Bombardeo norteamericano en Libia deja 40 muertos

Al menos 40 personas, entre ellas mujeres y niños, murieron hoy en un bombardeo de aviones de Estados Unidos contra un campamento del Estado Islámico (EI) en Libia donde se entrenaban milicianos vinculados a dos grandes atentados cometidos el año pasado en Túnez, informaron medios internacionales.

19 FEB 2016 - 10:22 | Actualizado

El diario estadounidense The New York Times dijo que la inteligencia norteamericana trataba de determinar si en el ataque murió Nouredine Chouchane, uno de los principales líderes del EI en la zona y al que se vincula directamente con los dos sangrientos atentados en Túnez.

Uno de los atentados tuvo como objetivo el Museo del Bardo, en la capital tunecina, en marzo del pasado año y en el que murieron 22 personas. El segundo se produjo en junio, en una zona hotelera de la población costera de Susa, donde mataron a 28 personas.

El bombardeo estadounidense tuvo como objetivo un campamento cerca de Sabratah, 125 kilómetros al oeste de Trípoli, informó The New York Times, que citó a funcionarios estadounidenses a los que no identificó.

El diario dijo que más de 30 miembros del EI murieron en el ataque, en su mayoría militantes procedentes de Túnez.

Una fuente de seguridad libia dijo a la agencia de noticias EFE que los muertos fueron al menos 40, entre ellos mujeres y niños.

Según las fuente, que tampoco fue identificada, el ataque tuvo lugar un inmueble situado en el barrio de Qasr Talil, en el extrarradio de la ciudad, a medio camino entre Trípoli y la frontera con Túnez, y todas las víctimas del mismo son de nacionalidad extranjera.

"Hay al menos seis heridos graves. Ninguno de los muertos es de nacionalidad libia", afirmó.

Libia vive sumida en el caos desde el derrocamiento de Muammar Kaddafi por una revuelta mayormente islamista apoyada por una campaña de ataques aéreos de la OTAN, en 2011.

El país tiene dos gobierno rivales, y en él operan decenas de grupos armados que participaron de la revuelta y que se niegan a entregar sus armas. Además, la anarquía permitió la expansión del EI, el grupo islamista que controla extensos territorios en Siria e Irak.

Todos esos actores se enfrentan entre sí por el dominio del país y sus ricos recursos naturales.

Aunque no ha habido intervenciones militares internacionales desde la caída de Kaddafi, no es la primera vez que Estados Unidos, que está bombardeando al EI en Siria e Irak, ataca al grupo también en Libia.

El año pasado, un ataque de aviones estadounidenses mató al líder del EI en Libia, el iraquí Abu Nabil, el mismo día de los atentados del grupo en París, el 13 de noviembre.

De confirmarse el nuevo ataque norteamericano, sería el primer bombardeo occidental sobre Libia desde que hace un año los gobiernos rivales de Trípoli y Tobruk iniciaran un diálogo bajo la tutela de la ONU para tratar de poner fin a la división y llenar el vacío de poder que amenaza el país.

Además, se produce entre insistentes noticias sobre la posibilidad de una nueva intervención militar extranjera -a la que se oponen los países vecinos-, similar a la que en 2011 contribuyó al derrocamiento de Kaddafi.

A la brecha política se une la división militar, con tres grandes fuerzas, una en Trípoli, otra en Tobruk y una milicia encargada de defender las instalaciones petroleras, que se combaten entre sí mismas y luchan contra los yihadistas sin coordinación.

Esta situación es aprovechada no sólo por el EI sino también por la organización de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), que asimismo ha ganado terreno y extendido su influencia al resto del norte de África.

En el último año, los yihadistas del EI han consolidado posiciones en la ciudad oriental de Derna, su principal sede, y ampliado el territorio bajo su control, que ahora incluye barrios en la oriental Bengazi y la ciudad de Sirte, su bastión más importante en la costa del Mediterráneo.

A principios de enero lanzaron, además, una ofensiva contra los importantes puertos petroleros de Sidra y Ras Lanuf, que a duras penas fue repelida por la milicia privada que los defiende y han abierto campos en la zona de Sabratah.

Esta localidad, que acoge uno de los conjuntos monumentales romanos más importantes del Mediterráneo, se ha convertido en la primera etapa de los yihadistas que llegan al Libia desde todo el Sahel a través de la porosa frontera con Túnez.

Hace unos meses, supuestos yihadistas asaltaron allí un convoy del embajador de Serbia -que pudo huir a Túnez- y secuestraron a dos diplomáticos.

19 FEB 2016 - 10:22

El diario estadounidense The New York Times dijo que la inteligencia norteamericana trataba de determinar si en el ataque murió Nouredine Chouchane, uno de los principales líderes del EI en la zona y al que se vincula directamente con los dos sangrientos atentados en Túnez.

Uno de los atentados tuvo como objetivo el Museo del Bardo, en la capital tunecina, en marzo del pasado año y en el que murieron 22 personas. El segundo se produjo en junio, en una zona hotelera de la población costera de Susa, donde mataron a 28 personas.

El bombardeo estadounidense tuvo como objetivo un campamento cerca de Sabratah, 125 kilómetros al oeste de Trípoli, informó The New York Times, que citó a funcionarios estadounidenses a los que no identificó.

El diario dijo que más de 30 miembros del EI murieron en el ataque, en su mayoría militantes procedentes de Túnez.

Una fuente de seguridad libia dijo a la agencia de noticias EFE que los muertos fueron al menos 40, entre ellos mujeres y niños.

Según las fuente, que tampoco fue identificada, el ataque tuvo lugar un inmueble situado en el barrio de Qasr Talil, en el extrarradio de la ciudad, a medio camino entre Trípoli y la frontera con Túnez, y todas las víctimas del mismo son de nacionalidad extranjera.

"Hay al menos seis heridos graves. Ninguno de los muertos es de nacionalidad libia", afirmó.

Libia vive sumida en el caos desde el derrocamiento de Muammar Kaddafi por una revuelta mayormente islamista apoyada por una campaña de ataques aéreos de la OTAN, en 2011.

El país tiene dos gobierno rivales, y en él operan decenas de grupos armados que participaron de la revuelta y que se niegan a entregar sus armas. Además, la anarquía permitió la expansión del EI, el grupo islamista que controla extensos territorios en Siria e Irak.

Todos esos actores se enfrentan entre sí por el dominio del país y sus ricos recursos naturales.

Aunque no ha habido intervenciones militares internacionales desde la caída de Kaddafi, no es la primera vez que Estados Unidos, que está bombardeando al EI en Siria e Irak, ataca al grupo también en Libia.

El año pasado, un ataque de aviones estadounidenses mató al líder del EI en Libia, el iraquí Abu Nabil, el mismo día de los atentados del grupo en París, el 13 de noviembre.

De confirmarse el nuevo ataque norteamericano, sería el primer bombardeo occidental sobre Libia desde que hace un año los gobiernos rivales de Trípoli y Tobruk iniciaran un diálogo bajo la tutela de la ONU para tratar de poner fin a la división y llenar el vacío de poder que amenaza el país.

Además, se produce entre insistentes noticias sobre la posibilidad de una nueva intervención militar extranjera -a la que se oponen los países vecinos-, similar a la que en 2011 contribuyó al derrocamiento de Kaddafi.

A la brecha política se une la división militar, con tres grandes fuerzas, una en Trípoli, otra en Tobruk y una milicia encargada de defender las instalaciones petroleras, que se combaten entre sí mismas y luchan contra los yihadistas sin coordinación.

Esta situación es aprovechada no sólo por el EI sino también por la organización de Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), que asimismo ha ganado terreno y extendido su influencia al resto del norte de África.

En el último año, los yihadistas del EI han consolidado posiciones en la ciudad oriental de Derna, su principal sede, y ampliado el territorio bajo su control, que ahora incluye barrios en la oriental Bengazi y la ciudad de Sirte, su bastión más importante en la costa del Mediterráneo.

A principios de enero lanzaron, además, una ofensiva contra los importantes puertos petroleros de Sidra y Ras Lanuf, que a duras penas fue repelida por la milicia privada que los defiende y han abierto campos en la zona de Sabratah.

Esta localidad, que acoge uno de los conjuntos monumentales romanos más importantes del Mediterráneo, se ha convertido en la primera etapa de los yihadistas que llegan al Libia desde todo el Sahel a través de la porosa frontera con Túnez.

Hace unos meses, supuestos yihadistas asaltaron allí un convoy del embajador de Serbia -que pudo huir a Túnez- y secuestraron a dos diplomáticos.