Viviana Vila: “Me tuve que bancar que me traten muy mal, que me puteen”

Periodista deportiva y docente, nacida en La Plata, Viviana Vila, repasa su recorrido en los medios, las situaciones de destrato que debió enfrentar en las canchas y reflexiona sobre el lugar de las mujeres en el fútbol y en el periodismo deportivo argentino. “Yendo a trabajar a la cancha, me tuve que bancar que me traten muy mal, que me puteen, que me nieguen una credencial, que me den una silla sucia”. Una frase que lo define todo. (Mirá el video)

Viviana Vila, periodista deportiva y docente.
05 MAR 2026 - 11:20 | Actualizado 05 MAR 2026 - 11:35

Durante décadas, el fútbol argentino fue presentado como un territorio casi exclusivamente masculino. En ese escenario, abrirse paso para muchas mujeres implicó no solo demostrar capacidad profesional, sino también enfrentar prejuicios, descalificaciones y situaciones de destrato cotidiano. La periodista deportiva y docente Viviana Vila, nacida en La Plata, conoce de primera mano ese recorrido y lo define como un desafío permanente a los estereotipos instalados. Integra el equipo "Relatores", el equipo de transmisiones que lidera Victor Hugo Morales.

Su trayectoria en los medios estuvo marcada por la convicción de que las mujeres también podían opinar, analizar y discutir fútbol con el mismo nivel que sus colegas varones. Sin embargo, ese camino no estuvo exento de dificultades. Recuerda que, en los primeros años de trabajo en las canchas, las situaciones incómodas eran frecuentes y muchas veces naturalizadas dentro de un ambiente donde predominaba una lógica de exclusión.

“Yendo a trabajar a la cancha, me tuve que bancar que me traten muy mal, que me puteen, que me nieguen una credencial, que me den una silla sucia”, relata en la entrevista en revistaacccion.com al repasar algunas de las experiencias que debió atravesar. Durante mucho tiempo, admite, esas situaciones se asumían como parte del contexto sin dimensionar del todo su gravedad.

Con el paso del tiempo, la reflexión sobre esas vivencias tomó otra dimensión. En su memoria aparece con claridad un momento que la marcó profundamente: su etapa en el programa Fútbol para Todos en 2012. Aquella experiencia dejó una huella difícil de olvidar. “Fue un momento demasiado cruel y violento contra mi cuerpo y mi cabeza”, recuerda, señalando que el impacto emocional de ese episodio la acompañó durante mucho tiempo.

Antes de ese episodio, muchas de las actitudes que hoy identifica como violencia simbólica o machismo pasaban casi inadvertidas en su propia percepción. Miradas, comentarios o gestos que generaban incomodidad eran minimizados bajo la idea de que “la cancha era así”. Sin embargo, había algo que no terminaba de encajar: una sensación persistente de enojo, dolor o angustia que aparecía incluso cuando no encontraba palabras para describir lo que ocurría.

Uno de los factores más difíciles de atravesar fue la soledad. En un ámbito donde históricamente las mujeres tuvieron escasa presencia, cada situación de maltrato parecía quedar circunscripta a una experiencia individual. “Yo lo padecía en soledad”, reconoce. Y esa soledad, explica, tenía relación directa con la costumbre arraigada de que las mujeres no ocuparan espacios de análisis dentro del periodismo deportivo.

Según su mirada, durante mucho tiempo se aceptaba que una mujer informara resultados o datos, pero no que analizara una jugada o emitiera una opinión sobre el desarrollo de un partido. Esa barrera simbólica se traducía también en cuestionamientos explícitos sobre su capacidad profesional. Más de una vez le dijeron que no tenía la credibilidad necesaria para hablar de fútbol.
Incluso, señala, muchos colegas varones ni siquiera escuchaban el contenido de lo que decía. El simple hecho de que la voz que analizaba el juego fuera femenina bastaba para que se produjera una descalificación automática. Era una reacción casi mecánica, producto de un hábito cultural profundamente instalado.

Con los años, Vila observa un cambio significativo, impulsado principalmente por las propias mujeres. Hoy existe una mayor determinación para sostener una pasión, un conocimiento o una vocación profesional aun frente a escenarios adversos. Esa transformación también se refleja en el nivel de preparación de quienes buscan abrirse camino en el periodismo deportivo.

Según su experiencia, las mujeres que trabajan en el ámbito del fútbol suelen prepararse intensamente para afrontar la exposición pública. No se trata solo de formación académica o conocimiento del juego, sino también de una conciencia clara de que las evaluaciones sobre su trabajo suelen ser más rigurosas y más severas que las que enfrentan los varones.

Aun así, su mirada sobre el presente del periodismo deportivo en Argentina es crítica. Considera que el escenario actual no es alentador y que el futuro de la profesión dentro de los grandes medios aparece lleno de interrogantes. La dinámica de las redes sociales, explica, transformó profundamente la lógica de producción y circulación de contenidos.

Para Vila, la cultura del “like” marcó un antes y un después comparable con grandes transformaciones históricas. En ese contexto, la calidad del análisis o la profundidad del contenido parecen haber perdido peso frente a la lógica de la visibilidad inmediata. El éxito de una intervención ya no se mide necesariamente por lo que aporta al debate, sino por la cantidad de interacciones que genera.

Ese cambio también tiene consecuencias personales. La búsqueda permanente de aprobación en redes sociales puede derivar, según advierte, en frustraciones o angustias cuando el reconocimiento esperado no llega. En ese sentido, observa una relación directa entre la lógica del like y la aparición de problemas vinculados a la salud mental.

Su mirada sobre el fútbol argentino actual tampoco está exenta de críticas. A veces, dice, el funcionamiento del sistema le genera desencanto, enojo o incluso desaliento. Uno de los aspectos que más la incomoda es lo que define como una lógica de hipocresía en la que muchas posturas dependen más de la conveniencia circunstancial que de convicciones reales.

En ese contexto, también observa un desplazamiento de prioridades hacia el espectáculo global de la selección argentina, mientras el fútbol local queda relegado en atención y debate. Aunque reconoce la importancia de los logros recientes del equipo nacional, considera necesario mirar también las problemáticas estructurales del torneo doméstico.

En medio de esas reflexiones aparece inevitablemente una figura que sigue despertando una emoción especial en ella: Diego Maradona. Para Vila, el impacto del ex capitán argentino trasciende el fútbol y se conecta con una dimensión profundamente humana.

Cada vez que lo recuerda, dice, siente algo similar a descubrirlo por primera vez. Lo compara incluso con la emoción que puede provocar una gran canción. Su figura, sostiene, permanece vigente porque logró sostener durante décadas una voz propia, capaz de expresar ideas y compromisos incluso cuando eso implicaba incomodar a los poderosos.

Más allá de las controversias que rodearon su vida, hay un rasgo que para ella explica buena parte de su magnetismo: la sensibilidad. Maradona, afirma, nunca perdió la conexión con el lugar del que provenía ni con las luchas que acompañó a lo largo de su trayectoria.

En esa mirada encuentra una de las claves de su legado. Una mezcla de talento, rebeldía y humanidad que todavía hoy sigue conmoviendo a quienes lo observan. Una mirada noble, como la define Vila, capaz de transmitir algo difícil de explicar con palabras.

Entre recuerdos personales, críticas al presente del fútbol y reflexiones sobre el periodismo, la trayectoria de Viviana Vila se inscribe en una historia más amplia: la de muchas mujeres que, a fuerza de insistir y prepararse, comenzaron a ocupar espacios que durante mucho tiempo les fueron negados. Un proceso que todavía está lejos de concluir, pero que ya dejó huellas imposibles de borrar.

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Viviana Vila, periodista deportiva y docente.
05 MAR 2026 - 11:20

Durante décadas, el fútbol argentino fue presentado como un territorio casi exclusivamente masculino. En ese escenario, abrirse paso para muchas mujeres implicó no solo demostrar capacidad profesional, sino también enfrentar prejuicios, descalificaciones y situaciones de destrato cotidiano. La periodista deportiva y docente Viviana Vila, nacida en La Plata, conoce de primera mano ese recorrido y lo define como un desafío permanente a los estereotipos instalados. Integra el equipo "Relatores", el equipo de transmisiones que lidera Victor Hugo Morales.

Su trayectoria en los medios estuvo marcada por la convicción de que las mujeres también podían opinar, analizar y discutir fútbol con el mismo nivel que sus colegas varones. Sin embargo, ese camino no estuvo exento de dificultades. Recuerda que, en los primeros años de trabajo en las canchas, las situaciones incómodas eran frecuentes y muchas veces naturalizadas dentro de un ambiente donde predominaba una lógica de exclusión.

“Yendo a trabajar a la cancha, me tuve que bancar que me traten muy mal, que me puteen, que me nieguen una credencial, que me den una silla sucia”, relata en la entrevista en revistaacccion.com al repasar algunas de las experiencias que debió atravesar. Durante mucho tiempo, admite, esas situaciones se asumían como parte del contexto sin dimensionar del todo su gravedad.

Con el paso del tiempo, la reflexión sobre esas vivencias tomó otra dimensión. En su memoria aparece con claridad un momento que la marcó profundamente: su etapa en el programa Fútbol para Todos en 2012. Aquella experiencia dejó una huella difícil de olvidar. “Fue un momento demasiado cruel y violento contra mi cuerpo y mi cabeza”, recuerda, señalando que el impacto emocional de ese episodio la acompañó durante mucho tiempo.

Antes de ese episodio, muchas de las actitudes que hoy identifica como violencia simbólica o machismo pasaban casi inadvertidas en su propia percepción. Miradas, comentarios o gestos que generaban incomodidad eran minimizados bajo la idea de que “la cancha era así”. Sin embargo, había algo que no terminaba de encajar: una sensación persistente de enojo, dolor o angustia que aparecía incluso cuando no encontraba palabras para describir lo que ocurría.

Uno de los factores más difíciles de atravesar fue la soledad. En un ámbito donde históricamente las mujeres tuvieron escasa presencia, cada situación de maltrato parecía quedar circunscripta a una experiencia individual. “Yo lo padecía en soledad”, reconoce. Y esa soledad, explica, tenía relación directa con la costumbre arraigada de que las mujeres no ocuparan espacios de análisis dentro del periodismo deportivo.

Según su mirada, durante mucho tiempo se aceptaba que una mujer informara resultados o datos, pero no que analizara una jugada o emitiera una opinión sobre el desarrollo de un partido. Esa barrera simbólica se traducía también en cuestionamientos explícitos sobre su capacidad profesional. Más de una vez le dijeron que no tenía la credibilidad necesaria para hablar de fútbol.
Incluso, señala, muchos colegas varones ni siquiera escuchaban el contenido de lo que decía. El simple hecho de que la voz que analizaba el juego fuera femenina bastaba para que se produjera una descalificación automática. Era una reacción casi mecánica, producto de un hábito cultural profundamente instalado.

Con los años, Vila observa un cambio significativo, impulsado principalmente por las propias mujeres. Hoy existe una mayor determinación para sostener una pasión, un conocimiento o una vocación profesional aun frente a escenarios adversos. Esa transformación también se refleja en el nivel de preparación de quienes buscan abrirse camino en el periodismo deportivo.

Según su experiencia, las mujeres que trabajan en el ámbito del fútbol suelen prepararse intensamente para afrontar la exposición pública. No se trata solo de formación académica o conocimiento del juego, sino también de una conciencia clara de que las evaluaciones sobre su trabajo suelen ser más rigurosas y más severas que las que enfrentan los varones.

Aun así, su mirada sobre el presente del periodismo deportivo en Argentina es crítica. Considera que el escenario actual no es alentador y que el futuro de la profesión dentro de los grandes medios aparece lleno de interrogantes. La dinámica de las redes sociales, explica, transformó profundamente la lógica de producción y circulación de contenidos.

Para Vila, la cultura del “like” marcó un antes y un después comparable con grandes transformaciones históricas. En ese contexto, la calidad del análisis o la profundidad del contenido parecen haber perdido peso frente a la lógica de la visibilidad inmediata. El éxito de una intervención ya no se mide necesariamente por lo que aporta al debate, sino por la cantidad de interacciones que genera.

Ese cambio también tiene consecuencias personales. La búsqueda permanente de aprobación en redes sociales puede derivar, según advierte, en frustraciones o angustias cuando el reconocimiento esperado no llega. En ese sentido, observa una relación directa entre la lógica del like y la aparición de problemas vinculados a la salud mental.

Su mirada sobre el fútbol argentino actual tampoco está exenta de críticas. A veces, dice, el funcionamiento del sistema le genera desencanto, enojo o incluso desaliento. Uno de los aspectos que más la incomoda es lo que define como una lógica de hipocresía en la que muchas posturas dependen más de la conveniencia circunstancial que de convicciones reales.

En ese contexto, también observa un desplazamiento de prioridades hacia el espectáculo global de la selección argentina, mientras el fútbol local queda relegado en atención y debate. Aunque reconoce la importancia de los logros recientes del equipo nacional, considera necesario mirar también las problemáticas estructurales del torneo doméstico.

En medio de esas reflexiones aparece inevitablemente una figura que sigue despertando una emoción especial en ella: Diego Maradona. Para Vila, el impacto del ex capitán argentino trasciende el fútbol y se conecta con una dimensión profundamente humana.

Cada vez que lo recuerda, dice, siente algo similar a descubrirlo por primera vez. Lo compara incluso con la emoción que puede provocar una gran canción. Su figura, sostiene, permanece vigente porque logró sostener durante décadas una voz propia, capaz de expresar ideas y compromisos incluso cuando eso implicaba incomodar a los poderosos.

Más allá de las controversias que rodearon su vida, hay un rasgo que para ella explica buena parte de su magnetismo: la sensibilidad. Maradona, afirma, nunca perdió la conexión con el lugar del que provenía ni con las luchas que acompañó a lo largo de su trayectoria.

En esa mirada encuentra una de las claves de su legado. Una mezcla de talento, rebeldía y humanidad que todavía hoy sigue conmoviendo a quienes lo observan. Una mirada noble, como la define Vila, capaz de transmitir algo difícil de explicar con palabras.

Entre recuerdos personales, críticas al presente del fútbol y reflexiones sobre el periodismo, la trayectoria de Viviana Vila se inscribe en una historia más amplia: la de muchas mujeres que, a fuerza de insistir y prepararse, comenzaron a ocupar espacios que durante mucho tiempo les fueron negados. Un proceso que todavía está lejos de concluir, pero que ya dejó huellas imposibles de borrar.