Por Lorena Leeming / Redacción Jornada
Y nada está resultando bien. El panorama de los Derechos Humanos en general y de las mujeres en particular es cada día más desolador en el actual escenario político. Desde las medidas políticas que las expulsan del mercado laboral hasta el imparable incremento de casos de violencia de género que llegan al más extremo de sus límites: la muerte. Las estadísticas son frías y duelen. Cada vez peor. Desde del 1 de enero al 31 de diciembre de 2023 se registraron 250 femicidios en la Argentina ( 245 mujeres cis y 5 mujeres trans) y llegaron a 272 las víctimas letales de la violencia de género (Corte Suprema de Justicia de la Nación, Oficina de la Mujer, último informe). En el 26 por ciento de los casos, el asesino las mató con armas blancas, el 21 por ciento, con armas de fuego y el otro porcentaje, utilizando la fuerza física.El patrón pedrominante fue que el hecho ocurrió en la vivienda donde la victima convivía con el agresor.
A esto se le suma el estremedor mensaje del presidente Javier Milei que impulsa prohibir la perspectiva de género en el ámbito de la administración pública. Hoy, 3 de Junio en el que se conmemora una vez más (desde 2015) “Ni Una Menos” (cuyo lema es oponerse a la violencia contra la mujer y disidencias y su consecuencia más grave y visible), la Argentina está en un momento bisagra para no perder lo conseguido con sudor y lágrimas en las calles.
La situación en Chubut no escapa al oscuro panorama nacional. Del año 2013 al 2023 se cometieron un total de 30 femicidios, según las estadísticas de la Oficina de la Mujer (Oficina de Violencia de Género) del Superior Tribunal de Justicia de Chubut. Las consecuencias: 40 niños/as sin madre, 31 niños/as adolescentes tramitaron la “Ley Brisa” y perciben el beneficio, 3 dejaron de percibirlo por cumplir la mayoría de edad, 4 niños/as fueron asesorados y su tramitación se encuentra en las distintas etapas de gestión, 3 niños fueron dados en adopción y 2 jóvenes no tramitaron ninguna reparación.
A nivel nacional, este panorama aterra. Las mujeres que perdieron la vida el último año, tenían 205 niños y adolescentes a cargo y la edad promedio en la que encontraron la muerte es de 25 a 34 años. Al menos 55 ya habían denunciado al sujeto, 17 tenían medidas de protección vigentes y 16 vencidas, 32 desaparecidas (de las cuales 3 continúan en esa situación).
La marcha denominadaNi una Menosse realizó por primera vez el 3 de junio de 2015 en ochenta ciudades de Argentina. Las manifestaciones se repitieron el 3 de junio y el 19 de octubre de 2016. En el país, hasta 2016 en promedio se cometía un femicidio cada 30 horas, en 2017 este promedio se elevó a que se cometa un femicidio cada 18 horas. También se volvieron a concentrar en el 2017, siendo el año con más concurrentes. El movimiento también se ha extendido a otros países de Latinoamérica, Europa y Asia
Los ataques a los derechos y legislaciones obtenidas parecen no tener freno. Como si esto fuera poco, se escuchó al senador de la Libertad Avanza (LLA) Francisco Paoltroni, que volvió a encender la polémica al cuestionar la figura penal de femicidio. “El masculinicidio” no existe, “entonces hablemos de homicidio” -dijo- sin contemplar claro, toda la jurisprudencia existente que reza sobre los distintos tipos de violencia que las mujeres sufren, agrupadas en numerosos tratados internaciones, convenciones y hasta la Ley de Género, que justifica por demás esa “figura” por la vulnerabilidad y las tantas denuncias que previo a perder la vida ellas mismas habían realizado. Estamos en 2024 y ya hay 120 niños y niñas que quedaron sin su mamá. También madres sin sus hijas, hermanas, amigas. Las respuestas, la contención y el abordaje de lo que significa, nadie lo dimensiona.
El odio parecería estar en franco avance. En lo terrenal y en lo virtual. Las amenazas y los discursos agresivos en las redes sociales están a la orden del día. La intolerancia ya es una característica de muchos y muchas. Hoy, en Barracas (Buenos Aires) lloran la muerte de tres mujeres. Todo lleva a que el móvil del hombre que incendió el sitio en el que vivían es que eran lesbianas. Decimos “móvil” porque el asesino que arrojó un explosivo casero, las prendió fuego y provocó un incendio. Se afirma que materializó las amenazas que les venía haciendo desde ya hace tiempo. La última en morir había sido víctima también de la tragedia en Cromañón. Hoy, las calles piden justicia por ellas tres.
Hubo testigos de los gritos que el agresor les propinaba. “Él les decía “engendros” por su condición sexual. Les decía “tortas”, “gorda sucia”. Y para qué repetir más. Es ésta una de las tantas situaciones que en retroceso, están surgiendo nuevamente en un país que iba hacia la verdadera libertad de las personas y los derechos. Personales y laborales (las mujeres otra vez, las más vulneradas y precarizadas).
La información respecto a las mujeres que fueron asesinadas por quienes alguna vez dijeron “amarlas” es que la mayoría ya había realizado la denuncia, el agresor ya tenía dictada la medida cautelar de prevención, varios de los femicidas pertenecen o pertenecieron a fuerzas de seguridad, algunas tenían indicio de abuso sexual, presunción de prostitución o trata, dos estaban embarazadas, hubo también un trans/travesticidio, cinco eran migrantes, 15 femicidas se suicidaron y seis se dio en el marco de narcocriminalidad.
Las expresiones de miedo, temor, la visibilización de cada una de las situaciones por medios en las que cada persona tiene acceso, son muchas veces respondidas con agresión, odio y una catarata de insultos. La respuesta a ello: “Disculpen las molestias, pero nos están matando”.
Por Lorena Leeming / Redacción Jornada
Y nada está resultando bien. El panorama de los Derechos Humanos en general y de las mujeres en particular es cada día más desolador en el actual escenario político. Desde las medidas políticas que las expulsan del mercado laboral hasta el imparable incremento de casos de violencia de género que llegan al más extremo de sus límites: la muerte. Las estadísticas son frías y duelen. Cada vez peor. Desde del 1 de enero al 31 de diciembre de 2023 se registraron 250 femicidios en la Argentina ( 245 mujeres cis y 5 mujeres trans) y llegaron a 272 las víctimas letales de la violencia de género (Corte Suprema de Justicia de la Nación, Oficina de la Mujer, último informe). En el 26 por ciento de los casos, el asesino las mató con armas blancas, el 21 por ciento, con armas de fuego y el otro porcentaje, utilizando la fuerza física.El patrón pedrominante fue que el hecho ocurrió en la vivienda donde la victima convivía con el agresor.
A esto se le suma el estremedor mensaje del presidente Javier Milei que impulsa prohibir la perspectiva de género en el ámbito de la administración pública. Hoy, 3 de Junio en el que se conmemora una vez más (desde 2015) “Ni Una Menos” (cuyo lema es oponerse a la violencia contra la mujer y disidencias y su consecuencia más grave y visible), la Argentina está en un momento bisagra para no perder lo conseguido con sudor y lágrimas en las calles.
La situación en Chubut no escapa al oscuro panorama nacional. Del año 2013 al 2023 se cometieron un total de 30 femicidios, según las estadísticas de la Oficina de la Mujer (Oficina de Violencia de Género) del Superior Tribunal de Justicia de Chubut. Las consecuencias: 40 niños/as sin madre, 31 niños/as adolescentes tramitaron la “Ley Brisa” y perciben el beneficio, 3 dejaron de percibirlo por cumplir la mayoría de edad, 4 niños/as fueron asesorados y su tramitación se encuentra en las distintas etapas de gestión, 3 niños fueron dados en adopción y 2 jóvenes no tramitaron ninguna reparación.
A nivel nacional, este panorama aterra. Las mujeres que perdieron la vida el último año, tenían 205 niños y adolescentes a cargo y la edad promedio en la que encontraron la muerte es de 25 a 34 años. Al menos 55 ya habían denunciado al sujeto, 17 tenían medidas de protección vigentes y 16 vencidas, 32 desaparecidas (de las cuales 3 continúan en esa situación).
La marcha denominadaNi una Menosse realizó por primera vez el 3 de junio de 2015 en ochenta ciudades de Argentina. Las manifestaciones se repitieron el 3 de junio y el 19 de octubre de 2016. En el país, hasta 2016 en promedio se cometía un femicidio cada 30 horas, en 2017 este promedio se elevó a que se cometa un femicidio cada 18 horas. También se volvieron a concentrar en el 2017, siendo el año con más concurrentes. El movimiento también se ha extendido a otros países de Latinoamérica, Europa y Asia
Los ataques a los derechos y legislaciones obtenidas parecen no tener freno. Como si esto fuera poco, se escuchó al senador de la Libertad Avanza (LLA) Francisco Paoltroni, que volvió a encender la polémica al cuestionar la figura penal de femicidio. “El masculinicidio” no existe, “entonces hablemos de homicidio” -dijo- sin contemplar claro, toda la jurisprudencia existente que reza sobre los distintos tipos de violencia que las mujeres sufren, agrupadas en numerosos tratados internaciones, convenciones y hasta la Ley de Género, que justifica por demás esa “figura” por la vulnerabilidad y las tantas denuncias que previo a perder la vida ellas mismas habían realizado. Estamos en 2024 y ya hay 120 niños y niñas que quedaron sin su mamá. También madres sin sus hijas, hermanas, amigas. Las respuestas, la contención y el abordaje de lo que significa, nadie lo dimensiona.
El odio parecería estar en franco avance. En lo terrenal y en lo virtual. Las amenazas y los discursos agresivos en las redes sociales están a la orden del día. La intolerancia ya es una característica de muchos y muchas. Hoy, en Barracas (Buenos Aires) lloran la muerte de tres mujeres. Todo lleva a que el móvil del hombre que incendió el sitio en el que vivían es que eran lesbianas. Decimos “móvil” porque el asesino que arrojó un explosivo casero, las prendió fuego y provocó un incendio. Se afirma que materializó las amenazas que les venía haciendo desde ya hace tiempo. La última en morir había sido víctima también de la tragedia en Cromañón. Hoy, las calles piden justicia por ellas tres.
Hubo testigos de los gritos que el agresor les propinaba. “Él les decía “engendros” por su condición sexual. Les decía “tortas”, “gorda sucia”. Y para qué repetir más. Es ésta una de las tantas situaciones que en retroceso, están surgiendo nuevamente en un país que iba hacia la verdadera libertad de las personas y los derechos. Personales y laborales (las mujeres otra vez, las más vulneradas y precarizadas).
La información respecto a las mujeres que fueron asesinadas por quienes alguna vez dijeron “amarlas” es que la mayoría ya había realizado la denuncia, el agresor ya tenía dictada la medida cautelar de prevención, varios de los femicidas pertenecen o pertenecieron a fuerzas de seguridad, algunas tenían indicio de abuso sexual, presunción de prostitución o trata, dos estaban embarazadas, hubo también un trans/travesticidio, cinco eran migrantes, 15 femicidas se suicidaron y seis se dio en el marco de narcocriminalidad.
Las expresiones de miedo, temor, la visibilización de cada una de las situaciones por medios en las que cada persona tiene acceso, son muchas veces respondidas con agresión, odio y una catarata de insultos. La respuesta a ello: “Disculpen las molestias, pero nos están matando”.