Por Rolando Tobarez / Redacción Jornada
Aunque estaba preso en el Instituto Penitenciario Provincial sobre ruta 3, el carpintero Darío Monti igual se las arreglaba para sostener su negocio de venta de droga al menudeo y abastecimiento de kioscos para que el negocio siguiera en Esquel y en Comodoro Rivadavia.
El presidiario le enviaba dinero a un tal Juan Soto, un carpintero metálico de Comodoro, para que le comprara cocaína a Hugo Pérez y la enviara por encomienda a Esquel. Los paquetes los retiraban Osvaldo Sides Roy y Mauricio Villarruel. Roy fraccionaba la droga y la comerciaba al delivery y desde su casa. De su teléfono surgieron mensajes como “a cuanto la tenés”, si “pueden pasar” o si “está piola”.
Una vez que tenían el dinero de esa venta, se lo enviaban a la novia de Monti. La joven se quedaba con un porcentaje de la plata narco y el resto se la mandaba por encomienda a Soto.

El esquema funcionó hasta que una denuncia anónima en marzo de 2019 lo reveló ante la Policía de Esquel, hasta con números de celulares.
Las escuchas telefónicas probaron que desde el IPP Monti hablaba con el grupo para instruirlos acerca de cómo y cuándo comprar estupefacientes y dónde mandarlos.
Cuando la pesquisa avanzó, la División Drogas interceptó pero dejó que uno de los paquetes con cocaína llegara a la terminal de colectivos de Esquel. Villarruel fue a retirarla para entregarla a su destinatario final, Roy Sides.
El resultado positivo disparó una serie de allanamientos. En sus casas de Comodoro, Pérez tenía cocaína y una balanza de precisión y Soto, droga y comprobantes de envío de encomiendas; en Esquel, Roy Sides tenía 12 plantines de cannabis sativa y 247 semillas de la misma especie.
Todo lo ordenaba Monti, que estaba encerrado con condena firme.
En un juicio abreviado el grupo admitió su responsabilidad ante Alejandro Cabral, juez del Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia.

Por comercio de estupefacientes agravado por ejecutarlo desde una cárcel, Monti fue condenado a 6 años de prisión más declaración de reincidencia. Por su tiempo de prisión preventiva, la pena se considera cumplida.
También por comercio y por tener una condena anterior que se unificó, Sides fue sentenciado a 6 años de prisión efectiva bajo la modalidad de detención domiciliaria, más declaración de reincidencia. Cumplirá su pena en Trevelin bajo estrictas reglas de conducta si es que no quiere ir a una cárcel federal.
En tanto, Soto fue condenado como partícipe secundario de comercio de estupefacientes a 2 años y 6 meses de prisión efectiva. Como ya estuvo preso, la sentencia se considera cumplida.
Por la misma calificación, Villarruel fue condenado a 2 años y 2 meses de prisión efectiva. La pena también se da por cumplida.
Por tenencia simple de estupefacientes, Pérez fue condenado a 1 año y 6 meses de prisión efectiva. Como ya tenía una pena de 2 años en suspenso por una causa provincial, ahora sí deberá cumplir una prisión domiciliaria de 2 años y 9 meses. Tendrá salidas laborales de lunes a sábados.

Por Rolando Tobarez / Redacción Jornada
Aunque estaba preso en el Instituto Penitenciario Provincial sobre ruta 3, el carpintero Darío Monti igual se las arreglaba para sostener su negocio de venta de droga al menudeo y abastecimiento de kioscos para que el negocio siguiera en Esquel y en Comodoro Rivadavia.
El presidiario le enviaba dinero a un tal Juan Soto, un carpintero metálico de Comodoro, para que le comprara cocaína a Hugo Pérez y la enviara por encomienda a Esquel. Los paquetes los retiraban Osvaldo Sides Roy y Mauricio Villarruel. Roy fraccionaba la droga y la comerciaba al delivery y desde su casa. De su teléfono surgieron mensajes como “a cuanto la tenés”, si “pueden pasar” o si “está piola”.
Una vez que tenían el dinero de esa venta, se lo enviaban a la novia de Monti. La joven se quedaba con un porcentaje de la plata narco y el resto se la mandaba por encomienda a Soto.

El esquema funcionó hasta que una denuncia anónima en marzo de 2019 lo reveló ante la Policía de Esquel, hasta con números de celulares.
Las escuchas telefónicas probaron que desde el IPP Monti hablaba con el grupo para instruirlos acerca de cómo y cuándo comprar estupefacientes y dónde mandarlos.
Cuando la pesquisa avanzó, la División Drogas interceptó pero dejó que uno de los paquetes con cocaína llegara a la terminal de colectivos de Esquel. Villarruel fue a retirarla para entregarla a su destinatario final, Roy Sides.
El resultado positivo disparó una serie de allanamientos. En sus casas de Comodoro, Pérez tenía cocaína y una balanza de precisión y Soto, droga y comprobantes de envío de encomiendas; en Esquel, Roy Sides tenía 12 plantines de cannabis sativa y 247 semillas de la misma especie.
Todo lo ordenaba Monti, que estaba encerrado con condena firme.
En un juicio abreviado el grupo admitió su responsabilidad ante Alejandro Cabral, juez del Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia.

Por comercio de estupefacientes agravado por ejecutarlo desde una cárcel, Monti fue condenado a 6 años de prisión más declaración de reincidencia. Por su tiempo de prisión preventiva, la pena se considera cumplida.
También por comercio y por tener una condena anterior que se unificó, Sides fue sentenciado a 6 años de prisión efectiva bajo la modalidad de detención domiciliaria, más declaración de reincidencia. Cumplirá su pena en Trevelin bajo estrictas reglas de conducta si es que no quiere ir a una cárcel federal.
En tanto, Soto fue condenado como partícipe secundario de comercio de estupefacientes a 2 años y 6 meses de prisión efectiva. Como ya estuvo preso, la sentencia se considera cumplida.
Por la misma calificación, Villarruel fue condenado a 2 años y 2 meses de prisión efectiva. La pena también se da por cumplida.
Por tenencia simple de estupefacientes, Pérez fue condenado a 1 año y 6 meses de prisión efectiva. Como ya tenía una pena de 2 años en suspenso por una causa provincial, ahora sí deberá cumplir una prisión domiciliaria de 2 años y 9 meses. Tendrá salidas laborales de lunes a sábados.