En tiempos en los que desde el Gobierno nacional se insiste en reducir la discusión sobre los recursos estratégicos a una cuestión de mercado, rentabilidad y oportunidades de inversión, el Foro sobre Energía, Desarrollo y Soberanía planteó una discusión bastante más profunda: qué hace la Argentina con la energía que produce y para quién debe servir.
El encuentro realizado en Puerto Madryn puso sobre la mesa una definición que incomoda a cualquier mirada simplista: la energía no es un commodity más, sino una herramienta política, económica y social capaz de determinar las posibilidades de desarrollo de un territorio. Y en una provincia como Chubut, que produce enormes cantidades de energía pero todavía arrastra déficits de infraestructura, conectividad y desarrollo industrial, la pregunta adquiere una dimensión todavía mayor.
El valor del Foro estuvo también en algo que no siempre abunda: la decisión de generar un espacio para pensar más allá de la coyuntura. El Sindicato Regional de Luz y Fuerza de la Patagonia, la Fundación Patagonia Tercer Milenio, Jornada Medios, la Asociación de Parques Industriales de la Argentina (APIA) y el CENPAT-CONICET no se limitaron a organizar una jornada de exposiciones. Convocaron a trabajadores, científicos, especialistas y actores vinculados a la producción para discutir una agenda que debería estar mucho más presente en las decisiones de los gobiernos.

Federalizar la infraestructura energética, agregar valor a los recursos, fortalecer la ciencia y la tecnología, desarrollar cadenas productivas y terminar con las asimetrías entre los territorios no son consignas abstractas: son preguntas concretas sobre el futuro de Chubut y de la Patagonia. Cuando una provincia tiene recursos energéticos de sobra pero no logra convertirlos plenamente en desarrollo, empleo y mejores condiciones de vida, el problema ya no es solamente cuánto produce, sino qué proyecto tiene para esos recursos.
El documento final del encuentro plantea, además, una definición política que contrasta con el rumbo nacional: no hay desarrollo posible sin soberanía, federalismo, infraestructura, educación, producción y trabajo.
La crítica a la concepción de la energía como una mercancía sometida exclusivamente a las reglas del mercado apunta directamente al modelo impulsado por Javier Milei, pero también deja planteado un desafío hacia adentro de la provincia. Chubut no puede conformarse con ser territorio productor de petróleo, gas y electricidad mientras las decisiones estratégicas se toman lejos y el valor agregado se concentra en otros lugares.
Entre la larga lista de expositores destacados que pasaron por el Foro, quedó resonando una fuerte crítica que hizo Pablo González, el santacruceño que presidió YPF entre 2021 y 2023, al argumento que utilizó la empresa de bandera, ya en manos libertarias, para fugarse de Chubut y al tendal económico, social y ambiental que dejó, sin que haya voces críticas desde el Gobierno provincial: “Yo recuerdo al gobernador de Chubut (al principio de la gestión Milei) diciendo que le iba a cortar el gas, la luz, las expensas, que le iba a descolgar el cable, que le iba a patear el perro, pero cuando YPF tomó la decisión de irse, evidentemente no pasó”. Firme y al mentón.
El debate abierto en Madryn excede largamente al Foro: obliga a preguntarse qué papel quiere jugar la Provincia en la transición energética, cuánto valor está dispuesta a generar y qué infraestructura necesita para hacerlo.
Es, en definitiva, una discusión que el Gobierno provincial debería estar encabezando, pero, una vez más, son las organizaciones del trabajo, la ciencia, la producción y la comunicación las que decidieron poner en agenda.
Un dato no menor y alarmante: unos van en una dirección y la Provincia, en otra.
El costo de una alianza
Si el Foro del viernes dejó una definición clara —que los recursos estratégicos de Chubut deben ser una herramienta para generar desarrollo, trabajo y valor agregado—, los números del mercado laboral muestran el reverso de la política nacional que conduce Milei.
Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, Chubut perdió 13.741 puestos de trabajo registrados (“en blanco”) y 683 empresas de todos los tamaños bajaron sus persianas: una caída del 8,3% en el empleo formal y del 8,7% en la cantidad de empresas.
En ese contexto, la construcción y el petróleo (dos gremios siempre cercanos a la gestión provincial actual) fueron los sectores más perjudicados, con caídas del 28,3% y del 27,3% desde que Milei está en la Casa Rosada. No son solamente números de una planilla: detrás de cada empleo perdido hay una familia y detrás de cada empresa que cierra hay actividad económica que desaparece.


Y mientras la Nación propone discutir la energía fundamentalmente desde la lógica de la inversión y la rentabilidad, desde la propia Patagonia aparecen voces reclamando algo bastante más elemental: que los recursos que se extraen del territorio sirvan también para industrializar, generar empleo, desarrollar infraestructura y mejorar la vida de quienes habitan ese territorio.
El desafío planteado en Madryn no podría ser, entonces, más oportuno: discutir qué provincia queremos mientras los indicadores muestran qué está dejando el plan económico libertario.
En ese contexto aparece una dificultad política que no debería ser subestimada. A Torres le será muy difícil venderle a la sociedad chubutense una alianza con La Libertad Avanza como si se tratara simplemente de una oportunidad electoral.
No alcanza con explicar acuerdos, candidaturas o conveniencias de corto plazo cuando tantos chubutenses se siguen quedando sin empleo y cientos de empresas cierran.

Si Torres decide —como se ha visto hasta ahora— profundizar un acercamiento político con el espacio de Milei, deberá explicar cómo piensa compatibilizar esa sociedad con las demandas de una provincia que necesita defender su producción, sus recursos y su empleo.
No se trata de negar la necesidad de dialogar con la Nación; se trata de preguntarse qué se negocia, qué se obtiene y, sobre todo, qué se está dispuesto a resignar. Porque una alianza electoral puede cerrarse en una mesa política entre cuatro paredes. Mucho más difícil será convencer a la mayoría de los chubutenses de que vale la pena seguir autodestruyéndose.
En tiempos en los que desde el Gobierno nacional se insiste en reducir la discusión sobre los recursos estratégicos a una cuestión de mercado, rentabilidad y oportunidades de inversión, el Foro sobre Energía, Desarrollo y Soberanía planteó una discusión bastante más profunda: qué hace la Argentina con la energía que produce y para quién debe servir.
El encuentro realizado en Puerto Madryn puso sobre la mesa una definición que incomoda a cualquier mirada simplista: la energía no es un commodity más, sino una herramienta política, económica y social capaz de determinar las posibilidades de desarrollo de un territorio. Y en una provincia como Chubut, que produce enormes cantidades de energía pero todavía arrastra déficits de infraestructura, conectividad y desarrollo industrial, la pregunta adquiere una dimensión todavía mayor.
El valor del Foro estuvo también en algo que no siempre abunda: la decisión de generar un espacio para pensar más allá de la coyuntura. El Sindicato Regional de Luz y Fuerza de la Patagonia, la Fundación Patagonia Tercer Milenio, Jornada Medios, la Asociación de Parques Industriales de la Argentina (APIA) y el CENPAT-CONICET no se limitaron a organizar una jornada de exposiciones. Convocaron a trabajadores, científicos, especialistas y actores vinculados a la producción para discutir una agenda que debería estar mucho más presente en las decisiones de los gobiernos.

Federalizar la infraestructura energética, agregar valor a los recursos, fortalecer la ciencia y la tecnología, desarrollar cadenas productivas y terminar con las asimetrías entre los territorios no son consignas abstractas: son preguntas concretas sobre el futuro de Chubut y de la Patagonia. Cuando una provincia tiene recursos energéticos de sobra pero no logra convertirlos plenamente en desarrollo, empleo y mejores condiciones de vida, el problema ya no es solamente cuánto produce, sino qué proyecto tiene para esos recursos.
El documento final del encuentro plantea, además, una definición política que contrasta con el rumbo nacional: no hay desarrollo posible sin soberanía, federalismo, infraestructura, educación, producción y trabajo.
La crítica a la concepción de la energía como una mercancía sometida exclusivamente a las reglas del mercado apunta directamente al modelo impulsado por Javier Milei, pero también deja planteado un desafío hacia adentro de la provincia. Chubut no puede conformarse con ser territorio productor de petróleo, gas y electricidad mientras las decisiones estratégicas se toman lejos y el valor agregado se concentra en otros lugares.
Entre la larga lista de expositores destacados que pasaron por el Foro, quedó resonando una fuerte crítica que hizo Pablo González, el santacruceño que presidió YPF entre 2021 y 2023, al argumento que utilizó la empresa de bandera, ya en manos libertarias, para fugarse de Chubut y al tendal económico, social y ambiental que dejó, sin que haya voces críticas desde el Gobierno provincial: “Yo recuerdo al gobernador de Chubut (al principio de la gestión Milei) diciendo que le iba a cortar el gas, la luz, las expensas, que le iba a descolgar el cable, que le iba a patear el perro, pero cuando YPF tomó la decisión de irse, evidentemente no pasó”. Firme y al mentón.
El debate abierto en Madryn excede largamente al Foro: obliga a preguntarse qué papel quiere jugar la Provincia en la transición energética, cuánto valor está dispuesta a generar y qué infraestructura necesita para hacerlo.
Es, en definitiva, una discusión que el Gobierno provincial debería estar encabezando, pero, una vez más, son las organizaciones del trabajo, la ciencia, la producción y la comunicación las que decidieron poner en agenda.
Un dato no menor y alarmante: unos van en una dirección y la Provincia, en otra.
El costo de una alianza
Si el Foro del viernes dejó una definición clara —que los recursos estratégicos de Chubut deben ser una herramienta para generar desarrollo, trabajo y valor agregado—, los números del mercado laboral muestran el reverso de la política nacional que conduce Milei.
Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, Chubut perdió 13.741 puestos de trabajo registrados (“en blanco”) y 683 empresas de todos los tamaños bajaron sus persianas: una caída del 8,3% en el empleo formal y del 8,7% en la cantidad de empresas.
En ese contexto, la construcción y el petróleo (dos gremios siempre cercanos a la gestión provincial actual) fueron los sectores más perjudicados, con caídas del 28,3% y del 27,3% desde que Milei está en la Casa Rosada. No son solamente números de una planilla: detrás de cada empleo perdido hay una familia y detrás de cada empresa que cierra hay actividad económica que desaparece.


Y mientras la Nación propone discutir la energía fundamentalmente desde la lógica de la inversión y la rentabilidad, desde la propia Patagonia aparecen voces reclamando algo bastante más elemental: que los recursos que se extraen del territorio sirvan también para industrializar, generar empleo, desarrollar infraestructura y mejorar la vida de quienes habitan ese territorio.
El desafío planteado en Madryn no podría ser, entonces, más oportuno: discutir qué provincia queremos mientras los indicadores muestran qué está dejando el plan económico libertario.
En ese contexto aparece una dificultad política que no debería ser subestimada. A Torres le será muy difícil venderle a la sociedad chubutense una alianza con La Libertad Avanza como si se tratara simplemente de una oportunidad electoral.
No alcanza con explicar acuerdos, candidaturas o conveniencias de corto plazo cuando tantos chubutenses se siguen quedando sin empleo y cientos de empresas cierran.

Si Torres decide —como se ha visto hasta ahora— profundizar un acercamiento político con el espacio de Milei, deberá explicar cómo piensa compatibilizar esa sociedad con las demandas de una provincia que necesita defender su producción, sus recursos y su empleo.
No se trata de negar la necesidad de dialogar con la Nación; se trata de preguntarse qué se negocia, qué se obtiene y, sobre todo, qué se está dispuesto a resignar. Porque una alianza electoral puede cerrarse en una mesa política entre cuatro paredes. Mucho más difícil será convencer a la mayoría de los chubutenses de que vale la pena seguir autodestruyéndose.