"Hoy le tocó a Estambul, antes a París, Copenhague, Túnez y tantos otros lugares. (...) Los terroristas son enemigos de todos los seres humanos libres, sí, son enemigos de toda humanidad", sentenció la jefa del gobierno alemán a un grupo de periodistas en Berlín, entre ellos, uno de la agencia de noticias DPA.
Merkel evitó hacer declaraciones políticas, pero reiteró la "firmeza" de su gobierno para "actuar de manera conjunta con nuestros socios internacionales" para luchar contra los grupos radicales en el mundo.
Según el gobierno turco, el atentado que sembró hoy el terror en el corazón turístico de Estambul y mató a, al menos, ocho ciudadanos alemanes, según el ministro de Relaciones Exteriores germanos, Frank-Walter Steinmeier, fue cometido por un suicida sirio de 27 años de la milicia del Estado Islámico (EI).
Hace poco más de un mes, el gobierno de Merkel y su mayoría en el Parlamento alemán aprobaron enviar seis aviones de reconocimiento y 1.200 tropas para reforzar la coalición militar internacional liderada por Estados Unidos, que desde hace casi un año y medio bombardea las posiciones del EI en Siria.
Durante el debate parlamentario, varias voces opositores habían advertido que esta decisión podía provocar una reacción del grupo islamista en forma de nuevos atentados.
Luego de informar a la prensa que ocho de las víctimas del atentado eran alemanes, Steinmeier prometió que Berlín no se "dejará intimidar por el terrorismo", según reportó la agencia de noticias EFE.
El atentado se produjo en la plaza Sultanahmet, un lugar muy turístico por la cercanía de la Mezquita Azul, el Palacio Topkapi y Santa Sofía, iglesia bizantina del siglo VI convertida en museo.
Además de los ocho alemanes muertos, la canciller de Perú, informó que uno de sus conciudadanos también falleció por la explosión, mientras que otro peruano resultó herido.
"Todavía no tenemos la identidad exacta de las dos víctimas. La embajada está haciendo todas las averiguaciones. Primero identificaremos y luego avisaremos a los familiares", aseguró Sánchez, citada por DPA.
El hecho de que la mayoría de las víctimas del atentado de un presunto miliciano sirio del EI sean alemanes no sólo se enmarca en la reciente decisión de Berlín de sumarse a la ofensiva militar occidental contra el grupo islamista en Siria, sino también con su política migratoria para la Unión Europea (UE).
Las imágenes que recorrieron el mundo el año pasado de una Alemania de puertas abiertas que recibía con alegría a los cientos de miles de refugiados de Medio Oriente y África apenas duraron dos semanas.
A finales de septiembre pasado, la canciller alemana Angela Merkel anunció el establecimiento de controles fronterizos, frenó los trenes internacionales y de a poco sus vecinos la fueron imitando.
Después presionó a sus socios europeos hasta que consiguió firmar un acuerdo con Turquía para detener el paso de los cientos de miles que escapan de conflictos armados, represión y pobreza antes de que lleguen a las fronteras del bloque regional, la mayoría de ellos sirios que huyen del gobierno de Bashar al Assad y de los milicianos del EI.
A cambio de una promesa de ayuda millonaria, Ankara aceptó cerrar y reforzar la seguridad de su frontera con la UE.
En los hechos esto implica que, además de los casi dos millones de refugiados sirios que se instalaron en territorio turco a través de los últimos cinco años de guerra civil, ahora también quedarán atrapados los que intenten seguir los pasos de los que cruzaron el país el año pasado para llegar a suelo europeo y pedir asilo político en los países más ricos del norte del continente.
Turquía es uno de los principales destinos turísticos para los alemanes. El año pasado alrededor de 5,5 millones viajaron al país, según la Asociación Alemana de Turismo.
"Hoy le tocó a Estambul, antes a París, Copenhague, Túnez y tantos otros lugares. (...) Los terroristas son enemigos de todos los seres humanos libres, sí, son enemigos de toda humanidad", sentenció la jefa del gobierno alemán a un grupo de periodistas en Berlín, entre ellos, uno de la agencia de noticias DPA.
Merkel evitó hacer declaraciones políticas, pero reiteró la "firmeza" de su gobierno para "actuar de manera conjunta con nuestros socios internacionales" para luchar contra los grupos radicales en el mundo.
Según el gobierno turco, el atentado que sembró hoy el terror en el corazón turístico de Estambul y mató a, al menos, ocho ciudadanos alemanes, según el ministro de Relaciones Exteriores germanos, Frank-Walter Steinmeier, fue cometido por un suicida sirio de 27 años de la milicia del Estado Islámico (EI).
Hace poco más de un mes, el gobierno de Merkel y su mayoría en el Parlamento alemán aprobaron enviar seis aviones de reconocimiento y 1.200 tropas para reforzar la coalición militar internacional liderada por Estados Unidos, que desde hace casi un año y medio bombardea las posiciones del EI en Siria.
Durante el debate parlamentario, varias voces opositores habían advertido que esta decisión podía provocar una reacción del grupo islamista en forma de nuevos atentados.
Luego de informar a la prensa que ocho de las víctimas del atentado eran alemanes, Steinmeier prometió que Berlín no se "dejará intimidar por el terrorismo", según reportó la agencia de noticias EFE.
El atentado se produjo en la plaza Sultanahmet, un lugar muy turístico por la cercanía de la Mezquita Azul, el Palacio Topkapi y Santa Sofía, iglesia bizantina del siglo VI convertida en museo.
Además de los ocho alemanes muertos, la canciller de Perú, informó que uno de sus conciudadanos también falleció por la explosión, mientras que otro peruano resultó herido.
"Todavía no tenemos la identidad exacta de las dos víctimas. La embajada está haciendo todas las averiguaciones. Primero identificaremos y luego avisaremos a los familiares", aseguró Sánchez, citada por DPA.
El hecho de que la mayoría de las víctimas del atentado de un presunto miliciano sirio del EI sean alemanes no sólo se enmarca en la reciente decisión de Berlín de sumarse a la ofensiva militar occidental contra el grupo islamista en Siria, sino también con su política migratoria para la Unión Europea (UE).
Las imágenes que recorrieron el mundo el año pasado de una Alemania de puertas abiertas que recibía con alegría a los cientos de miles de refugiados de Medio Oriente y África apenas duraron dos semanas.
A finales de septiembre pasado, la canciller alemana Angela Merkel anunció el establecimiento de controles fronterizos, frenó los trenes internacionales y de a poco sus vecinos la fueron imitando.
Después presionó a sus socios europeos hasta que consiguió firmar un acuerdo con Turquía para detener el paso de los cientos de miles que escapan de conflictos armados, represión y pobreza antes de que lleguen a las fronteras del bloque regional, la mayoría de ellos sirios que huyen del gobierno de Bashar al Assad y de los milicianos del EI.
A cambio de una promesa de ayuda millonaria, Ankara aceptó cerrar y reforzar la seguridad de su frontera con la UE.
En los hechos esto implica que, además de los casi dos millones de refugiados sirios que se instalaron en territorio turco a través de los últimos cinco años de guerra civil, ahora también quedarán atrapados los que intenten seguir los pasos de los que cruzaron el país el año pasado para llegar a suelo europeo y pedir asilo político en los países más ricos del norte del continente.
Turquía es uno de los principales destinos turísticos para los alemanes. El año pasado alrededor de 5,5 millones viajaron al país, según la Asociación Alemana de Turismo.