Advierten que el agujero en la capa de ozono redujo las lluvias en la Patagonia

El estudio fue realizado por el CONICET que sostiene que el agujero en la capa de ozono provocó el desplazamiento de los vientos en el hemisferio sur.

13 NOV 2012 - 0:33

El agujero en la capa de ozono causó alteraciones climáticas como el desplazamiento de los vientos del oeste, que hicieron disminuir las lluvias y afectaron el crecimiento de los bosques en la Patagonia.
Un estudio reciente encabezado por Ricardo Villalba, del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), muestra que el agujero en la capa de ozono habría provocado el desplazamiento de los vientos en el hemisferio sur.
La investigación, publicada en la revista Nature Geosciencie, indica que ese fenómeno a su vez “produjo un cambio en los patrones de lluvias y, en consecuencia, en el crecimiento de los bosques en las regiones afectadas”, como muestra el análisis de coihues, cipreses y araucarias del sur de Argentina y Chile.
Los científicos analizaron los anillos de más de 3.000 árboles de la Patagonia argentina y chilena, Nueva Zelanda y Tasmania, en Australia, para conocer sus patrones de crecimiento desde el año 1409 hasta la actualidad.
“Los resultados sorprendieron: mientras que los ejemplares de América del Sur mostraron en las últimas cuatro décadas las tasas de crecimiento más bajas durante esos 600 años, los de Oceanía presentaron los valores más altos”, señala el informe.
Temperaturas
 
Villalba, investigador principal del CONICET en el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA), aseguró que esas diferencias “están relacionadas con la variación en la disponibilidad de agua y los cambios de temperatura en cada región”.
“Las lluvias abundantes del sector norte de la Patagonia se desplazaron más al sur y por lo tanto llueve menos en el área”, expuso el científico.
Esa disminución en las precipitaciones, explicó Villalba, estaría vinculada a los cambios que provocó el agujero en la capa de ozono, fenómeno asociado a la Oscilación Antártica del Hemisferio Sur (OAHS).
La OAHS, detalló, “es como un anillo de diferencias de presiones que se forma en la atmósfera alrededor del continente antártico y controla la variabilidad climática en el hemisferio sur”.
El agujero en la capa de ozono, indica el estudio, habría influenciado las presiones en las regiones más australes del Hemisferio Sur, lo que hizo desplazar hacia el sur los vientos del oeste, que son los que traen las lluvias.
Las tasas anormales de crecimiento de árboles y la OAHS están fuertemente asociadas: los resultados del trabajo muestran que las variaciones en esta oscilación explican del 12 al 48% de las anomalías del crecimiento en la segunda mitad del siglo XX.
Dos fases
 
La OAHS tiene dos fases: una positiva, en la cual los vientos del oeste se mueven hacia el sur y por lo tanto disminuyen las lluvias en el norte de la Patagonia; y otra negativa, cuando los patrones de circulación se mueven hacia el norte y las precipitaciones vuelven a sus niveles normales.
El agujero de ozono habría provocado justamente la prolongación de la fase positiva de la OAHS durante las últimas cuatro décadas.
Según Villalba, los anillos muestran que este es un fenómeno sin precedentes desde 1409, año del que datan las muestras más antiguas. Desde entonces, los árboles nunca habían mostrado un crecimiento tan reducido.
Crecimiento
 
En cambio, en la zona de Nueva Zelanda y Tasmania se registra un fenómeno inverso: durante las últimas cuatro décadas los árboles de sus bosques húmedos y relativamente fríos registraron las tasas de crecimiento más importantes de los últimos años.
Mientras en esos países hubo “un aumento en la temperatura y favoreció el crecimiento de las especies, en Chile y Argentina produjo una disminución de las precipitaciones”, señaló Antonio Lara, del Laboratorio de Dendrocronología y Cambio Global de la Universidad Austral de Chile y otro de los autores del estudio.
Estos fenómenos opuestos están relacionados con los cambios en la circulación atmosférica por la variación de la OAHS.
Lara dijo que es normal que un mismo forzante climático provoque efectos contrastantes en dos lugares diferentes del planeta.
“Es como un sube y baja”, ejemplificó el investigador chileno, pues “el cambio en la circulación del aire entre la atmósfera y los océanos afecta en forma diferente las dos zonas”.
Además de Villalba y otros colegas argentinos participaron del estudio investigadores de universidades y entidades científicas de Chile, Canadá, Reino Unido, Estados Unidos, Suiza, Australia y Nueva Zelanda.
Ecosistemas 
 
Si bien se espera que en los próximos años se remedie el agujero de ozono y se revierta la tendencia actual de la fase positiva del OAHS, hay otros factores a tener en cuenta para poder predecir un futuro escenario, indicó la experta en climatología Julie Jones, del Reino Unido. 
Al respecto, se prevé que “el aumento en los niveles de gases de efecto invernadero actúe en contra y empujen al OAHS hacia su fase positiva, tanto en verano como en invierno”. 
Los científicos Ricardo Villalba (Argentina) y Antonio Lara (Chile) coinciden, sin embargo, en que a pesar de que los niveles de ozono se podrían recuperar eventualmente, es necesario conducir más investigaciones para conocer cómo van a responder los ecosistemas. 
Federico Robledo, becario post doctoral del CONICET en el Centro de Investigaciones en el Mar y la Atmósfera (CIMA) y docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA), explica que las series históricas muestran una reducción de las precipitaciones en la región cordillerana de la Patagonia entre 1960 y 2005. 
En Esquel
 
“En Esquel, por ejemplo, los acumulados de lluvia disminuyeron hasta un 20% en invierno, que es cuando más llueve”, precisó. 
Robledo estudia el papel que juegan el calentamiento de los océanos tropicales por el aumento de gases de efecto invernadero y el agujero de ozono en la circulación de la atmósfera, y cómo afectan el régimen de lluvias en Sudamérica. 
“Las proyecciones -dijo- indican que los niveles de ozono podrían recuperarse para 2050. Esto podría llevar eventualmente a que los patrones de circulación atmosférica del verano retornen a sus valores históricos”. 
El estudio de los anillos de árboles constituye una herramienta valiosa y fundamental para complementar estudios de sensibilidad del clima durante el siglo XX. 
“Uno realiza simulaciones en computadoras para conocer qué puede pasar de acá a diez, veinte o treinta años. Pero para verificar el desempeño de los modelos es necesario analizar sus resultados con lo que ocurrió tiempo atrás”, explicó Robledo. 
Los anillos son un reservorio de información histórica que permite completar los registros, que en el mejor de los casos en la región no se remontan a más de un siglo atrás, indica el informe. 
El cambio
 
El estudio de los anillos de seis especies de Argentina, Chile, Nueva Zelanda y Tasmania mostró que los patrones de crecimiento entre 1950 y 2000 son significativamente diferentes a los de los últimos 250 años. 
En los últimos seis siglos, dicen los investigadores, los árboles no habían estado expuestos a una fase positiva tan prolongada. 
En la Patagonia argentina y chilena los investigadores de focalizaron en tres especies: araucaria (Araucaria araucana), ciprés (Austrocedrus chilensis) y coihue de Magallanes (Nothofagus betuloides), que crecen en ambientes relativamente secos. 
Los anillos
 
Los anillos permiten obtener datos con una resolución anual y son importantes porque los árboles tienen una amplia distribución geográfica y responden fuertemente al clima en ciertas regiones, indicó Julie Jones, especialista en climatología del Departamento de Geografía de la Universidad de Sheffield (Reino Unido). 
“Aunque pueden brindar una buena reconstrucción, es necesario analizarlos cuidadosamente, como se hizo en este estudio”, apuntó. 
Antonio Lara, de la Universidad Austral de Chile, explicó que la merma de lluvias afectó también a ríos como el Chubut y el Cautín, cuyos caudales bajaron notablemente en relación al OAHS, en tanto las temperaturas aumentaron en la región. 
Esto es consistente con los datos publicados en el documento Vulnerabilidad y adaptación al cambio climático, de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, que indica que en la zona del Comahue los caudales medios anuales disminuyeron hasta un 30% durante los últimos 20 años. #

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13 NOV 2012 - 0:33

El agujero en la capa de ozono causó alteraciones climáticas como el desplazamiento de los vientos del oeste, que hicieron disminuir las lluvias y afectaron el crecimiento de los bosques en la Patagonia.
Un estudio reciente encabezado por Ricardo Villalba, del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), muestra que el agujero en la capa de ozono habría provocado el desplazamiento de los vientos en el hemisferio sur.
La investigación, publicada en la revista Nature Geosciencie, indica que ese fenómeno a su vez “produjo un cambio en los patrones de lluvias y, en consecuencia, en el crecimiento de los bosques en las regiones afectadas”, como muestra el análisis de coihues, cipreses y araucarias del sur de Argentina y Chile.
Los científicos analizaron los anillos de más de 3.000 árboles de la Patagonia argentina y chilena, Nueva Zelanda y Tasmania, en Australia, para conocer sus patrones de crecimiento desde el año 1409 hasta la actualidad.
“Los resultados sorprendieron: mientras que los ejemplares de América del Sur mostraron en las últimas cuatro décadas las tasas de crecimiento más bajas durante esos 600 años, los de Oceanía presentaron los valores más altos”, señala el informe.
Temperaturas
 
Villalba, investigador principal del CONICET en el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA), aseguró que esas diferencias “están relacionadas con la variación en la disponibilidad de agua y los cambios de temperatura en cada región”.
“Las lluvias abundantes del sector norte de la Patagonia se desplazaron más al sur y por lo tanto llueve menos en el área”, expuso el científico.
Esa disminución en las precipitaciones, explicó Villalba, estaría vinculada a los cambios que provocó el agujero en la capa de ozono, fenómeno asociado a la Oscilación Antártica del Hemisferio Sur (OAHS).
La OAHS, detalló, “es como un anillo de diferencias de presiones que se forma en la atmósfera alrededor del continente antártico y controla la variabilidad climática en el hemisferio sur”.
El agujero en la capa de ozono, indica el estudio, habría influenciado las presiones en las regiones más australes del Hemisferio Sur, lo que hizo desplazar hacia el sur los vientos del oeste, que son los que traen las lluvias.
Las tasas anormales de crecimiento de árboles y la OAHS están fuertemente asociadas: los resultados del trabajo muestran que las variaciones en esta oscilación explican del 12 al 48% de las anomalías del crecimiento en la segunda mitad del siglo XX.
Dos fases
 
La OAHS tiene dos fases: una positiva, en la cual los vientos del oeste se mueven hacia el sur y por lo tanto disminuyen las lluvias en el norte de la Patagonia; y otra negativa, cuando los patrones de circulación se mueven hacia el norte y las precipitaciones vuelven a sus niveles normales.
El agujero de ozono habría provocado justamente la prolongación de la fase positiva de la OAHS durante las últimas cuatro décadas.
Según Villalba, los anillos muestran que este es un fenómeno sin precedentes desde 1409, año del que datan las muestras más antiguas. Desde entonces, los árboles nunca habían mostrado un crecimiento tan reducido.
Crecimiento
 
En cambio, en la zona de Nueva Zelanda y Tasmania se registra un fenómeno inverso: durante las últimas cuatro décadas los árboles de sus bosques húmedos y relativamente fríos registraron las tasas de crecimiento más importantes de los últimos años.
Mientras en esos países hubo “un aumento en la temperatura y favoreció el crecimiento de las especies, en Chile y Argentina produjo una disminución de las precipitaciones”, señaló Antonio Lara, del Laboratorio de Dendrocronología y Cambio Global de la Universidad Austral de Chile y otro de los autores del estudio.
Estos fenómenos opuestos están relacionados con los cambios en la circulación atmosférica por la variación de la OAHS.
Lara dijo que es normal que un mismo forzante climático provoque efectos contrastantes en dos lugares diferentes del planeta.
“Es como un sube y baja”, ejemplificó el investigador chileno, pues “el cambio en la circulación del aire entre la atmósfera y los océanos afecta en forma diferente las dos zonas”.
Además de Villalba y otros colegas argentinos participaron del estudio investigadores de universidades y entidades científicas de Chile, Canadá, Reino Unido, Estados Unidos, Suiza, Australia y Nueva Zelanda.
Ecosistemas 
 
Si bien se espera que en los próximos años se remedie el agujero de ozono y se revierta la tendencia actual de la fase positiva del OAHS, hay otros factores a tener en cuenta para poder predecir un futuro escenario, indicó la experta en climatología Julie Jones, del Reino Unido. 
Al respecto, se prevé que “el aumento en los niveles de gases de efecto invernadero actúe en contra y empujen al OAHS hacia su fase positiva, tanto en verano como en invierno”. 
Los científicos Ricardo Villalba (Argentina) y Antonio Lara (Chile) coinciden, sin embargo, en que a pesar de que los niveles de ozono se podrían recuperar eventualmente, es necesario conducir más investigaciones para conocer cómo van a responder los ecosistemas. 
Federico Robledo, becario post doctoral del CONICET en el Centro de Investigaciones en el Mar y la Atmósfera (CIMA) y docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA), explica que las series históricas muestran una reducción de las precipitaciones en la región cordillerana de la Patagonia entre 1960 y 2005. 
En Esquel
 
“En Esquel, por ejemplo, los acumulados de lluvia disminuyeron hasta un 20% en invierno, que es cuando más llueve”, precisó. 
Robledo estudia el papel que juegan el calentamiento de los océanos tropicales por el aumento de gases de efecto invernadero y el agujero de ozono en la circulación de la atmósfera, y cómo afectan el régimen de lluvias en Sudamérica. 
“Las proyecciones -dijo- indican que los niveles de ozono podrían recuperarse para 2050. Esto podría llevar eventualmente a que los patrones de circulación atmosférica del verano retornen a sus valores históricos”. 
El estudio de los anillos de árboles constituye una herramienta valiosa y fundamental para complementar estudios de sensibilidad del clima durante el siglo XX. 
“Uno realiza simulaciones en computadoras para conocer qué puede pasar de acá a diez, veinte o treinta años. Pero para verificar el desempeño de los modelos es necesario analizar sus resultados con lo que ocurrió tiempo atrás”, explicó Robledo. 
Los anillos son un reservorio de información histórica que permite completar los registros, que en el mejor de los casos en la región no se remontan a más de un siglo atrás, indica el informe. 
El cambio
 
El estudio de los anillos de seis especies de Argentina, Chile, Nueva Zelanda y Tasmania mostró que los patrones de crecimiento entre 1950 y 2000 son significativamente diferentes a los de los últimos 250 años. 
En los últimos seis siglos, dicen los investigadores, los árboles no habían estado expuestos a una fase positiva tan prolongada. 
En la Patagonia argentina y chilena los investigadores de focalizaron en tres especies: araucaria (Araucaria araucana), ciprés (Austrocedrus chilensis) y coihue de Magallanes (Nothofagus betuloides), que crecen en ambientes relativamente secos. 
Los anillos
 
Los anillos permiten obtener datos con una resolución anual y son importantes porque los árboles tienen una amplia distribución geográfica y responden fuertemente al clima en ciertas regiones, indicó Julie Jones, especialista en climatología del Departamento de Geografía de la Universidad de Sheffield (Reino Unido). 
“Aunque pueden brindar una buena reconstrucción, es necesario analizarlos cuidadosamente, como se hizo en este estudio”, apuntó. 
Antonio Lara, de la Universidad Austral de Chile, explicó que la merma de lluvias afectó también a ríos como el Chubut y el Cautín, cuyos caudales bajaron notablemente en relación al OAHS, en tanto las temperaturas aumentaron en la región. 
Esto es consistente con los datos publicados en el documento Vulnerabilidad y adaptación al cambio climático, de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, que indica que en la zona del Comahue los caudales medios anuales disminuyeron hasta un 30% durante los últimos 20 años. #


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