del acceso sur de la ciudad. Los noveles voluntarios iban equipados precariamente y un cambio en la dirección del viento los encerró, y nunca regresaron a casa.
Incesante dolor
Las familias llevan consigo un gran dolor que no cesa, la búsqueda de justicia es su reclamo permanente, pero nada será suficiente para explicar la pérdida de esas jóvenes vidas.
Nicolina Ivanov es la madre de Alicia Giúdice, y todo en su entorno indica que una parte de ella se fue con su hija, para ella el dolor persiste como el primer día y así lo expresa: “Para mí parece como si hubiera sido ayer, Alicia está presente todos los días de mi vida. Estaba esperando ver a una novia entrando en una Iglesia y me trajeron un cajón cerrado, porque ni siquiera la pude ver”, dice al recordar que su hija de 22 años estaba a punto de casarse.
Todo cambió al son de una sirena en la vida de Nicolina, porque ella, su hijo Nahuel y su hija del corazón, Marisa, se quedaron sin Alicia, con todos sus sueños inconclusos, “Alicia me da la fuerza para seguir, por mis hijos, por mis nietos, sigo adelante”, afirma una madre que se quiebra a cada minuto cuando recuerda la tragedia.
Nahuel también era voluntario del Cuerpo de Bomberos, pero aquel día “lo salvó el deporte, porque estaba jugando a la pelota y por eso no respondió al llamado de la sirena”, comenta Nicolina con serenidad, pero las llamas también alcanzaron a su hijo de otro modo, tiempo después de la muerte de Alicia, Nahuel se fue de Puerto Madryn, y ahora solo regresa de visita. “Primero se fue a estudiar y después ya no quiso volver, buscó un lugar en la costa, pero ya no quiso volver a vivir acá, porque son muchos los recuerdos”, cuenta su madre al resaltar que él le ha dado dos nietos, y en ocasiones visitan a su abuela en la ciudad portuaria, pero ahora que se ha jubilado esperan que ella también los visite más a menudo.
Una parte de Nicolina parece haberse quedado en ese momento del tiempo, atesora los momentos compartidos con su hija Alicia, en particular aquellos últimos en los que organizaban los últimos detalles de su boda, aquella que nunca llegó porque la joven perdió la vida en la tragedia del 21 de enero, junto a su pareja, Cristian, con quién estaban por iniciar una vida juntos, y compartían la misma vocación de servicio.
Incluso la casa en la que vive actualmente Nicolina, es la misma que habitaba Alicia. “A ella le gustaba esta casa, siempre me decía que la compre, y eso hice. Ahora estamos solamente mi hija más chica y yo”, dice mientras llega otro recuerdo a su memoria. “Cuando Alicia supo que habían dejado abandonada a una bebé en el hospital, me dijo que la adoptara, eran chicos mis hijos aún, pero insistieron y desde entonces Marisa está conmigo, a veces pienso que sabía en algún lugar que ella no iba estar y no quería que me quedara sola”, explica tratando de dar sentido a ese y otros pensamientos que la acercan al corazón de su hija que ya no está.
23 años después
Hoy 23 años después, Nicolina expresa: “La Patagonia me regaló una hija y me sacó otra”, e intenta reprimir las lágrimas porque la emoción la invade a cada instante, se repone y sigue su relato, con la única reflexión que hace posible tolerar lo inexplicable, “supongo que es el destino. Alicia había llegado al máximo escalafón del `scoutismo´, y siempre decía que cuando el cuartel de Bomberos reciba mujeres yo voy a ser voluntaria, y lo hizo”, afirma al recordar una vez más que ese día su hija tenía planeado ir a Trelew a comprar los zapatos para su boda, y eso nunca pasó. #